A él, porque cuando lo lea,
va a querer matarme.
—
¡Mierda!
La voz sorprendida de Laura me
despierta de un sueño, parece más sorprendida que asustada. Abro perezosamente
los ojos, y me encuentro revuelta entre las sabanas y el cuerpo de Erick.
Mis piernas están entrelazadas
con las suyas, mi cara sobre su pecho desnudo, mis brazos apoyados a ambos
lados de su cuerpo. Y solo lleva unos boxes, ¿dónde están sus pantalones de
chándal? Debo de haberme acercado a él sin querer mientras dormía, mi
subconsciente trabaja en hondas diferentes a la racionalidad.
Erick está despierto, y me acaricia el pelo.
Parece relajado y tranquilo, entonces recuerdo el motivo por el que me
desperté. Laura está de pie en la puerta, mirándonos a los dos, fijamente. Abre
la boca y vuelve a cerrarla, parece
dubitativa, algo raro en ella.
Me separo avergonzada del cuerpo
desnudo de Erick, ¿por qué todo lo que me pasa con respecto a él suele ser tan
humillante? Cuando Laura ve el pecho desnudo de Erick, se tapa los ojos
instantáneamente.
—
¿Pero
qué diablos está pasando aquí?— dice y coloca sus brazos en jarras.
—
Laura…
esto no es lo que parece
Vaya, eso suena más estúpido
aún.
—
¿En
serio? ¿Sabéis qué? No es asunto mío, pero si vais a desayudar, por favor,
vestíos.
Dice y abandona la habitación
con el semblante totalmente confuso, parece tan desconcertada. A mi lado Erick no
para de reírse.
—
Particularmente,
no le veo la gracia.
—
Oh
yo sí— dice— Me encanta verla fuera de lugar. Aunque siento lastima por ti. No
va a creerse que solo hemos dormido en la misma cama.
Mierda, mierda. Lo que menos
quiero es que ahora parezca una puta. Pero Laura me conoce, ya hablaré con
ella.
—
Buenos
días, preciosa.
Me está besando de nuevo ¡y en la cama! Su provocativa boca se mueve
muy suave y audazmente contra la mía, y hace que me adapte a su ritmo
espectacular. ¿Llegará el día en que me arte de sus besos? Claro que no, ¿es
que acaso puedes aburrirte de comer chocolate? Cuando el beso termina, Erick
dibuja con sus dedos mi piel. Es raro el contacto piel con piel, normalmente no
estoy tan expuesta, las sudaderas cubren todos mis brazos, quizás debería
empezar a plantearme usar otro tipo de cosa.
Hoy más que nunca deseo
quedarme en la cama, arropada por las mantas que ahora huelen a Erick, o aún
mejor, quedarme por todo el tiempo que pueda entre sus brazos, sin embargo, no
puedo hacer eso.
—
Tengo
que hablar con Laura, después de todo esta es su casa—digo al fin.
—
Puedo
hacerlo yo, soy el que no debería estar aquí.
—
Claro
que no, ve a ayudar a tu madre y a Emily a volver a casa, yo no voy a ir a
ningún lado.
—
Está
bien—concede mientras sale de la cama—. Pero esta noche cenamos juntos, en Moon´s,
a las nueve y no acepto un no por respuesta.
No tengo ganas ni fuerza para
negarme, quiero estar con él mientras pueda. Hasta que se dé cuenta que no soy
más que una del montón, sin nada que ofrecer o a que aspirar.
Salgo de la cama sacudiendo las
ideas de mi cabeza. Necesito una ducha, un té y hablar con Laura. Va a ser un
día difícil. Odio los lunes.
Erick vuelve a mi lado y me da
un rápido beso, antes de abandonar la habitación.
—
Te
echaré de menos— grita desde la puerta.
Después de mi ducha matutina,
salgo al salón, tarde o temprano tengo que enfrentarme a todas sus preguntas,
para las que quizás, no tenga respuesta. ¡Oh Dios!
No está en el salón, ni en la
cocina, menos en el cuarto de la colada. ¿Dónde se habrá metido ?Debe estar en
su dormitorio, casi nunca entro a su habitación, normalmente, ella se mete en
la mía. Me acerco a la puerta y golpeo dos veces, suavemente.
—
Entra—
dice.
Su habitación es completamente
rosa, desde las mantas de la cama hasta las puertas de los armarios. Me duelen
los ojos solo de entrar aquí. Mierda, lleva puesto el pijama rosa de las
depresiones. Ni siquiera ha ido a clase, esto tiene que ser grave. ¿Habrá roto
Carlos con ella? Tiene los ojos rojos e hinchados, ¿pero qué diablos está
pasando aquí?
Sin pensarlo mucho me siento a
su lado en la cama y le tomo de las manos, no tengo ni idea de cómo se actúa en
este tipo de momentos. No soy, ni de cerca, una experta en relaciones, menos en
corazones rotos.
—
¿Qué
va mal? ¿Quieres hablar de ello?
Y vuelve a empezar a llorar,
esto es malo, es muy malo, Laura rara vez llora por un hombre.
—
Es…
es Carlos—gimotea.
¡Lo sabía! Sabía que míster
muscules tenía algo que ver con todo esto. ¿A
quién hay que pegarle? pregunta la vocecita irritante, pero hoy estoy de
acuerdo con ella. Espero que eso no se vuelva una costumbre.
—
¿Qué
te ha hecho Laura? ¿Te dejo? ¿Es eso?
Ella niega con la cabeza muy
lentamente y las lágrimas brotan de sus ojos como gotas de lluvia en una
tormenta.
—
Peor
aún— agrega con un hilo de voz.
¿Peor
aún? ¿Qué puede ser peor?
Y si… ¿y si le pego, Laura a tenido
que llamar a la policía y ahora está encerrado en la cárcel? Después de todo
ese neandertal no tenía mucho cerebro. ¡Vamos,
deja de alucinar! dice otra vez la vocecita. Sí, estoy exagerando,
concluyo.
—
Laura,
por favor—digo muy lentamente—Cuéntamelo, me estoy preocupando.
—
Me…
me lo ha pe...— su voz se quiebra, toma un profundo respiro y vuelve a mirarme—
Me lo ha pedido, Kathe.
¿Qué le ha pedido? ¿Dinero?
¿Qué mate a alguien? La vocecita pone los ojos en blanco. Soy tan idiota cuando
se trata de estos temas, no tengo ni la más mínima idea de que habla. Creo que logra ver la confusión en mis ojos
porque vuelve a mirarme y empieza hablar.
—
Qué
me case con él, eso es lo que me ha pedido.
Y empieza a llorar como si se
le fuera la vida en ello. Oh no, esto es aún peor de lo que me imaginaba.
—
Vamos,
no es tan malo— miento.
Se del terrible miedo al
compromiso que tiene Laura. Por algo solo tiene novios de pocas semanas. Vale que con muscules haya sido un poco
más permisiva, han pasado más de unas semanas, pero aún así. Laura siempre ha
dicho que quiere espacio, libertas, que necesita tener espacio, que nunca iba a
caer en los brazos de algún hombre que la renegara a una casa, para cuidar
niños e ir a obras benéficas.
—
Pero
yo le… yo le quiero—y me doy cuenta que es la conversación más intima que hemos
tenido nunca— ¡Las personas normales no se casan a los veintidós! ¿pero te imaginas lo que va a decir la gente? ¿y
mamá? Papá va a querer matarlo. ¡Todos van a
creer que estoy embarazada!
—
Tienes
razón, pero no tiene por qué preocuparte lo que los demás piensen. No tienes
porque casarte ni hoy, ni dentro de un mes. Pueden hacerlo dentro de un año,
dos o tres. Tal vez, Carlos solo quiere que sepas que eres tú, y solo tú.
No tengo ni la más remota idea
de porque esas palabras y no otras salieron de mi boca pero me doy cuenta de
que es un buen consejo, la clase de palabras que yo habría querido escuchar si
me viera en esta situación.
—
Puede
que tengas razón, tengo que llamar a Carlos. Cuando me dejó aquí parecía
bastante abatido. Creo que no fue buena idea darle las gracias por pedirme
matrimonio.
—
¿Qué
hiciste qué?—pregunto y ella parece avergonzada.
—
Soy
idiota, lo sé. Voy a llamarle y después a dormir—.Es una buena idea, parece
cansada.
—
Yo
voy a preparar algo para desayunar y Laura, por favor, quítate ese ridículo
pijama rosa.
Imagino a Laura hablar con su
¿prometido? ¡Dios, va a casarse con muscules! De repente un soplo de envidia me
nubla la vista, yo también querría estar hablando con Erick en este momento.
Sin comprender por qué, me
encuentro preparando huevos revueltos con beicon, creo que desde ahora será mi
desayuno favorito. Me estoy volviendo una estúpida, ¿cómo puede ejercer esa
influencia en mí, aún estando tan lejos?
Sirvo el desayuno y como en
silencio, de pie frente a la isla. Creo que Laura se ha vuelto a quedar dormida
porque no escucho ningún ruido. Debería estudiar, tengo examen el viernes. Tengo
que encontrar alguna manera de concentrarme. Pero los últimos acontecimientos
no paran de dar vueltas en mi cabeza.
Decidida a intentarlo, voy a mi
habitación, abro los apuntes sobre el escritorio y entre sorbo y sorbo de té,
me leo los temas tres y cuatro.
Serán cerca de las dos de la
tarde cuando Laura entra por la puerta, sin tocar, como siempre. Lleva unos
increíblemente ajustados vaqueros negros y una camisa, de lo que parece seda
azul y tacones, su pelo está perfectamente peinado y el maquillaje mejor que
nunca.
—
¿Has
terminado de estudiar? He traído comida china.
—
Gracias,
tengo mucha hambre.
Le veo echar un vistazo a mí,
ahora renovada, habitación. Sonríe, le gusta. Y a mí también.
—
Esto
ha quedado genial— comenta.
Sale
rumbo al salón, la sigo en silencio.
—
¿Te
ha molestado que cambie la habitación?
—
Claro
que no, llevo casi dos años intentando que le quitaras ese horrible blanco
roto. Es solo que, nunca me imaginé que en un solo fin de semana fuera a ver
tantos cambios por aquí. Me sorprendiste.
¿Tantos? Si a penas he pintado
la habitación y bueno tengo un amigo, o algo así, con el que me he besado ¿Los
amigos se besan?
—
Mira,
no quiero ser indiscreta… —pongo los ojos en blanco, ¿Laura discreta? Debe de
ser un chiste—. Es solo… nunca me imaginé que te acostarías con él tan pronto.
¿Qué me acostaría con él? ¿Tan
pronto? Que directa. No es una pregunta, tiene la completa certeza de que me lo
he tirado. ¿Dónde quedó eso del beneficio de la duda? Tengo que reconocer que
la situación, no es que dejara mucho a la imaginación, pero de igual manera,
podía al menos haber preguntado.
—
No
me he acostado con él, a efectos prácticos
Me mira confundida, tengo la
ligera impresión de que lo que va a decir no va a gustarme.
—
¿Y
eso que significa, exactamente? ¿Lo habéis hecho de pie?
Sabía
que no iba a gustarme.
—
Lo
que quiero decir es que sí, compartimos la cama, pero no pasó nada.
—
Pero…
estaba casi desnudo…
—
Erick
duerme así— digo encogiéndome de hombros.
—
Te
estaba acariciando el pelo, ¡te estaba abrazando, Kathe! ¡Y estaba despierto,
le vi! No puedes decir que eso era porque estaba dormido o soñando.
Siento ruborizar todo mi
cuerpo, ella tiene razón, pero yo tampoco tengo una explicación para eso. No
tengo ni idea de cuánto tiempo llevaba despierto cuando ella entró en la
habitación. No sé porque me abrazaba y
menos porque me acariciaba la piel tan suavemente. Pero por sobre todas las cosas, no tengo ni
la más remota idea de porque me ha besado, lo único que tengo claro, es que
todo lo que ha hecho me ha gustado, todo excepto que se marchara, esta mañana. Sé
que tengo que contestarle a Laura pero no tengo respuesta, así que decido
contarle lo único que sé.
—
Nos
hemos besado— confieso.
Veo como su mandíbula se
desencaja, abre la boca y la vuelve a cerrar, parece muy sorprendida.
—
¿Una
vez?—niego con la cabeza— ¿Varias?—Asiento—. Esto es muy fuerte, y un poco tele-novelero.
¿Te gusta?
Mi semblante cambia
inmediatamente. Quiero hablar con Laura, ella es la única persona que puede
tener alguna idea de que pasa por la cabeza de Erick, pero sobre todo, necesito
ayuda urgente, para entender lo que pasa por la mía. Menuda psicóloga voy a
ser.
—
La
cuestión está en que no lo sé… me da tanta vergüenza, Lau.
—
Oh,
vamos cariño. Sabes que no contaré nada, soy yo.
—
No
sé cómo me siento respecto a todo, nunca me habían besado, hasta ayer— admito,
veo como a Laura se le desencaja la mandíbula— Y me gusta, me gusta mucho que
Erick me bese, es solo que no sé cómo se supone que deba sentirme.
—
Kathe,
cuando se trata de sentimientos no hay nada supuesto— dice suavemente. Aunque
no te voy a negar que sois muy diferentes y créeme no estoy hablando del
dinero.
Me miro las manos impaciente,
quiero preguntarle cosas sobre él, pero no quiero ponerla un dilema.
—
Tengo
miedo, a no ser más que un juguete para él. Pero cuando le vi mirar a Emily con
esa ternura y abrazar a su madre…. No pude suprimir el deseo de pertenecer a
algo así… era tan…
A Laura
vuelve a nublársele el rostro de sorpresa.
—
Para,
para, para—me interrumpe— ¿Te llevo al hospital? —asiento—. ¿Viste a Emily y a su
madre?— vuelvo a asentir. ¿Qué es lo que va mal? — Esto sí que no me lo
esperaba. Tengo que hablar con Mike.
Dice mientras se va a su
habitación, me deja sola y llena de dudas en el carísimo sofá marrón.
Veo los minutos pasar, uno tras
otro. La bolsa de comida china descansa sobre la mesilla de centro, se va a
enfriar, de alguna forma se me ha cerrado el estómago, no creo que vaya a poder
comer nada.
Además, ya queda completamente
descartada la idea de estudiar, a este ritmo tendré mi primer suspenso el próximo
viernes. Vuelvo a mirar el reloj, casi una hora y Laura sigue en su
habitación. ¿Qué tanto habla con Erick? Espero que no tenga anda que ver
conmigo, pero el deseo es completamente estúpido.
Cuando Laura vuelve a salir de
la habitación, son más de las cuatro de la tarde, me mira fijamente, parece…
eufórica, creo que esa es la palabra. No quiero ni imaginarme que ha pasado.
—
Parece
que hoy no comemos— dice señalando con la cabeza la comida- Tal vez más tarde.
—
¿Con
quién estabas hablando?
—
Eso
ya lo sabes. Necesitaba saber que estaba pasando, Mike no iba a mentirme.
Además el tiene las cosas más claras que tú.
¿Y
necesitaba para eso más de una hora? ¿En serio? Entorno los ojos, ella no va a
soltar prenda.
—
Creo
que le gustas, Kathe. En serio, lo que me resulta raro, es que no eres para
nada su tipo—dice de forma distraída.
¿A qué se refiere exactamente
con eso de su tipo? ¿Es que acaso
tiene un tipo determinado de chica? ¿Y
crees que ella te lo va a decir? La vocecita tiene razón, Laura es peor que
una tumba cuando quiere, es muy frustrante.
—
Mike,
me ha dicho que va a llevarte a cenar esta noche al Moon´s, ¿quieres que te
preste un vestido? No creo que ir con vaqueros y sudaderas sea buena idea,
cielo. Aunque reservara algo privado, necesitas un vestido, créeme.
—
Vale—no
había pensado en ello pero es una buena idea—. ¿No vas a decirme que es lo que
te ha dicho?—guarda silencio—. Esto es muy frustrante, no puedes ni
imaginártelo.
Eso parece que la ha ablandado
un poco, espero que me cuente algún detalle.
—
No
es que no quiera decírtelo, es que no debo. Mike me hizo prometer que le
dejaría hacerlo a él. Por favor, confía
en mí. Él es mi amigo desde que tengo memoria, le conozco bien, y tú eres casi
como mi hermana, nunca dejaría que te hicieran daño.
Pero estoy tan asustada, tan
desconcertada, que creo que puede leerlo en mi rostro.
—
Confío
en él, Laura, no sé porqué pero lo hago, y también en ti, aunque eso ya lo
sabes.
—
Esto
va a salir bien, verás—jura mientras pone la bolsa de papel amarillo en el microondas—.Y
bien, ¿has decidido de qué color quieres tu vestido?
Así da por terminado el tema. Ella
parece tan emocionada con todo esto, como quien le da un juguete a un niño. A
penas si probé la comida recalentada. Mi estómago no está muy por la labor y
menos a estas horas.
Laura me ha obligado a tomar un baño de media
hora con aceite, de no estoy segura qué. Me ha obligado a dejarme maquillar y
peinar. Son la horas peor empleadas de mi vida, ¿me puede explicar alguien que
pretende con esto? Vas a quedar guapa, para él. ¡Como si eso
fuera posible! Le replico a la vocecita molesta.
He discutido con Laura, una
cosa es que le deje ponerme un vestido corto y ajustado, pero solo porque es
elegante y azul, me gusta el azul, pero de ninguna forma voy a dejarme
convencer para usar tacones ni joyas, no soy esa clase de chica. Una sola joya
de Laura vale todo lo que gano en un año o más, no pienso aceptar nada de eso.
¿Qué me maquille? Vale ¿Qué me ponga un vestido? Puedo vivir con eso, incluso
le dejo que me eche uno de esos perfumes importados de París pero no hay poder
humano que me haga pasar por las joyas y los tacones, ni siquiera por Erick,
no, de ninguna forma llevaré tales elementos de tortura.
Cuando por fin estoy lista,
Laura me deja mirarme al espejo, esto es tan ridículo. La imagen que me
devuelve el espejo no es la de mi reflejo, una guapa morena me mira confundida,
intento rebuscar en mis rasgos habituales, puede que haya algo de mí muy en el
fondo. No parezco yo, la desconocida del espejo tiene los ojos brillantes y muy
abiertos, muy en el fondo parece feliz, pese a que en sus gesto se le nota
tensa. Lleva un vestido de seda azul, que le cae sobre la piel morena, lo
suficientemente corto para dejar a la vista sus interminables piernas, pero lo
suficientemente elegante, para no lucir como una furcia. Su rostro está
maquillado con discreción, un buen trabajo, parece sofisticada e interesante,
aunque realmente yo no sea nada de esto.
—
Estas
preciosa, Kathe.
—
Gracias,
por el vestido, por el maquillaje…No sabría que hacer sin ti. Eres un genio.
Laura me acompaña hasta mi
viejo y destartalado coche. Ella parece tan feliz, he olvidado preguntarle por
como fue la conversación con Carlos, mañana no puedo olvidarlo.
—
Suerte
cariño, tienes que contarme todos los detalles mañana, y si no lo haces tú, ya
me encargaré de sacárselos a Mike, y no creo que eso sea buena idea. ¡Dios, tu
primera cita, es tan emocionante!
Y con esas palabras se aleja
del coche. No me había dado cuenta de que esto era una cita ¿Pero tú eres idiota? Pregunta la
vocecita, pero no soy capaz de recriminárselo. Tampoco es que no pudiera
deducirlo yo solita, pero no he querido pensar demasiado en esta noche, sobre
todo porque quería tener el valor para venir.
Esto es peor de lo que me
imaginaba pienso entonces, mí primera y muy posiblemente mi última cita. Creo
que me estoy mareando. Mientras atravieso las calles que me llevan hasta uno de
los restaurantes más lujosos de la ciudad, solo puedo pensar en que voy a tener
una cita, mi primera cita, con Erick Maclaing.
Es el lugar más lujoso en el
que he estado nunca, con arañas de cristales diminutos, las luces son más
brillantes de lo que nunca he visto. Desde la entrada hasta lo que creo que es
una puerta hacia el patio una alfombra morada adorna el suelo.
—
Buenas
noches, señorita, ¿tiene usted reserva?
Pregunta
el portero, con una adorable sonrisa.
—
A
nombre del señor Maclaing—digo.
—
¿La
señorita Steven?— asiento, incapaz de pronunciar palabra—. El señor Maclaing ya
ha llegado. Por aquí, por favor.
Me conduce a través de un salón
enorme, mesas a ambos lados del pasillo principal, son espaciosas, con manteles
blancos con toques del mismo color morado que la alfombra. Es moderno y
acogedor. ¿Hacia dónde me lleva? Me pregunto cuándo abre la puerta del salón
para mí. Un reservado, tal y como dijo Laura, no me lo puedo creer.
—
En
seguida les envío un camarero, señor.
Erick, que estaba sentado, se
levanta a recibirme a la puerta. Está tan guapo que siento ganas de llorar.
Lleva un traje negro, sus pantalones llevan una raya perfecta justo en medio,
una camisa blanca bajo la chaqueta, pero no lleva corbata, lo le da un toque
juvenil y sensual que me derrite. Vuelve a parecer un adolescente, cuando se
acerca y me toma de la mano.
—
Estas
preciosa, Kathe—dice, parece realmente sorprendido.
Tal vez pensaba que iba a venir
con vaqueros y sudadera, no soy tan inconsciente.
—
Realmente
preciosa— vuelve a decir mientras pasa distraídamente su mano por sus cabellos.
—
Gracias—digo
en un soplo de voz.
Me toma de la mano y me ofrece
la silla que está frente a la que él ocupaba anteriormente.
—
¿Qué
tuvo que hacer Laura para que lleves ese vestido?
—
Decir
que tú se lo habías pedido—digo honestamente.
Ya suponía yo que era mentira,
pero a veces, tienes que engañarte a ti misma.
Es algo positivo que no me haya besado, después de todo solo he venido
hasta aquí porque no voy a volver a verle después de esta noche. Aún así, se
merece una explicación y yo también. Mi subconsciente lleva sollozando desde
que tomé mi decisión, pero absolutamente nada de lo que diga Erick, hará que
cambie.
Vuelvo a mirarle, sus ojos
oscuros están clavados en mí, parecen tristes y desolados. ¿Qué habrá pasado?
—
¿Te
encuentras bien?
—
Has
venido a dejarme, ¿verdad?— ignora mi pregunta.
¿Dejarle? No sabía que
tuviéramos algo. Mierda, sus ojos parecen los de un niño al que acaban de
entregarle su juguete favorito, y aún así, le han prohibido que juegue con él.
Erick aguarda mi respuesta pero yo no sé qué decirle.
El camarero se acerca
sigilosamente, y sirve nuestras copas, creo que es vino, pero no podría
asegúralo. Sigo mirándome las manos, no soy capaz de mirarle a los ojos. Yo sé qué, sea lo que sea que hay entre
nosotros, y no estoy segura de tener nombre para ello, no puede continuar. Yo,
sencillamente no soy la clase chica que puede besar a alguien y que eso no
afecte a su vida. Hasta ahora, permitirme toda esa clase de contacto con Erick,
había sido un error y estoy aquí para ponerle fin.
—
Sé
lo que estas pensando— dice al fin—.Sé qué crees que nada de esto tiene
sentido, pero dame esta noche, solo esta noche para explicártelo todo. Después…
bueno ya veremos qué pasa después.
—
Está
bien— ¿ese chirrido es mi voz?
Algo muy parecido a un suspiro
sale de su boca. Parece algo más relajado, se que nada de lo que me diga
cambiará mi opinión, pero merece al menos que le escuche, por los buenos
momentos. Aún así , no logro entender
porqué no puedo negarle nada. Aunque eso solo es otro motivo por el cual
debo alejarme de él.
—
¿Tienes
hambre?— dice colocando su servilleta sobre la mesa.
Yo niego con la cabeza
suavemente, en lo último que puedo pensar ahora es en la comida.
—
Eso
pensaba.
Me ayuda a levantarme y me
conduce a la salida principal, la misma por la que yo vine. Susurra algo al
mismo hombre que me recibió, mientras tanto yo espero en la puerta, bajo el
arco de madera oscuro, se ve el cielo tan claro, hay luna llena. Siempre me ha
gustado el cielo de noche, el contraste entre la oscuridad y la luz, es como si
todo encajara a la perfección, como si todo tuviera su lugar. Ya quisiera yo
tener un lugar del cual sentirme parte, pero eso cada vez es más complicado.
—
Vamos—dice
Erick y me arrastra hasta su flamante audi.
—
Traje
mi coche— digo.
—
Ya
me encargué de eso.
Y aunque no entiendo lo que ha
dicho, le sigo. Permito que abra la puerta del copiloto para mí y me subo, con unas
ganas terribles de poner fin a todo, rezo para que esta noche no sea demasiado
larga. Y sobre todo, para que después de todo esto aún queden pedazos de mi
vida que se puedan recomponer.
Desde el mismo momento en que
salimos, Erick sostiene mi mano con la suya. Estoy a punto de quejarme,
conducir con una sola mano es peligro, pero su tacto es tan cálido y
reconfortante que no me atrevo a decir nada. ¿A dónde me estará llevando? No
tengo la más mínima idea.
Hay muchas más preguntas que
respuestas en mi cabeza, pero de ninguna forma, voy a darle demasiadas vueltas.
Puede que no tenga muy claro mis sentimiento, pero de ninguna forma voy a
arriesgarme más de lo que ya lo he hecho.
El silencio en el coche es
abrumado e incómodo. Miro por la ventanilla, vamos hacia el sur, veo como vamos
dejando atrás las luces de la ruidosa ciudad, es raro pero todo está tan en
silencio. La vocecita sigue sollozando en mi cabeza, y yo sigo tratando de
ignorarla o me pondré a chillar como ella.
No puedo decir cómo pero tener a Erick a mi lado
estos últimos días, ha despertado en mí la sensación de echar en falta cosas
que nunca he tenido, como una familia, un beso o alguien que me abrace. Es
totalmente absurdo y ridículo, sé que
tengo que poner fin a todo esto, antes de que vaya a más y acabe con el alma
hecha pedazos y hay muchas posibilidades de que eso ocurra.
Él se merece una chica hermosa,
con modales refinados y rica, muy rica, sin problemas ni cargas familiares, él
necesita alguien como Laura. Y yo, bueno, ya me las apañaré. Lo más duro de
todo esto es que el solo imaginarlo con otra, pensar en que le va a provocar
con su besos, todas esas sensaciones que provoca en mí, hace que me hierva la sangre.
He leído mucho sobre esos sentimientos,
los celos, sin embargo, nunca los había sentido. Sí, celos, admito que la vocecita
tenía razón, estoy celosa de imaginarlo besar, tocar o solo mirar a otra y es totalmente
absurdo, porque entre él y yo no hay nada. Ni siquiera me gusta. Mentira. Grita la vocecita, que de
pronto ha dejado de llorar y está atenta a mis reflexiones, parece esperanzada,
gran error.
Erick suelta mi mano para
retirar las llaves del coche, y eso hace que salga de mis pensamientos, he
estado bastante absorta, imagino. Le veo como rodea el coche para abrir, la
puerta. Sigo sin tener muchas fuerzas para moverme.
Estamos en la playa, aunque
creo que es una zona privada, nunca había venido aquí. Hay un huelle, todo
blanco, pero no veo ningún barco. También, un poco más alejada, hay una casa,
bueno no es que ese enorme palacio playero pueda llamarse casa, la palabra no
le hace justicia. Debe de ser una casa de sus padres, o amigos,… no lo sé,
espero no meterme en más problemas.
—
¿Estamos
invadiendo propiedad privada?
—
Claro
que no— parece aliviado de que por fin hablara—. Esta casa es mía.
—
¿Te
regalaron una casa?
Vaya, no debería ser una
sorpresa, a Laura también le regalaron una cuando cumplió dieciocho, tal vez es
costumbre entre la gente rica, pero la verdad es que lo ignoro.
—
No,
nadie me la regaló. —Oh, parece ofendido—. La compré yo, fue lo primero que
compré cuando tuve el suficiente dinero para mantener mi empresa a flote.
¿Tiene una empresa? Pero…. eso
no lo sabía. Aunque tampoco tengo muy claro que es lo que realmente se de él,
pero ¿una empresa? Es tan joven… ¿cuántos años dijo que tenía? Nunca lo ha
dicho. Recuerdo que la noche del café, y las bragas de abuela, evadió esa
pregunta
—
¿Tienes
una empresa? ¿Cuántos años tienes?
—
¿Importa?—otra
vez evade la pregunta
—
Sí,
mucho.
—
Precisamente
por eso no quiero decírtelo. No quiero decepcionarte de ninguna forma—su voz se
crispa.
¿Decepcionarme? ¿Qué es lo que
hay en su mirada? ¿Miedo? ¿Horror? Siento unas terribles ganas de abrazarlo, y
lo hago. Me aprieto entre sus brazos y le dejo que me rodee con ellos, llevo
todo el día deseando esto, sí, deseo esto desde que él se fue por la mañana de
mi cama. Su olor me resulta tan familiar y atrayente. Quiero respirarlo una vez
más y grabármelo en la piel y en el alma.
—
¿Por
qué siento que me estás diciendo adiós?—pregunta.
Porque es justo lo que estoy
haciendo, alejándome de aquello que me haga sufrir, pero no recuerdo que nada
me haya hecho tanto daño como esto que estoy haciendo, me estoy rompiendo por
dentro de solo imaginar que no voy a volver a verlo.
No sé cuánto tiempo estamos así,
abrazado el uno al otro, no siente para nada incómodo. Lo estoy intentando,
estoy intentando hablar con él pero no puedo, estoy luchando por encontrar mi
voz.
—
Tenemos
que hablar, Erick.
—
Lo
sé, lo sé—dice acariciándome el pelo—. ¿Quieres que vayamos a la casa? Hace
frío.
Asiento lentamente, y aún
abrazada a Erick, con su mano derecha rodeando mi cintura posesivamente,
caminamos hasta la terraza de la casa, su casa, pero no entramos, lo que está genial,
después de todo, es mejor mantenerme en territorio neutral.
La terraza techada es
calentita, y el sofá en el que nos sentamos, es cómodo y muy suave.
—
Sé
que no quieres verme más—. Empieza él, tiene las manos entrelazadas con las
mías y me mira fijamente—. Pero yo no quiero que lo hagas, hace tres día te
dije que quería conocerte, he cambiado de opinión.
—
¿Y
qué significa eso?
—
Verás,
ahora conocerte no es mi prioridad. Mi prioridad, ahora mismo, es no perderte.
El fin de semana pasado fue el mejor de mi vida, tenía todo lo que había estado
deseando desde que tenía doce años.
Se le nota bastante nervioso,
yo estoy como flotando, es tan doloroso saber que es la última vez que sus
manos acunarán las mías. Inspira hondo y comienza a hablar de nuevo.
—
El
viernes, después de que te fuiste, ni siquiera sabía que Laura te conocía o que iba en ese coche. Estaba tan
nervioso por conocer a Emily, tan
preocupado por mi madre…, pero yo solo podía pensar en que quería besarte. Tú
eres lo único que no puedo sacar últimamente de mi cabeza. Con tu mirada
tierna, y tu tímida sonrisa, vi temblar tus manos mientras cogías la rosa…Pasé
todo el día preguntándome cosas sobre tí ¿Su corazón tiene dueño? ¿Está roto? ¿Hay
alguien más en su cabeza? No podía creer que te había dejado escapar, yo solo
pensé en que debería haberte besado esa vez—. Vuelve a guardar silencio un
momento—.Pero después con todo lo que pasó entre nosotros desde el viernes por
la noche, incluso después de besarte, sigo sin tener respuesta a esas
preguntas. Sigo preguntándome si es demasiado tarde….
No sé sobre que está hablando,
no puedo entenderlo, la verdad es que esta situación me supera, porque estoy
viendo la sinceridad en sus ojos y eso duele. No estoy ni emocional, ni
físicamente preparada par a tanta información, menos para procesar la avalancha
de sensaciones que recorren mi cuerpo.
—
Lo siento, no sé qué decir, estoy… confundida— las
palabras se escapan de mi boca, sin permiso.
Y no es mentira, todo lo que ha
dicho no tienen ningún sentido. Pese a ello, cada una de sus palabras hacen que
las esperanzas vuelvan a mí y eso es aún más desgarrador. No hay nada que pueda
destrozarme más que la esperanza, ese es el peor de los males.
—
Aunque
todo lo que has dicho fuera cierto, no entiendo que tiene que ver con lo de no
volver a verte más. Mi corazón, roto, ocupado o no, no puede tener nada que ver
contigo, somos demasiado diferentes y tú lo sabes.
—
Sé
que va a sonar muy estúpido y precipitado. —Dice en tono de disculpa—. Cuando te
vi mirar a Emily, lo supe, supe que eras tú, vi lo poco que necesitas para ser
feliz, como te preocupas por los demás. Pasar el fin de semana contigo me ha
hecho muy feliz, y quiero muchos fines de semanas así.
No sé porqué pero no me gusta
nada por donde va esta conversación, cada vez siento que me falta más el aire.
—
No
sé cómo se hacen estas cosas, —dice revolviéndose el pelo—no estoy seguro, si
todavía se le pide a una chica que sea tu novia… nunca he hecho algo así.
No, no puede ser que esté diciendo
lo que creo que estoy oyendo. Me falta el aire, algo me está presionado el
pecho. Dios, todo me da vueltas.
—
Por
favor, no digas más—suplico—. No quiero escuchar esto… solo te estoy diciendo
que no tiene sentido, las mujeres como yo no salen con hombres ricos como tú.
Sois todos iguales. No seré más que un juego, y no quiero jugar a esto…
Me arrepiento al instante de
haber dicho eso, pero es verdad, es lo que pienso. No puedo permitirme el lujo
de dejar que me lastimen, ni ahora ni nunca. Erick parece desconcertado, pero
empieza hablar de nuevo, tomando más fuerte mis manos entre las suyas.
—
Los hombres ricos como yo, según tu opinión, somos
todos iguales, y es cierto. Estamos destinados a ser solteros empedernidos y deseados por todas
las mujeres—.Le miro con mala cara, pero me ignora. Presumido—. Nunca aceptamos
que tenemos novia, la palabra nos aterra porque requiere sentimientos y
compromiso. Sí, somos mujeriegos, mucho, pero esas mujeres son solo compañeras
sexuales, nunca hay nada más. Nos da pavor renunciar a la libertad, siempre lo
hemos tenido todo, cuando decíamos salta, solo te preguntaban qué tan alto. Si
digo que quiero que seas mi novia, es porque es cierto. Te lo estoy pidiendo
porque, por fin, he encontrado a la mujer con la que quiero comprometerme, no
de esa manera posesiva y acosadora que
imaginas, solo quiero asegurarme de tener boletos de primera fila para verte
despertar por las mañanas.
Eso es lo más hermoso que nunca
nadie me ha dicho, y estoy segura de que es alguna frase sacada de una película
cursi, o una canción, pero Erick me está mirando justo como siempre quise que
me miraran, como si estuviera frente a una divinidad, algo que no merezco, yo
no soy nada en especial.
Estoy tan confundida y tengo
tanto miedo. Creo que se me están empañando las gafas, no, no es eso. Me las
quito y noto que ¡estoy llorando! Hace años que no lloraba y aquí estoy yo, sollozando
entre los brazos de hombre del que, no sé porqué, no quiero separarme.
—
Vamos,
cariño—dice mientras me arroja entre sus brazos—. No quiero que llores, quiero
ser responsable de tu risa, siempre que pueda, pero nunca de tu llanto. Se me
oprime el corazón de verte así, tan frágil.
—
Lo
siento—me disculpo, parezco una niña tonta—. Nunca me había planteado que alguien
pudiera sentir algo así por mí y de alguna forma estoy aterrada.
No tengo nada claro, el hecho
de ser considerada su novia, ni
siquiera puedo pensarlo, todo esto implica sentimientos y responsabilidades, no
quiero comprometer mi corazón, es demasiado apresurado, no le conozco, ni él a
mí, esto es una locura, pero por otro lado, no puedo negar que siento cosas
cuando estoy con él, que mueve todo mi
interior.
—
No
tienes que darme una respuesta ahora—dice—.Tienes todo el tiempo del mundo, no
pienso irme a ninguna parte.
Erick vuelve a pasar
suavemente, sus dedos entre mi pelo. Me gusta su tacto cálido y suave. Siento
como me acaricia la nuca y el cuello, y como un cosquilleo recorre cada una de
mis terminaciones nerviosas. Sus ojos abrumadores, me miran pidiendo permiso y
no puedo negarlo, no soy capaz. Mi cuerpo está suplicando sus caricias. Quiero
que me toque, me muero porque lo haga y después de un momento que parece muy
largo, por fin, lo hace.
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