domingo, 12 de octubre de 2014

Ascenso Capítulo 3

Ascenso Capítulo 3

 A él, por hacerme dudar, siempre.




No sé como describir lo que siento justo en este momento. Piel contra piel, es lo único que siento cuando Erick aprieta más su abrazo y por un segundo no siento mis heridas abiertas. Solo puedo emborracharme de su calor y de su olor que me atraen como un ratón tras un trozo de queso. La necesidad me consume porque solo con él me siento completa, solo en sus brazos soy yo, siendo yo misma, siendo feliz.
No paro de pensar en que está aquí, haciéndome recordar todo lo vivimos, destrozando todas mis ideas de olvidarlo aunque me costara un mundo saber que no iba a volver a verle.
Distraídamente me voltea y presiona mi rostro en su pecho, y a penas me estoy dando cuenta que lo hace para apagar los sollozos que salen de mi garganta. Porque definitivamente estoy llorando, en medio de una discoteca, rodeada de demasiada gente.
Y me estoy ahogando en preguntas porque lo quiero, quiero más que nada seguir justo como en este momento sin moverme ni un milímetro, pero hay una parte de mi que esta n alarma, recordándome que ha sido él la misma persona que ha desarmado todas  mis defensas y traicionó todo lo que había en mí.
Al parecer todo lo que yo le entregue, que fue mucho más de lo que le había dado a nadie, y para él no fue suficiente. Sus manos acarician mis mejillas, tan suavemente que apenas lo noto pero cuando sus ojos se funden con los míos, el dolor en mi pecho se intensifica. Es demasiado, no puedo hacer esto, es más de lo que puedo soportar. Me escabullo como puedo de entre sus brazos y salgo corriendo de allí.
—   Kathe, Kathe. — Le escucho gritar entre la multitud.
No sé cómo logro correr sin caerme, no creo siquiera que soy consciente cuando me subo al primer taxi que pasa, no puedo pensar en nada más que alejarme de él, apartare de todo.
Cuando llego a casa todas las luces esta apagadas, no quiero entrar, quiero sentir el aire para aclararme las ideas. Necesito un poco de tiempo conmigo misma, todo lo que hay en mi cabeza me sobre pasa. Sin muchas opciones camino despacio y en silencio hacia la azotea, y me quedo allí, con el frío helando mi piel y las lagrimas bañando mi piel.
De alguna manera mi vida empeora siempre que tengo la sensación en la que yo estoy dispuesta a mejorar. Nunca he sido una persona que se da por vencida con facilidad, he aprendido a luchar y hacerme fuerte, pero a estas alturas mis muros están cayendo estrepitosamente.
¿Cómo puede alguien provocar tanto con solo el roce de la piel? ¿Cómo seguir a delante cuando estas enamorada y destrozada en la misma proporción? No tengo la respuesta, no se siquiera si la quiero, lo único que sé es que estoy aquí sola. Intentando sacar el sabor amargo que tengo.
Mi teléfono suena estrepitosamente, entre el silencio de la noche solo quiero que se calle, realmente necesito escuchar la voz de otra persona para no acabar volviéndome loca. Es Laura ¡Maldita sea! Lo deje todo tirado y me fui, la deje sola y dolida en una ciudad que no conoce.
—   Laura, ¿estás bien?
—   Kathe, soy yo. — Es la voz de Erick, la reconocería en cualquier parte—. Laura está bien. Necesitamos hablar, por favor.
Mi primer impulso es colgar pero no puedo, no puedo ni siquiera mover mis manos, estoy totalmente petrificada. Su voz es como el llanto seco de las olas contra las piedras. Este hombre ejerce una fuerte influencia en mí, hasta cuando está lejos de mí. No puedo controlarme.
—   No puedo— consigo decir entre los inevitables sollozos que cubren mi cara—.
—    Oh, no llores, mi amor, por favor, no por mí. Yo te hice esto, por favor, tienes que dejarme explicarme, Kathe…
—   Por favor… no puedo hacer esto, necesito tiempo, no te quiero aquí, no quiero saber nada de ti, quiero que desaparezcas y me dejes sola para poder llorar en paz.
—   No puedo hacer eso, dulzura…
Esa simple palabra me despierta aún más recuerdos, enciende mis alarmas, tiene tanto significado para mí. Lo recuerdo susurrándolo sobre mi piel cuando me hacía el amor, mirarme a los ojos cuando me calmaba, arremolinada entre sus brazos en su cama.
—   No…— casi le grito al teléfono— no me llames así, es más de lo que puedo soportar.
—   ¿Puedo ir a verte? Te juro que no voy a irme hasta que hablemos, sabes que no te estoy mintiendo, me quedaré, te buscaré, así acabe arrestado por ese amigo policía tuyo. Por favor, Kathe.
¿Dereck? ¿Qué tiene que ver él en todo esto? De cualquier manera, sé que él dice la verdad, maldita sea, se que se quedará hasta que consiga hablar conmigo. Pero no puedo hacerlo, Erick es un constante dolor que vive en mi mente, pero verle, que me toque o incluso olerle, provocaría en mi más que cualquier cosa.
No sé cómo voy a superarlo si aun me duele de lo tanto que lo quiero, si siento su presencia cuando no está. Sé que huí que no lo enfrente, pero era mi única opción, no tenía a nadie en quien apoyarme, solo podía salir corriendo al único hogar que alguna vez conocí. No era lo suficientemente fuerte para enfrentarlo, y la verdad es que no se si ahora lo soy.
—   Por favor— repite como si fuera eco de sus propias palabras.
—   Lo siento, no puedo. — digo y cuelgo.
No puedo soportarlo suplicando, más que nada porque no consigo negarle muchas cosas a Erick, cuando él decía que saltara lo hacía, confiada y confundida, con algunas dudas y reservas pero siempre lo hacía el conseguía de mi todo lo que quería y creo que aún puede hacerlo. No soy lo suficientemente fuerte para resistirme a él. De una forma u otra, acabo corriendo lejos de él, pero mi corazón sigue demasiado cerca de Erick como para poder sanar.
—   Katty, ¿estás bien?
Dereck, me mira desde la puerta de acceso a la azotea, su rostro parece confundido y preocupado. ¿Habrá escuchado mi conversación con Erick?
—   ¿Pasó algo?
Ahora estoy preocupada, ¿Cómo pude salir corriendo dejando a todos preocupadas por mí? Ni siquiera traje mi bolso conmigo, solo Salí corriendo y me subí aquí para poder estar sola y lamerme las heridas en paz.
—   Tranquila todo está bien— dice rápidamente y se sienta se el suelo junto a mí—. Bueno, todo menos tu. ¿Era él, el de la discoteca?— me pregunta mirando hacia el móvil
No sé si puedo hablar de esto con otra persona, no sé que contarle a Dereck, él parece simpático y ha intentado ayudarme desde que estoy aquí pero Erick es un tema demasiado delicado. Pero si escucho algo de la conversación no tiene demasiado sentido negarlo, de cualquier forma, ya no creo que esto pueda empeorar. Tal vez necesite la perspectiva de un imparcial de un hombre para entender algunas cosas.
—   Si… él… él y yo salimos juntos… hasta que regresé.
 Asiente como si entendiera algo obvio que no logro identificar pero no hace ningún tipo de comentario solo me mira como animándome a continuar. Bueno, de perdidos al rio.
—   Lo vi besar a otra… cuando yo iba a pedirle que viniera a conmigo a conocer a mi madre, ella… ella dijo que era su prometida.
—   Hijo de puta. Voy a encerarle por alguna infracción falsa y perderé las llaves de  la maldita celda.
Su voz suena molesta, como si de alguna forma hubiera ira contenida en su interior. Por extraño que parezca confío en Dereck, parece alguien de convicciones profundas, pero entonces lo recuerdo con su uniforme y el coche patrulla y se pierde todo el efecto.
—   No quiero que te metas en esto, Dereck, Erick dijo algo sobre tu arrestándolo.
—   Vi como reaccionaste cuando te toco en la discoteca, si no fuera porque Laura dijo que le conocí, ahora estaría en la comisaria o en el hospital. Créeme.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo porque definitivamente, le creería. Si se podía decir que Erick es un hombre fuerte, sus abdominales y brazos lo demuestran, Dereck es un maldito tanque de guerra, no quiero ni imaginarme como acabaría una pelea entre ellos. Tiemblo solo de pensarlo. No quiero a ninguno de los dos heridos.
—   No, por favor. No quiero problemas, no por mí.
—   Tranquila. Te prometo que no haré nada que no quieras. Pero, si me necesitas, tengo un arma y se usarla— dice en broma. Y no puedo contener la sonrisa.
—   Muchas gracias, Dereck, lo aprecio, en serio.
Bajamos hasta el salón donde Laura y Ash nos esperan en el salón, sus miradas preocupadas me buscan tentativamente. Es agradable como se siente que alguien se preocupe realmente por ti.
—   Tranquilas, chicas, estoy bien — Laura me mira, no me cree, me conoce lo suficiente. — Bueno, todo lo bien que puedo estar.
Mis ojos se pierden al ver a mi madre salir de la cocina cargando tazas de café muy sonriente junto a un hombre. Es el padre de Dereck, ¿Qué hace ese hombre aquí?
—   Hola, cielo. ¿Estás bien?— me pregunta mi madre de repente. Asiento porque apenas si puedo formular palabra. Luce tan relajada cerca de él. — Katty, ¿recuerdas a Scott?
¿Scott? Mi madre con estas confianzas con el señor Daniel, me confunde aún mas, esta noche no se acaba nunca, ya no se qué hacer.
—   Claro, encantada de volver a verle, señor Daniel.
Finalmente todos se van de casa, mamá se retira a su dormitorio antes de que pueda acusarla a preguntas, dejándome sola con Laura. Ella me mira una y otra vez tratando de entender si debe preguntarme o no, noto su curiosidad, la esta matando.
Pues ya somos dos las que nos estamos muriendo aquí, vale, puede que por motivos muy diferentes pero el resultado es el mismo. La charla con Dereck tranquilizo mi espíritu más de lo que creí posible, él tal vez no sea del todo imparcial, pero de alguna forma saber que hay alguien de mi lado es reconfortante.
—   Preguntar, qué tal la noches es algo estúpido ¿no?
—   Oh, vamos, Laura. Sabes que esto me supera, tú lo entiendes, no puedo perdonar la traición.
—   ¿Lo escuchaste? ¿Al menos lo intentaste?
Niego lentamente. No, no lo hecho, pero es que no puedo hacerlo, duele demasiado. Yo que pensaba que ella podía entender una parte de cómo me siento, y sé que lo hace pero parece tan segura acerca de él. No sé qué pensar. Ella lo conoce desde hace demasiado tiempo. Todas estas suposiciones, me dan dolor de cabeza.
—   Me llamó hace unos minutos…quiere que hablemos…— las palabras casi se escurren de mí—.
—   ¿Cuándo vais a veros?— pregunta con su habitual entusiasmo, donde por sentado algo que no he dicho.
—   Yo no he dicho que vaya a verle. Le colgué el teléfono.
Su rostro vuelve a parecer algo decepcionado, supongo que a ella le hacía mucha ilusión que Erick y yo estuviéramos juntos, pero no siempre podemos conseguir todo lo que quiere. Ya mis tiempos de contar los segundos para besarlo se han esfumado.
—   Kathe… prométeme que lo pensarás…— casi suplica
—   Voy a pensarlo, lo prometo— digo al fin.


Las palabras de Laura y Erick no dejan de retumbar en mi cabeza toda la noche, el sueño me abandona, los recuerdos y los malos sueños no me dejan descansar. No paro de darle vueltas a lo que realmente quiero para mí, lo que necesito.
Si realmente quiero sacarlo de mi mente necesito dejarlo todo claro, tengo que verlo, tiene que haber espacio real y emocional entre nosotros. A fin de cuenta ahora mismo no tengo nada más que dolor. ¿Qué tanto daño podría hacerle una grieta mas a un corazón ya destrozado?
Para cuando el sol empieza a salir ya estoy despierta, no consigo dormir mucho así que no me molesto siquiera en intentarlo. Me levanto de un salto y después de una ducha decido hacer el desayuno, no tengo idea de que voy hacer hoy, lo único que tengo claro es que tengo que tomar una decisión respecto a mi vida.
Cuando por fin mi madre aparece por la cocina, ya estoy terminado las tortitas. Cuando me pongo nerviosa me gusta cocinar así que hice tortitas con beicon y huevos revueltos.  Le sirvo un plato mientras ella besa mi mejilla.
—   Cielo, te levantaste muy temprano. ¿Qué tal dormiste?
—   No dormí mucho— confieso—. Erick está aquí, apareció ayer por la discoteca.
—   Oh, dios mío. ¿Cómo te sientes? ¿Qué hace aquí?
—   Él quería darme explicaciones. Mamá, yo no sé que hacer con todo esto.
—   Oh cielo, —dice y coloca una mano sobre mi pierna. Su mirada tranquilizadora me llena de calma—. Tu solo tienes que hacer lo que te haga feliz, nada más, sea lo que sea, cuentas conmigo.
Puede que no sea de mucha ayuda pero de alguna forma su apoyo incondicional me tranquiliza de formas inconcebibles. Después de todo lo que he pasado en las últimas horas, no hay nada que yo pueda hacer. Aunque claro, si pienso en lo de anoche, esa extraña visita del señor Daniel, a altas horas de la madrugada, me preocupa.
—   ¿Qué hacía el señor Daniel, de madrugada aquí?
—   Oh, cielo, Scott vio luces y el coche de su hijo fuera y vino a ver qué tal estaba todo— me mira casi con culpabilidad cuando continua hablando—. Fue muy amable por su parte. Ah y me ha invitado a cenar esta noche.
¿Qué la invitó a comer? ¿Pero qué diablos es esto?¿Ahora mi madre tienen pretendientes? Ella es una mujer muy guapa, parece mucho más joven que su edad real a pesar de todos sus sufrimientos. Está claro que existirán miles de hombres que querrían una mujer como ella, pero mi madre no puede estar con otro policía, ella nunca aceptaría algo así, lo que me tranquiliza.
—   ¿Y cómo se tomó tu negativa?
—   No, cariño, voy a ir a cenar con él, esta noche.
—    No puedes. ¿No te das cuenta de quién es él?
—   Katherine, soy tu madre, se perfectamente quien es Scott Daniel porque le conozco desde hace más de 30 años. No te estoy pidiendo permiso, te estoy informando que esta noche voy a salir.
Esto ya es lo último que me faltaba, mi madre se ha vuelto completamente loca. Ahora resulta que quiere tener citas con un policía, otro maldito policía, como si una vez no hubiera sido suficiente. No la quiero sufriendo de nuevo, porque al final, seré yo la que termine cuidando de los pedazos rotos de su corazón.
Pero no digo nada, no hablo, como siempre me lo callo, porque estoy siendo egoísta, porque tengo miedo, y porque mamá también lo está siendo. No quiero enfadarme porque quiera darse otra oportunidad, pero sé que todo esto podría salir demasiado mal, y no estoy segura de poder soportar más golpes.
Necesito salir de aquí, poner un poco de mi mente en blanco, respirar más allá del aire de estas paredes y tengo que hacerlo ahora, sola. No puedo seguir aquí, así que me levanto de un salto y abandono la cocina sin decir ni una sola palabra.
No tengo muy claro que hacer así que me limito a conducir hasta la ciudad, dejo el coche frente a la cafetería que hay frente a uno de los más hermosos jardines que tenemos por aquí. Me siento en una esquina, justo frente a los grandes ventanales, pido un té y tortitas con huevos y beicon. Me olvide de desayunar en casa y realmente tengo hambre.
El lugar es tranquilo las mesas del centro y la barra está abarrotada pero de la misma forma es relajante, la normalidad, la vida diaria, es algo que realmente anhelo. Mi vida escomo una montaña rusa todo lo que pienso que se quedara, que es seguro desaparece cuando más lo necesito.
—   Hola, Kathe. —Me saluda Erick cuando se sienta delante de mí.
¿Es que no puede estar uno a solas y tranquilo? Es como si me persiguieran las desgracias. ¿Qué hace él aquí?
—   ¿Qué quieres?— pregunto
—   A ti— es su única respuesta.
—   Por favor. — resoplo mientras hago señas a la camarera para que me traiga la cuenta, no voy a empezar con esto otra vez.
—   Lo siento, lo siento. Quédate, solo diez minutos, solo diez minutos.
No tengo muchas opciones, mi cabeza quiere irse, mi corazón quiere quedarse, la vocecita de mi cabeza no hace más que suplicar y sollozar. Quizás una charla dolorosa, sincera y desgarradora es lo que necesito para sacar a Erick definitivamente de mi sistema.
—   Cinco— digo al fin.
—   Hecho— dice sin dudarlo.
Un silencio incómodo se extiende durante un muy largo minuto, yo le miro, él me mira, sin nada que decir, ninguno se atreve a soltar la primera palabra. Afortunadamente una camarera se nos acerca, Erick pide un café negro y otro té para mí. La mitad de mi comida esta fría y olvidada frente a mí, ahora sí que no podré comer nada.
—   La verdad es que no sé por dónde empezar… Hay tantas cosas que quiero contarte, tanto que explicar.
—   No, no tienes que explicarme nada. — Digo pero no sé por qué, `por supuesto que tiene mucho que explicarme. El problema es que ya no sé si quiero saber.
—   Cuando fuiste a verme… cuando nos vistes… ella tartamudea. — No creía que esto fuera a ser tan difícil.
—   Erick…en serio, lo entiendo, tienes a alguien con quien casarte, yo solo era un juego. Desearía que no lo hubieras hecho, porque malditamente, duele, pero está bien, tengo que seguir adelante.
La realidad es que ni yo entiendo mis propias palabras, esta es mi constante manía de hablar por los demás y sacar mis propias conclusiones. Yo siempre he querido que alguien luche por mí, es lo único que realmente creía que necesitaba, no quería estar sola, pero lo estaba y muy en el fondo lo odiaba. Entonces conocí a Erick y me di cuenta de lo mucho que quería que alguien me quisiera y me protegería pero como todo no fue más que una mentira. No es de extrañar que siempre acabe volviéndome loca.
—   Dulzura, dulzura, escúchame, por favor. Brooke, no es mi prometida— me dice y yo ya no tengo intención de seguir hablando—.Sí, estuvimos saliendo, cuando vivía en Inglaterra, hace más de cuatro años, fue un error, ella… ella fue mi paciente, y créeme, era del tipo que podía hacer lo que quería conmigo. Creí que podía salvarla, era joven e ingenuo, acababa de graduarme, yo pensaba que podía comerme el mundo, que era lo que ella necesita…Me equivoqué, y solo conseguí que acabara peor, obsesionada y terminaron por encerrarla por años.
¿Qué diablos es todo esto? Esa mujer parecía tan cuerda y clara, tan guapa, segura de sí misma. Yo la vi envolví sus brazos alrededor de Erick como una serpiente, los vi besarse, él la llevaba a comer. Todo esto es una locura, ahora estoy más confundida que antes.
—   Tu… tú la besaste…— consigo murmurar.
—   No, no fue así. Brooke se escapó del hospital en el que estaba curándose, para ella es como si el tiempo no hubiera pasado, ella fue a buscarme porque en su cabeza… nosotros seguíamos estando juntos, yo era a lo que ella siempre corría, es una mujer enferma, Kathe. — Me mira evaluando mi reacción pero yo no soy capaz de contestarle nada—. Cuando se apareció en mi despacho, no entendía nada, estaba confundido, no tardé en darme cuenta de que ella no estaba bien. Así que me inventé una escusa, la dejé fuera y me metí en mi despacho, llamé a Londres, tenía que saber si era peligrosa… cuando salí, ya una ambulancia estaba esperando debajo de mi oficina, ella no está bien, Kathe, tenía que llevarla con sus médicos.
¿Sicópatas exnovias? Es lo único que me faltaba. Como si mi vida no fuera lo suficientemente complicada. No logro entenderlo todo, mi cabeza sigue dando vueltas sin parar. Si todo tiene una explicación, ¿por qué diablos sigue doliendo tanto?
Erick toma mis manos entre las suyas y me dejo llevar por el tacto de sus su calor es tan sobrecogedor. Yo solo quiero sentirme segura otra vez y Erick consigue eso en solo unos instante, pero sigue doliendo más de lo que nadie puede imaginar. Me mira fijamente y con una de sus manos acaricia tiernamente mi mejilla, adoro cuando me toca, no puedo evitarlo, definitivamente soy adicta.
—   Tu traición me ha dejado un sabor amargo, un dolor en lo más profundo. Y aunque me muera de ganas de perdonarte, la idea de que no me mereces tiene la misma proporción. Me engañaste, no importa porque o si había escusas validas, me hiciste daño, cuando eres la primera persona en la que decidí confiar. No puedo, necesito tiempo, por favor.
—   Lo siento, lo siento mucho pero esperaré, te acompañaré a tu coche, prométeme que me llamarás, porque si no lo haces te juro que iré a buscarte, y entonces no podrás librarte de mí.
Erick envuelve su brazo alrededor de mi cintura después de pagar nuestra cuenta. Caminamos en silencio hacia mi coche, no puedo dejar de sentirme libre y relajada a la vez que totalmente confusa. Mi cuerpo tiembla al sentirme parte de él.
De repente siento que mi cuerpo se presiona entre el frío de mi viejo coche y el de Erick, sus manos vuelan por mi cuerpo y su boca consume la mía y yo bebo de él. Lo que corre por mi cuerpo es pura y dura necesidad de él de su contacto. Me derrito bajo su contacto, arrastrado por las ganas de ser uno solo otra vez. Me presionó a mi misma contra él y sus músculos me protegen, no existe nada más sexy que Erick, y no puedo detenerme, no quiero hacerlo tampoco. Estoy cansada de luchar, pero tengo que seguir haciéndolo.
Si no protejo un poco más mi corazón no sé si seré capaz de entregarme otra vez a lo que siento por él, necesito tiempo para pensarlo y superar todo esto.
—   Por favor, detente— consigo murmurar y Erick se aleja sin dejar de tocarme.
—   Te amo, Kathe, pero voy a esperar a que estés lista para seguir a delante. Recuerde, señorita Steve, que no soy un hombre paciente.

Y con un giño de ojo se aleja de mí, dejándome completamente necesitada y confundida. Aunque debería estar acostumbrada, con Erick todo es así subes y bajas sin saber por qué o como. Aún así, sus palabras no paran de dar vueltas, te amo, Kathe, te amo. Yo también le amo, solo que no soy capaz de admitirlo.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Ascenso Capítulo 2

Ascenso Capítulo 2

A él, por hacerme dudar, siempre.

Hace ocho días, trece horas y veintisiete minutos desde que lo vi por última vez, y el dolor no hace más que aumentar. Recuerdo perfectamente su rostro a través del retrovisor, corriendo hacia mí. La confunción me llena porque los buenos momentos se amontonan en mi cabeza consiguiendo que el dolor no haga más que crecer dentro de mí.
Las llamadas y mensajes que han estado persiguiéndome desaparecieron desde ayer por la tarde, y aunque quiero estar aliviada, porque es lo que se supone que quiero, no es verdad. No se muy bien que pensar, pero como siempre nada de lo que tiene que ver con Erick me hace tener certezas.
Aunque sé que Erick me engañó y destrozó mi corazón por completo, no puedo dejar de imaginar que hubiera pasado si él estuviera aquí conmigo como yo pretendía. Ahora estaríamos de excursión por la ciudad, haciendo un picnic en el parque o simplemente disfrutando de no hacer nada. Si de alguna forma todo fuera como hace dos semanas, con él a mi lado y yo durmiendo entre sus brazos, sintiéndome segura.
Ya debería estar acostumbrada a la decepción pero realmente siempre he querido que alguien fuera lo bastante valiente para luchar por mí, alguien que fuera constante en mi vida, y es algo que me he intentado negar a mí misma, hasta Erick, con el me permití sentir, confiar y acabe con el corazón roto.
Ahora mismo vivo ahogándome en preguntas, viviendo en una noche eterna, pensando en cómo sacarlo de mi sistema, porque tengo miedo de que si no lo hago voy a explotar. Él no jugó limpio y yo soy la que se quedó con el corazón  destrozando, buscando conectar piezas que no sabía que tenían que encajar.
 La casa se me agolpaba tanto sobre mi cabeza que tuve que encontrar algo que hacer. Tenía que encontrar algo lo suficientemente atrayente para conseguir sacarle de mi mente aunque sea solo un poco. Ahora ayudo a las personas a leer en la biblioteca, no solo a adultos sino también a niños, lo que por un rato me hace el círculo de autocompasión en el que mi alma nada.
No puedo parar de pensar en cómo hago cada mañana para mantenerme fuerte, porque definitivamente él sigue viviendo en mi mente. Y aunque no puedo parar de recordarlo, tendré que olvidarle en silencio, porque amarlo a gritos, solo consiguió romperme.
Lo único bueno de todo esto es que tengo a mi madre a mi lado. Verla fuerte, independiente y feliz es más de lo que yo podría esperar. Ha perdonado a mi padre y ha sacado fuerzas de una forma extraordinaria.
Mamá ha insistió, no solo en usar el dinero del seguro de mi padre, sino también el que ha ganado para montar su propio negocio. No quiere que yo siga sacrificando mi juventud por ayudarla, pero nunca ha sido una carga, siempre ha sido la persona más importante en mi vida y no me arrepiento de nada de lo que he tenido que hacer para que ella esté bien.
Ahora mismo está esperando a la agente inmobiliaria, me alegra verla tan feliz. Esta tan ilusiona por conseguir que su negocio tome forma física, que los ojos le brillan como a un niño en  navidad. A pesar de todo, yo puedo ver la preocupación en sus ojos y eso es mi culpa.
Finalmente tuve que contarle lo que había pasado con Erick, porque nunca he podido mentirle, tampoco es que haya querido hacerlo. Ella lo entiende, mamá siempre entiende, puede que no esté de acuerdo con que haya huido de todo, pero no lo dice, creo que tienen miedo de que yo sea como ella, que me escondan en mi misma y desaparezca dentro de mí misma, como lo hizo ella.
También está ansiosa porque no le permito hacer muchas cosas, puede que los médicos digan que está bien pero me siento insegura de dejarla sola. Han sido demasiados años, y las viejas costumbres están tan arraigadas que por más que lo intento aun no estoy del todo tranquila, cuando se queda sola.
El timbre suena y bajo las escaleras de dos en dos para ver a la alta y esbelta rubia a mitad de los cuarenta que saluda a mi madre con familiaridad. Detrás de ella esta Ash, con su habitual picardía. ¿Qué hace ella aquí?
—   Hola, Kathe. — pasa distraídamente entre mi madre y la rubia y viene hacia mí para un rápido abrazo. No acabo de acostumbrarme a su constante efusividad. — ¿Recuerdas a mi madre, Luna?
La rubia es su madre, a penas si tengo recuerdos de ella, pero se conserva estupendamente. Escasamente recuerdo que se fue de casa hace algunos veranos, cuando Ash se fue a la universidad y que se ha vuelto a casar, mientras que el señor Daniel, sigue siendo un ermitaño, supongo que tiene que ver con la fachada de poli duro.
Siempre pensé que eran demasiado jóvenes para tener dos hijos, ellos eran como mis padres se casaron demasiado jóvenes para ser realmente felices para siempre, supongo que en esos años habría un virus que destinaba todos los matrimonios al fracaso. Al fin y al cabo no siempre se puede arreglar lo que está roto.
Mi madre y Luna se sienta en el salón e inmediatamente empiezan a hablar de locales de venta mientras Ash me acompaña a la cocina a por unas bebidas. Luce fresca y llena de vida como siempre, ¿cómo lo consigue? A panas puedo despertarme por las mañanas y poner buena cara.
—   He venido a invitarte. Esta noche vamos a salir, es la noche libre de Dereck y él y algunos de sus amigos vendrán con nosotras— dice mientras bebe de su café. —  Por favor, por favor, no puedes volver a decirme que no.
—   Ash, no puedo dejar a mamá sola…— comienzo a excusar.
Esta es la segunda vez que rechazo una de sus invitaciones, no es que sea precisamente una persona fiestera y mucho menos estoy de humor para salir. No quiero que Ash se sienta despreciada, me cae bien pero tampoco es que tengamos demasiada confianza. Creo que piensa que ahora podemos retomarlo donde lo  dejamos hace años. Yo sigo sintiéndome incomoda alrededor de todos los que conocen tan de cerca la realidad de mi pasado. Para mi  suerte la puerta vuelve a sonar y tengo la escusa perfecta para escaparme.
— Voy a ver quién es, ahora vuelvo.
Llevo tazas de té para mi madre y Luna y me dirijo distraídamente hasta la puerta, tratando de pensar en quien podría ser, y no se me ocurre nadie además de un vendedor de seguros. No es que tengamos muchos amigos por esta zona, la verdad. Lo que ni por asomo podría haberme imagina a la persona que estaba en mi puerta.
Una muy desaliñada Laura Peterson, desde el umbral,  me miraba con ojos grandes y rojos, como si llevara muchos años llorando, no creo que nunca la haya visto así. En cuanto abro del todo la puerta se tira a mis brazos.
—   Kathe— dice sollozando contra mi pecho.
—   ¿Lau?— a penas logro articular palabras. — ¿Estas bien?
—   No— contesta finalmente.
—   ¿Pasa algo, Katty?— pregunta mamá justo detrás de mi. — ¿Quién es tu amiga?
—   Soy Laura, la compañera de piso de Kathe. Perdone que irrumpa de esta manera en su casa señora Steve, es que necesitaba hablar con Kathe. — Y entonces empieza a sollozar de nuevo.
—   En cantada de conocerte, y llámame Taylor, por favor, deje de ser la señora Steve hace mucho tiempo.
Mamá me mira pidiendo una explicación que no tengo, yo tampoco entiendo que está pasando aquí, ni siquiera entiendo muy bien como ella encontró la casa correcta, así que me limito a encogerme de hombros mientras escucho a Laura llorar silenciosamente.
Últimamente mi vida es demasiado desconcertante para que yo misma pueda entenderlo que pasa en ella. Casi añoro los días en los que me limitaba a ir a la universidad y al trabajo.
—   Cariño, Luna quiere llevarme a ver algunos locales, ¿prefieres que me quede contigo?
—   No, mama, no tienes coche, ¿no pues ir otro día?
—   Katherine, te recuerdo que ya soy mayorcita—oh, ya empezamos otra vez, siempre que dice mi nombre entero, es que está enfadada conmigo —. Luna va a tráeme de vuelta cuando terminemos.
El tono de su voz es casi condescendiente, pero finalmente asiento demasiado distraída por el llanto descontrolado de mi mejor amiga. En tan solo un segundo Luna y mi madre desaparecen por la puerta. Conduzco a Laura hasta la cocina para prepararle un té, Ash sigue allí, y me mira desconcertada cuando mi amiga echa un mal de lágrimas se sienta a su lado.
—   Ash, esta es Laura, mi compañera de piso en San Diego, y no sé porque esta echa un mar de lágrimas.
—   Hola— dice en el mismo tono alegre de siempre—. ¿Necesitas algo?
—   ¡Se acostaba con otras!— le grita Ash. — Me pide matrimonio y se acuesta con otras. — Y se echa a llorar de nuevo.
Mierda. Muscules. Ya sabía yo que ese hombre no era de fiar, nunca me termino de caer bien, siempre sospeché que era mucho musculo y poco cerebro, los hombres ricos y famosos como el siempre tenían a cientos de mujeres suplicando a sus pies. A pesar de todo, cuando le pidió matrimonio hace apenas unas semanas, pensé que lo había juzgado mal, que realmente la quería, pero claro, ¿en que no me he equivocado yo?
Mi amiga sigue llorando desconsoladamente, mientras rebusco un vaso de agua y se lo entrego. La cara de compasión de Ash es evidente, pero afortunadamente no se va y se queda conmigo. No soy muy buena con los asuntos sentimentales, pero Ash tiene toda la pinta de serlo.
Trato de hablar con Laura, intentando que se calme, que me explique las cosas pero no sale nada de su boca más que sollozos profundos. Esta realmente destrozada. Al igual que yo, solo que ella tiene el valor de sacarlo fuera donde otros la puedan ver, yo no soy capaz de hacerlo.
Ash lo intenta también, le habla de forma pausada, como si fuera un animalito asustado, finalmente conseguimos entre las dos que se clame, que su respiración se normalice. Bebe un gran sorbo del vaso de agua que hay frente a ella y solo entonces comienza a hablar.
—   Esta mañana, fui a su departamento, había planeado llevarle el desayuno e invitarle a almorzar, quería contarle sobre los planes de la boda…— y se vuelve a echar a llorar.
Paso lentamente mi mano por su espalda intentando poner algo de calma  en ella, pero no parezco tener demasiado existo. Yo nunca he tenido una buena opinión de Muscules pero hace menos de un mes, ella estaba llorando por miedo a casarse y ahora, está hecha un mar de lágrimas porque la engaña.
No puedo evitar que todo esto me recuerde a mis padres y a Erick, ¿a caso no existe un solo hombre en la tierra que entienda el término fidelidad? Todos terminan destrozándonos de una forma u otra.
—   Martín, su portero, me dejo pasar porque me conocía, yo iba con mi bolsa de pasteles y café cuando lo encontré en la cama, con la otra… —las lágrimas no parar de correr por sus mejillas—. Te lo juro Kathe, ha sido la situación más humillante de toda mi vida. Y encima, el muy sínico tiene el descaro de decir que no era lo que parecía, cuando le vi meterle la lengua hasta la campanilla a esa zorra.
Me quedo prácticamente petrificada, Laura es la persona más dulce y divertida que te puedas imaginar, no suele usar palabrotas y mucho menos insultar a los demás. Pero teniendo en cuenta la situación, es aún peor de lo que imaginaba.
No tengo que imaginarme el dolor que está sintiendo, lo conozco perfectamente pero supongo que sí es la persona con la que tienes intensiones de casarte duele aún más. El dolor por la traición de Erick me está arrasando por dentro y eso que solo lo conocía hace poco tiempo, pero cuando te enamoras corres el riesgo de ser lastimado, solo que no pensaba que la caída iba a ser tan fuerte.
—   Ese tío es un idiota— dice de repente Ash.
—   Si, lo es— concuerdo.
—   Perdona por venir hasta aquí, Kathe, pero no sabía que mas hacer…
—   Tranquila, Lau, lo entiendo perfectamente. Yo sé mejor que nadie que hace falta distanciarse…
Ash me mira fijamente con ojos casi compasivos, como si entendiera sin realmente lo que me pasa. Obviamente sabe de la historia de mis padres. ¿Quién de la zona no? De cualquier manera puede que sospeche que hay algo más de eso y aunque no he hablado de Erick con ella, tal vez intuye que un hombre está metido en todo esto.
—   No sé qué voy hacer…— murmura para sí misma Lau.
—   Oh, oh… tranquilas hoy vamos a salir, emborracharnos y liarnos con cualquier hombre que se nos pare delante, veras como te sentirás mejor.
Oh, no. No me gustan las fiestas, no quiero emborracharme, solo quiero que llegue la noche para que pueda seguir con mi rutina de autocomposición mientras lloro hasta quedarme dormida. No es algo muy productivo, pero me vale para ir tirando.
—   Lo siento, no puedo dejar a mi madre sola…
—   Oh, vamos Kathe, tu madre es un mujer adulta, no puedes tratarla como un bebe… — dice Ash.
—   No la trato como un bebe, está enferma. —Replico.
—   Estaba, Kathe, estaba enferma, ahora esta perfecta y necesita sentirse como un mujer normal, no va a conseguirlo con su hija sobre protectora todo el tiempo sobre ella.
¿Pero que sabrá ella de mí y mi madre? No soy sobreprotectora, solo tengo miedo de dejarla sola, he tenido que vivir preocupada por ella los últimos años. Y a pesar de que el doctor dice que está totalmente capacitada, no puedo evitarlo.
Claro que cuando me vaya dentro de poco más de un mes, ella va a tener que quedarse sola aquí, porque no me va a permitir quedarme y menos accederá a venir conmigo a San Diego. Además, Laura me necesita. Estoy totalmente segura que ella nunca diría que no a salir de noche, menos aún cuando esta tan deprimida y con ganas de quitarle a Muscules hasta las entrañas. ¡Qué diablo merezco un poco de diversión!
—    Vale, iré. Pero nada de volver a las seis de la mañana.


Al final convencí a Laura de que se quedara con mamá y conmigo y no se fuera a un hotel, no la quiero sola y deprimida. Mi madre está encantada con tener más gente en casa, supongo que se ha sentido sola por mucho tiempo. Había querido conocer a Laura hace mucho tiempo, pero nunca he querido realmente que mamá conociera a gente que podría hacerle daño, pro claro Laura es incapaz de hacerle algo así, solo era yo siendo exagerada. Lo sé.
Mi madre casi me grita cuando le dije que si quería me quedaba en casa esta noche, dice que tengo que salir y respirar mas del aire de la calle. Ella más que nadie sabe lo que es estar destrozada por culpa de hombre y estoy segura de que no quiere que termine como ella.
Después de cenar comida china, Laura y yo nos estamos arreglando en mi habitación, es divertido porque normalmente ella tiene la habitación más grande, por una vez las cosas son distintas. No ha vuelto a llorar pero tiene los ojos un poco apagados como si una pequeña parte de toda la luz que los ilumina se hubiera apagado desde la última vez que nos vimos en San Diego.
—   Tú tampoco luces demasiado bien— dice, casi como si me leyera la mente. — No tienes que mirarme con esa cara de pena, estaré bien, puede que no muy pronto, pero lo estaré y tu también…— duda un segundo.
No me gusta nada hacia dónde va esta conversación. No quiero hablar de cómo me siento ni lo que quiero porque ni yo misma sé muy bien que voy hacer conmigo.
Después de todo ella es la mejor amiga de Erick, no tengo ni idea de lo que él e contó pero no es como si yo quisiera saberlo. No hay forma de que me arruine la noche antes de empezar.
— Tienes que hablar con Erick, Kathe…
—   No. —Digo, el solo escuchar su nombre hace que se me retuerzan las tripas y el dolor dentro de mi pecho se agudiza un poco más.
—   Pero tienes que saber que él, va a …
—   No quiero saberlo, Laura— la interrumpo—. Tú mejor que nadie deberías entender porque no puedo perdonar la traición… No quiero saber nada de él.
—   Pero…
—   No hay peros. Vamos a terminar aquí que Dereck es muy puntual.
Laura me mira confundida, como si no supiera a que me refiero. Y claro, ella no conoce a Dereck. Creo que podría gustarle, no es muy su tipo, pero es la clase de amigo que siempre está allí para ti .
—   Dereck es el hermano de Ash, vendrá con nostras, te gustará. Es muy simpático… y muy guapo. —Digo sonrojándome.
—   ¡Te gusta!
—   Claro que no. Lo conozco desde hace años. Además, también vendrán algunos amigos suyos, o eso dijo Ash.
Tras rebuscar en mi armario encuentro un vestido que tiene más años de los que puedo recordar, es perfecto, me hace sentir coqueta y discreta, porque muy a pesar de las intensiones de Ash para esta noche, no tengo ganas de liarme con nadie.
A las diez y media justo, el timbre de mi puerta esta sonado. Mamá me asegura que todo estará bien y que puedo volver tan tarde como quiera, que va a estar durmiendo, que no me preocupe por ella, pero es algo que no puedo evitar.
Dereck está en el umbral de mi puerta, absolutamente guapo con unos pantalones negros y una camisa azul, y yo que pensaba que el uniforme le sentaba bien… Me atrapa mirándole fijamente, me sonríe y yo me sonrojo.
Yo tendría que haberme enamorado de alguien así, sincero y leal, pero claro, él es un policía y ya he tenido suficientes sufrimientos por la vida que ellos llevan, quizás no debería juzgar a todos los policías por como mi padre trato a mi madre o por como todos sus compañeros encubrieron sus infidelidades y traiciones, pero no puedo evitarlo.
Mi sonrisa desaparece, puedo notarlo, pero esta noche no puedo pensar en hombres, en Erick, ni en mi padre, tengo que ayudar a Laura, ella siempre ha estado cuando la he necesitado y esta noche ella es quien me necesita.
—   Hola, Dereck.
—   Dios, Katty, estás tan guapa. — El tono de su voz es bajo y casi seductor.— ¿Podemos irnos?— pregunta ofreciéndome su brazo
—   Por supuesto, pero antes tienes que conocer a mi amiga, Laura.
Se ha quedado rezagada y en silencio detrás de mí.
—   Hola…— saluda pero se queda estupefacto cuando la ve.
Miro entre ellos pero no logro identificar ninguna emoción, se miran el uno al otro como si quisieran saltarse encima o matarse el uno al otro. Laura va perfecta, como siempre, con un diminuto vestido color turquesa dan ganas de llorar de lo perfecta que es, pero no creo que el físico sea lo que tienen a Dereck tan confundido. No logro identificarlo muy bien pero definitivamente algo está pasando entre esos dos.
—   ¿Pasa algo?, ¿ustedes se conocen?
—   No. — dicen al unísono.
Hablan demasiado rápido, demasiado fuerte, no les creo. Pero justo en el momento en que voy a preguntar escucho a Ash desde el coche, que impaciente, nos apremia.
Las discotecas no son mi lugar preferido en el mundo, no me suele gustar la música demasiado alta ni los lugares abarrotados, pero tras mucha insistencia y cuatro margaritas, estoy bailando en la oscuridad, con las luces de colores revolviéndose por todo el lugar.
Para ser un viernes el lugar no está nada abarrotado, ni hay ese insoportable olor a alcohol que recuerdo. Todo el mundo parece divertirse, hasta yo.
Por primera vez en esta semana, me siento libre, no sé si es producto del alcohol pero no me siento reprimida, ni siquiera pienso en él, me siento casi feliz, despreocupada, como hace bastante que no me sentía.
La música inunda mis sentidos, mi cuerpo se mueve a su propio compás, no me importa mucho quien está cerca aunque puedo ver como Laura mece sus caderas de forma seductora hacia algún desconocido. Alguien se acerca a mí, lo noto, y me siento poderosa cuando unas manos fuertes  rodean mis caderas, no lo impido. Necesito esto, sacar todo de mi sistema, volar lo más lejos que pueda del dolor, lejos de mis miedos, de mi misma.
Quiero derretirme un poco en esas masculinas y grandes manos, porque se siente correcto, intento fundir mi espalda con el pecho del hombre que me arrastra a través de la pista de baile. Sus manos guían mis caderas al compas de la música, su tacto me hace estremecer, su calor me atrae, no sé que estoy haciendo ni quiero. Sus labios se mueven hacia mi cuello, su olor fresco me consume y me confunde, parece tan familiar, creo que el alcohol está empezando a confundir mis sentidos.
Hay algo en lo más profundo de mi que ansia darse la vuelta, entender que está pasando quien es él, pero lucho contra todo, no quiero que la música acabe, quiero mantener la ignorancia, el anonimato quiero ser feliz. Pero cuando la música baja unos pocos tonos y el desconocido inhala el olor de mi pelo, solo hace falta una palabra para que todo se inunde.
—   Dulzura— y suena casi en un susurro, como un pequeño gemido.

Erick, está aquí, es él.