viernes, 1 de noviembre de 2013

Descenso Capitulo 4



 A él, porque cuando lo lea,
va a querer matarme.

   ¡Mierda!
La voz sorprendida de Laura me despierta de un sueño, parece más sorprendida que asustada. Abro perezosamente los ojos, y me encuentro revuelta entre las sabanas y el cuerpo de Erick.
Mis piernas están entrelazadas con las suyas, mi cara sobre su pecho desnudo, mis brazos apoyados a ambos lados de su cuerpo. Y solo lleva unos boxes, ¿dónde están sus pantalones de chándal? Debo de haberme acercado a él sin querer mientras dormía, mi subconsciente trabaja en hondas diferentes a la racionalidad.
Erick está despierto, y me acaricia el pelo. Parece relajado y tranquilo, entonces recuerdo el motivo por el que me desperté. Laura está de pie en la puerta, mirándonos a los dos, fijamente. Abre la boca y vuelve a cerrarla,  parece dubitativa, algo raro en ella.
Me separo avergonzada del cuerpo desnudo de Erick, ¿por qué todo lo que me pasa con respecto a él suele ser tan humillante? Cuando Laura ve el pecho desnudo de Erick, se tapa los ojos instantáneamente.
   ¿Pero qué diablos está pasando aquí?— dice y coloca sus brazos en jarras.
   Laura… esto no es lo que parece
Vaya, eso suena más estúpido aún.
   ¿En serio? ¿Sabéis qué? No es asunto mío, pero si vais a desayudar, por favor, vestíos.
Dice y abandona la habitación con el semblante totalmente confuso, parece tan desconcertada. A mi lado Erick no para de reírse.
   Particularmente, no le veo la gracia.
   Oh yo sí— dice— Me encanta verla fuera de lugar. Aunque siento lastima por ti. No va a creerse que solo hemos dormido en la misma cama.
Mierda, mierda. Lo que menos quiero es que ahora parezca una puta. Pero Laura me conoce, ya hablaré con ella.
   Buenos días, preciosa.
Me está besando de nuevo  ¡y en la cama! Su provocativa boca se mueve muy suave y audazmente contra la mía, y hace que me adapte a su ritmo espectacular. ¿Llegará el día en que me arte de sus besos? Claro que no, ¿es que acaso puedes aburrirte de comer chocolate? Cuando el beso termina, Erick dibuja con sus dedos mi piel. Es raro el contacto piel con piel, normalmente no estoy tan expuesta, las sudaderas cubren todos mis brazos, quizás debería empezar a plantearme usar otro tipo de cosa.
Hoy más que nunca deseo quedarme en la cama, arropada por las mantas que ahora huelen a Erick, o aún mejor, quedarme por todo el tiempo que pueda entre sus brazos, sin embargo, no puedo hacer eso.
   Tengo que hablar con Laura, después de todo esta es su casa—digo al fin.
   Puedo hacerlo yo, soy el que no debería estar aquí.
   Claro que no, ve a ayudar a tu madre y a Emily a volver a casa, yo no voy a ir a ningún lado.
   Está bien—concede mientras sale de la cama—. Pero esta noche cenamos juntos, en Moon´s, a las nueve y no acepto un no por respuesta.
No tengo ganas ni fuerza para negarme, quiero estar con él mientras pueda. Hasta que se dé cuenta que no soy más que una del montón, sin nada que ofrecer o a que aspirar.
Salgo de la cama sacudiendo las ideas de mi cabeza. Necesito una ducha, un té y hablar con Laura. Va a ser un día difícil. Odio los lunes.
Erick vuelve a mi lado y me da un rápido beso, antes de abandonar la habitación.
   Te echaré de menos— grita desde la puerta.
Después de mi ducha matutina, salgo al salón, tarde o temprano tengo que enfrentarme a todas sus preguntas, para las que quizás, no tenga respuesta. ¡Oh Dios!
No está en el salón, ni en la cocina, menos en el cuarto de la colada. ¿Dónde se habrá metido ?Debe estar en su dormitorio, casi nunca entro a su habitación, normalmente, ella se mete en la mía. Me acerco a la puerta y golpeo dos veces, suavemente.
   Entra— dice.
Su habitación es completamente rosa, desde las mantas de la cama hasta las puertas de los armarios. Me duelen los ojos solo de entrar aquí. Mierda, lleva puesto el pijama rosa de las depresiones. Ni siquiera ha ido a clase, esto tiene que ser grave. ¿Habrá roto Carlos con ella? Tiene los ojos rojos e hinchados, ¿pero qué diablos está pasando aquí?
Sin pensarlo mucho me siento a su lado en la cama y le tomo de las manos, no tengo ni idea de cómo se actúa en este tipo de momentos. No soy, ni de cerca, una experta en relaciones, menos en corazones rotos.
   ¿Qué va mal? ¿Quieres hablar de ello?
Y vuelve a empezar a llorar, esto es malo, es muy malo, Laura rara vez llora por un hombre.
   Es… es Carlos—gimotea.
¡Lo sabía! Sabía que míster muscules tenía algo que ver con todo esto. ¿A quién hay que pegarle? pregunta la vocecita irritante, pero hoy estoy de acuerdo con ella. Espero que eso no se vuelva una costumbre.
   ¿Qué te ha hecho Laura? ¿Te dejo? ¿Es eso?
Ella niega con la cabeza muy lentamente y las lágrimas brotan de sus ojos como gotas de lluvia en una tormenta.
   Peor aún— agrega con un hilo de voz.
¿Peor aún? ¿Qué puede ser peor?
Y si… ¿y si le pego, Laura a tenido que llamar a la policía y ahora está encerrado en la cárcel? Después de todo ese neandertal no tenía mucho cerebro. ¡Vamos, deja de alucinar! dice otra vez la vocecita. Sí, estoy exagerando, concluyo.
   Laura, por favor—digo muy lentamente—Cuéntamelo, me estoy preocupando.
   Me… me lo ha pe...— su voz se quiebra, toma un profundo respiro y vuelve a mirarme— Me lo ha pedido, Kathe.
¿Qué le ha pedido? ¿Dinero? ¿Qué mate a alguien? La vocecita pone los ojos en blanco. Soy tan idiota cuando se trata de estos temas, no tengo ni la más mínima idea de que habla.  Creo que logra ver la confusión en mis ojos porque vuelve a mirarme y empieza hablar.
   Qué me case con él, eso es lo que me ha pedido.
Y empieza a llorar como si se le fuera la vida en ello. Oh no, esto es aún peor de lo que me imaginaba.
   Vamos, no es tan malo— miento.
Se del terrible miedo al compromiso que tiene Laura. Por algo solo tiene novios de pocas semanas. Vale que con muscules haya sido un poco más permisiva, han pasado más de unas semanas, pero aún así. Laura siempre ha dicho que quiere espacio, libertas, que necesita tener espacio, que nunca iba a caer en los brazos de algún hombre que la renegara a una casa, para cuidar niños e ir a obras benéficas.
   Pero yo le… yo le quiero—y me doy cuenta que es la conversación más intima que hemos tenido nunca— ¡Las personas normales no se casan a los veintidós! ¿pero  te imaginas lo que va a decir la gente? ¿y mamá? Papá va a querer matarlo. ¡Todos van a  creer que estoy embarazada!
   Tienes razón, pero no tiene por qué preocuparte lo que los demás piensen. No tienes porque casarte ni hoy, ni dentro de un mes. Pueden hacerlo dentro de un año, dos o tres. Tal vez, Carlos solo quiere que sepas que eres tú, y solo tú.
No tengo ni la más remota idea de porque esas palabras y no otras salieron de mi boca pero me doy cuenta de que es un buen consejo, la clase de palabras que yo habría querido escuchar si me viera en esta situación.
   Puede que tengas razón, tengo que llamar a Carlos. Cuando me dejó aquí parecía bastante abatido. Creo que no fue buena idea darle las gracias por pedirme matrimonio.
   ¿Qué hiciste qué?—pregunto y ella parece avergonzada.
   Soy idiota, lo sé. Voy a llamarle y después a dormir—.Es una buena idea, parece cansada.
   Yo voy a preparar algo para desayunar y Laura, por favor, quítate ese ridículo pijama rosa.
Imagino a Laura hablar con su ¿prometido? ¡Dios, va a casarse con muscules! De repente un soplo de envidia me nubla la vista, yo también querría estar hablando con Erick en este momento.
Sin comprender por qué, me encuentro preparando huevos revueltos con beicon, creo que desde ahora será mi desayuno favorito. Me estoy volviendo una estúpida, ¿cómo puede ejercer esa influencia en mí, aún estando tan lejos?
Sirvo el desayuno y como en silencio, de pie frente a la isla. Creo que Laura se ha vuelto a quedar dormida porque no escucho ningún ruido. Debería estudiar, tengo examen el viernes. Tengo que encontrar alguna manera de concentrarme. Pero los últimos acontecimientos no paran de dar vueltas en mi cabeza.
Decidida a intentarlo, voy a mi habitación, abro los apuntes sobre el escritorio y entre sorbo y sorbo de té, me leo los temas tres y cuatro.
Serán cerca de las dos de la tarde cuando Laura entra por la puerta, sin tocar, como siempre. Lleva unos increíblemente ajustados vaqueros negros y una camisa, de lo que parece seda azul y tacones, su pelo está perfectamente peinado y el maquillaje mejor que nunca.
   ¿Has terminado de estudiar? He traído comida china.
   Gracias, tengo mucha hambre.
Le veo echar un vistazo a mí, ahora renovada, habitación. Sonríe, le gusta. Y a mí también.
   Esto ha quedado genial— comenta.
Sale rumbo al salón, la sigo en silencio.
   ¿Te ha molestado que cambie la habitación?
   Claro que no, llevo casi dos años intentando que le quitaras ese horrible blanco roto. Es solo que, nunca me imaginé que en un solo fin de semana fuera a ver tantos cambios por aquí. Me sorprendiste.
¿Tantos? Si a penas he pintado la habitación y bueno tengo un amigo, o algo así, con el que me he besado ¿Los amigos se besan?
   Mira, no quiero ser indiscreta… —pongo los ojos en blanco, ¿Laura discreta? Debe de ser un chiste—. Es solo… nunca me imaginé que te acostarías con él tan pronto.
¿Qué me acostaría con él? ¿Tan pronto? Que directa. No es una pregunta, tiene la completa certeza de que me lo he tirado. ¿Dónde quedó eso del beneficio de la duda? Tengo que reconocer que la situación, no es que dejara mucho a la imaginación, pero de igual manera, podía al menos haber preguntado.
   No me he acostado con él, a efectos prácticos
Me mira confundida, tengo la ligera impresión de que lo que va a decir no va a gustarme.
   ¿Y eso que significa, exactamente? ¿Lo habéis hecho de pie?
Sabía que no iba a gustarme.
   Lo que quiero decir es que sí, compartimos la cama, pero no pasó nada.
   Pero… estaba casi desnudo…
   Erick duerme así— digo encogiéndome de hombros.
   Te estaba acariciando el pelo, ¡te estaba abrazando, Kathe! ¡Y estaba despierto, le vi! No puedes decir que eso era porque estaba dormido o soñando.
Siento ruborizar todo mi cuerpo, ella tiene razón, pero yo tampoco tengo una explicación para eso. No tengo ni idea de cuánto tiempo llevaba despierto cuando ella entró en la habitación. No sé porque me abrazaba  y menos porque me acariciaba la piel tan suavemente.  Pero por sobre todas las cosas, no tengo ni la más remota idea de porque me ha besado, lo único que tengo claro, es que todo lo que ha hecho me ha gustado, todo excepto que se marchara, esta mañana. Sé que tengo que contestarle a Laura pero no tengo respuesta, así que decido contarle lo único que sé.
   Nos hemos besado— confieso.
Veo como su mandíbula se desencaja, abre la boca y la vuelve a cerrar, parece muy sorprendida.
   ¿Una vez?—niego con la cabeza— ¿Varias?—Asiento—. Esto es muy fuerte, y un poco tele-novelero. ¿Te gusta?
Mi semblante cambia inmediatamente. Quiero hablar con Laura, ella es la única persona que puede tener alguna idea de que pasa por la cabeza de Erick, pero sobre todo, necesito ayuda urgente, para entender lo que pasa por la mía. Menuda psicóloga voy a ser.
   La cuestión está en que no lo sé… me da tanta vergüenza, Lau.
   Oh, vamos cariño. Sabes que no contaré nada, soy yo.
   No sé cómo me siento respecto a todo, nunca me habían besado, hasta ayer— admito, veo como a Laura se le desencaja la mandíbula— Y me gusta, me gusta mucho que Erick me bese, es solo que no sé cómo se supone que deba sentirme.
   Kathe, cuando se trata de sentimientos no hay nada supuesto— dice suavemente. Aunque no te voy a negar que sois muy diferentes y créeme no estoy hablando del dinero.
Me miro las manos impaciente, quiero preguntarle cosas sobre él, pero no quiero ponerla un dilema.
   Tengo miedo, a no ser más que un juguete para él. Pero cuando le vi mirar a Emily con esa ternura y abrazar a su madre…. No pude suprimir el deseo de pertenecer a algo así… era tan…
A Laura vuelve a nublársele el rostro de sorpresa.
   Para, para, para—me interrumpe— ¿Te llevo al hospital? —asiento—. ¿Viste a Emily y a su madre?— vuelvo a asentir. ¿Qué es lo que va mal? — Esto sí que no me lo esperaba. Tengo que hablar con Mike.
Dice mientras se va a su habitación, me deja sola y llena de dudas en el carísimo sofá marrón.
Veo los minutos pasar, uno tras otro. La bolsa de comida china descansa sobre la mesilla de centro, se va a enfriar, de alguna forma se me ha cerrado el estómago, no creo que vaya a poder comer nada.
Además, ya queda completamente descartada la idea de estudiar, a este ritmo tendré mi primer suspenso el próximo viernes.  Vuelvo a mirar  el reloj, casi una hora y Laura sigue en su habitación. ¿Qué tanto habla con Erick? Espero que no tenga anda que ver conmigo, pero el deseo es completamente estúpido.
Cuando Laura vuelve a salir de la habitación, son más de las cuatro de la tarde, me mira fijamente, parece… eufórica, creo que esa es la palabra. No quiero ni imaginarme que ha pasado.
   Parece que hoy no comemos— dice señalando con la cabeza la comida- Tal vez más tarde.
   ¿Con quién estabas hablando?
   Eso ya lo sabes. Necesitaba saber que estaba pasando, Mike no iba a mentirme. Además el tiene las cosas más claras que tú.
¿Y necesitaba para eso más de una hora? ¿En serio? Entorno los ojos, ella no va a soltar prenda.
   Creo que le gustas, Kathe. En serio, lo que me resulta raro, es que no eres para nada su tipo—dice de forma distraída.
¿A qué se refiere exactamente con eso de su tipo? ¿Es que acaso tiene un tipo determinado de chica? ¿Y crees que ella te lo va a decir? La vocecita tiene razón, Laura es peor que una tumba cuando quiere, es muy frustrante.
   Mike, me ha dicho que va a llevarte a cenar esta noche al Moon´s, ¿quieres que te preste un vestido? No creo que ir con vaqueros y sudaderas sea buena idea, cielo. Aunque reservara algo privado, necesitas un vestido, créeme.
   Vale—no había pensado en ello pero es una buena idea—. ¿No vas a decirme que es lo que te ha dicho?—guarda silencio—. Esto es muy frustrante, no puedes ni imaginártelo.
Eso parece que la ha ablandado un poco, espero que me cuente algún detalle.
   No es que no quiera decírtelo, es que no debo. Mike me hizo prometer que le dejaría hacerlo a él.  Por favor, confía en mí. Él es mi amigo desde que tengo memoria, le conozco bien, y tú eres casi como mi hermana, nunca dejaría que te hicieran daño.
Pero estoy tan asustada, tan desconcertada, que creo que puede leerlo en mi rostro.
   Confío en él, Laura, no sé porqué pero lo hago, y también en ti, aunque eso ya lo sabes.
   Esto va a salir bien, verás—jura mientras pone la bolsa de papel amarillo en el microondas—.Y bien, ¿has decidido de qué color quieres tu vestido?
Así da por terminado el tema. Ella parece tan emocionada con todo esto, como quien le da un juguete a un niño. A penas si probé la comida recalentada. Mi estómago no está muy por la labor y menos a estas horas.
Laura me ha obligado a tomar un baño de media hora con aceite, de no estoy segura qué. Me ha obligado a dejarme maquillar y peinar. Son la horas peor empleadas de mi vida, ¿me puede explicar alguien que pretende con esto? Vas  a quedar guapa, para él. ¡Como si eso fuera posible! Le replico a la vocecita molesta.
He discutido con Laura, una cosa es que le deje ponerme un vestido corto y ajustado, pero solo porque es elegante y azul, me gusta el azul, pero de ninguna forma voy a dejarme convencer para usar tacones ni joyas, no soy esa clase de chica. Una sola joya de Laura vale todo lo que gano en un año o más, no pienso aceptar nada de eso. ¿Qué me maquille? Vale ¿Qué me ponga un vestido? Puedo vivir con eso, incluso le dejo que me eche uno de esos perfumes importados de París  pero no hay poder humano que me haga pasar por las joyas y los tacones, ni siquiera por Erick, no, de ninguna forma llevaré tales elementos de tortura.
Cuando por fin estoy lista, Laura me deja mirarme al espejo, esto es tan ridículo. La imagen que me devuelve el espejo no es la de mi reflejo, una guapa morena me mira confundida, intento rebuscar en mis rasgos habituales, puede que haya algo de mí muy en el fondo. No parezco yo, la desconocida del espejo tiene los ojos brillantes y muy abiertos, muy en el fondo parece feliz, pese a que en sus gesto se le nota tensa. Lleva un vestido de seda azul, que le cae sobre la piel morena, lo suficientemente corto para dejar a la vista sus interminables piernas, pero lo suficientemente elegante, para no lucir como una furcia. Su rostro está maquillado con discreción, un buen trabajo, parece sofisticada e interesante, aunque realmente yo no sea nada de esto.
   Estas preciosa, Kathe.
   Gracias, por el vestido, por el maquillaje…No sabría que hacer sin ti. Eres un genio.
Laura me acompaña hasta mi viejo y destartalado coche. Ella parece tan feliz, he olvidado preguntarle por como fue la conversación con Carlos, mañana no puedo olvidarlo.
   Suerte cariño, tienes que contarme todos los detalles mañana, y si no lo haces tú, ya me encargaré de sacárselos a Mike, y no creo que eso sea buena idea. ¡Dios, tu primera cita, es tan emocionante!
Y con esas palabras se aleja del coche. No me había dado cuenta de que esto era una cita ¿Pero tú eres idiota? Pregunta la vocecita, pero no soy capaz de recriminárselo. Tampoco es que no pudiera deducirlo yo solita, pero no he querido pensar demasiado en esta noche, sobre todo porque quería tener el valor para venir.
Esto es peor de lo que me imaginaba pienso entonces, mí primera y muy posiblemente mi última cita. Creo que me estoy mareando. Mientras atravieso las calles que me llevan hasta uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad, solo puedo pensar en que voy a tener una cita, mi primera cita, con Erick Maclaing.

Es el lugar más lujoso en el que he estado nunca, con arañas de cristales diminutos, las luces son más brillantes de lo que nunca he visto. Desde la entrada hasta lo que creo que es una puerta hacia el patio una alfombra morada adorna el suelo.
   Buenas noches, señorita, ¿tiene usted reserva?
Pregunta el portero, con una adorable sonrisa.
   A nombre del señor Maclaing—digo.
   ¿La señorita Steven?— asiento, incapaz de pronunciar palabra—. El señor Maclaing ya ha llegado. Por aquí, por favor.
Me conduce a través de un salón enorme, mesas a ambos lados del pasillo principal, son espaciosas, con manteles blancos con toques del mismo color morado que la alfombra. Es moderno y acogedor. ¿Hacia dónde me lleva? Me pregunto cuándo abre la puerta del salón para mí. Un reservado, tal y como dijo Laura, no me lo puedo creer.
   En seguida les envío un camarero, señor.
Erick, que estaba sentado, se levanta a recibirme a la puerta. Está tan guapo que siento ganas de llorar. Lleva un traje negro, sus pantalones llevan una raya perfecta justo en medio, una camisa blanca bajo la chaqueta, pero no lleva corbata, lo le da un toque juvenil y sensual que me derrite. Vuelve a parecer un adolescente, cuando se acerca y me toma de la mano.
   Estas preciosa, Kathe—dice, parece realmente sorprendido.
Tal vez pensaba que iba a venir con vaqueros y sudadera, no soy tan inconsciente.
   Realmente preciosa— vuelve a decir mientras pasa distraídamente su mano por sus cabellos.
   Gracias—digo en un soplo de voz.
Me toma de la mano y me ofrece la silla que está frente a la que él ocupaba anteriormente.
   ¿Qué tuvo que hacer Laura para que lleves ese vestido?
   Decir que tú se lo habías pedido—digo honestamente.
Ya suponía yo que era mentira, pero a veces, tienes que engañarte a ti misma.  Es algo positivo que no me haya besado, después de todo solo he venido hasta aquí porque no voy a volver a verle después de esta noche. Aún así, se merece una explicación y yo también. Mi subconsciente lleva sollozando desde que tomé mi decisión, pero absolutamente nada de lo que diga Erick, hará que cambie.
Vuelvo a mirarle, sus ojos oscuros están clavados en mí, parecen tristes y desolados. ¿Qué habrá pasado?
   ¿Te encuentras bien?
   Has venido a dejarme, ¿verdad?— ignora mi pregunta.
¿Dejarle? No sabía que tuviéramos algo. Mierda, sus ojos parecen los de un niño al que acaban de entregarle su juguete favorito, y aún así, le han prohibido que juegue con él. Erick aguarda mi respuesta pero yo no sé qué decirle.
El camarero se acerca sigilosamente, y sirve nuestras copas, creo que es vino, pero no podría asegúralo. Sigo mirándome las manos, no soy capaz de mirarle a los ojos.  Yo sé qué, sea lo que sea que hay entre nosotros, y no estoy segura de tener nombre para ello, no puede continuar. Yo, sencillamente no soy la clase chica que puede besar a alguien y que eso no afecte a su vida. Hasta ahora, permitirme toda esa clase de contacto con Erick, había sido un error y estoy aquí para ponerle fin.
   Sé lo que estas pensando— dice al fin—.Sé qué crees que nada de esto tiene sentido, pero dame esta noche, solo esta noche para explicártelo todo. Después… bueno ya veremos qué pasa después.
   Está bien— ¿ese chirrido es mi voz?
Algo muy parecido a un suspiro sale de su boca. Parece algo más relajado, se que nada de lo que me diga cambiará mi opinión, pero merece al menos que le escuche, por los buenos momentos. Aún así , no logro entender  porqué no puedo negarle nada. Aunque eso solo es otro motivo por el cual debo alejarme de él.
   ¿Tienes hambre?— dice colocando su servilleta sobre la mesa.
Yo niego con la cabeza suavemente, en lo último que puedo pensar ahora es en la comida.
   Eso pensaba.
Me ayuda a levantarme y me conduce a la salida principal, la misma por la que yo vine. Susurra algo al mismo hombre que me recibió, mientras tanto yo espero en la puerta, bajo el arco de madera oscuro, se ve el cielo tan claro, hay luna llena. Siempre me ha gustado el cielo de noche, el contraste entre la oscuridad y la luz, es como si todo encajara a la perfección, como si todo tuviera su lugar. Ya quisiera yo tener un lugar del cual sentirme parte, pero eso cada vez es más complicado.
   Vamos—dice Erick y me arrastra hasta su flamante audi.
   Traje mi coche— digo.
   Ya me encargué de eso.
Y aunque no entiendo lo que ha dicho, le sigo. Permito que abra la puerta del copiloto para mí y me subo, con unas ganas terribles de poner fin a todo, rezo para que esta noche no sea demasiado larga. Y sobre todo, para que después de todo esto aún queden pedazos de mi vida que se puedan recomponer.
Desde el mismo momento en que salimos, Erick sostiene mi mano con la suya. Estoy a punto de quejarme, conducir con una sola mano es peligro, pero su tacto es tan cálido y reconfortante que no me atrevo a decir nada. ¿A dónde me estará llevando? No tengo la más mínima idea.
Hay muchas más preguntas que respuestas en mi cabeza, pero de ninguna forma, voy a darle demasiadas vueltas. Puede que no tenga muy claro mis sentimiento, pero de ninguna forma voy a arriesgarme más de lo que ya lo he hecho.
El silencio en el coche es abrumado e incómodo. Miro por la ventanilla, vamos hacia el sur, veo como vamos dejando atrás las luces de la ruidosa ciudad, es raro pero todo está tan en silencio. La vocecita sigue sollozando en mi cabeza, y yo sigo tratando de ignorarla o me pondré a chillar como ella.
No puedo decir cómo pero tener a Erick a mi lado estos últimos días, ha despertado en mí la sensación de echar en falta cosas que nunca he tenido, como una familia, un beso o alguien que me abrace. Es totalmente absurdo  y ridículo, sé que tengo que poner fin a todo esto, antes de que vaya a más y acabe con el alma hecha pedazos y hay muchas posibilidades de que eso ocurra. 
Él se merece una chica hermosa, con modales refinados y rica, muy rica, sin problemas ni cargas familiares, él necesita alguien como Laura. Y yo, bueno, ya me las apañaré. Lo más duro de todo esto es que el solo imaginarlo con otra, pensar en que le va a provocar con su besos, todas esas sensaciones que provoca en mí, hace que me hierva la sangre.
He leído mucho sobre esos sentimientos, los celos, sin embargo, nunca los había sentido. Sí, celos, admito que la vocecita tenía razón, estoy celosa de imaginarlo besar, tocar o solo mirar a otra y es totalmente absurdo, porque entre él y yo no hay nada. Ni siquiera me gusta. Mentira. Grita la vocecita, que de pronto ha dejado de llorar y está atenta a mis reflexiones, parece esperanzada, gran error.
Erick suelta mi mano para retirar las llaves del coche, y eso hace que salga de mis pensamientos, he estado bastante absorta, imagino. Le veo como rodea el coche para abrir, la puerta. Sigo sin tener muchas fuerzas para moverme.
Estamos en la playa, aunque creo que es una zona privada, nunca había venido aquí. Hay un huelle, todo blanco, pero no veo ningún barco. También, un poco más alejada, hay una casa, bueno no es que ese enorme palacio playero pueda llamarse casa, la palabra no le hace justicia. Debe de ser una casa de sus padres, o amigos,… no lo sé, espero no meterme en más problemas.
   ¿Estamos invadiendo propiedad privada?
   Claro que no— parece aliviado de que por fin hablara—. Esta casa es mía.
   ¿Te regalaron una casa?
Vaya, no debería ser una sorpresa, a Laura también le regalaron una cuando cumplió dieciocho, tal vez es costumbre entre la gente rica, pero la verdad es que lo ignoro.
   No, nadie me la regaló. —Oh, parece ofendido—. La compré yo, fue lo primero que compré cuando tuve el suficiente dinero para mantener mi empresa a flote.
¿Tiene una empresa? Pero…. eso no lo sabía. Aunque tampoco tengo muy claro que es lo que realmente se de él, pero ¿una empresa? Es tan joven… ¿cuántos años dijo que tenía? Nunca lo ha dicho. Recuerdo que la noche del café, y las bragas de abuela, evadió esa pregunta
   ¿Tienes una empresa? ¿Cuántos años tienes?
   ¿Importa?—otra vez evade la pregunta
   Sí, mucho.
   Precisamente por eso no quiero decírtelo. No quiero decepcionarte de ninguna forma—su voz se crispa.
¿Decepcionarme? ¿Qué es lo que hay en su mirada? ¿Miedo? ¿Horror? Siento unas terribles ganas de abrazarlo, y lo hago. Me aprieto entre sus brazos y le dejo que me rodee con ellos, llevo todo el día deseando esto, sí, deseo esto desde que él se fue por la mañana de mi cama. Su olor me resulta tan familiar y atrayente. Quiero respirarlo una vez más y grabármelo en la piel y en el alma.
   ¿Por qué siento que me estás diciendo adiós?—pregunta.
Porque es justo lo que estoy haciendo, alejándome de aquello que me haga sufrir, pero no recuerdo que nada me haya hecho tanto daño como esto que estoy haciendo, me estoy rompiendo por dentro de solo imaginar que no voy a volver a verlo.
No sé cuánto tiempo estamos así, abrazado el uno al otro, no siente para nada incómodo. Lo estoy intentando, estoy intentando hablar con él pero no puedo, estoy luchando por encontrar mi voz.
   Tenemos que hablar, Erick.
   Lo sé, lo sé—dice acariciándome el pelo—. ¿Quieres que vayamos a la casa? Hace frío.
Asiento lentamente, y aún abrazada a Erick, con su mano derecha rodeando mi cintura posesivamente, caminamos hasta la terraza de la casa, su casa, pero no entramos, lo que está genial, después de todo, es mejor mantenerme en territorio neutral.
La terraza techada es calentita, y el sofá en el que nos sentamos, es cómodo y muy suave.
   Sé que no quieres verme más—. Empieza él, tiene las manos entrelazadas con las mías y me mira fijamente—. Pero yo no quiero que lo hagas, hace tres día te dije que quería conocerte, he cambiado de opinión.
   ¿Y qué significa eso?
   Verás, ahora conocerte no es mi prioridad. Mi prioridad, ahora mismo, es no perderte. El fin de semana pasado fue el mejor de mi vida, tenía todo lo que había estado deseando desde que tenía doce años.
Se le nota bastante nervioso, yo estoy como flotando, es tan doloroso saber que es la última vez que sus manos acunarán las mías. Inspira hondo y comienza a hablar de nuevo.
   El viernes, después de que te fuiste, ni siquiera sabía que Laura  te conocía o que iba en ese coche. Estaba tan nervioso por conocer  a Emily, tan preocupado por mi madre…, pero yo solo podía pensar en que quería besarte. Tú eres lo único que no puedo sacar últimamente de mi cabeza. Con tu mirada tierna, y tu tímida sonrisa, vi temblar tus manos mientras cogías la rosa…Pasé todo el día preguntándome cosas sobre tí ¿Su corazón tiene dueño? ¿Está roto? ¿Hay alguien más en su cabeza? No podía creer que te había dejado escapar, yo solo pensé en que debería haberte besado esa vez—. Vuelve a guardar silencio un momento—.Pero después con todo lo que pasó entre nosotros desde el viernes por la noche, incluso después de besarte, sigo sin tener respuesta a esas preguntas. Sigo preguntándome si es demasiado tarde….
No sé sobre que está hablando, no puedo entenderlo, la verdad es que esta situación me supera, porque estoy viendo la sinceridad en sus ojos y eso duele. No estoy ni emocional, ni físicamente preparada par a tanta información, menos para procesar la avalancha de sensaciones que recorren mi cuerpo.
   Lo siento, no sé qué decir, estoy… confundida— las palabras se escapan de mi boca, sin permiso.
Y no es mentira, todo lo que ha dicho no tienen ningún sentido. Pese a ello, cada una de sus palabras hacen que las esperanzas vuelvan a mí y eso es aún más desgarrador. No hay nada que pueda destrozarme más que la esperanza, ese es el peor de los males.
   Aunque todo lo que has dicho fuera cierto, no entiendo que tiene que ver con lo de no volver a verte más. Mi corazón, roto, ocupado o no, no puede tener nada que ver contigo, somos demasiado diferentes y tú lo sabes.
   Sé que va a sonar muy estúpido y precipitado. —Dice en tono de disculpa—. Cuando te vi mirar a Emily, lo supe, supe que eras tú, vi lo poco que necesitas para ser feliz, como te preocupas por los demás. Pasar el fin de semana contigo me ha hecho muy feliz, y quiero muchos fines de semanas así.
No sé porqué pero no me gusta nada por donde va esta conversación, cada vez siento que me falta más el aire.
   No sé cómo se hacen estas cosas, —dice revolviéndose el pelo—no estoy seguro, si todavía se le pide a una chica que sea tu novia… nunca he hecho algo así.
No, no puede ser que esté diciendo lo que creo que estoy oyendo. Me falta el aire, algo me está presionado el pecho. Dios, todo me da vueltas.
   Por favor, no digas más—suplico—. No quiero escuchar esto… solo te estoy diciendo que no tiene sentido, las mujeres como yo no salen con hombres ricos como tú. Sois todos iguales. No seré más que un juego, y no quiero jugar a esto…
Me arrepiento al instante de haber dicho eso, pero es verdad, es lo que pienso. No puedo permitirme el lujo de dejar que me lastimen, ni ahora ni nunca. Erick parece desconcertado, pero empieza hablar de nuevo, tomando más fuerte mis manos entre las suyas.
   Los hombres ricos como yo, según tu opinión, somos todos iguales, y es cierto. Estamos destinados a ser  solteros empedernidos y deseados por todas las mujeres—.Le miro con mala cara, pero me ignora. Presumido—. Nunca aceptamos que tenemos novia, la palabra nos aterra porque requiere sentimientos y compromiso. Sí, somos mujeriegos, mucho, pero esas mujeres son solo compañeras sexuales, nunca hay nada más. Nos da pavor renunciar a la libertad, siempre lo hemos tenido todo, cuando decíamos salta, solo te preguntaban qué tan alto. Si digo que quiero que seas mi novia, es porque es cierto. Te lo estoy pidiendo porque, por fin, he encontrado a la mujer con la que quiero comprometerme, no de esa manera  posesiva y acosadora que imaginas, solo quiero asegurarme de tener boletos de primera fila para verte despertar por las mañanas.
Eso es lo más hermoso que nunca nadie me ha dicho, y estoy segura de que es alguna frase sacada de una película cursi, o una canción, pero Erick me está mirando justo como siempre quise que me miraran, como si estuviera frente a una divinidad, algo que no merezco, yo no soy nada en especial.
Estoy tan confundida y tengo tanto miedo. Creo que se me están empañando las gafas, no, no es eso. Me las quito y noto que ¡estoy llorando! Hace años que no lloraba y aquí estoy yo, sollozando entre los brazos de hombre del que, no sé porqué, no quiero separarme.
   Vamos, cariño—dice mientras me arroja entre sus brazos—. No quiero que llores, quiero ser responsable de tu risa, siempre que pueda, pero nunca de tu llanto. Se me oprime el corazón de verte así, tan frágil.
   Lo siento—me disculpo, parezco una niña tonta—. Nunca me había planteado que alguien pudiera sentir algo así por mí y de alguna forma estoy aterrada.
No tengo nada claro, el hecho de ser considerada su novia, ni siquiera puedo pensarlo, todo esto implica sentimientos y responsabilidades, no quiero comprometer mi corazón, es demasiado apresurado, no le conozco, ni él a mí, esto es una locura, pero por otro lado, no puedo negar que siento cosas cuando estoy con él, que mueve todo  mi interior.
   No tienes que darme una respuesta ahora—dice—.Tienes todo el tiempo del mundo, no pienso irme a ninguna parte.

Erick vuelve a pasar suavemente, sus dedos entre mi pelo. Me gusta su tacto cálido y suave. Siento como me acaricia la nuca y el cuello, y como un cosquilleo recorre cada una de mis terminaciones nerviosas. Sus ojos abrumadores, me miran pidiendo permiso y no puedo negarlo, no soy capaz. Mi cuerpo está suplicando sus caricias. Quiero que me toque, me muero porque lo haga y después de un momento que parece muy largo, por fin, lo hace. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario