domingo, 17 de noviembre de 2013

Descenso Capítulo 5


A él, porque cuando lo lea, 
va a querer matarme.

Erick coloca delicadamente sus manos alrededor de mi rosto y acaricia mi nariz con la suya, su tacto es tan sensual. Su nariz también recorre mi cuello y su aliento hace que mi piel reaccione al aire que desprende, nunca me había sentido así. Por un segundo, mis ojos descansan en los suyos, y el brillo que veo en ellos es tan segador que me desarma completamente.
Antes de que me dé cuenta, sus labios consumen los míos, y lo que hasta ahora había planeado, queda eclipsado por lo que desea, desesperadamente, todo mi ser.
Sus labios presionan los míos, primero suave y tiernamente, pero cuando dejo caer el labio inferior, para que su lengua acaricie la mía, el beso se vuelve enérgico. Más que el roce casual de nuestras pieles, lo único que soy capaz de sentir es como su energía se funde con la mía. Mi agitada respiración, no hace más que aumentar el ritmo por segundo, mi corazón late con más fuerza que nunca. No quiero que pare de besarme.
Sus manos mágicas acarician mi espalda, arriba, abajo, una y otra, y otra vez, provocando sensaciones que ni siquiera era consciente de que existían, hasta ahora. Sensaciones que quiero conmigo, siempre.
Cuando finalmente, nuestros labios se separan, no  puedo abrir los ojos, Erick presiona su frente contra la mía, y en silencio, dejamos que nuestras respiraciones vuelvan a la normalidad.
   No puedes negar que te gusta besarme, has admitido que es tu pasatiempo favorito, así que, por favor, no me prives de tus labios, empiezo a creer que no puedo vivir sin ellos.
   ¿De qué especie de planeta escapaste?—su mirada confusa me llena ternura—. Hablas como si te acabaras de escapar de uno de mis libros.
No estoy muy segura de cómo reaccionar. Sus manos, que ahora envuelven las mías, en ningún momento se sienten demasiado frías, siempre son cálidas y me transmiten tanta tranquilidad…
   ¿Y eso es bueno?
   No estoy segura— confieso—. Pero nunca estoy segura de lo que siento,  no cuando tú estás cerca.
   Me pasa lo mismo, puede que no se note, pero todas las sensaciones que despiertas en mi son tan nuevas como la primera risa de un bebé.
   Siempre te las apañas para hacerme sentir distinta…—mis ojos se pierden en el suelo de madera oscura.
Tengo que decirle que había venido a romper cualquiera que fuera la relación que tenía con él, pero ya no estoy tan segura de que eso sea lo que quiero, sin embargo, estoy segura que no se parece en nada a lo que realmente necesito. Tienes que ser valiente, me digo a mi misma, respiro profundo y cuento los segundos que me quedan para arruinar o salvar mi futuro.
   Esta noche, fui al restaurante porque… porque no quería volver a verte—Erick abre la boca pero le detengo—. Espera, déjame hablar—. Vuelve a guardar silencio y me mira fijamente—. No quería volver a verte…porque me da miedo, muchísimo miedo todo lo que estas despertando en mi. Y es que yo no soy la clase de mujer que tiene una vida fácil. Son más las cargas que los beneficios de estar conmigo—. Silencio, profundo y absoluto. Tomo aire y entonces continuo—. Solo quiero que entiendas como me siento y  espero, egoístamente, que de alguna forma extraña e imposible, lo que soy no te aleje. No voy a decir, que te quiero…— y justo cuando digo la palabra mi voz se quiebra— simplemente porque no se que siento, ni quiero arrastrarte a la maraña de esta vida monótona que he llevado hasta ahora—. Mi voz vuelve a quebrarse, y esta vez no vuelvo a encontrarla—.
   Calla, calla— canturrea junto a mi odio—. Mírame…dulzura, si por alguna razón, y con ayuda de un torturador destino, decides que quieres, por lo menos, intentarlo, seré el hombre más feliz de la tierra. Sí, ya sé que es un cliché, pero no está lejos de la verdad. No hay nada que puedas decir que no te haga a cada segundo más perfecta para mí.  
Y esas son las únicas palabras que yo necesito escuchar para derretirme. Erick me acuna entre sus brazos por lo que parece un tiempo demasiado corto, yo solo puedo sentir el calor de su cuerpo,  que me hace olvidar todo y consigue que solo me concentre en el sonido de los latidos de su corazón. Perfecta, y por un precioso momento me siento así, perfecta para él, abrazo el sentimiento, no quiero olvidar lo que se siente.
Estoy llorando otra vez, ensuciando la pulcra camisa con la sal de mis lágrimas, a Erick no parece importarle. ¿Y ahora qué? ¿Que se supone que somos? No quiero ponerle nombre a nada de lo que estoy sintiendo, pero ya no quiero que desaparezcan estos sentimientos. Me siento como una adolescente, algo, que según Laura, nunca he sido. En asunto de ropa y chicos soy una adolescente en potencia, esto parece más difícil de lo que pensaba, pero ahora mismo con Erick tan cerca, todo parece terriblemente fácil.
Creo que estoy dispuesta a intentarlo, a dar una oportunidad para que mi corazón se descongele, quizás sea hora de dejar entrar a alguien más, pero la sola idea de que Erick sepa quien realmente soy, me aterra. No quiero decepcionarle, ni asustarle. Además, Laura ha dicho que era diferente a mí y en su mirada pude ver que aunque es su mejor amigo, lo que quería decirme es que es peligroso. Vi el miedo en sus ojos cuando nos vio juntos en la cama, esa no es la Laura que conozco.
   Laura ha dicho que somos muy diferentes— le digo—. ¿Y si las diferencias pueden más?
   Hay muchas cosas de mí que no sabes, cosas importantes, que ella si sabe. Te prometo que te lo contaré todo, no quiero ocultarte nada, pero, por favor, no hoy, no ahora. Si vas a salir corriendo, quiero estar contigo, una noche más.
No creo que ahora mismo sea capaz de moverme, al contrario, estoy tan plantada aquí como las raíces de un árbol centenario, pero al menos he dejado de llorar, cosa que agradezco. 
Miro el reloj, cuando vuelvo a colocarme las gafas, que descansaban en mi regazo, pasan de las doce y debería estar en casa. Pero no quiero apartarme de Erick, el ha dicho que quería estar conmigo una noche más, aunque no creo estar segura de a se refiere. ¿Y tú a que crees? Pregunta la vocecita, irónicamente. Mierda, se refiere… a sexo.
Digamos que no es un tema en el que hubiera pensado, ni en el que estuviera particularmente interesada hasta ahora. Todo empieza a dar vueltas en mi cabeza, esto es una locura, tengo que irme de aquí ahora mismo. ¿Cómo voy a volver a casa? No tengo la más mínima idea de donde estamos, como salir o dónde está mi coche, y yo que pensaba que estaba en terreno neutral.
   Tengo que volver a casa…es tarde— digo.
   Podemos quedarnos aquí, te llevaré mañana temprano— sugiere, y la esperanza en sus ojos negros me derrite y me aterra a la vez.
   Por favor…— lo intento de nuevo.
   Vale—concede tras un minuto de silencio—. Pero me tendrás que explicar que te disgusta de mi casa, a la que ni siquiera hemos entrado.
Mientras caminamos rumbo al coche Erick rodea mi cintura posesivamente. Su tacto es reconfortante, pero extraño, se siente correcto y no estoy acostumbrada a sentir nada así. Erick abre la puerta del copiloto para mí, incluso me abrocha el cinturón de seguridad, me siento como una niña pequeña y le frunzo el seño. Y como única respuesta recibo un casto beso en los labios.
Conduce por unos aproximadamente treinta minutos, con sus dedos entrelazados con los míos. La verdad es que no estábamos tan lejos de casa, pensaba que era más. Me estoy empezando a quedar dormida cuando el coche se detiene frente a las luces del jardín de la casa que comparto con Laura.
Erick me abre la puerta y justo cuando la cierra presiona mi cuerpo contra el frío metal y me besa. Con fuerza, su lengua explora mi boca y no se detiene hasta que me rindo y le respondo. Para cuando separa sus labios, ambos estamos jadeando y estoy segura de que mis mejillas están bañadas de rojo.
   ¿Puedo quedarme?— pregunta con su frente pegada a la mía.
La pregunta me toma por sorpresa, quiero estar con él, no quiero separarme de todas estas sensaciones, tengo miedo de que cuando me levante todo esto haya desaparecido, pero necesito pensar, no puedo dar todo de mí por solo una semana, demasiado pronto. La tensión recorre todo mi cuerpo, Erick parece notarlo y separa su frente de la mía pero acerca más su cuerpo al mío, entonces clava sus ojos en los míos y un segundo después está susurrándome al oído.
   Solo para dormir….
No parece tener intensiones de seguir la conversación y lo agradezco infinitamente. Asiento lentamente y me arraso hasta la puerta, con su mano apretando la mía.
A oscuras por el salón, intento no golpearme con nada. Mi habitación, me relajo inmediatamente al entrar en ella, aunque Erick sigue justo detrás de mí. Me suelta y me dirijo al baño, me quito el vestido, me cepillo los dientes y me meto en la camiseta azul con la que suelo dormir, le sigue el chándal a juego. Me recojo el pelo en una coleta suave y salgo.
 Erick me ha traído un té de chocolate y menta, es perfecto, tengo sed. Me lo bebo en pocos sorbos y le doy un beso en la mejilla como agradecimiento. La habitación se siente agradable con su presencia y mi sofá pare diminuto cuando él está sobre él. Pese a eso, tengo que admitir que nunca me ha gustado más mi habitación.
   A dormir, preciosa.
Me arrastra hasta la cama, y se coloca justo en el centro. Intento colocarme lo más a la derecha posible, pero me arrastra hacia él y coloca mi rostro sobre su pecho desnudo, me encantaría extender mis manos y tocarlo, pero no me atrevo. Me relajo en cuanto me concentro en los latidos de su corazón. Lo último que siento antes de sumirme en la oscuridad son los labios de Erick sobre mi pelo.
Cuando la luz del sol acaricia mi piel, abro lentamente los ojos. Y me siento feliz, por una vez no me molesta la radio, al contrario, me encuentro cantando o más bien, destrozando, una vieja canción, aún sobre la mullida cama. ¡Y él aún está aquí!
Volteo mi cuerpo para enfrentarme a su rostro, quiero ser lo primero que ve al despertar, pero inmediatamente me arrepiento, no quiero ni imaginar el aspecto que debo de tener. Tengo que irme a la ducha con urgencia.
 En ese instante, Erick me detiene, me pega más a su cuerpo y no puedo ver si ha abierto o no los ojos. Respiro su aroma, es embriagador. Quiero besarlo, decido de pronto y escalo hacia arriba por su pecho para plantar mis labios sobre los suyos.
   ¡Ay no!— dice  Laura desde la puerta.
   Lau, vas a tener que aprender a tocar la puerta— le sugiere Erick con una sonrisa
   Puede… —dice ella de mala gana— No sabía que estabas aquí. Solo venía a ver si vas a llevarme a clase— está vez está dirigiéndose a mí.
¡Clases! Parece algo tan mundano en este momento, pero me quedan unas pocas semanas. No puedo estar aquí acostada todo el día, sin importar cuanto lo desee.
   Claro, cielo— digo al fin—. Dame solo unos minutos para ducharme.
Laura abandona la habitación, y Erick vuelve a atraerme a sus brazos, tampoco parece muy feliz con la idea de que tiene que ir a trabajar, porque dudo mucho que vaya a clases, ayer hablo de una empresa.
   Aún no me has dicho cuántos años tienes— digo de repente.
   Acabo de cumplir veinticinco— dice con un suspiro.
   Ah.
Pues pensaba que era menor, aún así, sigue pareciendo demasiado joven y el que tenga veintisiete y todo un negocio es un merito que no puedo quitarle. Me siento tan orgullosa de él.
   Tengo que ducharme, le digo, pero prométeme que hablaremos un día de estos, tengo tantas preguntas.
   Lo sé— dice y parece esperanzado, pero no del todo feliz.
Me deslizo entre las sábanas, busco mis habituales vaqueros y en lugar de una sudadera, escojo en bonito top azul  de encajes en el cuello y las manos, que me regaló Laura las pasadas navidades, en un intento de que sea un poco más femenina. Por esta vez, creo que la complaceré, tal vez así no se enfade.
   Me gusta cómo te queda el azul — dice de pronto.
Y me sonrojo involuntariamente. Podría acostumbrarme a esto, a tenerlo por aquí, cerca. Me gusta despertarme sin esa sensación de soledad recorriendo todo mi cuerpo. Pero de igual forma, creo que no puede seguir o Laura terminará por enfadarse.
   Vamos a tener que dejar de hacer esto— digo marcando el espacio entre ambos con las manos.
Erick frunce el ceño, parece confundido.
   Laura puede enfadase, esta es su casa.
Entonces sonríe, no parece preocupado en absoluto. Se levanta de la cama, se acerca a mí, solo lleva unos boxes negros que se le ajustan demasiado, el calor recorre todo mi cuerpo, y aunque algo en mi quiere salir huyendo estoy pegada al suelo, no encuentro fuerzas ni ganas de moverme. Me besa rápido y duro en la boca y se inclina sobre el sillón y se coloca los mismos pantalones de anoche.
   Deja que de ella me ocupe yo.
Yo sigo de pie frente a él, mirándole ponerse los calcetines, tengo que salir de aquí, ahora mismo. Pero lo único que consigo es no poder apartar mis ojos de su pecho desnudo. Alza la vista hacia mí y me sorprende mirándole. Arrastra mi cuerpo hacia su regazo y vuelve a besarme.
   Creí que tenías que ducharte— susurra junto a mi oído—. Ve antes de que decida meterme allí dentro contigo y ninguno de los dos pueda volver a salir de esta habitación.
Y lo hago, cojo mis ropas del suelo y me deslizo hacia el baño. La ducha caliente hace que pueda pensar, ¿cómo diablos puede decir esas cosas y pretender que no me afecten? No sé hasta dónde podré llegar con todo este asunto, antes de volverme loca. Debería poner en claro todas estas sensaciones organizarlas y etiquetarlas, pero no soy capaz de encontrar un nombre para todo esto.
Cuando el tacto familiar de mi vieja toalla borra las gotas de agua de mi piel me rindo ante la constante lucha, por un día, solo por hoy no voy a pensar en nada de esto, simplemente voy a dejar que pase y ya mañana veré.
Me visto lo más rápido que puedo y me paso el cepillo por el pelo, y lo dejo caer sobre mi rostro, justo como dijo Erick que me gusta, y me apresuro a salir, quiero verle antes de que se tenga que ir. Pero cuando salgo a la habitación no está allí. Una ráfaga de decepción atraviesa. Maldita sea. Es normal que se vaya, no voy a pretender que se quede aquí simplemente porque yo quería volver a verlo antes de irme a clases.
Miro el reloj, aun me queda media hora, bien. Salgo de inmediato a la cocina, necesito un té. Me regresa el alma al cuerpo cuando le veo sentado en el lugar habitual de Laura, con una taza de café entre las manos. Solo lleva los vaqueros, la camisa y los calcetines, ¿es que no le gustan eso zapatos tan caro que llevaba anoche? Ha dicho algo que hace a Laura sonreír, que bien, no está enfadada. Me acerco a ellos sigilosamente y veo que ya tengo mi taza de humeante té servida.
   Gracias —digo a Laura.
   Estás preciosa—me informa Erick y yo me sonrojo hasta la punta de los pies.
Erick coloca una mano sobre mi muslo y me besa en la mejilla castamente, mientras Laura nos sonríe.
   Pensábamos que te habías derretido y desaparecido.
Sacudo la cabeza, estos dos se conocen tan bien que casi da envida, me siento tan fuera de lugar, y a la vez totalmente cómoda. Los tres desayunamos entre risas, no entiendo todas las bromas que se gastan el uno al otro, pero el cariño que hay entre ellos es palpable. Siempre creí que la única forma de sentirme parte de algo así sería teniendo un hermano pero ellos dos se las han ingeniado para conseguirlo, sin que ningún lazo de sangre les una. 
Una vez que terminamos de desayunar, Erick va a la habitación conmigo y mientras busco mis libros él se coloca los zapatos y la chaqueta. Apenas si me concentro en mirar el horario, luego meto mis libros y la agenda dentro del bolso.
   Te echaré de menos— dice y vuelve a besarme.
Toda la habitación me da vueltas pero envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y correspondo a su beso, es la forma en que me siento más atada al suelo, mientras vuelo.
Erick abre la puerta principal para Laura y para mí. Para mi sorpresa, mi coche está en la puerta, justo donde suele pasar las noches, le miro curiosa y él se limita a encogerse de hombros. Había olvidado completamente que lo había dejado en el restaurante, anoche. Quito los seguros y mientras Laura se sube a su lugar habitual, Erick vuelve a arrastrarme contra su pecho y me besa esta vez en la frente.
   Vamos a llegar  tarde— dice Laura.
   Envidiosa— le responde Erick.
Ella en un muy gesto infantil le saca la lengua y ambos se sonríen. Sacudo la cabeza fingiendo enfadarme con ambos.
   Tengo que irme— digo y me deslizo dentro del auto.
   Me las pagaras— le dice a Laura, antes de que me incorpore al tráfico.
Por unos pocos minutos espero a ver si ella pone la radio, pero no lo hace, solo puede significar una cosa, quiere hablar. Trato de mirarle un segundo pero su rostro no me da pistas.
   Lau—empiezo, sin apartar los ojos de la carretera— Siento mucho todo esto… Él me pidió quedarse y no pude decirle que no… deberás lo siento, si te molesto…
   ¿Pero qué dices?— me interrumpe—. Mike no me molesta en absoluto, es mi mejor amigo, lo sabes. Solo que no quiero que termines lastimada con todo esto.
   No, eso no va  a pasar— eso espero—. Solo lo estamos intentado.
   Es que ni siquiera os conocéis...— niega con la cabeza— Por dios, no sabéis nada el uno del otro.
Y Laura tiene razón, demonios, claro que la tiene y justo por esa razón es que tengo tanto miedo.
   Tengo miedo—confieso—. Somos tan diferentes….
Laura coloca su mano sobre la mía, y me siento comprendida por un momento, se que ella se preocupa por mí, como yo por ella.
   Hablaremos  esta noche—le digo.
   Vale— dice tras un breve silencio— ¿Me recoges a las dos?
Después de dejar a Laura donde siempre, me doy prisa en llegar, tengo clase con el señor Maclaing, o sea, el padre de Erick. Por favor que me trague la tierra.
Llego justo a tiempo, al parecer mi profesor no ha entrado aún a clase, me siento en la cuarta fila, aunque normalmente me coloco justo en la primera, pero no me apetece demasiado mirar cara a cara a este hombre cuando he pasado las últimas dos noches durmiendo con su hijo, y si estoy en lo cierto, él sabrá que fui a quien Erick llevó al hospital, quiero morirme.
Cuando, por fin, empieza la clase intento por todos los medios concentrarme, y casi lo consigo, hasta que me doy cuenta que estoy buscando las similitudes entre Erick y su padre.  Ambos tienen los mismos ojos oscuros y el pelo revuelto, aunque Erick es más joven, parece a ver heredado la soltura de su padre. Entonces recuerdo los cabellos rubios de Emily y pienso en Danna, que familia tan bien organizada. Pero creo que sin dudas, yo tengo a mi favorito. Tengo que dejar de pensar en todo esto y concentrarme en las instrucciones del examen o cuando vaya a estudiar no tendré la más mínima idea de que diablos contestar y no creo que mis conclusiones sobre la genética de su familia vayan a conseguirme un aprobado.
Mi móvil vibra de repente sobre mi vientre, solo Laura me escribe cuando estoy en clase y normalmente es por alguna emergencia. Carol sabe que debe llamarme en cuanto haya cualquier problema con mamá y no hay mucha más gente que tenga mi número de teléfono. Inmediatamente miro pero resulta que es un número que tiene por nombre Yo, esto es muy extraño, abro y leo el mensaje.
*Hola Dulzura, ¿Qué tal tu día?*
No necesito saber el nombre, solo hay una persona que me llama de esa forma.
*¿Se puede saber cómo diablos tienes mi número?*—le pregunto
*Como no me lo dabas, tuve que pedírselo a un pajarito*
*Eres un acosador en potencia.*
Le informo, voy a tener que hablar con Laura acerca de revelar mi información persona. Maldito sea, me acaba de alegrar la mañana.
Puede ;)
Maldito, maleducado.
¿Puedo verte esta noche?
¡NO!
¿Por qué?
Tengo planes
¿Con quién?
*No es algo que sea de tu incumbencia, pero con Laura.
Y ahora, señor gruñón, estoy en clase con su padre.
Por favor, déjeme estudiar.*

Apago el teléfono y me pongo a mirar las diapositivas pasar delante de mis ojos. Dios, este hombre va a volverme loca, lo presiento. Va a conseguir no solo que suspenda, sino que me echen de la universidad. ¿Pero quién va echarte, él? Me recuerda la vocecita malévola que vive en mi cabeza, Erick es el dueño de esta universidad. Maldito obsesivo, controlar y el mejor hombre que he besado nunca. Único, interrumpe ella otra vez. No sé cómo me quejo de los demás si mi propio subconsciente me vuelve loca.
Las siguientes horas se me pasan volando y cuando me doy cuenta ya estoy en Imagination doors. Trabajo en esta librería desde hace poco más de dos años, es un trabajo sencillo y que disfruto, el olor a libro nuevos me enloquece y aquí lo tengo a todas horas.
Realmente intento concentrarme en el trabajo, aunque de vez en cuando acabo pensando en Erick, en sus besos, en la forma que le cae justo sobre la pelvis el pantalón de chándal negro. Mi mundo se está transformando y no estoy segura de que me guste mucho el rumbo que está tomando.
Por una parte las nuevas sensaciones son superiores a mí, no puedo controlarlas, me liberan y me permiten soñar. Pero son demasiado, si no puedo controlarlas, no puedo impedir que me afecten.
Lo que más me preocupa de todo es la proposición de Erick, él dijo que me quería como su novia, y yo no dije que sí, pero tampoco dije que no. No quiero un compromiso, o eso creo. Hasta ahora nunca había sentido la necesidad ni el deseo de alguien cerca, pero ahora sí. Realmente Erick me está afectando a un nivel extremo. Su tacto hace que me olvide de pensar y me limite a sentir, su cuerpo atrae al mío.
Tal vez es solo deseo, porque si de algo estoy segura es que le deseo por encima de lo natural y eso que yo nunca había estado particularmente interesada en el sexo, aunque claro, Laura dijo que yo no era su tipo, él también lo comentó un día.
¿Qué significa todo esto? ¿Realmente quiero tirarme  sus brazos y darle la potestad de que me destroce por completo? No, no creo que sea capaz de hacer algo así, ni con Erick ni con nadie, pero tal vez solo necesito sexo, es algo biológico tal vez mis hormonas necesitan un desahogo.
Es imposible, no puedo pensar en algo así, nunca despertaría el suficiente deseo en un hombre como Erick, mi cuerpo imperfecto y con cicatrices, y en el remoto caso de que despertara algún deseo, no sería capaz de mantenerlo y seguro que eso me destrozaría por completo.
Cuando son más de las siete, recojo mi abrigo del mostrador y me despido del señor Martin, mi jefe, y me voy a casa. Es tarde y  le prometí a Laura que hoy hablaríamos y lo estoy deseando, tal vez ella pueda ayudarme a entender todo este embrollo y estos sentimientos revueltos que están deseando volar fuera de mí y no creo que tengan ganas de pedir permiso.
Cuando llego a casa voy a la cocina, no tengo mucho tiempo si quiero estudiar algo. Me decido por una ensalada césar, eso está perfecto tanto para Laura como para mí, y es rápido. Cuando termino de poner la mesa, le llamo desde la cocina y sale de su habitación con una sonrisa esplendida, algo le hace muy feliz.
Entonces recuerdo su asuntito de la boda, tengo que preguntarle cómo van las cosas con muscules, soy una mala amiga. Mientras comemos nuestra conversación trata de las clases de hoy, esto no va a pasar.
Laura está metiendo los platos en el lavavajillas cuando regreso de mi ducha nocturna, me siento fresca pero también confundida. No estoy segura de cómo va a acabar todo esto.
   Bueno, supongo que ya podemos hablar—dice y se sienta en el sofá junto a mí. — ¿Qué tal la cena de anoche?
   No cenamos. Ayer iba decidida a no volver a ver a Erick, él lo sabía, no me dejo hablar, me llevó a la casa de la playa…
   ¿Te llevó allí?— Laura parece sorprendida— No lleva a nadie allí, Kathe, no sé que estáis haciendo el uno con el otro…—sacude la cabeza de un lado a otro lentamente— Solo sé que  Erick no para de hablar de ti y la forma en lo que lo miras… nunca te había visto mirar a nadie de esa manera.
   Ni yo—confieso—. Tengo miedo, ¿sabes?
   Hoy mientras estabas en el trabajo, me llamó. Quería hablar conmigo de ti, quería saber si me contaste algo de anoche. Dice que le debes una respuesta, no quiso decirme a que se refería. Kathe no estoy acostumbrada a tener secretos con Mike, ¿qué diablos está pasando aquí?
De repente hablar con Laura no me parece tan buena idea, ¿qué se supone que pasa en mi cabeza? No tengo la más mínima idea.
   Me quiere como novia—la palabra suena como un insulto en mi boca y los ojos de Laura parecen salidos de órbita—Dijo la palabra, dijo novia y yo… yo no sé si pueda…todo esto es demasiado para mí. Cuando estoy con él siento todo y nada  a la vez, me siento libre y feliz, más feliz de lo que he estado nunca antes, pero siempre que se va me asusta.
   Oh mi Dios. El dijo que le hacías feliz, Kathe. ¿Por qué no le dijiste como te sientes?
   Porque le conozco desde hace desde una semana, una maldita semana y es una completa estupidez que pueda sentir algo así por mí.
Entonces recuerdo todo lo que él sabe de mí. Laura ha estado hablándole de mi desde hace al menos un año. Erick solo conoce aquello que Laura le ha dicho de mí, maldita sea, esto es aún más complicado. Entonces mi teoría de que solo es deseo se aproxima a mi forma desconcertante a mí. Imaginarme a Erick desnudo, sobre mí… Siento mis mejillas enrojecerse.
   ¿Qué estas pensando?—No pienso contestar a eso— Vamos Kathe, voy a suponer que es peor de lo que realmente es.
   Estaba pensando en sexo.
Las cejas de Laura se arquean, sus ojos están fijos en mí y está riendo de esa forma tan inquietante, está planeando algo, maldita.
   ¿Anoche?—pregunta.
Mierda, ella piensa que estaba recordando. No, por favor que alguien me mate. Tengo que contárselo.
   No, Laura. —respiro, hay que dejar claro este asunto de una vez por todas—Yo no me acosté con Erick anoche, ni con nadie, nunca.
Laura está buscando su mandíbula por el suelo, nunca le había visto tan descolocada, bueno, puede que la primera vez que nos vio a Erick y a mí en la cama.
   Creí que habías captado la idea cuando te dije que nadie me había besado
   Creía que era una broma. Joder, tienes veinte años Kathe, veinte— parece enfadada.
Ahora yo tengo la culpa de que nadie nunca se halla fijado en mí, fantástico.
   Concedo que soy un poco célibe pero no es razón para alterarse tanto…
   ¡Célibe!— esta riéndose a carcajadas, me alegra divertirle— ¡Eres virgen ¡
Eso solo es la constatación de un hecho, pero Laura lo hace sonar como un insulto.  Maldita sea, ¿ahora me tengo que sentir mal por eso? No, de ninguna manera.
   Resulta que ahora es mi culpa que no le guste a nadie— le acuso.
   No, cielo, no es eso a lo que me refiero— dice y me toma de la mano—. Eres guapa, no puedo creer que nunca haya habido nadie interesado en ti antes.
Vale, tal vez la culpa no es solo de los otros, puede que yo haya estado demasiado ocupada con mis problemas y haya dejado detrás todo tipo de vida amorosa de lado.
Desde que papá murió, mamá empeoró por día y tuve que empezar a encargarme no solo de mí sino también de ella, no he tenido entonces mucho tiempo de relacionarme con el sexo opuesto, nadie despertaba absolutamente nada en mí, hasta que llegó él.
   Puede que yo tampoco estuviera muy interesada… hasta ahora—me cuesta tanto agregar esto último…
   Realmente te gusta—no es una pregunta.
   Eso creo. Me hace sentir diferente, viva.
Y me sonrojo de nuevo, maldita sea, mis hormonas trabajan a dobles turnos en estos días.
   Y le deseas— eso tampoco es una pregunta.
Solo imaginar la piel morena de Erick sobre la mía, lo cómodos que son sus brazos cuando me acuna. Las chispas que saltan en mi interior cada vez que lo veo, aún cuando no me toca. Me estoy sonrojando otra vez, puedo sentirlo. ¿Por qué me da tanta vergüenza esto? Se supone que soy adulta responsable y preparada, no debería sentir ningún reparo al hablar de sexo y menos con una amiga, pero lo hago.  Aunque claro el problema no está precisamente en si quiero o no acostarme con Erick. Que si quieres, dice la vocecita que ha estado muy atenta a mi conversación con Laura, el problema fundamental de todo esto es que no creo que yo despierte ningún deseo sobre Erick. Tal vez el crea en el prototipo de chica distinta a las que ha conocido hasta ahora, pero definitivamente no soy lo suficiente guapa, ni lista, ni femenina para él.
   Esto es fantástico— dice ella emocionada.
   No, no, tu no lo entiendes—replico.
   No, Kathe, tú eres la que no lo entiendes.
    Yo no soy apropiada para él, nunca lo seré.
   Oh tesoro, deja que él decida eso.
No me siento bien, todo me da vueltas, puede que Laura tenga razón, la cuestión fundamental es si me atreveré.
   ¿Y si no le gusto lo suficiente?— la pregunta se escapa en forma de susurro por mi garganta.
   Creo que le  gustas, Kathe, de verdad, hace mucho tiempo que no le veía tan feliz— yo sigo con los ojos sobre el suelo— Oh, te refiere… —silencio— ¿Quieres tirártelo?— pregunta encarnado las cejas
Por dios, que directa.
   Sí— me limito a decir mientras me pongo de rojo escarlata.
Por fin le miro a los ojos y las dos comenzamos a reinos sin poder evitarlo, no sé si por lo absurdo de la situación, los extremos de la conversación o simplemente para no ponernos a llorar. Patético.
   No sé si podre, Lau, ni siquiera sé que hacer.
   Ya se nos ocurrirá algo— dice y empezamos a reír, otra vez.
Sí, estoy segura de eso. Realmente necesitaba hablar con Lau, sorprendentemente, no guardártelo todo para ti resulta liberador.  Me siento tranquila. Mamá va a tener razón en eso de que una chica siempre necesita amigas.
   ¿Hablaste con Carlos?
La sonrisa que le ilumina el rostro es toda la respuesta que necesito, está feliz. Parece una niña a punto de abrir los regalos, que se esconden bajo el árbol, la mañana de navidad.
   Sí. Vamos a casarnos— dice y me muestra su mano izquierda.
Dios, lleva un anillo. Un anillo que brilla más que una maldita estrella. No puedo evitar abrazar a Laura, parece a punto de llorar. No puedo creerme esto, es fantástico.
   Me alegro tanto por ti— digo.
   El sábado vamos a ver a mis padres, Carlos quiere conocerlos—se está sonrojando, increíble.
   Cuéntame más cosas de él, supongo que tendré que conocer mejor a muscules, si va a ser el padre de mis futuros sobrinos, tendré que aprender a soportarle.
Laura me regala su más radiante sonrisa.

   Algún día le diré que le llamas así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario