sábado, 8 de febrero de 2014

Descenso Capítulo 6


A él, porque cuando lo lea,
va a querer matarme.


Son casi las doce de la noche del  viernes y no puedo dormir, Erick no vuelto a llamarme. No sé nada de él desde el martes pasado, cuando le dije hablándole a mi teléfono. Escucho hablar a Laura cada día con él, ni siquiera ha preguntado por mí. Tal vez me pasé realmente, no tenía qué no haberle dado una respuesta, no tenía que reprenderlo por tener mi número de teléfono ni tenía que haberle dejado hablando solo. Pero yo no sé cómo enfrentarme a todo esto. Puede que fuera lo mejor, así no me dará tiempo de ilusionarme demasiado, ni de soñar con un futuro que no existe ni existirá, nunca. 
Pero si esta es la mejor opción, si es lo que está bien, ¿por qué no se siente correcto? ¿Por qué diablos duele tanto? ¿Es patético que pase las noches abrazada a la almohada que uso cuando se quedó a dormir, solo porque tiene su olor? Sí contesta la molesta e irritante vocecita, y no puedo estar más de acuerdo.
Estoy sola en casa, Carlos vino a buscar a Laura alas cinco, ya deben de estar cenando con sus padres, la futura boda será un hecho después de esta noche.  Mientras el silencio me acompaña, sigo sin poder concentrarme en estudiar, en el trabajo también estoy distraída, es una suerte que no me hayan despedido, he recomendado a una menor de edad un libro que tenía escenas de asesinato muy detalladas.
Mi té reposa, ya frío, sobre la mesa de centro del salón, no puedo dejar de pensar en todo esto. Tal vez debería llamarlo, llamarlo y decirle como me siento. Maldita sea, he dejado que juegue conmigo, yo no soy el juguete nadie y tiene que saberlo.
Tomo el móvil y busco, con dedos temblorosos, el número, que él mismo agregó a mi teléfono, presiono la familiar tecla verde y escucho los suaves sonidos del teléfono sonar, al tercer timbre lo coge.
   ¿Sí?
Es él, todo mi cuerpo se congela, no tenía que haberlo llamado, no sin una maldita estrategia.
   ¿Kathe? — guardo silencio— Sé que eres tú. Tengo identificador de llamadas— me recuerda.
Le ignoro. Imbécil. De repente lo entiendo todo, el ruido, está en una fiesta, maldita sea. Puedo escuchar la música tan alta, que apenas puedo oírle a él. Yo estoy lamentándome aquí por él y está en una fiesta. ¡Con alguna de esas zorras! Pero me va a escuchar.
   Tú. No que vuelvas a llamar, o hablarme, jamás.
   Has sido tú quien me ha llamado— dice, y tiene razón.
Parece divertido. Idiota.
   Perdona, no pienso volver a hacerlo— y cuelgo.
Maldita sea. Ni siquiera le he dicho todo lo que pensaba. No puedo creer que esté con una de esas innumerables rubias que le acompañan a sus eventos sociales. Sí, he visto las fotos, internet está lleno de fotos de Erick con innumerables rubias, cada una más bella que la otra. El problema aquí está en que me importa, ¿por qué? En no es mío ni nada parecido, ¿por qué tiene que molestarme? No lo sé, no lo entiendo, ni tiene un sentido lógico, pero lo hace, me molesta, me enfurece y me duele como un demonio. Es como no saber que existe una parte de ti que puede doler hasta que lo hace y entonces el dolor no desaparece por más que lo intentes.
No es que yo quiera esto, simplemente llegó y se instaló, se acomodó y ahora no puedo echarlo. Es tan estúpida la cantidad de esperanza que pueden esconderse tras unas palabras bonitas. Ahora mismo no me siento ni guapa, ni buena, ni querida, mucho menos valorada, ahora mismo solo me siento usada.
Esta es la clase de sentimiento que estado evitando toda mi vida y en menos de una semana llega Erick, con su sonrisa embriagadora y sus ojos azabaches y destroza la mayor parte de mis barreras, sin que me de cuenta. Entonces la culpa es solo mía, por ser tan estúpida y permitir que todo esto pasara.
Y vienen a mi mente los últimos segundos antes de nuestro primer beso, él dijo que tenía que irme, huir y escapar de él. En ese momento esa idea ni siquiera se pasó por mi cabeza, pero ahora pienso que tenía que haberle hecho caso. Mi teléfono suena, no quiero cogerlo y no lo hago; dejo que suene y se silencie dos veces, pero cuando suena la tercera lo cojo, solo quiero que pare y me deje dormir. No me molesto en mirar quien llama, solo puede ser él.
   Voy a verte—oh dios.
   ¿Qué parte de no me llames no entendiste?
   Ninguna. Voy para tu casa.
   Como se te ocurra aparecerte por aquí pienso golpearte la cabeza con un bate de beisbol— digo y cuelgo.
¿Qué habrá querido decir exactamente con voy para tu casa? Papá siempre decía que la diferencia entre hombres y mujeres es que ellos son muy literales, sueltan lo primero que se les pasaba por la cabeza. También decía que las mujeres solíamos darle vueltas a las cosas antes de hablar, siempre dijo que somos más listas. Realmente espero que no venga, no hoy, no esta noche, no estoy segura de poder soportarlo.
El sofá ya no me parece demasiado cómodo, me rodeo  las rodillas con los brazos, y me siento en el suelo. No quiero verlo, la cuestión, no es que no quiera, es que no puedo, no ahora cuando estoy hecha un manojo de nervios, me siento como un cachorro abandonado, a punto de ponerme a llorar de la furia. No sé cómo puedo sentirme mal por no dar una respuesta, por no estar segura de lo que siento. No estoy lista para dejar entrar a nadie y eso debería entenderlo.
Los suaves toques de la puerta despiertan tanto mi furia como mi miedo. Vino. ¿Y lo dudabas? No. Contesto a la vocecita incansable, intentando ser sincera. No me muevo, me quedo muy quieta, a oscuras.  Tal vez si no me muevo, no hablo, no se dé cuenta que estoy aquí. Si pudiera hasta evitaría respirar.
Pum, pum, pum, una y otra vez. Entonces escucho su voz a través de la puerta, dulce y exigente como siempre. 
   Tengo una llave ¿sabes?
Esto es inútil, no puedo verle, no ahora, no soy responsable que lo que pueda hacer, hace demasiado tiempo que no me siento tan desconcertada. Quizás desde que tuve que dejar a mamá, sola, en ese hospital, hace ya mucho tiempo.
   Vete, por favor— grito.
   Mocosa malcriada— replica a través de la puerta— Abre, ahora.
Y me siento muy tentada a decir que no, pero en su lugar me encuentro caminando hacia la puerta con unas ganas impresionaste de atestarle un porrazo en esa dura cabezota.
Cuando abro la puerta, me encuentro directamente con sus brazos fuertes, justo delante de mí. Lleva vaqueros oscuros y una camisa negra, que no le había visto llevar hasta ahora, tan guapo que casi duele, pese a que lleva un casco. ¿Por qué diablos lleva un casco?
Entra y cierra la puerta tras de sí, aunque nadie le invitó a entrar. Yo sigo en mi lugar a menos de un metro de él.
   Bueno ¿dónde está ese bate?
Ahora sí que estoy confusa, ¿quiere jugar al beisbol? ¿A esta hora?
   Cuanto antes me pegues con un bate, por venir, antes podremos hablar.
Mierda, yo dije eso.  Sonrió y eso me hace enfadarme más con él.
   No me hagas reír cuando estoy enfadada contigo—replico— y quítate esa cosa ridícula de la cabeza.
Me dirijo al sofá con Erick  siguiéndome muy de cerca, si él no enciende la luz, yo tampoco voy hacerlo. Me siento en la esquina y me abrazo fuertemente a mis pies, pero no encuentro la seguridad que quiero y necesito, desesperadamente.
   ¿Por qué estás aquí?— pregunto, haciendo un esfuerzo por lucir muy enfadada.
   Porque me llamaste.
Como si eso lo explicara todo. Manipulador.
   ¿Qué tal tu fiesta? No tenías que haberla dejada por  una estúpida llamada — digo y pretendo parecer inocente, no cuela.
   ¿A ti te parece que vengo de una fiesta?
La verdad es que no lo había pensado, luce despeinado, cansado, pero no feliz, su ropa es informal y no huele a ningún perfume caro de mujer fácil. Tiene el pelo revuelto, como si no se hubiera peinado y huele a él, solo al Erick que yo conozco, una fragancia masculina e inidentificable. Me encojo de hombros, no tengo nada para contestar a eso. Cautelosamente, se acerca más a mi extremo del sofá.
   Por favor, no me toques.
Las palabras se disparan de mi boca como cuchillos afilados, una mezcla de dolor y rabia, pero también es una súplica. Pero él se detiene y mantiene la distancia.
   ¿Qué te pasa? Vamos dulzura, cuéntamelo.
Y sé que tengo que hacerlo, pero no tengo muy claro por qué estoy enfadada con él, podría darle una lista, pero eso ahora me suena infantil, estoy actuando como una niña caprichosa. Pero él ha estado jugando conmigo y ni él ni nadie tienen derecho a hacer eso.
   No sé como tienes la desfachatez de venir. Yo no soy un juego, me he esforzado mucho para que nadie me haga daño para que vengas y en una semana creas que con palabritas bonitas a poder hacer pedazos todo mi ser…
   Dulce
   No me llames así, yo no soy un dulce, soy una persona que merece como mínimo respeto, así que por favor, no quiero que me vuelvas a buscar, ya me has hecho más daño del que permitiré.
Y estoy llorando otra vez, me quito las gafas y las dejo sobre la mesa del centro, y me abrazo más a mis brazos y dejo que por unos minutos las lágrimas me consuman. Y cuando me abraza no encuentro las fuerzas para poner distancia entre los dos, así que dejo que me sostenga entre sus brazos y me deje llorar.
Hay que ver con la frecuencia con la que lloro desde que conocí a Erick, eso solo es una de las muchas razones por las que debo alejarme de él, pero es como si algo en mí me lo impidiera, no quiero que me deje ir, solo sé cuanto bien me hace cuando está cerca.
Hace mucho tiempo que no me siento protegida y por alguna razón cuando estoy con él lo siento, como cuando tenía seis años y veía películas los sábados con mamá y papá en el sofá, nunca llegaba a ver el final, porque me quedaba dormida y papá me subía a la habitación y mamá cantaba para mí hasta que realmente sabía que no me iba a despertar, por esos días me sentía segura, protegida, era libre de amar, pero cuando papá nos dejó… todo fue cuesta abajo, nada volvió a ser igual. ¿Cómo seguir pensando que merecía ser querida por alguien, si todas las personas que alguna vez había querido me abandonaban?
   ¿Estás mejor?
   Sí— contesto avergonzada— Siento todo el drama.
Le veo negar con la cabeza, entre la oscuridad de la habitación.
   No sabes lo feliz que estoy de que llamaras— dice de pronto—. Llevo toda la semana esperándolo, creí… pensé que necesitabas  tiempo para asumir todo esto. Sé que voy demasiado rápido— vuelve a sacudir su cabeza—. Pero no puedo evitarlo, hay algo que me atrae a ti.
   Yo… pensé que no lo entendías…
Pero parece que él lo entiende incluso mejor que yo, solo estaba dándome tiempo a adaptarme a la idea de un nosotros.
   Yo solo quiero que sepas como se siento todo el tiempo, si tú necesitas más tiempo, estoy dispuesto a esperar por eso.
   Realmente quiero confiar y sentir, te juro que lo intento, pero todos a quienes alguna vez he querido ya no están, y no quiero volver a pasar por eso, no sin estar segura de que realmente vale la pena.
   Lo entiendo— repite y yo le creo—. Sé que en alguna pequeña parte de ti, quieres ser amada, pero estas luchando para que eso no pase. Tranquila, sé que estas cansada de luchar y yo estoy aquí para que por fin te des por vencida.
Esas son las únicas palabras que necesito escuchar para darme por vencida. Erick, me pone sobre su regazo y acuna mi cara contra su cuello, deja que lloré allí, piel contra piel. Sintiéndome realmente protegida y querida, aunque solo fuera una ilusión. Adoro su aroma, huele como él, como justo lo que necesito.
   ¿Cenaste?— pregunta de pronto y yo niego con la cabeza—. Genial porque tengo hambre.
Me deja a un lado y se dirige hacia la zona de la cocina, me pongo sobre mis rodillas sobre el mullido sofá y le observo caminar despreocupado y terriblemente sexy hasta el refrigerador. Se detiene en la puerta y la deja abierta para observar nuestras reservas. Por una vez está lleno.
El pelo oscuro le cae sobre el cuello y siento como míos dedos arden por tocarlo. Pasan por mi mente una infinidad de imagines, de mí con Erick, con mis dedos entre su pelo y sus labios acariciando mi cuello como la primera vez que dormimos juntos. Todo lo que tengo son ganas de tocarle, porque aunque esté a menos de diez metros, siento un frío que no puedo escribir, así que reúno todo el coraje que puedo y camino hacia donde se encuentra, aún mirando que sacar del refrigerador. Envuelvo mis brazos alrededor de su vientre, tomándolo por sorpresa y me abrazo a él con todas mis fuerzas, presionando mi mejilla contra su espalda. Erick coloca sus brazos sobre los míos y permanece así, quieto, todo para mí.
   Baila conmigo— susurra.
Y sin esperar respuesta, me gira para poder tomarme entre sus brazos, mi mejilla contra su pecho, su mentón sobre mi cabeza, todo tan simple que ni siquiera me atrevo a recordarle que no tenemos música. Nos estamos moviendo de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, lento, demasiado tal vez. Lo único que sé es que no quiero pensar en nada más que en este momento, junto a él. Me concentro en los suaves latidos de su corazón y dejo que guíe mi cuerpo, y por unos preciosos segundos me olvida de que estamos dando vueltas alrededor de la cocina, solo iluminados por la luz del refrigerador.
   Se supone que tenías hambre— le comento, y parece indiferente ante la información.
   Mmm…
   ¿Me está ignorando, señor Maclaing?— pregunto en tono burlón
   Eso nunca va a pasar— y el tono serio con el que pronuncia cada palabra me hace sentir segura.
Erick mete en el microondas una pizza congelada que encuentra, ni siquiera estoy segura quien la compró. Coloca un gran vaso de zumo de mango delante de mí y otro a mi lado. Cuando la pizza está humeante delante de ambos, vamos comiendo pequeños trozos. Y mientras Erick me cuenta como está Emily, sonreímos, parece ser que la “fiesta”, que tan mal me puso, no era más que él regresando a su casa para poder dormir, Emily llora toda la noche.
   No te imaginas cuanto te he echado de menos.
Y aunque no estoy muy segura de si puedo creerme eso, le contesto con la única verdad que tengo.
   Yo también te he echado de menos.


Cuando me despierto por la mañana, lo primero que veo es una estancia blanca, no estoy en mi cama, ni en mi habitación. Abro más los ojos e inspecciono las paredes que me rodean, estoy en el salón, sobre el sofá y pegada al pecho de Erick. Me remuevo entre sus brazos, hace mucho calor, incluso para ser junio, ese fue el motivo de que me despertara.
Levanto más la cabeza, esto presa entre el espaldar del sofá y el cuerpo de Erick. Se ve tan tranquilo cuando duerme, parece relajado  feliz, sus labios están ligeramente separados…son tan atrayente. Entonces me pregunto ¿por qué no me besó anoche? Recuerdo que después de cenar, a las dos de la mañana, nos arremolinamos uno contra el otro en el sofá solo para hablar pero Erick no me besó.
Paso mi mano sobre su mejilla y acaricio la suave barba que le está creciendo. Vuelve el cosquilleo que recorre mi cuerpo, ese mismo que me hace tan vulnerable cuando Erick me toca. Le veo abrir lentamente los ojos e inmediatamente escondo la mano. Estoy avergonzada, pero él parece divertido. Toma mi mano y la coloca sobre su rostro, justo donde estaba hace un minuto.
   Hey, hola— besa mi frente—. Me gusta que me toques.
Mi mano acaricia su mejilla guiada por él, le veo suspirar, antes de agregar algo más.
   No te imaginas cuanto.
Pero lo entiendo, porque si mi tacto produce en él, solo una mínima parte de lo que siento cuando su piel toca la mía… puede que no salgamos vivos de esta. 
Me gusta verle acabado de despertar, parece tan joven y despreocupado, me recuerda a esos dioses griegos mitológicos, demasiado perfectos para ser humanos pero lo suficientemente sexy para desear que lo sean y tú puedas tener el privilegio de tocarlos.
   Estás preciosa, sobre todo cuando estás despeinada.
   Mentiroso— le reprendo.
Me sonríe abiertamente y sé que daría cualquier cosa por detener el tiempo en este preciso instante, pero como no puedo hacerlo, me guardo el recuerdo para más tarde, cuando él no esté.
   ­¿Qué quieres desayunar?— pregunta mientras me retuerzo más para estar más cerca.
¿Y quién puede pensar en comida en un momento como este? Aunque por supuesto, hay algo que quiero.
   ¿Qué fue ese pensamiento, dulzura?— sacudo la cabeza de un lado a otro, con los ojos muy cerrado—. Bueno… si no quieres contármelo… al menos dime que voy a desayunar.
   Besos— digo y sé que una parte de mí abandona inconscientemente mi cuerpo.
Y alzo mi rostro para buscar sus labios, los atrapo entre los míos y fuerzo la respuesta de Erick, está sorprendido. Atrapa mi labio inferior y lo muerde, demasiado perfecto. Sus labios se mueven más rápido que los míos e intento seguir el ritmo. Sus manos están subiendo y bajando por mí espalda, mientras me presiona más entre el sofá y su cuerpo, no puedo pensar, me limito a sentir, mi cuerpo se vuelve totalmente líquido y caliente y por más que lo intento no logro encontrar suficiente aire para respirar.
El beso termina demasiado rápido, aunque creo que en el momento junto para que no me desmayara por la falta de aire en mis pulmones. Erick no me suelta en ningún momento y traslada sus labios de mi boca al cuello y lo tortura con infinidad de pequeños mordisquitos por todo el costado derecho. Es la sensación más deliciosa que soy capaz de recordar, solo suplico internamente a todo lo poderoso de este mundo que él no pare, que  no se detenga.
No tengo idea de cómo pero Erick presiona más mi cuerpo contra el suyo, y puedo sentir todos sus músculos sobre mi cuerpo, pero no solo sus músculos, puedo sentir su erección presionando contra mi abdomen, firme y dispuesta.
Mierda. ¿Yo he logrado eso? ¿Cómo es que en algún momento pude pensar que nunca despertaría deseos sobre él? Acaba de tirar mi teoría por el suelo, justo ahora. De repente el miedo me está invadiendo, no sé qué hacer, no puedo manejarme con esto, no ahora, no aquí.
Mis silenciosos gemidos, se detienen cuando empiezo a hiperventilar, esto no me puede estar pasando a mí. Es entonces cuando siento que todo mi cuerpo se pone rígido y Erick detiene sus labios y los aparta de mi piel, sus manos también han dejado de explorar mi espalda pero no me suelta, ni un poco, solo le escucho susurrar a mi oído.
   ­Ya paro.
Y puedo percibir que su respiración es casi tan irregular como la mía. Aún no doy crédito a que alguien como él, un hombre por el que cualquier mujer iría al infierno, me dese, a mí.
   Lo siento—susurro contra su cuello— No puedo.
Y es la verdad. No hay duda alguna que lo deseo, al extremo incluso, quiero fundirme con él hasta que no logre distinguir donde empieza su cuerpo y acaba el mío, pero no aquí, no de esta forma, no buscando resolver los problemas que ni siquiera estoy segura que tengamos. Por dios, ni siquiera sé si hay un nosotros.
   No pasa nada, dulzura…— murmura tranquilizador— Puedo esperar, cuesta. No estoy acostumbrado, pero por ahora puedo soportarlo. Por ti.
¿Se habrá dado cuenta de que acaba de asumir que se folla a todo lo que puede, en cuanto tiene oportunidad? Pues no lo creo, idiota. Aunque entiendo perfectamente que cualquier mujer con un poco de cerebro este derritiéndose no solo por ese cuerpo sino por todo el conjunto y si yo quisiera podría ser mío, solo mío. Temporalmente, maldita vocecita provocadora. De cualquier forma ella tiene razón y yo aún no estoy muy segura de que lo que exactamente quiero, a largo plazo.
   Te deseo— confieso—. Mi cuerpo se derrite bajo tu toque pero no creo que tener sexo ahora, en el salón de la casa de otra persona y buscando simplemente solucionar una discusión, no estoy segura qué, sea una buena forma de empezar una relación.
   ¿Relación?— pregunta y parece esperanzado, yo me limito a asentir con la cabeza—. ¿Eso significa que vas a intentarlo?
Su alegría me está rompiendo el corazón. No salen las palabras de mi garganta así que vuelvo a mover la cabeza. Y es todo lo que necesito para que en cuestión de segundos esté apretada contra el cuerpo de Erick que me da vueltas por toda la habitación. Todo me da vueltas, estoy mareada, pero realmente no me importa. Cuando vuelvo a tener mis pies en el piso escucho a Erick, que me habla con voz suplicante.
   Tu idea de desayuno es tentadora pero, Kathe, un hombre necesita algo de pan y agua de vez en vez.
¿Cómo alguien no puede querer a este hombre? Le arrastro tras de mí y me pongo a prepara el desayuno. El olor a zumo de naranja recién exprimido me hace darme cuenta de cuanta sed tengo, así que termino de cortar las frutas y las coloco en un solo plato. Erick busca dos pequeños tenedores y en menos de diez minutos estamos comiendo de pie, en la cocina. Lo curioso de todo esto es que entre bocado y bocado recibo uno o dos besos extra, creo que es un desayuno perfecto.
¿En qué momento mi vida se convirtió en una montaña rusa de emociones? No estoy muy segura pero he tomado una decisión irrevocable, voy a intentarlo y ya lideraré con el dolor cuando sea el momento, no voy a dejar pasar la oportunidad de bañarme en el manantial fresco de amor que me ofrece.
   ¿Qué miras?
   A ti, eres lo más hermoso que he visto en mucho tiempo— dice sorprendiéndome.
Sé que me estoy sonrojando y no me importa cuántas veces me lo diga, no sé cuando aprenderé a encajar los cumplidos. Al menos no si vienen de Erick, y por un segundo quiero acariciar su nombre entre mis labios, pero guardo silencio, y cambio de tema.
   ¿Qué vamos hacer hoy?
   ¿Vamos a pasar el día, juntos? ¿Puedes?
Se te ve el plumero Steven, me murmura alegremente la vocecita que habita en mi cabeza. Y lo admito, la esperanza en mi voz me delata. Me muero por pasar las horas con él, ahora mismo no me molestaría volver al sofá y quedarme entre sus brazos todo el día. Pero eso es demasiado, no soy ese tipo de chica, quizás estaría bien salir un rato de esta casa.
   Salgamos. A cualquier parte, no me importa mucho, cualquier lugar estará bien.
Me besa en la frente, y solo el roce de sus labios sobre mi piel, hace que todas mis terminaciones nerviosas cobre vida.
   Apenas son las nueve, ¿qué te parece si vamos a ver a mis padres y después podemos ir a mi casa?
Mi rostro se congela, cuando decía que quería ir a cualquier parte, no había pensado en esos dos lugares. ¿Sus padres? ¿Está de broma? Son mis profesores, de ninguna manera estoy preparada para eso. No tengo claro está relación, no creo que pueda simplemente pasarme por allí y decir que fui a saludar. Creo que esa visita debe esperar. Pero claro la idea de su casa, eso me deja entre la espada y la pared, me gustaría conocer más de él, y solo he visto la entrada de su casa, la idea es seductora pero no estoy muy segura de que  vaya a poderme resistir a él, aunque claro creo, que no quiero resistirme.
   No creo que pueda ir a la casa de tus padres…— susurro.
   ¿Por qué?— su expresión es indescifrable y tengo miedo de haberle ofendido.
   No es que no quiera… es que no creo que aún tenga claro si esto…— muevo mi mano mostrándole la distancia entre los dos— lo que quiera en lo que nos vayamos a convertir funciones. Solo quiero estar segura… solo un poco de tiempo, dame solo eso…por favor— agrego finalmente.
   Claro, tomate todo el tiempo que quieras, no quiero que sientas que te estoy presionando.
   Gracias. — digo y me inclino sobre sus labios.
Esto de que sea más alto que yo me dificulta besarle, empiezo a creer que los tacones son una buena idea, así que me cuelgo de su cuello y dejo que el beso nos consuma. Mi pecho se mueve demasiado rápido cuando Erick me besa y definitivamente eso no puede ser bueno para mi salud, pero no pienso quejarme de ello.
   ¿Mi casa, entonces?— pregunta.
   Claro— digo aunque sigo sin estar segura de todo esto.
Antes de poderme arrepentirme ya estoy sentada en el coche de Erick, camino a la casa de la playa. Tiene mi mano izquierda entre la suya, sigo pensando que esto hace peligrosa la conducción, pero no me importa, su tacto es sencillamente cálido.
Poso mis ojos en el camino y pienso en mamá, tengo que llamarla hoy, no hablo con ella desde el miércoles, sé que está mejor, incluso le han quitado la medicación, con suerte en unos meses podrá volver a casa conmigo, o mejor dicho, podré buscar una casa para nosotras. Cuando me gradué, dentro de dos semanas podré sacarla de la clínica o al menos espero que pueda.
   ¿Algo va mal?
   No. Solo pensaba en mi madre. Creo que le gustarías— Agrego al fin.
Erick solo sonríe y vuelve su concentración a la carretera. No me ha preguntado nunca por mi familia, no creo que no le importe, creo que está esperando a que yo decida compartir esa parte de mí con él. Tampoco estoy segura de que Laura le haya contado mucho sobre mi familia.
   ¿Te… te contó ella algo sobre mi familia?
   No, Lau sabe que es un tema difícil para ti.
   No has presionado para que te hable de ello, ni siquiera has preguntado— le digo.
   Nunca haría algo así, entiendo que es algo difícil para ti, cuando estés listas, me lo dirás.
   Gracias— consigo decir.
Antes de que pueda pensar en lo perfecto que es este hombre, ya hemos llegado a su casa. Y un nudo inunda mi estómago, estoy nerviosa. No solo porque estamos solos y realmente aislado, sino porque este es su lugar su espacio y lo está abriendo a mí, como lo hace a cada minuto con su corazón pero yo no puedo corresponderle, aún, pero lo estoy intentando, realmente quiero confiar en él.
Como todo un caballero inglés, me abre la puerta y mientras me guía desde el coche hasta la entrada, saca las llaves de su bolsillo derecho y abre la puerta para mí.
La estancia es más que espaciosa, con suelos de madera y colores claros en las paredes y muebles. Todos los espacios son abiertos y la pared que da directamente a la playa es toda de cristal, desde la puerta de la entrada podría ver el mar azul si las cortinas blancas estuvieran mejor atadas. 
La casa, tiene un aspecto masculino que me encanta, es tan de su estilo, ¿cómo me llamó una vez a mí? Ah, sí, exótica, esa es la palabra para esta casa, además de espectacular, por supuesto. De repente me lo imagino descalzo y llevando solo sus vaqueros oscuros, tirado sobre el sofá blanco que preside el salón y me recuerda a un dios griego, quiero saltarle encima. Mis hormonas, mis deshonrosas hormonas…. Respira, Katherine, respira.
   Este lugar es fantástico— murmuro.
   Me alegra que te guste— dice mientras mordisquea mi cuello, mmm, me encanta cuando hace eso—. Voy a enseñártelo todo.
Y eso hace, me muestra cada estancia, la moderna y espaciosa cocina, el sótano y las cuatro habitaciones. Ha dejado para último su habitación, justo antes de entrar tiemblo pero no creo que sea miedo, la habitación de Laura y la mía juntas no son ni la mitad del tamaño de la de Erick.
Tiene la cama más grande que he visto jamás, también en colores claros, pero me sorprende que la pared principal sea de color verde, un verde tierno y sorprendentemente infantil, teniendo en cuenta la decoración del resto de la casa. La habitación tiene baño propio y vestidor, me encantaría poder acostarme en su cama, ver si es tan suave como él o si tiene su olor, pero entonces recuerdo que estas últimas semanas se estaba quedando con sus padres para estar cerca de Emily.
   Me encanta— digo—. Gracias por mostrarme tu casa.
   Si todo sale como yo quiero, pasarás mucho tiempo por aquí, así que me alegra que te guste.
No tengo palabras para contestar a eso. Valiente psicóloga voy a ser si me quedo sin palabras con tanta facilidad, aunque claro, esto es un problema que solo aparece cuando Erick está cerca.
   Te tengo una propuesta… Puedes elegir— cuando dice eso me pongo nerviosa. ¿Qué se le habrá ocurrido ahora?—. Podemos comer y después dar un paseo por la playa o podemos comer, después tirarnos en el sofá y dejarme que te coma a besos.
   ¿Así que la cuestión de la comida es indiscutible?
   ¿Tienes alternativas? ¿Ofreces voluntaria para ser devorada?—
Vuelvo a ruborizarme hasta la punta del pelo.
   ¿Qué voy hacer contigo?— pregunto aunque para nada me estoy quejando.
   ¿Ahora mismo? Alimentarme, después, improvisaremos.
Y por primera vez en mi vida, la idea es mucho más que tentadora.

Mientras Erick busca algo para comer, me disculpo y salgo al porche para llamar a mi madre, ya debe haber terminado su comida y estará preparándose para la siesta. Al segundo toque lo coge.
   Dígame— contesta Carol.
   Hola, Carol. Soy yo. ¿Cómo está mamá?
   Está despierta esta vez, espera un segundo y podrás hablar con ella.
No pasan ni diez segundos cuando escucho la familiar y tierna voz de mi madre que sale del otro lado del auricular.
   Hola, niña.
   Hola, mamá. ¿Qué tal estás?
   Muy bien, el doctor dice que ya casi no necesito medicamentos.
   Me alegro mucho de escuchar eso mamá. Te he echado de menos— le digo.
   Dulzura ya está la comida— me grita Erick desde la cocina.
Me miró para que se dé cuenta de que estoy al teléfono, se encoje de hombros y vuelve a lo que quiera que estuviera haciendo.
   ¿Con quién estás, Katty?— pregunta mamá.
No sé qué decir. Así que no digo nada.
   ¿Era un hombre?
   Evidentemente, mamá— murmuro a regañadientes.
   ¿Tienes novio? — directa al grano.
   No estoy segura, mamá. Lo acabo de conocer.
   Tu eres la persona más segura que conozco, confío en que sea lo que sea, me lo contarás cuando estés lista para eso.
¿Es que acaso hoy era él día en el que todo el mundo había decidido decirme lo mismo? Maldita sea.
   Voy a ir a visitarte dentro de poco, en cuanto acaben las clases, lo prometo.
   Sé que lo harás, pequeña. Tengo que irme, es hora de la siesta. Te quiero.
   Y yo a ti mamá.
Siempre es agradable hablar con mamá, pero ahora más, se que se está recuperando y eso me hace muy feliz, quizás al fin pueda superar la muerte de papá. Pero ahora no voy a preocuparme por el pasado, hoy voy a vivir el presente, disfrutando de cada segundo, mientras pueda.
Erick y yo nos comemos la mejor ensalada César que recuerdo haber probado, se nos está haciendo costumbre comer este tipo de cosa, parece que no hay suficiente tiempo para preparar una comida decente.
   Prometo que volveré a cocinar para ti, pronto— le digo mientras retiro los platos de la mesa.
   Eso suena tan bien…
Juntos terminamos de recoger la cocina y mientras colocamos los últimos platos en su lugar, le veo mirándome fijamente.
   Quiero besarte— nunca había pedido permiso antes.
   Los besos no se pides ¿sabes? Mi madre dice que para que sea un buen beso, tienes que robarlo.
   Esta usted muy juguetona, ¿no?
Sonrió abiertamente y Erick me besa, poniendo todas sus ganas en ello y yo me dejo llevar lo mejor que puedo, porque no hay mejor sabor que el de él, mezclándose con el mío.
   Vamos a bañarnos, el mar está perfecto a esta hora.
   Pero… no tengo ningún traje de baño aquí— además de que no iba a permitir que me viera con mi viejo bañador de natación—.
Erick vuelve a darme un beso rápido mientras sonríe juguetón.
   Eso no es un problema. Ninguno de los dos vamos a necesitarlo.
Y me arrastra fuera de la casa, que no sea lo que me imagino; que sí sea, ruega la vocecita… Oh mi dios.
La arena caliente quema mis pies desnudos, mientras Erick me arrastra por la playa. Corremos como niños pequeños por la arena, para refugiarnos del calor. Siento un alivio casi instantáneo cuando las primeras gotas de agua refrescan el calor. Estar con él suele ser fantástico, mientras él está cerca no me importa mucho perder la cabeza, y eso me asusta, pero también me gusta, más de lo que estoy dispuesta a acertarme, incluso a mí misma.
Erick se ve sencillamente hermoso, tan masculino con el sol reflejándose en sus ojos, me mira divertido, pero en ningún momento pierde ese toque bohemio, innato en su personalidad, que acabé por darme cuenta, que me encanta. Aunque claro, no creo que haya muchas cosas de él que no me gusten, no soy para nada objetiva cuando se trata de Erick.
   Vamos dentro.
   Solo tengo esta ropa, no la quiero mojar—. Aunque es verdad que no tengo más, me importa muy poco la ropa.
   Te dejaré algo mío— dice.
Mientras dejo mis gafas, la sudadera y el móvil sobre la arena, puedo ver a Erick deshacerse de su camisa y tirarla descuidadamente a un rincón. Me quedo embobada mirando como su torso moreno se contrae al ritmo de su respiración.
Antes de darme cuenta estoy entre los brazos de Erick, que me lleva como si fuera un bebé al agua, más cliente de lo que  yo esperaba, o tal vez mi temperatura corporal. La verdad es que no lo sé pero tampoco me importa. Cuando siento que me estoy adaptando al bamboleo de las olas contra mi cuerpo, Erick nos lleva ambos hasta el fondo del mar y me besa.
La sal del mar se mezcla con el sabor de sus labios y otra vez me quedo sin aire, justo un segundo antes de que volvamos a la superficie. Puedo sentir la frente de Erick contra la mía, noto su respiración agitada contra mis labios, y veo su boca, me estoy muriendo por besarlo, morderlo, marcarlo como mío. Una idea totalmente estúpida y absurda pero es lo que realmente quiero hacer, así que dejo la mente en blanco y lo hago. Le beso lo mejor que puedo, intentando seguir mis instintos más básicos, sin importarme el después. Solo sé que sus labios se mueven al ritmo de los míos, que cada segundo es aún más difícil respirar y que no me importa en absoluto.
   Salgamos de aquí— suplico.
Y lo hacemos, no estoy segura a donde me lleva ni lo que quiero ahora, así que sencillamente me inclino para recoger mis cosas de la playa y me dirijo con pasos firme hasta la casa, donde después de una ducha para quitar la sal de mi cuerpo en el patio, Erick me espera con un albornoz, demasiado grande para mí, pero que huele a él, lo que me reconforta de sobremanera.
Sus manos apresan las mías mientras nos sentamos en el mullido sillón del salón, las sostiene para calentarlas, no me había dado cuenta de cuánto frío hacia afuera a pesar de que no siquiera son las cuatro.  Ni siquiera había notado como el sol de hace unas horas se había ocultado tras unas nubes grises. No es que el llover en esta época del año sea algo raro, más bien yo diría común.
El calor del cuerpo de Erick se mezcla con el mío y quiero volver a besarlo, pero me contengo y no lo hago, pero él  puede notar esa atracción entre sus labios y los míos, así que se inclina para tomar el control del beso. La primera presión es lenta, seductora casi de tortura diría yo, para la suerte de mi cordura, sus labios se hacen más duros y exigentes, extrayendo todo lo que hay en mí, buscando la pérdida total de mi cordura y lo está consiguiendo.
El deseo ha sido la tercera pata de este intento de relación, lo admito pero no hay forma en que pueda pronunciar eso en voz alta. Mi interior vuelve a sentirse totalmente liquido, estos besos me derriten, solo quiero que Erick no se detenga, quiero dejarme llevar. Justo cuando empiezo a sentir que puedo conseguirlo, los labios de Erick dejan los míos, lentamente.
   ¿Por qué paras?— Ni siquiera yo logro reconocer mi voz.
   No es esto lo que quiero— dice y noto que su respiración es tan entrecortada como la mía.
Sé que está mintiendo, por supuesto que quiere, miro su entrepierna y encarno los ojos en su dirección, allí está latente la prueba de que es un maldito mentiroso.
   No elegí bien las palabras— dice.
¿A quién le importan las palabras en un momento así?  Sé lo suficiente sobre sexo como para saber lo que está pasando aquí, soy virgen no idiota, aunque claro, no pienso decirle eso, ni por todo el té de china.
   Por supuesto que quiero, eso es evidente, pero no me refiero a eso. No te traje aquí porque simplemente quiera acostarme contigo— parece nervioso—. Yo quiero mucho más que eso. Necesito más.
   Lo entiendo—digo al fin—. Solo dame un poco más de tiempo, es demasiado rápido para mí, no puedo hablar de sentimientos aún, pero lo que pasa entre nosotros, ahora no se trata de sentimientos, es deseo puro y duro.
Y no sé de dónde salen las palabras pero es como me siento.
   Vamos a dejar claro algo, Katherine— el tono es diferente, esto es serio—. No simplemente quiero convertir cada pedazo de tu cuerpo en territorio explorado por mis manos y boca, yo quiero ser tu medicina, la luz que alumbra la más oscura de tus noches. Pretendo ser el fuego que derrita el hielo que esconde tu alma— coloca su mano sobre mi pecho, que se mueve de forma irregular—. Kathe, yo no solo necesito tranquilizarte cuando despiertes gritando en la noche porque tuviste una pesadilla, quiero que me veas como a tu guerra de cada noche, necesito toda tu confianza, confianza en que voy a ser el mejor carcelero para tu corazón. Kathe, mírame, yo no voy a ser algo pasajero, necesito permanencia, no me conformaré con menos. Yo no quiero pasar por tu vida como las modas— todo mi cuerpo se congela y mis ojos buscan algo interesante por el piso, pero la mano derecha de Erick sube mi mentón hasta que mis ojos quedan justo a la altura de los suyo—. No se asuste señorita, no he hablado de boda. Tienes que tener claro que simplemente podría estar abrazándote para siempre sin necesitar nada más.
¿Qué diablos acaba de pasar aquí? Se te acaban de declarar idiota, aclara la malévola vocecita, como si ya no me hubiera quedado más que claro. ¿Cómo empezamos hablando de sexo y acaba de mencionar una boda? Me duele la cabeza.
   Sería un buen momento para decir algo— creo que él ya me ha dicho eso antes.
   Necesito un minuto— suplico.
Sigue sin tener nada de sentido, yo hubiera preferido que simplemente me arrastrara a la cama, ¿por qué he acabado con él único hombre en la tierra al que le apetece hablar antes del sexo? Porque si no fuera así, tal vez no sería él.  Es mejor aprovechar la oportunidad.
   Nadie me había dicho algo tan hermoso nunca, pero lo haces parecer todo demasiado fácil, como si yo fuera una rosa, tienes que tener encuentra que también tengo espinas, cientos y cientos.
   No me importa, resulta que quiero  que seas  todo, necesito que seas mi rosa, no admitiré que seas solo un pétalo, a cambio aceptaré todas tus espinas.
   Me tienes, no hay nadie más— la frase se me escapa como un suspiro.
Y en apenas un segundo Erick vuelve a tener sus labios aplastándose contra los míos. Sus manos desatan la coleta y mi pelo cae mojado sobre el albornos blanco.
   Estás mojada— si él supiera…—. Tenemos que quitarte toda esta ropa.
   ¿Significa eso que por fin vamos a tener sexo?
Por favor, que diga sí, ya no puedo soportarlo más, está espera me está matando.

   No, eso solo significa que voy hacerte el amor.