Ascenso Capítulo 3
A él, por hacerme dudar, siempre.
No sé como describir lo que siento
justo en este momento. Piel contra piel, es lo único que siento cuando Erick
aprieta más su abrazo y por un segundo no siento mis heridas abiertas. Solo
puedo emborracharme de su calor y de su olor que me atraen como un ratón tras
un trozo de queso. La necesidad me consume porque solo con él me siento
completa, solo en sus brazos soy yo, siendo yo misma, siendo feliz.
No paro de pensar en que está aquí,
haciéndome recordar todo lo vivimos, destrozando todas mis ideas de olvidarlo
aunque me costara un mundo saber que no iba a volver a verle.
Distraídamente me voltea y presiona
mi rostro en su pecho, y a penas me estoy dando cuenta que lo hace para apagar
los sollozos que salen de mi garganta. Porque definitivamente estoy llorando,
en medio de una discoteca, rodeada de demasiada gente.
Y me estoy ahogando en preguntas
porque lo quiero, quiero más que nada seguir justo como en este momento sin
moverme ni un milímetro, pero hay una parte de mi que esta n alarma,
recordándome que ha sido él la misma persona que ha desarmado todas mis defensas y traicionó todo lo que había en
mí.
Al parecer todo lo que yo le
entregue, que fue mucho más de lo que le había dado a nadie, y para él no fue
suficiente. Sus manos acarician mis mejillas, tan suavemente que apenas lo noto
pero cuando sus ojos se funden con los míos, el dolor en mi pecho se
intensifica. Es demasiado, no puedo hacer esto, es más de lo que puedo
soportar. Me escabullo como puedo de entre sus brazos y salgo corriendo de
allí.
—
Kathe, Kathe. — Le
escucho gritar entre la multitud.
No sé cómo logro correr sin caerme,
no creo siquiera que soy consciente cuando me subo al primer taxi que pasa, no puedo
pensar en nada más que alejarme de él, apartare de todo.
Cuando llego a casa todas las luces
esta apagadas, no quiero entrar, quiero sentir el aire para aclararme las
ideas. Necesito un poco de tiempo conmigo misma, todo lo que hay en mi cabeza
me sobre pasa. Sin muchas opciones camino despacio y en silencio hacia la
azotea, y me quedo allí, con el frío helando mi piel y las lagrimas bañando mi
piel.
De alguna manera mi vida empeora
siempre que tengo la sensación en la que yo estoy dispuesta a mejorar. Nunca he
sido una persona que se da por vencida con facilidad, he aprendido a luchar y
hacerme fuerte, pero a estas alturas mis muros están cayendo estrepitosamente.
¿Cómo puede alguien provocar tanto
con solo el roce de la piel? ¿Cómo seguir a delante cuando estas enamorada y
destrozada en la misma proporción? No tengo la respuesta, no se siquiera si la
quiero, lo único que sé es que estoy aquí sola. Intentando sacar el sabor amargo
que tengo.
Mi teléfono suena estrepitosamente,
entre el silencio de la noche solo quiero que se calle, realmente necesito
escuchar la voz de otra persona para no acabar volviéndome loca. Es Laura
¡Maldita sea! Lo deje todo tirado y me fui, la deje sola y dolida en una ciudad
que no conoce.
—
Laura, ¿estás bien?
—
Kathe, soy yo. — Es
la voz de Erick, la reconocería en cualquier parte—. Laura está bien.
Necesitamos hablar, por favor.
Mi primer impulso es colgar pero no
puedo, no puedo ni siquiera mover mis manos, estoy totalmente petrificada. Su
voz es como el llanto seco de las olas contra las piedras. Este hombre ejerce
una fuerte influencia en mí, hasta cuando está lejos de mí. No puedo
controlarme.
—
No puedo— consigo
decir entre los inevitables sollozos que cubren mi cara—.
—
Oh, no llores, mi amor, por favor, no por mí.
Yo te hice esto, por favor, tienes que dejarme explicarme, Kathe…
—
Por favor… no puedo
hacer esto, necesito tiempo, no te quiero aquí, no quiero saber nada de ti,
quiero que desaparezcas y me dejes sola para poder llorar en paz.
—
No puedo hacer eso, dulzura…
Esa simple palabra me despierta aún
más recuerdos, enciende mis alarmas, tiene tanto significado para mí. Lo
recuerdo susurrándolo sobre mi piel cuando me hacía el amor, mirarme a los ojos
cuando me calmaba, arremolinada entre sus brazos en su cama.
—
No…— casi le grito
al teléfono— no me llames así, es más de lo que puedo soportar.
—
¿Puedo ir a verte?
Te juro que no voy a irme hasta que hablemos, sabes que no te estoy mintiendo,
me quedaré, te buscaré, así acabe arrestado por ese amigo policía tuyo. Por
favor, Kathe.
¿Dereck? ¿Qué tiene que ver él en
todo esto? De cualquier manera, sé que él dice la verdad, maldita sea, se que
se quedará hasta que consiga hablar conmigo. Pero no puedo hacerlo, Erick es un
constante dolor que vive en mi mente, pero verle, que me toque o incluso
olerle, provocaría en mi más que cualquier cosa.
No sé cómo voy a superarlo si aun me
duele de lo tanto que lo quiero, si siento su presencia cuando no está. Sé que
huí que no lo enfrente, pero era mi única opción, no tenía a nadie en quien
apoyarme, solo podía salir corriendo al único hogar que alguna vez conocí. No
era lo suficientemente fuerte para enfrentarlo, y la verdad es que no se si
ahora lo soy.
—
Por favor— repite como
si fuera eco de sus propias palabras.
—
Lo siento, no puedo.
— digo y cuelgo.
No puedo soportarlo suplicando, más
que nada porque no consigo negarle muchas cosas a Erick, cuando él decía que
saltara lo hacía, confiada y confundida, con algunas dudas y reservas pero
siempre lo hacía el conseguía de mi todo lo que quería y creo que aún puede
hacerlo. No soy lo suficientemente fuerte para resistirme a él. De una forma u
otra, acabo corriendo lejos de él, pero mi corazón sigue demasiado cerca de
Erick como para poder sanar.
—
Katty, ¿estás bien?
Dereck, me mira desde la puerta de
acceso a la azotea, su rostro parece confundido y preocupado. ¿Habrá escuchado
mi conversación con Erick?
—
¿Pasó algo?
Ahora estoy preocupada, ¿Cómo pude
salir corriendo dejando a todos preocupadas por mí? Ni siquiera traje mi bolso
conmigo, solo Salí corriendo y me subí aquí para poder estar sola y lamerme las
heridas en paz.
—
Tranquila todo está
bien— dice rápidamente y se sienta se el suelo junto a mí—. Bueno, todo menos
tu. ¿Era él, el de la discoteca?— me pregunta mirando hacia el móvil
No sé si puedo hablar de esto con
otra persona, no sé que contarle a Dereck, él parece simpático y ha intentado
ayudarme desde que estoy aquí pero Erick es un tema demasiado delicado. Pero si
escucho algo de la conversación no tiene demasiado sentido negarlo, de
cualquier forma, ya no creo que esto pueda empeorar. Tal vez necesite la
perspectiva de un imparcial de un hombre para entender algunas cosas.
—
Si… él… él y yo
salimos juntos… hasta que regresé.
Asiente como si entendiera algo obvio que no
logro identificar pero no hace ningún tipo de comentario solo me mira como
animándome a continuar. Bueno, de perdidos al rio.
—
Lo vi besar a otra…
cuando yo iba a pedirle que viniera a conmigo a conocer a mi madre, ella… ella
dijo que era su prometida.
—
Hijo de puta. Voy a
encerarle por alguna infracción falsa y perderé las llaves de la maldita celda.
Su voz suena molesta, como si de
alguna forma hubiera ira contenida en su interior. Por extraño que parezca confío
en Dereck, parece alguien de convicciones profundas, pero entonces lo recuerdo
con su uniforme y el coche patrulla y se pierde todo el efecto.
—
No quiero que te
metas en esto, Dereck, Erick dijo algo sobre tu arrestándolo.
—
Vi como reaccionaste
cuando te toco en la discoteca, si no fuera porque Laura dijo que le conocí,
ahora estaría en la comisaria o en el hospital. Créeme.
Un escalofrío me recorre todo el
cuerpo porque definitivamente, le creería. Si se podía decir que Erick es un
hombre fuerte, sus abdominales y brazos lo demuestran, Dereck es un maldito
tanque de guerra, no quiero ni imaginarme como acabaría una pelea entre ellos.
Tiemblo solo de pensarlo. No quiero a ninguno de los dos heridos.
—
No, por favor. No
quiero problemas, no por mí.
—
Tranquila. Te
prometo que no haré nada que no quieras. Pero, si me necesitas, tengo un arma y
se usarla— dice en broma. Y no puedo contener la sonrisa.
—
Muchas gracias,
Dereck, lo aprecio, en serio.
Bajamos hasta el salón donde Laura y
Ash nos esperan en el salón, sus miradas preocupadas me buscan tentativamente.
Es agradable como se siente que alguien se preocupe realmente por ti.
—
Tranquilas, chicas,
estoy bien — Laura me mira, no me cree, me conoce lo suficiente. — Bueno, todo
lo bien que puedo estar.
Mis ojos se pierden al ver a mi madre
salir de la cocina cargando tazas de café muy sonriente junto a un hombre. Es
el padre de Dereck, ¿Qué hace ese hombre aquí?
—
Hola, cielo. ¿Estás
bien?— me pregunta mi madre de repente. Asiento porque apenas si puedo formular
palabra. Luce tan relajada cerca de él. — Katty, ¿recuerdas a Scott?
¿Scott? Mi madre con estas confianzas
con el señor Daniel, me confunde aún mas, esta noche no se acaba nunca, ya no
se qué hacer.
—
Claro, encantada de
volver a verle, señor Daniel.
Finalmente todos se van de casa, mamá
se retira a su dormitorio antes de que pueda acusarla a preguntas, dejándome
sola con Laura. Ella me mira una y otra vez tratando de entender si debe
preguntarme o no, noto su curiosidad, la esta matando.
Pues ya somos dos las que nos estamos
muriendo aquí, vale, puede que por motivos muy diferentes pero el resultado es
el mismo. La charla con Dereck tranquilizo mi espíritu más de lo que creí
posible, él tal vez no sea del todo imparcial, pero de alguna forma saber que
hay alguien de mi lado es reconfortante.
—
Preguntar, qué tal
la noches es algo estúpido ¿no?
—
Oh, vamos, Laura.
Sabes que esto me supera, tú lo entiendes, no puedo perdonar la traición.
—
¿Lo escuchaste? ¿Al
menos lo intentaste?
Niego lentamente. No, no lo hecho, pero
es que no puedo hacerlo, duele demasiado. Yo que pensaba que ella podía
entender una parte de cómo me siento, y sé que lo hace pero parece tan segura
acerca de él. No sé qué pensar. Ella lo conoce desde hace demasiado tiempo.
Todas estas suposiciones, me dan dolor de cabeza.
—
Me llamó hace unos
minutos…quiere que hablemos…— las palabras casi se escurren de mí—.
—
¿Cuándo vais a
veros?— pregunta con su habitual entusiasmo, donde por sentado algo que no he
dicho.
—
Yo no he dicho que
vaya a verle. Le colgué el teléfono.
Su rostro vuelve a parecer algo
decepcionado, supongo que a ella le hacía mucha ilusión que Erick y yo
estuviéramos juntos, pero no siempre podemos conseguir todo lo que quiere. Ya
mis tiempos de contar los segundos para besarlo se han esfumado.
—
Kathe… prométeme que
lo pensarás…— casi suplica
—
Voy a pensarlo, lo
prometo— digo al fin.
Las palabras de Laura y Erick no
dejan de retumbar en mi cabeza toda la noche, el sueño me abandona, los
recuerdos y los malos sueños no me dejan descansar. No paro de darle vueltas a
lo que realmente quiero para mí, lo que necesito.
Si realmente quiero sacarlo de mi
mente necesito dejarlo todo claro, tengo que verlo, tiene que haber espacio
real y emocional entre nosotros. A fin de cuenta ahora mismo no tengo nada más
que dolor. ¿Qué tanto daño podría hacerle una grieta mas a un corazón ya
destrozado?
Para cuando el sol empieza a salir ya
estoy despierta, no consigo dormir mucho así que no me molesto siquiera en
intentarlo. Me levanto de un salto y después de una ducha decido hacer el
desayuno, no tengo idea de que voy hacer hoy, lo único que tengo claro es que
tengo que tomar una decisión respecto a mi vida.
Cuando por fin mi madre aparece por
la cocina, ya estoy terminado las tortitas. Cuando me pongo nerviosa me gusta
cocinar así que hice tortitas con beicon y huevos revueltos. Le sirvo un plato mientras ella besa mi
mejilla.
—
Cielo, te levantaste
muy temprano. ¿Qué tal dormiste?
—
No dormí mucho—
confieso—. Erick está aquí, apareció ayer por la discoteca.
—
Oh, dios mío. ¿Cómo
te sientes? ¿Qué hace aquí?
—
Él quería darme
explicaciones. Mamá, yo no sé que hacer con todo esto.
—
Oh cielo, —dice y
coloca una mano sobre mi pierna. Su mirada tranquilizadora me llena de calma—.
Tu solo tienes que hacer lo que te haga feliz, nada más, sea lo que sea,
cuentas conmigo.
Puede que no sea de mucha ayuda pero
de alguna forma su apoyo incondicional me tranquiliza de formas inconcebibles. Después
de todo lo que he pasado en las últimas horas, no hay nada que yo pueda hacer.
Aunque claro, si pienso en lo de anoche, esa extraña visita del señor Daniel, a
altas horas de la madrugada, me preocupa.
—
¿Qué hacía el señor
Daniel, de madrugada aquí?
—
Oh, cielo, Scott vio
luces y el coche de su hijo fuera y vino a ver qué tal estaba todo— me mira
casi con culpabilidad cuando continua hablando—. Fue muy amable por su parte.
Ah y me ha invitado a cenar esta noche.
¿Qué la invitó a comer? ¿Pero qué
diablos es esto?¿Ahora mi madre tienen pretendientes? Ella es una mujer muy
guapa, parece mucho más joven que su edad real a pesar de todos sus
sufrimientos. Está claro que existirán miles de hombres que querrían una mujer
como ella, pero mi madre no puede estar con otro policía, ella nunca aceptaría
algo así, lo que me tranquiliza.
—
¿Y cómo se tomó tu
negativa?
—
No, cariño, voy a ir
a cenar con él, esta noche.
—
No puedes. ¿No te das cuenta de quién es él?
—
Katherine, soy tu
madre, se perfectamente quien es Scott Daniel porque le conozco desde hace más
de 30 años. No te estoy pidiendo permiso, te estoy informando que esta noche
voy a salir.
Esto ya es lo último que me faltaba,
mi madre se ha vuelto completamente loca. Ahora resulta que quiere tener citas
con un policía, otro maldito policía, como si una vez no hubiera sido
suficiente. No la quiero sufriendo de nuevo, porque al final, seré yo la que
termine cuidando de los pedazos rotos de su corazón.
Pero no digo nada, no hablo, como
siempre me lo callo, porque estoy siendo egoísta, porque tengo miedo, y porque
mamá también lo está siendo. No quiero enfadarme porque quiera darse otra
oportunidad, pero sé que todo esto podría salir demasiado mal, y no estoy
segura de poder soportar más golpes.
Necesito salir de aquí, poner un poco
de mi mente en blanco, respirar más allá del aire de estas paredes y tengo que
hacerlo ahora, sola. No puedo seguir aquí, así que me levanto de un salto y
abandono la cocina sin decir ni una sola palabra.
No tengo muy claro que hacer así que
me limito a conducir hasta la ciudad, dejo el coche frente a la cafetería que
hay frente a uno de los más hermosos jardines que tenemos por aquí. Me siento
en una esquina, justo frente a los grandes ventanales, pido un té y tortitas
con huevos y beicon. Me olvide de desayunar en casa y realmente tengo hambre.
El lugar es tranquilo las mesas del
centro y la barra está abarrotada pero de la misma forma es relajante, la
normalidad, la vida diaria, es algo que realmente anhelo. Mi vida escomo una
montaña rusa todo lo que pienso que se quedara, que es seguro desaparece cuando
más lo necesito.
—
Hola, Kathe. —Me
saluda Erick cuando se sienta delante de mí.
¿Es
que no puede estar uno a solas y tranquilo? Es como si me persiguieran las
desgracias. ¿Qué hace él aquí?
—
¿Qué quieres?—
pregunto
—
A ti— es su única
respuesta.
—
Por favor. — resoplo
mientras hago señas a la camarera para que me traiga la cuenta, no voy a
empezar con esto otra vez.
—
Lo siento, lo
siento. Quédate, solo diez minutos, solo diez minutos.
No tengo muchas opciones, mi cabeza
quiere irse, mi corazón quiere quedarse, la vocecita de mi cabeza no hace más
que suplicar y sollozar. Quizás una charla dolorosa, sincera y desgarradora es
lo que necesito para sacar a Erick definitivamente de mi sistema.
—
Cinco— digo al fin.
—
Hecho— dice sin
dudarlo.
Un silencio incómodo se extiende
durante un muy largo minuto, yo le miro, él me mira, sin nada que decir,
ninguno se atreve a soltar la primera palabra. Afortunadamente una camarera se
nos acerca, Erick pide un café negro y otro té para mí. La mitad de mi comida
esta fría y olvidada frente a mí, ahora sí que no podré comer nada.
—
La verdad es que no
sé por dónde empezar… Hay tantas cosas que quiero contarte, tanto que explicar.
—
No, no tienes que
explicarme nada. — Digo pero no sé por qué, `por supuesto que tiene mucho que
explicarme. El problema es que ya no sé si quiero saber.
—
Cuando fuiste a
verme… cuando nos vistes… ella tartamudea. — No creía que esto fuera a ser tan
difícil.
—
Erick…en serio, lo
entiendo, tienes a alguien con quien casarte, yo solo era un juego. Desearía
que no lo hubieras hecho, porque malditamente, duele, pero está bien, tengo que
seguir adelante.
La realidad es que ni yo entiendo mis
propias palabras, esta es mi constante manía de hablar por los demás y sacar
mis propias conclusiones. Yo siempre he querido que alguien luche por mí, es lo único que
realmente creía que necesitaba, no quería estar sola, pero lo estaba y muy en
el fondo lo odiaba. Entonces conocí a Erick y me di cuenta de lo mucho que
quería que alguien me quisiera y me protegería pero como todo no fue más que
una mentira. No es de extrañar que siempre acabe
volviéndome loca.
—
Dulzura, dulzura, escúchame, por favor. Brooke,
no es mi prometida— me dice y yo ya no tengo intención de seguir hablando—.Sí,
estuvimos saliendo, cuando vivía en Inglaterra, hace más de cuatro años, fue un
error, ella… ella fue mi paciente, y créeme, era del tipo que podía hacer lo
que quería conmigo. Creí que podía salvarla, era joven e ingenuo, acababa de
graduarme, yo pensaba que podía comerme el mundo, que era lo que ella
necesita…Me equivoqué, y solo conseguí que acabara peor, obsesionada y
terminaron por encerrarla por años.
¿Qué diablos es todo esto? Esa mujer
parecía tan cuerda y clara, tan guapa, segura de sí misma. Yo la vi envolví sus
brazos alrededor de Erick como una serpiente, los vi besarse, él la llevaba a
comer. Todo esto es una locura, ahora estoy más confundida que antes.
—
Tu… tú la besaste…—
consigo murmurar.
—
No, no fue así.
Brooke se escapó del hospital en el que estaba curándose, para ella es como si
el tiempo no hubiera pasado, ella fue a buscarme porque en su cabeza… nosotros
seguíamos estando juntos, yo era a lo que ella siempre corría, es una mujer
enferma, Kathe. — Me mira evaluando mi reacción pero yo no soy capaz de
contestarle nada—. Cuando se apareció en mi despacho, no entendía nada, estaba
confundido, no tardé en darme cuenta de que ella no estaba bien. Así que me
inventé una escusa, la dejé fuera y me metí en mi despacho, llamé a Londres,
tenía que saber si era peligrosa… cuando salí, ya una ambulancia estaba
esperando debajo de mi oficina, ella no está bien, Kathe, tenía que llevarla
con sus médicos.
¿Sicópatas exnovias? Es lo único que
me faltaba. Como si mi vida no fuera lo suficientemente complicada. No logro
entenderlo todo, mi cabeza sigue dando vueltas sin parar. Si todo tiene una
explicación, ¿por qué diablos sigue doliendo tanto?
Erick toma mis manos entre las suyas
y me dejo llevar por el tacto de sus su calor es tan sobrecogedor. Yo solo
quiero sentirme segura otra vez y Erick consigue eso en solo unos instante,
pero sigue doliendo más de lo que nadie puede imaginar. Me mira fijamente y con
una de sus manos acaricia tiernamente mi mejilla, adoro cuando me toca, no
puedo evitarlo, definitivamente soy adicta.
— Tu traición me ha dejado un sabor
amargo, un dolor en lo más profundo. Y aunque me muera de ganas de perdonarte,
la idea de que no me mereces tiene la misma proporción. Me engañaste, no
importa porque o si había escusas validas, me hiciste daño, cuando eres la
primera persona en la que decidí confiar. No puedo, necesito
tiempo, por favor.
—
Lo siento, lo siento
mucho pero esperaré, te acompañaré a tu coche, prométeme que me llamarás,
porque si no lo haces te juro que iré a buscarte, y entonces no podrás librarte
de mí.
Erick envuelve su brazo alrededor de mi
cintura después de pagar nuestra cuenta. Caminamos en silencio hacia mi coche, no
puedo dejar de sentirme libre y relajada a la vez que totalmente confusa. Mi cuerpo
tiembla al sentirme parte de él.
De repente siento que mi cuerpo se presiona
entre el frío de mi viejo coche y el de Erick, sus manos vuelan por mi cuerpo y
su boca consume la mía y yo bebo de él. Lo que corre por mi cuerpo es pura y dura
necesidad de él de su contacto. Me derrito bajo su contacto, arrastrado por las
ganas de ser uno solo otra vez. Me presionó a mi misma contra él y sus músculos
me protegen, no existe nada más sexy que Erick, y no puedo detenerme, no quiero
hacerlo tampoco. Estoy cansada de luchar, pero tengo que seguir haciéndolo.
Si no protejo un poco más mi corazón no
sé si seré capaz de entregarme otra vez a lo que siento por él, necesito tiempo
para pensarlo y superar todo esto.
—
Por favor, detente— consigo
murmurar y Erick se aleja sin dejar de tocarme.
—
Te amo, Kathe, pero voy
a esperar a que estés lista para seguir a delante. Recuerde, señorita Steve, que
no soy un hombre paciente.
Y con un giño de ojo se aleja de mí, dejándome
completamente necesitada y confundida. Aunque debería estar acostumbrada, con Erick
todo es así subes y bajas sin saber por qué o como. Aún así, sus palabras no paran
de dar vueltas, te amo, Kathe, te amo.
Yo también le amo, solo que no soy capaz de admitirlo.
