sábado, 28 de junio de 2014

Descenso Capítulo 10 (Final)

Descenso Capítulo 10 
A él, porque cuando lo lea, 
va a querer matarme.

Cuando me despierto, me revuelvo entre los brazos del único hombre que alguna vez haya amado. Aspiro su olor y me envuelve toda en una nube de tranquilidad y deseo. El conocido dolor en lugares concretos me recuerda que todo lo que pasó anoche no fue solo un sueño, fue la más perfecta de mis realidades.
Miro al reloj de la mesita de noche y veo que son apenas las cinco, pero ya no tengo sueño, quiero salir corriendo, ponerme a bailar, incluso me atrevería a cantar. Pero entonces descubro la mejor forma de canalizar el flujo de mi felicidad.
Voy a hurtadillas hasta el armario, saco unas bragas limpias y la camisa negra que Erick dejó la primera noche que se quedó a dormir y me cubro con ella. Camino descalza hacia el lado opuesto de la habitación, hasta el escritorio, enciendo el portátil y me pongo las gafas.
Las letras fluyen una tras otra mientras la historia que llevo escribiendo desde hace semanas empieza a tomar forma. Una de las cosas de escribir es que puedo realmente elegirlo todo yo, se exactamente que puedo solucionarlo todo, y si realmente meto la pata puedo borrarlo y empezar de nuevo. En el mundo real nada es así y sé que con Erick estoy jugándomelo todo al quizás. Es como la diferencia entre escribir en ordenador o en una de esas antiguas maquinas de escritura. En el primero tienes la opción de borrarlo con una sola tecla, en la otra tienes que empezar de cero, llena da frustración o resinación. Pero no tengo miedo, bueno sí, un poco, pero no tanto como para abandonar.
—Hola —dice Erick y besa mi hombro desnudo.
—Hola, guapo y desnudo desconocido —digo intentando parecer divertida.
Me inclino para besarle en los labios, y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello.
—Estas muy feliz esta mañana….
Cuando lo dice miro por la ventana y veo que ya empieza a salir el sol. Sé que tengo que prepararme para mi último día de universidad, al menos por este curso, pero no quiero ir, prefiero quedarme aquí, justo donde estoy ahora.
—Será por todo ese sexo —confieso y me sonrojo.
—Ah, ¿quieres repetir?— pregunta juguetón.
—Mmm… puede… —digo mientras acerco mis caderas a las suyas.
—Creo que he creado un monstruo.
Mientras me besa puedo sentir como la erección en sus pantalones comienza a volver al terreno de combate. Arqueo las cejas para que le quede claro que me he dado cuenta.
—Supongo que nunca voy a tener suficiente de ti.
Y eso es exactamente lo que quiero.
Mientras rebusco en la cocina por algo comestible solo encuentro las variedades múltiples de cereales integrales que consume Laura. Tengo mucha hambre, y eso no me apetece para nada. Voy hasta la nevera y saco toda la fruta que encuentro y las voy cortando en dados, las coloco en un bol, luego vierto en él sirope de chocolate.
Devoro el desayuno a solas y en silencio, pero estoy pensado en Erick, que se está duchando en mi baño, estoy realmente tentada a volver a dentro y suplicarle que me deje lavarle la espalda…
—Hola —dice Laura.
Está perfectamente vestida y arreglada, lleva unos vaqueros oscuros que se le ajustan como un guante y una camiseta verde. Está tan guapa que duele verla, pero claro, Laura siempre va perfecta.
—¿Tienes ideas de cuantas calorías tiene eso?
—Me importa una mierda… Tengo hambre.
Yo no suelo decir palabrotas, pero ella me mira y sonríe.
—¿Me das un poco? —pregunta mientras se sirve el café.
—Claro —digo al fin— ¿Qué tal estas?
—Genial… Carlos se quedó a dormir... —Así que ella también…— Se ha ido muy temprano, tenía que ir a trabajar.
—¿Cómo fue el fin de semana con tus padres? Siento que te hayas tenido que ir antes de lo planeado…
Tengo que disculparme, por mi necedad al no escuchar a Erick y la escenita de celos patética que monté, él la llamó y Laura tuvo que interrumpir su momento.
—No te disculpes, fue una suerte salir antes. A mi padre le encantó Carlos, aunque claro no creo que pensara lo mismo si no supiera la cuantiosa fortuna que tiene su padre. Tuve que soportar todo esos absurdos comentarios de mamá sobre ser una buena esposa, ¿te lo puedes creer? ¡No estuvimos solos ni un segundo!
—Lo siento. Pero es tu relación, tu vida… Ya lo entenderán…
—¿Hay café? —pregunta Erick.
Solo lleva el pantalón de chándal, nada de camisa o zapatos… y se ve tan sexy, me cuesta no tirármele encima. Contrólate, me digo. Le veo sentarse al lado de Laura y besarle en la mejilla.
—Mike, cada día te pones más bueno. —Doy fe de ello pero no hago ningún comentario—. Kathe.
—¿Qué? —pregunto mientras termino la taza de té.
—¿Cuándo me vas a contar que tal es acostarse con este semental?
—¡Laura! —Le recrimino.
—Venga —dice divertida—. Anoche estabas muy comunicativa
—¿Nos escuchaste? —pregunto.
—Yo y todo el vecindario, cariño.
Me sonrojo, y la vergüenza recorre todo mi cuerpo. Erick no parece inmutarse cuando busco su mirada, él sacude la cabeza de un lado al otro. Y ese simple hecho, me da tranquilidad.
—Es imposible que nos hayas escuchado… Ya sabes, por eso de que tú estabas haciendo lo mismo… —Laura parece sorprendida—. He visto a Carlos irse esta mañana.
Laura simplemente se encoje de hombros y me mira. Para mi suerte, cambiamos radicalmente de tema, la verdad es que hablar de mi vida sexual, ahora que tengo una, no me gusta demasiado, al menos no si tengo a Erick y Laura haciendo bromas sobre ella; para eso aún no estoy lista.
—Tenemos que irnos —dice Laura.
Pero ya estoy cogiendo mis llaves y camino hacia la puerta. No puedo creer que al fin hoy vaya a ser mi último día de trabajo y en la universidad. Tendré dos meses solo para descansar…. El único problema es que no voy a verle en todo ese tiempo. Había planificado el verano para estar con mamá pero cuando Erick irrumpió en mi vida, sin permiso previo, cambió todo, demasiado rápido para que haya tenido tiempo siguiera de incluirlo en mis planes. Pese a eso, no hay una sola cosa que quiera hacer lejos de él.
Las horas en Imagination doors, como siempre pasan como en un suspiro. El señor Martin me asegura que tendré mi puesto de trabajo cuando regrese aquí en septiembre, pero sé que le echaré de menos, como hago cada verano.
El olor familiar a libros nuevos, es como un bálsamo que me ha estado llenado todos estos años, no hay día que no le agradezca por haberme aceptado aquí.
Cuando dan las siete, recojo mis cosas y le prometo a mi jefe que le traeré esa botella de vino joven que tanto le gusta. Este lugar me trae tanta paz como mi propia habitación, siempre echo de menos las tardes. Supongo que disfruto de mi trabajo porque no vivo para trabajar, simplemente trabajo para vivir.
Las puertas se cierran tras de mí y me quedo como una estatua justo enfrente de un maravilloso hombre vestido de azul que me mira solo a mí. Erick reposa contra las brillantes puertas de su coche, luce relajado y enloquecedoramente guapo. Trato de dar un paso pero mi cerebro tiene efecto retardado. No me había dado cuenta de la falta que me hace, a su lado el sol brilla un poco más y el mundo gira un segundo más lento y aunque estoy segura de que es lo más cursi que he pensado nunca, es exactamente lo que siento.
Me acerco a él y sin decir nada le abrazo, Erick me sostiene entre sus brazos como a un pájaro herido, con sumo cuidado. Entierro mi rostro en su cuello y aspiro ese olor tan característico, que me hace sentir frágil y vulnerable. No puede ser que no me haya dado cuenta antes de cuanto le había echado de menos, es absurdo y abrumador porque solo hace unas horas que no le veo.
De cualquier forma, me siento mejor que en todo el día, acaricio la sensación y la guardo en lo más profundo de mi alma. No quiero olvidarlo, por más que me empeñe en negarlo, sé que estoy enamorada, justo ahora.
—Hola —murmuro lentamente.
—Te he echado de menos —dice besando mi pelo—. ¿Te apetece pasar la noche haciendo de niñera?
—¿De qué hablas?
—Es tu última noche en la ciudad, por dos largos meses… Y no quiero pasarla sin ti. —Erick definitivamente sabe decir las palabras correctas para hacer que me derrita—. Pero prometí a mis padres cuidar de Emily esta noche, es su aniversario y querían ir a cenar fuera.
—Claro.
Pasar toda la noche con Erick era como el chocolate, algo lo que nunca he podido resistirme, además agrega a ello, ver esos ojos de ternura cuando mira a su hermana como un pedazo de cristal, no puede pagarse con nada. A veces pienso que si las cosas hubieran sido de otra forma yo ahora también tendría un hermano, pero eso nunca va a pasar.
Erick conduce con la vista fija en la carretera, pero cada pocos minutos aprieta su mano sobre la mía, como si quisiera comprobar que sigo allí, y el saber que de alguna forma también piensa que es demasiado perfecto para ser verdad, me reconforta de sobremanera.
Mi perfecto caballero inglés, abre la puerta de su casa para mí, justo como hace siempre con el coche, y aunque está totalmente pasado de moda, adoro el gesto.
Danna y James están sentados en el sillón del salón. Nunca les había visto tan elegantes y sonrientes, hasta un ciego vería que el amor que se profesan tiene dotes de devoción. Danna lleva un vestido rojo con tres pequeñas flores justo debajo del pecho, no hay ningún símbolo de su reciente embarazo, a penas y lo puedo creer.
Emily descansa en una pequeña cesta para bebés a su lado en el sofá. Sus padres se levantan justo cuando Erick y yo nos acercamos a ellos.
—Buenas noches —murmuro.
—Hola querida —murmura Danna, atentamente.
—Felicidades, están estupendos.
—Gracias —murmuran ambos a la vez.
Erick toma mi mano y me arrastra para que me siente a su lado. Me siento un poco extraña entre ellos. Erick es la persona que paga mis estudios y sus padres mis profesores, seguiré sin acostumbrarme a esto, estoy segura.
—Le acabo de dar de comer a Em, volveremos antes de las once —comenta Danna.
—Tranquila mamá, cuidaremos de ella.
—Lo sé, cariño.
El profesor Maclaing coloca un abrigo oscuro sobre los hombros de su esposa y ambos besan la pequeña cabecita de Emily, que tiene los ojos completamente cerrados. Erick y yo les vemos subir al coche negro que les espera frente a casa, la imagen se me antoja, quiero tener algo así. Erick tiene absolutamente todo para ser feliz y sin embargo permite que forme parte de esa felicidad, no hay forma de que yo encaje aquí, pero, ahora mismo, no tengo intención de renunciar a ello.
—¿Desean algo de cenar, señor? —pregunta la misma señora que vi en la cocina, la otra noche. Debe de ser la cocinera.
—No, Silvia, gracias, nosotros mismos haremos la cena. Se puede retirar. Buenas noches.
La señora se aleja con un suave, buenas noches, y se aleja hacia la cocina. Miro cuidadosamente a Erick, ¿quiere que yo cocine? No es que me importe, solo que no tengo ni idea de cómo cocinar aquí.
—¿Qué?
—¿Me quieres de cocinera? —pregunto.
Él niega lentamente con la cabeza y coloca sus manos alrededor de mi cintura, me besa en la punta de la nariz y no puedo evitar sonreírle.
—Esta noche voy a prepararte, mi platillo estrella de cenas…
—¿En serio? ¿Y en qué consiste?
—Es algo, muy difícil y por supuesto toda una exquisitez, algo a lo que llamo sándwich de queso.
No puedo evitar sonreírle, mientras me arrastra a la cocina. Coloco a Emily justo a mi lado y le veo preparar la cena, se le ve relajado y hogareño. Sinceramente, no sé qué va a pasar en los próximos dos meses, sé que Erick y yo tenemos que habar de ello. No quiero perderle, pero solamente nos conocemos hace pocas semanas…
—Puede que no sea un gran cocinero, pero para nuestra suerte, mi padre tiene la mejor reserva de vino de la ciudad, así que puedo ir por una de esas botellas especiales.
—No —pido—. Necesito todos mis sentidos esta noche. Una coca-cola estaría bien.
Hago mi mejor esfuerzo por sonreír ampliamente, pero sé que él nota que no estoy bien del todo. Me besa en la mejilla castamente y recuerdo como se sienten sus labios por todo mi cuerpo y un escalofrío me recorre el cuerpo.
A pesar de lo típico del pensamiento Erick ha cambiado mi vida en cuestión de días, y sigo sin encontrar la forma de conciliarlo con la antigua yo.
Mi vida nunca ha tenido muchos sobresaltos, no ha habido un para siempre, casi siempre fue nunca y algún que otro tal vez. Puede que mucha de la responsabilidad haya sido mía, pero ahora me doy cuenta de que se podía haber, de alguna forma, evitado.
De cualquier forma, es muy extraña la forma en la que Erick me hace sentir, como una súper estrella, la reina de los sesenta. Es increíble como mi nombre suele brillar cuando lo pronuncian sus labios o mis manos tiemblan tanto si lo tengo demasiado cerca como lejos. ¿Le pasará a todo el mundo lo mismo? No lo sé. De repente estoy sintiendo compasión de mi misma, no sé porque no pude conseguir a nadie antes…
—¿Pasa algo, cielo?
—Nada importante, solo me preguntaba, si había algo de malo en mí.
Erick inmediatamente aparta la sartén del fuego y me mira confundido, como si de repente yo anduviera sobre el fuego ardiendo.
—Nunca pienses eso… Eres perfecta, además, te quiero, tal y como eres.
—Ya… —Y me derrito al escucharle decirme eso—. Solo pensaba en que nunca ha habido nadie más.
—Y si depende de mí, no los habrá. — Me besa tiernamente en los labios—. Además, estoy feliz de que los demás hombres que ha habido a tu alrededor, fueran lo suficientemente tontos para dejarte escapar.
Vuelvo a fijar la vista en mis propias manos que hormiguean por las ganas de fijarme a Erick como una perla a su concha. No puedo pensar en una forma fácil de decirle que no estoy muy segura de que venga a ver a mamá conmigo. ¿Pero en qué diablos estoy pensando? Él nunca vendría conmigo, si hubiera querido ir, ya lo hubiera dicho.
—La cena está servida —murmura, Erick, mientras coloca un sándwich delante de mí—. Esto huele estupendamente.
—Si muero de envenenamiento, juro que volveré a quitarte la manta por las noches —digo, intentando parecer divertida.
—Creo que serias una fantasma muy pervertida.
—¡Erick! —Me siento sonrojada.
—Si mueres será de agotamiento, y para ello, te aseguro, no necesitamos mantas.
No hay forma de que responda a eso sin perder la cordura, no hay manera que Erick vuelva a hablar del tema si quiere que coma algo.
—¿Podemos ver la tele cuando terminemos de cenar? —pregunto.
—Podemos hacer lo que quieras.
Quiero retrasar el momento de hablar con él, pero aún puedo permitirme alargar mi noche con él, eso sería fantástico. Además hoy toca mentes criminales y no quiero perderme el regalo sexy y desmesurado que representan Dereck Morgan y sus vaqueros caídos
Terminamos los restos de la cena en silencio, uno sencillo y para nada incomodo, no es como si nos hubiéramos conectados, porque la mirada de Erick nunca me deja.
—Fregaré la loza —ofrezco.
—Puede hacerlo Silvia después.
—No quiero ser una completa inútil. —Sus ojos son acusadores—. ¿Por favor?
—Vale, acostaré a Em y traeré el escucha bebes, vuelvo enseguida.
Y lo hace, solo unos pocos minutos después de que termino con la loza, él está abrazándome, su pecho contra mi espalda, su cuello reposando en mi hombro y sus labios sobre el lóbulo de mi oreja, es tan tentador…Ruedo entre sus brazos y presiono mi frente contra la suya.
—Te quiero. —Mi voz es un susurro apagado.
No es muy propio de mí hacer este tipo de declaración espontánea pero Erick tiene que saberlo. Nunca ha habido un silencio tan alto como este en mi cabeza, es como si de repente no hubiera ninguna otra palabra adecuada.
—Te adoro, cielo. Tus ojos, tu piel, hasta esa obsesión inmadura por Morgan. Vamos, te permitiré babear por él, solo porque soy yo quién estará a tu lado en el sofá.
La televisión se escucha como ruido de fondo, no hay forma en la que me pueda concentrar en otra cosa que no sea mi cabeza sobre el pecho de Erick, sus manos entrelazadas con las mías, sus labios recorriendo mis mejillas.
Las sensaciones que provoca Erick en mi, van más allá de este momento, es como si por un segundo sintiera que las estrellas brillan solo para nosotros, como si fuera la reina que aunque puede matar sus propios dragones, suplica que tenga larga viva para recibir la ayuda del rey, porque de alguna forma juntos moveremos montañas, haremos montañas.
—Me gustas, Kathe, demasiado. —Erick acaricia mi vientre por debajo de la camiseta azul y la sudadera de rigor.
—No voy a dejar que me metas mano. —Advierto.
—¿Por qué? —Sus ojos de cachorrito me deshacen.
—Primero, porque estamos en la casa de tus padres y segundo porque este es su sofá.
Ambos reímos como niños pequeños. Estar con Erick, a su lado, se siente más que bien, en realidad se ve como algo correcto, es como esa sensación de querer algo pero no sabes qué. Sé que es lo que quiero, incluso está aquí, sentado a mi lado en el sofá, mi único problema es que no sé cómo voy a retenerlo.
Es absurda la forma en la que alguien puede meterse en tu vida y no convivirla si no está lo suficientemente cerca. Supongo que la lógica no tiene un papel importante cuando se habla de sentimientos
Creo que prefiero parecer una niña tonta y cursi que volver a cuando no le conocía. Porque ahora sé que la soledad no es buena, ahora entiendo porque prefiero una cárcel a ser libre sin Erick, según yo, la libertad no sería otra cosa, más que extrañarle. Vivir sin Erick sería como intentar apagar un fuego con alcohol, sencillamente me provocaría un dolor de mil demonios.
—Dulce, te has dormido —murmura Erick contra mis labios.
—Lo siento —digo mientras intento ponerme lo más verticalmente posible—. Supongo que no he sido de mucho ayuda. ¿Necesitas algo?
—Todo lo que necesito esta aquí, justo a mi lado.
¿Quién no podría querer a un hombre así? Que me pongan las esposas, me niego a dejarle ir.
—¿Quieres quedarte a dormir?
—¿Qué dices? No seas loco, en cuanto lleguen tus padres me marcho.
—Llegaron hace un rato, han subido ya a acostarse.
—¿Qué hora es ? —Oh, tenía que quedarme dormida. Fantástico.
—Casi las doce. ¿Te llevo a cada?
Niego lentamente con la cabeza aún hay un par de cosas que decir y hacer antes de dejarle y si de mí depende esta noche no dormiré en casa.
—¿Podríamos ir a la casa de la playa? —pregunto tímidamente.
—Claro. Cojo las llaves y nos vamos.
Me encanta la casa de la playa, me da paz y hace que me sienta tan cerca de Erick que me cuesta pensar en algo más que en tenerle bajo mis dedos.
—¿Quieres entrar? —pregunta mientras caminamos por el pasillo de madera blanco.
—No, la verdad. Si quería que viniéramos aquí es porque quiero hacer el amor contigo, en la playa.
No estoy segura de si es una súplica o una orden. Solo sé que se me nubla la vista. Nada puede hacerle justicia al cielo estrellado, pero ahora mismo estoy algo más que absorta porque los labios de Erick están sobre los míos. Por un solo segundo me pregunto si hay más estrellas en cielo que granos de arena en la playa, pero él me quita la camiseta y esa pregunta queda opacada, ni las estrellas y los granos de arena sumados serían más que las mariposas que asaltan mi estómago.
El sexo con Erick siempre ha sido definitivamente increíble, pero más allá de lo físico, no hay forma correcta de describir las sensaciones que recorren a mi alma cuando él se queda junto a mí, en silencio, solo sincronizando nuestras respiraciones. Es como si siempre fuera medianoche cuando está tan cerca de mí, como si estuviera soñando con centenares de estrellas que me susurraran su nombre.
—¿Estás bien? —pregunta de repente.
—Mejor que nunca.
Estoy besando sus labios de miel, mientras descanso desnuda sobre su cuerpo. Siento mi cuerpo estremecerse bajo el tacto de sus dedos, nunca voy a hartarme de él, y daría lo que fuera para que él tampoco se hartara de mí.
—Tengo hambre —dice de repente.
—¿Otra vez? Pero si acabas de comer.
—Usted, señorita, acaba de agotar todas mis energías. Además, ¿no es una estupenda noche para desayunar a media noche?
—Estás loco —acuso.
—Creí que eso ya estaba claro. Estoy totalmente loco por ti.
No tengo la menor idea de donde están nuestras ropas, pero Erick y yo caminamos deprisa hasta la casa, desnudos. Puede que él tenga hambre, pero antes los dos necesitamos una ducha. Creo que eso podría aclarar mis ideas. Pero Erick acaba de meterse en la ducha conmigo, vaya, otra distracción.
Tomo un poco del gel de ducha que tiene en el baño, es inconfundiblemente su olor a menta, algo tan característico que solo podría pertenecer a él. Lo retuerzo entre mis manos y lo acerco a su piel perfectamente morena. Puede que mi intención no fuera nada sexual, pero el cuerpo de Erick es la expresión de sensualidad masculina más clara que alguna vez haya imaginado.
—Me encanta el tacto de tu piel mojada —murmuro de forma inconsciente.
—No hay una sola cosa que no ame de ti. A veces creo que te estás convirtiendo en una adicción.
Cubro su boca con la mía y lo acerco más a mí. Su cuerpo reacciona bajo mi contacto y el calor inunda mi sangre. Creo que mi verdadera adicción es Erick, pero definitivamente, con respecto al sexo, soy insaciable.
—Vamos a la cama. —No quiero partirme una pierna aquí.
No puedo siquiera contestar, Erick me toma en sus brazos y me lleva a la cama, casi me parece mal mojar las impolutas sábanas con nuestros cuerpos mojados, pero Erick empieza a besar mis pechos y la idea desaparece.
Sus labios retuercen mis pezones, y yo me encuentro volando alrededor de una nube de placer indescriptible. Sus manos se deslizan sobre mi cadera y provoca pequeños espasmos concentrados en mi vagina. Mi corazón se acelera por la anticipación de lo que sé, va a pasar.
El peso del cuerpo de Erick aplasta el mío y sus labios seductores mordisquean los míos. Puedo sentir su palpitante miembro sobre mi vientre y el ansia de tenerle en mi interior se dispara.
—Erick… —Y su nombre suena como una súplica ahogada.
Con un ligero impulso, me coloco a ahorcadas sobre el cuerpo escultural de Erick y acaricio sus pectorales con mis manos, arrastro mis labios sobre su piel, y el ligero olor a menta me lleva a cientos de kilómetros de la realidad.
Las manos de Erick acarician mi espalda cuando introduce su pene en mi interior. Aún me maravillo de cómo mi cuerpo se amolda a cada parte del suyo, como dos piezas en un puzzle perfecto. Sus penetraciones rudas y continuas hacen palpitar lo más hondo de mi ser.
Mi cuerpo se eleva al compás que sus envestidas, siempre buscando algo más, solo un poco más. Siento las contracciones de mi piel alrededor de Erick cuando el orgasmo me invade completamente hasta que me dejo car, agotada sobre su cuerpo. Con la respiración demasiado agitada para poder estar segura de si aún sigo viviendo.
Cuando los latidos de mi corazón vuelven a su palpitar normalizado, Erick me atrae más junto a él. Sentados en la cama, Erick juguetea con mis manos, mientras mi espalda descansa en su pecho.
—Nunca voy a tener lo suficiente de ti.
—Cuento con ello —digo.
—Quiero hablar contigo sobre tu viaje.
Sabía que esto iba a pasar, por favor, que no se acabe, no tan pronto. ¿Pero que estoy esperando? ¿Qué venga dos meses a casa conmigo? Imposible. Además estoy demasiado asustada sobre como de rápido van las cosas entre Erick y yo como para presentárselo a mamá.
—Sé que tienes que irte, sé que necesitas pasar tiempo con tu madre. —Él lo entiende—. Sé también que estás preocupada por lo que pueda pasar. Créeme, voy a estar aquí, a cualquier hora, en cualquier momento, pero si hubiera alguna forma de acortar la distancia solo dila.
Pero no articulo palabra, solo me quedo así, callada, simplemente siendo demasiado estúpida para admitirle que tengo miedo de caer. Demasiado asustada para admitirme que quiero que venga conmigo.
Pero el silencio apodera de la habitación, y yo temerosa, estúpida y con ganas de que un gran agujero me trague me quedo dormida entre los brazos del único hombre que he querido.
De camino a casa, el aire dentro del coche se siente pesado, sé que Erick está esperando una invitación que yo no puedo hacer. También sé que la culpa es mía, y como no tengo intención de mostrarme débil, intento ocultar las lágrimas, a punto de saltar de mis ojos, con la visión del sol iluminado los cristales del coche.
Erick se detiene justo detrás de mi coche, justo delante de la puerta de casa. El motor se apaga y el silencio se apodera del espacio vacío.
—Kathe…
—No, por favor —suplico.
Y salgo disparada del coche, aún no sé que voy hacer, no tengo idea de lo que soy capaz de hacer. Una ducha caliente calma los tensos músculos llenos de miedo e ilusiones rotas. No es de extrañar que nunca tenga muy claro que hacer cuando se trata de él, todo es tan fácil que parece irreal.
Dentro de casa, termino de colocar la ropa en mis destartaladas maletas mientras pienso en Erick, en que realmente no sé cómo voy a despedirme de él, ni siquiera sé si va a llevarme al aeropuerto como prometió. Dentro de poco saldré camino a casa, el único lugar al que pertenecía, hasta que le conocí. ¿Es que también puede el miedo arrebatarme eso?
Cojo el teléfono y de forma mecánica llamo a Carol. Son un poco más de las tres de la tarde y estoy segura de que mamá ya despertó de su siesta. No hay forma de explicarlo, pero necesito saber que ella me está esperando porque no hay forma en que pueda irme de no ser así.
—Dios, Kathe, que bien que llamas, tu madre quiere hablar contigo. Un segundo.
—Gracias, Carol.
—Hola, Katty.
—Hola mamá. ¿Qué tal te sientes hoy?
—Genial, te tengo una sorpresa, para cuando vengas a buscarme.
—Me alegro de que estés tan feliz. —El tono melancólico de mi voz es absurdo.
—Pero tú no lo estás, ¿qué sucede?
—Nada mamá, es solo que te he echado de menos. —Para mi suerte no he decidido ser actriz porque me moriría de hambre.
—Katherine, no me mientas. —Oh conozco ese tono, lo usa siempre que le miento—. ¿Es por ese hombre?
—Si. —Y mi voz suena como un aullido ahogado.
—¿Te hizo algo? —Su voz suena preocupada.
—No, mamá. Él es perfecto, el problema es mío. Solo es que... Erick tiene una extraña capacidad para hacer que mi mundo se vuelva de cabeza.
—Oh tesoro, no puedes vivir siempre con miedo, tú no eres yo, él no es tu padre. A veces, sencillamente tienes que dejar a la gente entrar.
—Lo sé mamá, pero todo va tan rápido y yo... —A mamá sí que puedo decírselo—. Tengo miedo.
—Lo entiendo, pero ¿no es mejor la realidad que él? ¿y si? Invítale, quiero conocer al hombre que le ha robado el corazón a mi niña. —Y sé que voy hacerlo.
—Tienes razón, gracias, mamá. Te veo en unas horas.
—Te quiero.
Y en cuanto cuelgo el teléfono recuerdo que Erick dijo que iba a ir a ver que tal va la redecoración de su futuro despacho, pero no sé la dirección. Entonces, solo hay una cosa que puedes hacer. Dice mi subconsciente. Y tiene razón.
—Laura —gritamos las dos a la vez.
—¿Ahora que hice? —dice la esplendida rubia, en su entrada triunfal.
—Dime que sabes dónde está la nueva oficina de Erick. —Las palabras salen desbocadas de mi boca.
—Claro en la sexta con la veintiuno, ¿por qué? —pregunta
—Tengo que ir a buscarle. Quiero que venga a casa conmigo. — Y mientras corro a la puerta de salida le grito—. Éste no se me va escapar.
—Kathe, espera. Explícame esto.
Escucho a Laura gritar y quejarse pero ya no la escucho, solo puedo pensar en los cálidos labios que echo tanto de menos que duele.
Conduzco casi de forma temeraria por las agitadas calles llenas de tráfico. No hay forma en la que pueda estar tranquila, mi impaciencia se multiplica. ¿Cómo he podido ser tan cobarde? Érick merece saber que le quiero, que es absurdo pero que no voy a ser la que detenga esto. Que por fin voy a dejar atrás el pasado porque quiero que él sea mi futuro. Tiene que saber que mi pasado ha ido en descenso desde que le conocí, que es ahora el fin de una década, pero estar a su lado en el principio de una era mágica a su lado.
Tengo que decirle que recuerdo como se sienten sus manos sobre mi piel cada vez que pienso en él, que quiero mil despertares a su lado. Quiero que hagamos magia, juntos, que veamos juntos a la luna brillar solo para nosotros.
Tengo que hacerle entender que puedo mover montañas junto a él, porque siento que no tengo miedo si está a mi lado, que los confetis brillan en mi vida desde que él decidió meterse en ella.
Erick tiene que saber que es la única persona que piensa que soy divertida cuando me enfado, que pienso que es tan perfecto para mí que me da miedo reconocer que los mejores momentos de mi vida los pasé junto a él.
Tengo que decirle que le quiero, ahora y hasta que no haya más opciones. Que gracias a él, pude entender porque merezco que alguien me quiera. Tengo que decirle porque siento que puedo con todo, solo si él está a mi lado en el sofá. Ahora mismo quiero hacer lo mismo que hizo conmigo, desde el principio. No voy a darle más opciones que quedarse junto a mí.
Por fin, admites que le necesitas en tu vida. Murmura mi subconsciente. Y por esta vez, no puedo estar más de acuerdo.
Sé que Erick no puede venir dos meses conmigo, pero no por eso tengo que romper el sortilegio que hay entre nosotros, puedo venir a verle, puede irme a ver, podemos hablar, nada va impedirme estar con él. Nada, excepto él y yo, importa lo suficiente.
Detengo el coche en el aparcamiento de las grandes oficinas y subo hasta el piso diecisiete, donde está la oficina de Erick y nunca un viaje en ascensor había parecido tan largo. Sé que no debería interrumpirlo, que no debería venir sin ser invitada pero tengo que hablar con él.
El ascensor parece demasiado lento, y estoy fuertemente tentada a subir por las escaleras. Cuando finalmente las puertas se abren, la estancia amplia y bien iluminada, me recuerda a Erick. Colores claros y cremas, con decoraciones verdes y azules en los lugares adecuados, parece un lugar relajante y profesional.
Me acerco con cautela pero impaciente, a la mesa donde una preciosa pelirroja esperaba sentada
—Hola.
—Buenos días. ¿Necesita usted algo? —pregunta amablemente con un adorable acento inglés.
—Necesito hablar con Erick, ¿está aquí?
—Lo lamento pero él no puede atenderte.
—¿Podría decirle que Kathe está aquí? Por favor, es muy importante.
—Lo siento, niña, pero mi prometido, no puede atenderte.
Yo definitivamente tengo problemas auditivos, porque estoy por jurar que ella no acaba de decir prometido.
—¿Disculpe? Usted acaba de decirme que Erick Maclaing es su prometido… —No creo que haya sonado para nada como una pregunta.
—¿Es que no he sido lo suficientemente clara? —Su rostro se tiñe de rabia.
—Me tengo que ir —digo y salgo corriendo hacia los ascensores. Dios, por favor, por favor, que sea un mal entendido. Estoy a punto de subirme cuando escucho la masculina voz de Erick que proviene desde la oficina.
—Brooke, ya nos podemos ir.
Y la veo colgársele del cuello y besarle. Él no hace nada por impedírselo. Erick de repente levanta la mirada y me ve allí parada como una estúpida. Se deshace de la pelirroja colgada a su cuello.
—Kathe. —Le escucho gritar cuando las puertas de ascensor se cierran poniendo distancia entre nosotros.
Dentro de la soledad del ascensor las lágrimas abaten mi rostro, lo cubren de dolor y tristeza. Salgo corriendo hasta mi coche con la desesperada ilusión de que todo sea un sueño, pero no lo es. Me subo al coche con afán de huir de la realidad.
Yo misma me he buscado el dolor, siempre que es demasiado perfecto para ser real, es porque es mentira. Y caí en ella como un ratón en una trampa de queso.
Pongo el coche en marcha y me dirijo a la salida más próxima, con la vista nublada, con las gafas empañadas, no solo por las lágrimas sino por la vergüenza y la humillación.
Erick se abalanza sobre el cristal de mi ventanilla derecha, está cerrada. No voy a dejarle entra. Su sola visión me hace destrozar el corazón en diez mil pedazos.
—Katherine, por favor, escúchame.
Pero no lo hago, no me detengo. Sigo conduciendo en dirección a casa, no a la casa de Laura, donde pasé algunos de los momentos más felices y falsos de toda mi vida. No, vuelvo a casa, con mamá, a donde pertenezco, porque la jaula de oro que me ofrecía Erick, no era más que mentiras para endulzarle el oído a la estúpida de turno, que se dejo envolver como un ovillo de lana.
Me pierdo entre las carreteras abarrotas de gente, y los destrozos de un corazón que, al final, terminó más destrozado que una estatuilla de cristal que se escapa de entre las manos.
Yo tenía mis reglas, y las rompí, solo yo soy la responsable de que me hayan utilizado como un juguete en manos un perfecto experto. Al parecer Erick no resultó más que un especialista en hacerme tocar el cielo con las manos, solo para que la caída fuera aún más devastadora.
Ahora ya no me siento libre y salvaje, ya no escucho el palpitar de mi corazón desbocado, o esa colmena de abejas que revoloteaban en mi estómago cada vez que pensaba en él. Después de todo, yo no tenía permiso para entregarme a él, y lo hice. Mi libertad, no resulto más que una cárcel de mentiras que ahora caen sin parar sobre mí.
Tenía que haberme dado cuenta de que esto era un error cuando yo misma me decía que corriera tan rápido como pudiera. Se acabo para mí eso de romper las reglar una y otra vez. Se acabaron las absurdas ideas de que mi vida giraba alrededor de él. Y ahora que tengo el suelo hundiéndose bajo mis pies, no me queda más que acertar que mi cielo azul se ha convertido en un día de nubes grises.
Con el dolor abrazándome, no me queda más que culparme por no haberlo sabido. Ahora está tan claro que me siento como un pedazo de papel, tirado en una esquina, para que se consuma bajo el fuego de la mentira.
Me centro en la carretera y en las horas de conducción, porque yo no noté que él siempre mantuvo las líneas borrosas, para que yo pudiera envolverme y ver exclusivamente lo que yo necesitaba ver. La decepción es, después de todo, el ingrediente secreto de esta ecuación.
El paisaje se difumina con la velocidad, siento mi pelo moverse bajo el aire y las letras del cartel que me da la bienvenida a otra ciudad, me encoje lo más profundo del alma porque mientras me alejo de Erick, de mi pasado y lo que soñaba con que fuera mi futuro, siento como si descendiera en caída libre. Estoy lanzándome sin protección montaña abajo, he estado en lo más alto junto a él, pero ahora, me siento sin fuerzas, sin esperanzas, sin sueños, o deseos de continuar. Estoy en constante descenso.
Fin



Descenso Capítulo 9

Descenso Capítulo 9 
A él, porque cuando lo lea, 
va a querer matarme.


Los primeros rayos del sol del mediodía se filtran entre las cortinas blancas y me acarician la piel desnuda. Miró a mí alrededor, las sábanas están envueltas alrededor de mis pies, normal que haga tanto calor, si tengo todas las ventanas y la puerta cerradas.
Me siento distraída sobre la cama y todos los recuerdos de la noche anterior me asaltan, sin lugar a dudas, el vacío que hay en mi corazón desde anoche sigue aquí.
Miro al reloj de la mesilla de noche y puedo ver que son casi la una de la tarde, no es normal que duerma hasta tan tarde, pero totalmente comprensible dada la situación.
Es domingo, tengo que llamar a mamá, ¿cómo voy a decirle lo que está pasando? No creo que sea buena idea, solo quedan dos días para el cierre del curso, puedo buscar un pequeño hotel, y hablar con el señor Martin y cambiar mis turnos de trabajo, y adelantar el viaje a casa, allí podría conseguir otro empleo. De la forma que sea tengo que irme de esta casa, y he de aprovechar que Laura sigue en casa de sus padres, no quiero verla.
Sin tomar ninguna decisión llamo a mamá, y solo escuchar su voz me trae tranquilidad, no puedo contarle nada de lo que ha pasado aquí, no puedo preocuparle más de lo que está, pero le prometo que iré a pasar parte del verano con ella, que podremos volver a casa y sé que solo esa promesa la ha hecho feliz.
Empezaré a hacer el equipaje después de un imprescindible té, me digo a mi misma cuando coloco la gran maleta oscura sobre mi cama. No soportaré todo esto si no me bebo un té antes.
Me recojo el pelo en una coleta antes de salir del baño y doy un último vistazo a mi reflejo en el espejo, no luzco mejor que lo que merezco, así que todo va estar bien, como siempre.
Con un profundo suspiro abro la puerta de mi dormitorio, cuando un peso muerto cae al suelo y doy un salto hacia atrás, sobresaltada.
—Uh, eso duele. —Él está aquí.
¿Qué hace aquí? ¿Cuando ha llegado? No le he escuchado. Lleva la misma ropa que anoche y está despeinado, con cara de no haber dormido mucho. Las pequeñas marcas negras que hay bajo sus abrazadores ojos negros son malditamente sexys, y cuando le veo, mi corazón se deshace en pequeños pedacitos. Paso a su lado esquivando sus pies estirados, luchando por ignorarle, pero como siempre que estoy a su lado, mi voluntad falla y me detengo.
—Kathe, tenemos que hablar.
—No, no tenemos.
—Por favor…
Y por primera vez sus suplicas no me importan, puede que no esté muy clara sobre cuál es mi lugar en el mundo, pero definitivamente no soy un océano de hielo, solo soy una chica normal asustada pero decidida a que no sigan pateando mi corazón.
—Erick —digo mirándole a los ojos, y el solo pronunciar su nombre hace que se me desgarre el alma—. Se acabó, lo que quiera que hubiera entre nosotros se terminó. No soy una cenicienta, no soy quien quieres que sea, te equivocaste, pero de igual forma, este no es el momento de apuntar lo que hicimos mal.
—Pero, dulce, déjame hablar.
—No, escúchame. No estoy enfadada contigo. —Y descubro, al decirlo, que es verdad, solo estoy herida—. Es solo que no va a funcionar, me has mentido y no puedo lidiar con el engaño, no me importa si Laura y tu se lo han pasado bien o no riéndose de mí. Ahora mismo lo que quiero es una maldita taza de té y poder hacer mi maleta.
Y camino hacia la cocina, bajo su atenta mirada, puedo sentir como sus ojos me siguen por la cocina, me observan mientras pongo la tetera al fuego y preparo mi taza de té. Sin mirarle puedo saber que no se ha movido de su lugar, al lado de mi puerta, pero no voy a caer, no voy a ceder, no esta vez.
Cuando escucho el ruido de la tetera, vierto el ardiente líquido dentro de mi taza y me dirijo otra vez a mi habitación.
—¿Maletas? —pregunta absorto, como si el tiempo no hubiera pasado—. ¿De qué diablos estás hablando?
—Me regreso a California, con mi madre.
—¿Pero te has vuelto loca? —No me queda claro si grita de frustración o miedo.
—Voy a pasar los próximos días en un hotel hasta que consiga un vuelo a casa — digo.
Justo cuando digo eso la puerta se abre, Laura está allí, con su esplendor rosa mirándonos perpleja. Parece preocupada y no veo a Musculos por ningún lado. Había supuesto que no volvería hasta más tarde, me habría dado el suficiente tiempo para irme. No quería verla, ni a ella ni a Erick, pero al parecer el destino está en mi contra hoy.
La tensión y la confusión pueden palparse en el ambiente, no sé muy bien que hacer o decir así que nos quedamos los tres, justo en nuestros sitios mirándonos los unos a los otros.
—¿Va alguien a decirme por qué tenía que volver con urgencia?
Él la ha llamado.
—Quiere volver a California. —Le informa él a su antigua amante.
—¿No hablarás en serio? —pregunta ella, ignorándole a él.
Me limito a asentir, no les debo a ninguno de los dos ninguna explicación.
—¿Por qué? —Esta vez le pregunta a Erick.
—Cree que la hemos estado engañando, los dos, ya sabes por nuestro largo y apasionado romance. —Un movimiento de cejas hacia arriba, acompaña sus palabras.
No entiendo como tiene la desfachatez de admitirlo, pero lo que más me sorprende es que ella, de pronto, se relaja y comienza a reírse como si yo fuera un mono de feria. Creo que no me merezco esto, ya he sufrido demasiadas humillaciones para toda mi vida.
—Me alegra divertirlos, pero tengo maletas que hacer —digo y me meto en mi habitación.
Ninguno me sigue, pero la puerta sigue abierta. Me siento en la mesa queriendo realmente ignorarles pero no puedo, así que dando vueltas a la cucharilla dentro de la taza me concentro en escuchar sus voces.
—Mike, ¿por qué no se lo contaste? —¿Qué? ¿Su mentira? Muy considerado por su parte—. ¿Te imaginas todo lo que puede estar pensando?
—Me lo ha gritado a la cara. No pienso dejar que se vaya.
Y ya no les escucho hablar. ¿Cuánto daño puede hacerme? No estoy segura, pero sus palabras me desgarran los pedazos que quedan de mi corazón. La esperanza es el peor de los males de la humanidad, y cuando le escucho hablar de no dejarme ir, no puedo desear que todo esto sea un mal sueño, y que él va entrar por la puerta me va a despertar y me va hacer el amor tantas veces que mañana no podré levantarme.
No puedo evitar imaginarme su piel morena, mis ojos haciendo brillar su mirada, sus fuertes manos acariciando mi piel, quiero soñar con el contacto entre la dureza y la más extrema suavidad.
No soy siquiera capaz de imaginarme lejos de aquí. En un vago intento de tomar las riendas de mi vida abro el armario y saco un par de perchas y las tiro sobre la cama. La blusa azul que tanto le gusta a Erick me hace recordar cuanto le había gustado vermela puesta, pero ahora todo tiene lógica, me la regaló Laura.
¿Cómo he podido ser tan estúpida? Lo peor de todo es que no se cómo voy a hacer para estar sin trabajo, sin la universidad, sin amigos, pero lo que sí es terrible es que lo que más me duele es imaginarme sin él, no hay otra forma de describirlo que un vacío negro y permanente que se extiende por segundos por mi cuerpo. ¿Cómo no has podido darte cuenta antes? Estas enamorada de él. Dice la vocecita. Y sé que muy posiblemente tenga razón.
Vuelvo a escucharles discutir, no estoy muy segura de qué hasta que la voz de Erick se eleva por encima de la de Laura.
—Volveré.
¿Es que se va? No puedo creer que me sienta decepcionada y no aliviada, es que los sentimientos me han vuelto una completa imbécil. No puede ser eso verdad de que las chicas acaban con hombres como sus padres, siempre he huido de esa clase de relaciones y mira justo a donde vengo a caer.
Antes de darme tiempo a reaccionar Erick irrumpe en mi habitación, presiona con fuerza su cuerpo contra el mío y me besa. No con cariño o reverencia sino con ansiedad y rudeza, algo que nunca había hecho antes y por alguna extraña razón, nunca había disfrutado tanto de un beso suyo, pero no le correspondo, dejo mis labios quietos mientras él exige una respuesta que no soy capaz de dar.
Y de la misma forma en que entra sale por la puerta, pero se detiene un segundo para mirar a Laura y decirle de forma muy convincente solo dos frases.
—Tienes tres horas. Si no es a tu forma será a la mía, no voy a perderla.
Y entonces, desaparece como un suave soplido de viento
—Bueno, Kathe, ahora tú y yo vamos hablar.
¿Por qué de repente todo el mundo quería hablar? Si hasta ahora nadie había dicho nada. No pienso prestarle atención así que me concentro en doblar ropa y meterla dentro de mi maleta. Nadie tiene ningún derecho a darme órdenes, no sé porque esto está haciéndose una costumbre entre Laura y Erick. Pero no quiero quedarme con las ganas de decirle unas cuantas cosas.
—¿No te parece demasiado tarde? Sinceramente, Laura, espero que te hayas divertido suficiente, porque esto se acabó, no pienso soportarlo.
—¿Pero de que estás hablando?
—Tú lo sabías —le acusé—. Te lo conté, lo que ellos le hicieron a mi madre. ¿Pensaste que sería buena idea que yo pasara por algo así?
—Katherine, no puedo creer que pienses eso de mí. Sabes que no soy así.
Hasta hace dos días confiaba en ella, nunca la hubiera creído capaz de algo tan cruel. Creía que era mi amiga, que por fin podía tener una vida normal. Pero ahora… ahora no sé qué creer.
—Yo… ya no sé nada —digo y sigo tirando ropa dentro de la maleta.
—Por favor, escúchame. Y deja de meter ropa, que después tendrás que colgarla de nuevo
—Tranquila eso no va a pasar, me vuelvo a casa de donde nunca debí haber salido.
La escucho caminar dentro de la habitación. Se sienta en mi cama, pero tiene el detalle de sentarse en el lado opuesto a mí.
—Él te quiere.
—Seguro —respondo irónica.
Y realmente lo creo, no puedo lidiar con tanto delirio de grandeza en mi vida, no pienso ser el pétalo en la vida de nadie, puede que no sea perfecta pero merezco ser una flor, sé que en algún lugar habrá alguien. Cuando fui lo bastante mayor para entender porque papá se había ido, juré que nunca dejaría que alguien me destrozara tanto como habían hecho con mamá… y aquí estoy, tan estúpida que ni siquiera puedo mirarme al espejo, sin querer agarrarme de los pelo.
—Sé que piensas que Mike y yo estábamos jugando contigo, pero no es cierto. Sé lo que le pasó a tu madre, yo nunca haría algo como eso…
—¿Estás diciéndome que nunca saliste con él? —pregunto molesta.
—No.
Y aunque sabía que esa era la respuesta, el esperarla, no la ha hecho menos dolorosa. Al menos es sincera, pero no resuelve mis problemas, no repara mi corazón.
—Escúchame, Kathe. Sí, salimos, dos veces… cuando teníamos nueve y dieciséis años. Éramos dos malditos críos, que nos aburríamos y queríamos probar cosas…. Nos conocíamos desde niños, pensamos, bueno que ese era el paso siguiente…
—Ya… ¿y en qué momento formé yo parte de todo esto?
—En ninguno, por dios, nuestros padres lo esperaban, ya sabes eso de que nos enamoráramos, nos casáramos y por fin ellos tuvieran unidas nuestras familias…
Y la verdad, eso sería una solución perfecta, yo solo vine a ser un estorbo en sus planes, con razón desde el principio Danna no hacía más que mirarme como un estorbo, porque lo era, para sus planes.
—Tú no tienes nada que ver en eso, cuando Mike se fue a Londres ya habíamos aceptado que nunca iba a funcionar, no somos así, no sabes lo extraño que es besar a alguien y no sentir absolutamente nada… —No, no lo sé—. No sabes lo que es sentir la mirada reprobatoria de unos padres a los que destruyes sus planes de futuro…
Tiene razón, no lo sé, mamá siempre me ha apoyado incluso en la más absurda de mis aficiones, nunca ha hecho planes que coartaran mi libertad, ella siempre me ha alentado a seguir adelante, a ser feliz, a luchar por mis sueños.
Pensé que hasta cierto punto la vida de Laura era perfecta, era guapa, lista, divertida, tiene dos padres que la adoran, amigos, hasta dinero. Pero en ocasiones el amor no es suficiente, sus padres la adoran, pero solo a lo que han hecho de ella, dudo siquiera que conozcan a la verdadera Laura.
De repente me estoy sintiendo mal, si ella dice la verdad, y creo que lo hace, he sido una idiota celosa, dios, sueno tan patética.
—Ven aquí —digo y la abrazo.
Laura y yo estamos en la cocina cuando escucho que la cerradura de la puerta cede bajo una llave. Sin necesidad de mirar sé qué es él. ¿Cuándo Laura le habrá dado una llave?
Aunque ya sospechaba que iba a volver, no había pensado que tan pronto, no era consciente de que tendría que hablar, que él necesitaba saber todo la verdad. Ahora mismo no estoy segura de si puedo abrirme tanto a una verdad que me aterra desde el mismo momento en que lo supe, aunque Erick no va a exigir una explicación, tengo que dársela.
Su esplendida figura se detiene a tres metros de mí, y me está mirando, sus ojos no pierden los míos de vista cuando habla con Laura.
—¿Nos dejas a solas?
—Claro —dice ella.
No sé si es lo correcto, pero agradezco que ella desaparezca sigilosa a su habitación y me deje a solas, con él, con la verdad.
—Has vuelto… —Soy la primera en hablar.
—Te dije que lo haría —dice mientras se sienta a mi lado, en una silla, que se ve frágil y pequeña bajo su cuerpo.
Se ha cambiado de ropa, puedo verlo, lleva un pantalón de chándal gris y una camiseta azul marino. Me gusta la forma en la que su piel morena contrasta con el color claro. Quiero tocarle, creo que ese es uno de los problemas que tengo cuando estoy a su lado, nunca encuentro la forma de mantener mis manos apartadas de él.
—¿Podemos hablar? —pregunta—. Te lo voy a contar todo…
—No… —Suplico—. Laura ya me lo dijo, ahora voy hablar yo. Por favor, escúchame.
Y por la ternura que hay en sus ojos siento ganas de atraerlo a mi pecho y no dejarle escapar, pese a esto tengo que contarle todo. Quiero que él sepa todo de mí, pero no puedo, estoy aquí mirándole, llena de dudas, otra vez.
La vergüenza de todo mi pasado cae sobre mi espalda como una cascada de acero puro. No estoy segura de si realmente quiero tenerlo a mi lado para siempre pero el solo pensar en su ausencia hace que en mi corazón un agujero negro se agrande más y más.
—Claro, dulce, te escucho.
Sus ojos oscuros como una la noche de invierno hacen que mi pulso se acelere tanto que a veces pienso que mi corazón va a salirse de mi pecho.
—Nunca te he hablado de mis padres… —Y empiezo a tragar con dificultad—. Papá ya no está… murió cuando tenía dieciséis… pero para esas fechas ya no vivía con mamá y conmigo. Cuando tenía doce años, el simplemente se fue…
Puedo sentir como se van formando las lágrimas en lo más hondo de mi cuerpo, sé que no quiero llorar, pero no puedo hablar de mis padres y que no duela.
—Éramos felices, o eso creía yo, ellos siempre estaban bromeando… nunca había visto a dos personas quererse tanto y cuando él nos dejo… mi madre simplemente no pudo soportarlo. Desde hace ocho años le veo destruirse poco a poco hasta extremos inimaginables…
Para estos momento mis ojos están anegados en lágrimas, pero en solo unos segundos los brazos de Erick rodean mis hombros, y le dejo apretarme contra su pecho, buscando desesperada el calor, la aceptación, que de alguna forma, sé que tengo.
—No tienes que contármelo…
—Quiero hacerlo, tienes que entender porque…Mamá empeoró cuando él murió, se iba de vacaciones con su amante cuando tuvo el accidente… ella era la mejor amiga de mi madre. — El silencio inunda la habitación por unos segundos—. Mamá está ahora en un centro donde pueden cuidarla, no puede vivir sola, por eso le llamo solo los miércoles y sábados…
—Ahora entiendo… cariño, yo nunca te haría algo así… Laura y yo…
—Lo sé, en serio… lo sé.
No sé cómo lo logro pero consigo darme la vuelta y enredarme entre sus brazos, y me dejo abrazar, me permito inspirar su olor, sentir su calor fundirse con el mío, y me siento en casa.
—Cuando estoy contigo, siento que camino sobre un piso que se derrumba y tengo miedo… —dice de repente— pero nunca he querido tanto algo…
—Yo… necesito espacio, he pasado los últimos ocho años pensando que lo único que hace el amor es doler, quemarse, romperse, terminar…. y llegas tú, con tus ojos negros como la noche y derrites absolutamente todos los bloques de hielo que hasta ahora, impedían que entregara mi corazón. — Sé que estoy desnudando mi alma cuando se lo digo.
—Pero eso es bueno, ¿no?
No puedo contestar, porque su rostro está demasiado cerca del mío… su nariz juega provocativa con la mía. Tramposo, sabe como me distaren sus besos. Sus labios fugases depositan un casto beso en la comisura de mis labios y estoy a punto de suplicar por más, cuando se aleja.
—Erick… Voy a intentarlo, te lo he dicho, pero no puedo prometer que no vaya a salir huyendo, no puedo evitarlo, así soy yo…
—Lo sé, puedes intentar huir que siempre voy hacerte volver… Y eso soy yo quien te lo promete… —Por alguna extraña razón, no me atrevo a dudar de sus palabras.
Es que no existe un hombre más perfecto. Definitivamente soy la que siempre lo tiene que arruinar todo, pero tengo que ser sincera si de alguna forma esto va hacia algún lado tiene que entenderlo.
—Estoy viviendo en una lucha eterna, ¿sabes? Mi mente dice que debo correr tan rápido como pueda, pero mi corazón solo dice que espere, que me quede.
Y estoy a punto de desgarrarme el alma cuando con ojos vidriosos dice las palabras exactas.
—Por favor, Kathe… Espera, solo quédate…
Todo mi cuerpo se orienta a él, mis labios se ofrecen voluntarios para ser devorados por su boca, mi piel sufre por estar alejada de su contacto. Ahora mismo solo quiero fundirme con él, pero justo cuando creo que por fin va a besarme, escucho la puerta de la habitación contigua que se abre a mi espalda.
—Bueno… No se han matado… Eso es buena señal, creo… —Le mira directamente a los ojos— ¿Te quedas a dormir?
Puedo ver como Erick se encoje de hombros, pero no la mira, en ningún momento sus ojos me abandonan y aunque me parece del todo descortés, no puedo evitar sentirme resguardada bajo su protectora mirada.
—Vale… Prepararé el sofá— dice Laura.
—No —me escucho decir, de repente—. Él se queda, conmigo… en mi habitación.
Y soy capaz de jurar que estoy tan roja como la manzana que ofreció la bruja a Blancanieves, pero no me importa, hasta que miro a Laura y veo sus ojos curiosos, deseosos de información.
—¿En serio?¿Ya? —pregunta esperanzada
—Laura…. —Se queja Erick.
—Vamos chicos, quiero saberlo, solo un par de detalles morbosos…
—Laura… —Esto sí que es un regaño en todo regla, se nota en el tono de reprimenda de Erick…
—Vale, vale, ya me voy… Pero lo sabré, sabes que terminaré por enterarme.
Y con todo su cinismo se inclina hacia la nevera coge un vaso de agua y desaparece dentro de su habitación.
Erick me ha obligado a comer un sándwich y un vaso de leche antes de dejarme ir a mi habitación, pero cuando, por fin, estamos arropados por la intimidad de las cuatro paredes lilas que dan forma a mi habitación, puedo verle revolver entre los papeles de mi escritorio, distraído, mientras yo busco algo que pueda ponerme para dormir. Me le quedo mirando, no estoy muy segura de cómo he podido estar tan ciega…
—¿Qué pasa? —pregunta y su sonrisa me enloquece.
—¿Cómo es que he pasado tanto tiempo sin que hubiera nada entre nosotros? —Se que sueno como una niña cursi, pero eso es lo que siento.
Su cuerpo perfectamente masculino se aproxima y entrelaza sus dedos con los míos y con nuestras manos así me acaricia la mejilla.
—Te voy a dejar una cosa muy clara, Kathe, puede que tú y yo, hace meses no fuéramos nada, pero entre nosotros siempre hubo algo…
Y la convicción en sus palabras solo me hace desear que sea real. Que todo esto nunca acabe y por unos precioso segundos me permito soñar. Lo mejor de estar con Erick, es definitivamente, que nunca me ha dado más opción que quedarme.
Mientras sus labios consumen los míos con desesperación, intento atrapar los suyos. Fundir su boca en la mía se me antoja delicioso y no hay fuerza, humana o sobrenatural, que me impida estar con él.
Sus manos envueltas en mi cabello parecen pequeñas gotas de lluvia que dejan un leve cosquilleo bajo su tacto. Su olor a colonia y jabón se funden con el aire de la habitación y embriaga todos mis sentidos.
Involuntariamente arqueo mis caderas buscando el contacto que se filtra por encima de sus pantalones de chándal. Su contorno tan conocido como deseado incendia todas las zonas de mi piel, y generan una humedad palpitante que me hace desear a Erick en lo más profundo de mí ser.
¿Segura? Sí, creo que esa es la palabra que describe como me siento a su lado y de una forma u otra sé que daría lo que fuera por sentirme así siempre. Sus labios se deslizan por mi cuello con demasiada ternura, demasiada devoción, pero yo no estoy de humor para esperar.
En un repentino impulso me saco la camiseta verde por los hombros y los vaqueros de un empujón. Erick parece divertido cuando me mira luchar por desabrochar mi sujetador que se ata en la espalda, pero no dice nada, vuelve a su labor de besarme de forma interminable y seductora cuando lo único que quiero es arrancarle la ropa.
—Tranquila, tenemos tiempo.
—Habla por ti —digo un segundo antes de empujarlo sobre la cama y subirme a horcadas sobre él.
Su boca vuelve a estar en la mía cuando me gira para que su cuerpo cubra el mío y me eleva las manos sobre la cabeza para tener libre acceso a mi cuello, mis pechos y mi vientre. Sus labios dejan un surco de besos alrededor de mi ombligo y yo arqueo mis caderas a modo de provocación.
Estoy ardiendo, mojada y dolorida, estoy a punto de rogarle que me toque. Para mi tortura sus dedos se deslizan por mis caderas y sus pulgares atrapan cada uno los laterales de mis bragas, pero no hace nada al respecto, solo me mira con picardía.
—Quizás deberíamos deshacernos de esto…
—Por favor. — Y lo que pretendía ser una súplica parece un grito ahogado.
Siento como por fin estoy completamente desnuda pero Erick no me toca, y estoy completamente desesperada. Sus manos acarician mis piernas, pero de forma tan casta y superficial que parece que estuviera aliviando un dolor en lugar de generarme uno mayor. Es un torturador. Bueno ya le di las suficientes oportunidades, ahora me toca a mí.
En un rápido movimiento salgo de la cárcel de su cuerpo y vuelvo a estar sentada sobre él. Le beso, con desesperación y necesidad, con lujuria y deseo. Su ropa sigue el camino de las mías en el suelo pero no soy tan delicada e incluso le quito los boxers y el pantalón de un solo jalón. La bestia posesiva que guía mis manos ha estado dormida por demasiado tiempo y no quiere perderse absolutamente nada de lo que pase por aquí. Ssolo sé que quiero sus manos por todo mi cuerpo y las mías por todo el suyo.
Su pecho desnudo y sin vello es todo un regalo para la vista aunque mis intensiones van más allá de verlo o tocarlo, necesito desesperadamente, saborearlo. Arrastro mis labios por su cuello, sus hombros y el sabor ligeramente salado de su piel inunda todo mi cuerpo, no hay forma en la que alguna vez vaya a cansarme de Erick.
En un intento de seguir mis instintos más básicos deslizo el torso entre sus piernas y me encuentro cara a cara con su erección. Majestuosa y excitante, he querido tanto poner mis manos sobre ella desde la primera vez que Erick se quedó a dormir…
Mis dedos están temblando pero no importa mucho, ni siquiera soy capaz de sentir vergüenza, solo puedo prestar atención al deseo que se escapa por mis poros. Atrapo entre mis dedos la carne dura y sensible y creo que nunca me he sentido mejor, cuando inocentemente recuerdo cómo puedo torturarle. Mi mano derecha se mueve arriba y abajo con movimientos rítmicos.
Sigo temblando, pero solo de excitación, su carne es tan sensible a mis caricias que podría estar ahora mismo en mitad del infierno y no sería capaz de notarlo. Entre mis manos parece tan delicado y salvaje, ¿será que todo con Erick va de un extremo a otro? Con la determinación por bandera introduzco la protuberancia en mi boca y disfruto de la dureza contra la humedad de mis labios.
—Por dios… —dice y su voz parece un jadeo….
No sé si mencionar a dios en un momento como este sea buena idea, pero no me detengo a pensar en eso. Sigo con movimientos constantes moviendo mi cabeza hacia delante hacia detrás, haciendo a cada segundo más presión y puedo ver en los ojos de Erick que por un preciado segundo tengo todo el poder sobre su deseo y placer. Nunca me he sentido tan poderosa. No sé como lo hago pero la velocidad en la que mi boca acaricia su miembro se incrementa y puedo sentir los latidos a través de la lengua, esto se siente tan bien… pero Erick me aparta.
—No, esto no va acabar así —dice mientras se sienta sobre las agarrotadas almohadas y me deja allí, tirada sobre sabanas claras. Su mirada nunca ha sido más intensa que en este momento.
—Eres una chica traviesa….
Y aunque intenta que parezca una regañina, no lo logra, puedo ver el tono divertido en sus ojos. Sus labios atrapan los míos, pero no me besa, me devora, está violando mi boca y no me importa en absoluto. Puedo sentir como el dolor entre mis piernas se expande y es cada vez más molesto.
Sus dedos expertos acarician mi vientre y juguetean con mis piernas, pero no me permite abrirlas. Es un tramposo…. Pero sus besos interminables de dejan sin más opciones que sentir…. Pero yo sigo necesitando que me toque o, definitivamente, voy a morir aquí.
Mi espalda vuelve a tocar las sábanas cuando las manos de Erick se introducen entre la piel mojada y necesitada que hay entre mis piernas. Un dedos experto sube y baja con demasiada lentitud y puedo escuchar el sonido de mi propia humedad. Siento como un dedo se hunde dentro der mí.
—Erick….
Y no estoy segura de que las palabras sean de alguna forma entendibles y no me importa…
—Por favor… es…estoy muriéndome… —Un segundo dedo se une y yo estoy a punto de perderme.
—¿Qué? —pregunta divertido.
—Sabes perfectamente lo que quiero… ¡idiota torturador! —Y mi insulto se vuelve grito cuando su pulgar rueda sobre mi clítoris. Movimientos circulares que me vuelven totalmente líquida y desesperada se prolongan una y otra vez hasta que pienso que por fin van a terminarse solo para que Erick separe su mano de mí y yo tenga aún más deseos de matarle.
Busco a tientas algo con que distraerlo, pero no puedo, la forma en la que me agarro a sus hombros no hace más que motivarlo, porque sigue ignorando mis necesidades, creo que cuando vuelva a tener el control sobre mi cuerpo voy a hacérselo pagar.
—Erick… —Gimoteo su nombre al borde de las lágrimas, únicamente provocadas por la necesidad.
Aunque no sé muy bien como lo logro Erick vuelve a besarme y por un segundo siento que por fin voy a tener lo que quiero. Escucho como el papel metálico del condón cede bajo la presión de los dedos de Erick. Abro mis ojos y le veo de rodillas, frente a mí. Imito su posición en la cama y cubro su boca con besos mientras su cadera presiona contra la mía.
—¿Puedo? —pregunto desesperada
Puedo verle elevar los bazos en señal de rendición y acomodarse sobre las almohadas.
—Has conmigo lo que quieras.
Y voy hacer que se arrepienta de haber hecho semejante proposición. Me deslizo sobre él y su contacto a través de mi piel, me hace sentir llena por primera vez en toda la noche. Un gutural sonido sale desesperado de su garganta y yo muerdo mis labios para que no me suceda lo mismo.
Erick coloca sus fuertes manos alrededor de mis caderas y guía mis movimientos arriba, y abajo enloquecedoramente despacio. Pero no estoy de humor para el romanticismo y la lentitud. Así que coloco mis manos sobre las
suyas y marco mi propio ritmo. Una y otra, arriba y abajo, negándome a aceptar solo simples penetraciones, así que me siento feliz cuando en un sencillo giro Erick me acuesta sobre mi espalda y comienza a deslizarse más rápidamente en mi interior. Sus embestidas me llenan por completo y me hacen querer más, siempre más.
Las ganas con las que deseo las arremetidas de Erick en mi interior, son casi indecentes pero indispensables si planeaba seguir viviendo. Erick está probando una nueva forma de esclavizarme bajo sus manos porque justo cuando siento que por fin voy a poder correrme se retira, justo hasta la misma entrada de mi vagina, solo para volver a introducirse hasta el fondo, una y otra, y tantas veces que voy perdiendo la cuenta, la cordura y las fuerzas.
Su ritmo, marcado solo por la búsqueda del placer, no hace más que llevarme al borde una y otra vez, tal vez quiere que suplique y si eso es lo que el necesitaba no me importaba en absoluto, nada importaba si por fin podía alcanzar el orgasmo.
—Erick… por… favor… necesito…
—¿Qué necesitas? —Aunque su respiración está más agitada de lo normal, el aún conserva autocontrol.
—Necesito… correrme, ¡ahora!
Puedo ver su sonrisa de satisfacción cuando empieza a subir el ritmo de sus embestidas, llegando justo al fondo de mi vagina. Es algo salvaje, casi primitivo, sin compasión, sin razón, pura necesidad. El placer se concentrar en lo más hondo de mi vientre y me siento malditamente ardiente y sexy, puedo sentir como mi orgasmo está a punto de completarse porque me siento cada vez más cerca de Erick, noto como él está cada vez más dentro de mí.
Todo mi cuerpo de contrae a su alrededor, buscando solo un poco más siempre un poco más. Sentir como el miembro de Erick convulsiona y palpita en mi interior es todo lo que mi cuerpo necesita, y como si tuviera vida propia se eleva desesperadamente. Con un grito silencioso entierro mis uñas en su espalda y caigo en una espiral de liberación y placer.
El cuerpo de Erick descansa sobre el mío, y aunque parezca mentira su peso no me molesta en absoluto. Me estoy concentrando exclusivamente en volver a respirar con normalidad. Erick se acomoda a mi lado en la cama y me atrae hacia su peco y me sostiene allí, muy cerca de él, tanto que puedo escuchar el palpitar de su corazón desbocado.
Ahora mismo solo quiero quedarme así, sintiéndome cubierta por su cuerpo, por sus brazos. Sé que puedo contar con que él va a pasar toda la noche acostado a mi lado, sosteniéndome entre sus brazos. Ahora sí puedo sentirlo, con el corazón hinchado por la proximidad de su pecho, con sus labios presionando mi cuello… Genera una sensación enloquecedora, no quiero olvidar esta sensación que me envuelve, pese a todo sé que estoy enamorada, de él, justo ahora.

Descenso Capítulo 8

Descenso Capítulo 8

A él, porque cuando lo lea, 
va a querer matarme.

La presión en el ambiente se acumula a mí alrededor y ni siquiera la dulzura suave del té que tengo entre mis manos la disminuye. No estoy muy segura de que decir porque cuando veo la tristeza en sus ojos, no encuentro fuerzas para escapar.
—¿Vas a decirme que pasa? —pregunta.
—No pasa nada.
—¿Qué es lo que ha pasado allá arriba? —Enmudezco, no puedo contarle—. Kathe, no puedes dejarme hacerte el amor y después fingir que no sentiste nada.
Será cínico, con la de mujeres con la que habrá tenido sexo. No tiene ningún derecho a escurrirme el corazón con sus palabras, pero lo hace.
—¿Tienes esta conversación con todas tus amantes?
—Maldita sea, no vayas por allí. Soy lo que soy, Kathe. No puedo cambiar mi pasado, pero por dios, que no voy a dejarte escapar de mi futuro, no sin luchar.
Y lo dice en serio, puedo verlo en las facciones contraídas de su rostro, que aunque presenta marcadas muestras de enfado parece suave y perfecto. Tengo que admitir que el que sea arrebatadoramente guapo, no siempre es bueno. No cuando no puedo resistirme. Pero pese a ello, no puedo admitir que muy en contra de mi voluntad he sentido más que placer, más que solo sexo. Lo que tengo con Erick, aunque él lo llame noviazgo y yo no encuentre una palabra adecuada para ello, me aterra; me hace sentir al borde del precipicio en cada segundo, pero al mismo tiempo más viva de lo que puedo imaginar.
—Por favor, habla conmigo. Dime que sientes sea lo que sea.
—No me gusta que hablas de futuro, de luchar por mí. No merezco eso Erick. —Cuando él intenta hablar llevo mis dedos a sus labios y sacudo la cabeza enérgicamente. Si voy hablar tiene que ser de una vez—. No puedo querer a nadie, créeme que, aunque no lo sabía ambicionaba encontrar alguien como tú, pero yo… no soy lo que tú necesitas.
—Dulce, tú eres todo lo que necesito. Más allá del sexo increíble, tienes que haber sentido algo, yo… lo vi en tus ojos, lo noté en la forma en la que respondías a mis caricias. Por favor, por favor no lo niegues.
El tono suplicante de sus palabras desvanece todas mis fuerzas. Justo ahora mismo un dolor insostenible me está estrujando el corazón ¿Cómo es posible que su sufrimiento me haga más daño que él mío propio? La posibilidad de sobrevivir a la pérdida de todo este dolor es tentadora. Solo quiero que él sea feliz. El problema aquí radica en que según sus palabras quiere ser feliz conmigo, y estoy a solo un paso de ceder.
—Piénsalo, ¿cuál podría ser nuestro futuro? No hay nada que tengamos en común, si siquiera sé el día de tu cumpleaños. No puedes pedirme que te quiera si no te conozco. —Casi le estoy gritando.
—Kathe, lo que te molesta es precisamente eso. Estas sintiendo, aunque no quieras, aunque sea del todo ilógico, lo sé. Estoy pasando por lo mismo, la diferencia es que yo me las estoy jugando todas, tú aún no te decides.
Pero es que no entiende mi postura. No logra ver que si dejo los sentimientos que aparecieron de pronto y sin ser invitados, terminaré destrozada cuando él se dé cuenta de que no va a ser suficiente con querer. Y entonces voy a quedarme sola, otra vez.
—Quieres que admita que quererte es mi debilidad. —Es una acusación, no una pregunta.
—Sentir no es acto de debilidad, al contrario, es una de las pocas cosas buenas que se le puede robar a esta maldita vida.
—¿Qué pasa si lo hago mal? —Mi pregunta es más un ruego que cualquier otra cosa.
—Es imposible amar mal —dice justo un segundo antes de que sus labios consuman los míos.
Solo el primer roce ya estaba enviando escalofríos a través de mi columna vertebrar. Me inclino más hacia adelante para que Erick tenga mejor acceso a mi boca. Su sabor es dulce y ardiente, sabor a hombre, mí hombre. Al menos por ahora. Mientras me dejo llevar por el beso, que consume todo mi aire peor agranda mis esperanzas y expectativas, no puedo evitar preguntarme si alguna vez encontraré a otro. Pero para mi suerte o mi desgracia, ahora mismo, todos los caminos llevan a Erick.
De repente el futuro no parece tan lejano, ni solitario, quizás, realmente sí que haya un lugar para mí en alguna parte. Las manos de Erick de repente detiene las mías cuando intento abrir su albornoz.
—Oh, no. No me hagas esto. —Mentiroso, puedo ver el deseo en sus ojos.
—Por favor. Nunca me había sentido tan viva…
—Lo entiendo pero piénsalo, seguramente estés adolorida.
Pero estoy segura de que si él no lo hubiera mencionado, no me habría dado cuenta. Al parecer mi cuerpo tiene clara sus prioridades, no es que sean o no las correctas, pero no creo que pueda hacer nada al respecto. Pese a todo, tengo que admitir que si que estoy un poco dolorida, no es un dolor desagradable del todo, por el contrario, de alguna forma es como el recordatorio de que él estuvo en mí y que entregué todo de mí por unos preciosos minutos. Además es muy instructivo, me duelen hasta lugares que no sabía que podían doler, y si sé algo, mañana será aún peor.
Ni siquiera puedo esperar, para tener más de Erick enterrado profundamente en mí. Puede que haya dolor pero solo pensar en lo que puedo volver a tener, mojaría mis bragas de inmediato, si llevara claro.
No sé si él puede leer en mi rostro las ganas incontrolables de tocarle porque me mira de forma compasiva antes de empezar otra vez a hablar.
—Tengo una idea, vamos arriba. Podemos acostarnos y hablar. Puede que también te deje besarme —dice picaresco.
—Genial —consigo decir antes de que mi corazón se desborde.
Volver a estar en los brazos de Erick hace que me sienta como en casa. Nos acomodamos desnudos, en el centro de la cama y él me abraza. Tan fuerte, como si quisiera no dejarme ir, y yo ya no quiero que lo haga. Parce un niño pequeño jugando con mi cabello, no entiendo porque no puede dejar sus manos quietas.
—Kathe, tocar tu cuerpo es una magia extraña, es como estudiar una geografía hecha expresamente para los sentidos.
—Íbamos a hablar, ¿recuerdas?
—Cierto. ¿De qué quieres hablar?
—De cualquier cosa cuéntame cosas de ti. Podrías contarme qué haces, dónde estudiaste, dónde realmente vives.
—Vamos, no pensaras que esta es la casa de mis ligues ¿verdad?
—No, Laura dijo que no invitas a mucha gente aquí.
—¿Sabes? Tengo que cortar el grifo de información de Laura.
Por un momento ella vuelve a estar en mi cabeza, tengo que llamarla, no puedo esperar a saber que habrán dicho de la futura boda. ¿Lo sabrá Erick? No creo que ella se lo ocultara, pero tampoco tengo derecho a confesar un secreto que no es mío.
—¿Estás pensando en ella? ¿En la futura boda?
Sí, lo sabe.
—Sí, tengo que llamarla. —Su mirada decepcionada me invade—. Más tarde. Solo estoy preocupada, pasó de estar llorando como loca a dar saltos como un canguro.
—Tranquila, dulce. Siempre que algo la supera se pone el estúpido pijama rosa y llora, después se queja de que le saldrán arrugas de llorar.
—Como la conoces… —Y no puedo evitar sentir algo de envidia de la relación que tienen. Creo que secretamente siempre he querido tener amigos como ellos.
—Hace lo mismo desde pequeña… Pero estábamos hablando de mi ¿recuerdas? Soy psiquiatra, estoy a punto de inaugurar mi oficina aquí, antes la tenía en Londres. Pasé allí más de 10 años. —Parece nostálgico—. Fui a la universidad allí y después me quedé a hacer posgrados y todo se resumía a quedarme allí. Pero cuando supe de Emily tuve que volver. Ella y tú, definitivamente me han convencido de que este es mi lugar.
—Continúa por favor.
—Cuando tenía dieciséis años en clase de lengua, tuve un profesor maravilloso. Nos mandó un día a hacer una redacción para un concurso de literatura, asombrosamente gané. Lo publicaron y gané más dinero del que alguien de mi edad podía gastar, así que compré la universidad para mis padres y esta casa, para mí. Guardé otro poco para la universidad…
¿Escribía? Puede que tengamos más cosas en común de lo que yo creía. Aunque claro él es un profesional. Y extremadamente generoso. Cualquier muchacho de dieciséis años con tanto dinero podría ir todo el día de fiesta en fiesta, dejar los estudios, sin embargo el simplemente pensó en el futuro y se quedó.
—Estoy muy orgullosa de ti —digo y presiono lentamente mis labios sobre los suyos, sin moverlos, solo una suave y casta presión.
Siento la necesidad de abrazarme más a él, a su piel cálida, deseo con todas mis fuerzas ser realmente lo que él necesita, poder quedarme a su lado. Abrirme a él por completo. Su olor me embarga completamente. Quiero robarle segundos al tiempo.
—¿Tenemos planes para hoy pregunto?
—Si te arriesgas a pasar el día conmigo, voy a llevarte a cenar con mis padres.
Creo que mi rostro muestra que estoy totalmente en contra de esa idea. No quiero ir a cenar con su familia. ¿Qué se supone que voy hacer allí? Ni siquiera tengo algo para ponerme. ¿Y qué voy a decirles? ¿Hola profesores, resulta que me tiro a su hijo? Esto es una muy mala idea, no quiero. Pero claro, sería un buen momento para darle mi regalo a Emily, aunque yo no tenía que haberlo hecho, ella no necesita nada de mí. Mi cabeza empieza a doler.
—No creo que sea una buena idea —digo entre susurros.
—¿Por qué? Ya te conocen.
—¡Son mis profesores! ¿Cómo se supone que me voy a presentar?
—Como mi novia. —Y lo dice como si fuera lo más normal del mundo.
—¡Una novia que conoces desde hace dos semanas! Van a pensar que soy una caza fortunas en potencia.
—Le diremos que firmaste un contrato prematrimonial —dice picaresco.
—No es gracioso —digo al fin.
—Sí lo es —dice, me besa y cuando le correspondo sé que el gana y que yo pierdo.
Me dejo seducir por sus labios, ruedo sobre mi espalda y me coloco sobre su estomago para poderle besar mejor, meto mis dedos entre su pelo y me rindo bajo sus besos en mi cuello.
—Detente… —Y todo mi cuerpo está en contra de mi petición—. Si voy a ir a cenar a tu casa, tienes que llevarme a casa. Tengo que asaltar el armario de Laura.
Mientras me subo al coche, doy un último vistazo a la fachada de la enorme casa, realmente me gusta, espero poder volver alguna vez, o muchas, siempre que sea con Erick no me importa dónde.
Cuando escucho que el motor se pone en marcha, noto la mano de Erick aprisionar la mía. Se le está haciendo costumbre conducir con una sola mano y también es peligroso.
—Por cierto, Kathe, mi cumpleaños es el 23 de marzo.
Y yo simplemente sonrío, cada segundo me estoy llenando más de él.
Me doy un último vistazo al gran espejo que hay en el lado derecho de la habitación. Adoro este vestido, es verde, se ajusta perfectamente a mi silueta y se abre justamente en mi cadera para caer en suaves ondas unos ocho centímetros sobre mis rodillas. Parece elegante pero informal. Para mi propia sorpresa llevo puesto tacones, no son precisamente mortales, pero si lo suficiente altos para que mis piernas se vean sofisticadas y mi trasero más grande, aunque esa parte no sé si es buena o mala.
Me arriesgo a ponerme una muy pequeña gama de maquillaje solo para resaltar los ojos y que de alguna forma perezcan más vivos. Cuando quedo conforme con la forma en la que mi pelo cae sobre los hombros salgo de la habitación, eternamente rosa.
Erick sigue exactamente donde lo dejé, mirando las noticias del canal internacional, así que me escabullo a mi habitación, en silencio, y recojo la bolsa que tenía guardada desde hace días en el armario.
—Estoy lista —digo mientras me acerco a él.
—Y también estas preciosas.
—Puede que no esté muy cómoda con vestidos y tacones, pero al menos estoy guapa
—Siempre estas preciosa, aunque lleves horribles y masculinos overoles de pintor.
Y por la sonrisa que nubla su rostro, no soy capaz de discutir con él. El recuerdo de la tarde de nuestro primer beso vuelve fugaz a mi memoria y me llena por completo de felicidad.Tengo que reconocer, que este hombre sabe cómo hacer que una chica se sienta especial.
—¿Qué llevas en la bolsa?
—Es un regalo, para Emily. Cuando fui al hospital, no tuve tiempo de llevarle nada.
—¿Qué es? —pregunta curioso.
Sus ojos se han vuelto de repente inquietos, como un niño pequeño. Me encanta cuando parece tan pequeño, el contraste con su cuerpo de chico malo, hace que mis rodillas tiemblen y mi corazón lata demasiado rápido.
—Es una manta, para que pueda dormir arropadita por las noches.
—No tenías porque gastarte dinero —dice conmovido.
—No lo he hecho, era mía de cuando era pequeña. Sé que puedes comprarle muchas cosas, pero me gustaría que ella tuviera algo mío. Si no te importa claro…
En apenas dos segundos estoy completamente sumergida en sus brazos, puedo notar que la emoción es quien acalla sus palabras, solo es una manta. Definitivamente esto se me está yendo de las manos.
—Te amo, Katherine.
Oh, mierda.
El silencio en el coche se prolongó más de la mitad del viaje de camino a la cena con sus padres. Sé que él ha dicho que siente cosas por mí, que me quiere, pero amor. ¿Cómo puedes amar a alguien en dos semanas? No, sigo sin poder entenderlo. Y me siento aún peor, por el solo hecho de que yo no puedo decir lo mismo.
Para mi suerte, justo cuando llegamos a la casa, aún más grande que la de la playa nos detenemos en la puerta y Erick me mira fijamente.
—Vamos a dejar claro esto, yo te amo y tú sientes lo mismo por mí, puede que no te des cuenta o no quieras aceptarlo, puede que ni siquiera lo hayas pensado, pero vamos hacer una prueba. Di: Te amo, Erick.
¿Qué? ¿Quiere que diga eso en voz alta? No. No puedo, no puedo hacer esto.
—Yo… yo… —Y vuelvo a enmudecer.
—Vamos a intentarlo a la inversa. Di: No te amo, Erick.
Y un profundo dolor recorre todo mi cuerpo, solo al escuchar las palabras, siento como que mi cuerpo se revoluciona y desea maldecir a más de uno en este momento.
—¿Lo ves? No lo sabes, pero pronto lo sabrás. Ahora, vamos a cenar.
Mientras me abre la puerta del coche solo puedo pensar en sus palabras y por más que lo intento no puedo admitir nada, no estoy segura de nada, ahora mismo.
De camino a la puerta Erick entrelaza sus dedos con los míos, y me siento reconfortada. Puede que sus padres piensen que estoy loca, soy una lunática o peor aún alguien que quiere aprovecharse de su hijo, pero saber que tengo a Erick a mi lado hace que los miedos se minimicen.
Un hombre mayor, con un traje a rayas de mayordomo, nos abre la puerta, Erick parece feliz de verlo, creo escuchar que le ha llamado Mario. Le seguimos por la espaciosa estancia, toda pintada de colores claros, grandes ventanas que en las mañanas dejaran entrar mucha luz de sol. La decoración es más bien moderna, pero acogedora, supongo que fue decorada por la propia familia.
Cuando entramos al gran salón puedo ver a mi profesor de metodología científica de la psicología, abrazando a mi profesora de psicología general. Tienen un bebé entre sus brazos y sonríen como si fueran mucho más jóvenes que en clases. La imagen es demasiado tierna y familiar, me hace sentir por completo una intrusa, es como si no tuviera aquí un lugar y el hecho es que no lo tengo. Como si eso no fuera suficiente, salgo con su hijo. ¡Me niego rotundamente a llamarles suegros!
Como a Erick no parece incomodarle en absoluto la atmosfera, me arrastra hasta el medio del salón. Y allí me quedo como petrificada, mientras éll besa a su madre en ambas mejillas y abraza a su padre. Estoy viéndole tomar a Emily en sus brazos y acercarse a mí. Me la entrega. Madre mía. Nunca he tenido antes un bebé en brazos, ¿y si se me cae? ¿Cómo se te va a caer? Pregunta irónica mi vocecita interior. Me limito a atraerla a mí, más cerca, asegurando de que mi mano esté sujetando todo su cuerpecito.
Intento buscar la mirada de Erick pero tengo público todos están mirándome. El profesor Maclaing está sonriendo, creo que me estoy perdiendo de algo. La expresión facial de su esposa en confusa, es una mezcla entre un intento de parecer enfadada y de desesperación.
—Hola —consigo decir—. Tienen una casa preciosa
Es que ni siquiera les había saludado, ya ni siquiera tengo buenos modales. Y encima un saludo muy creativo, soy todo un desastre, solo me falta comentar que está haciendo un poco de calor. Buena impresión a la porra.
—Hola, Katherine —murmura la señora Smith.
Que alguien me llame por mi nombre completo me pone nerviosa, parece que estuvieran riñéndome y no me siento muy relajada ahora mismo, la verdad.
La sonrisa pícara que intercambian Erick y su padre me hace sentir un poco mejor, aunque la sensación dura demasiado poco.
—¿Así que tú eres la razón por la que mi mejor alumna decide llevarse el móvil a clase?
Me había visto. ¡Lo sabía! Se lo dije a Erick ¿y él que hizo? Enfadarse conmigo. Y mi suerte empeora por minutos.
Asustada busco la mirada de Erick y él está tan relajado y feliz que no me queda más remedio que asumir que era una broma.
—Siéntate por favor, Kathe —murmuró el profesor.
—Gracias, profesor Maclaing.
—Por favor, Kathe, llámame James. No doy clases particulares.
Esto de las bromitas me desconcierta bastante. Con mucho cuidado trato de sentarme sin despertar a Emily, pero fallo, la niña empieza hacer pucheros cuando abre los ojos y me ve. Erick se sienta inmediatamente a mi lado y le sonríe, como un mágico bálsamo, ella bosteza y le sonríe.
Le paso a la niña y él se dedica a arrullarla. Parece tan tranquilo, verle en esa faceta tan hogareña me derrite por completo. Es casi mágica la forma en la que sus fuertes y masculinos brazos se vuelven delicados para formar una cuna perfecta para su hermanita.
—Bueno, cuéntennos ¿Qué tal ha ido todo? —pregunta una voz femenina.
—Oh, vamos mamá, no empieces con el interrogatorio otra vez. Ya conocen a Kathe, es mi novia, no pienso dar ninguna explicación al respecto.
¡Y lo comenta como si estuviera hablando del olor de unas rosas! Es mi novia. Este hombre no puede estar bien de la cabeza, lo único que sé es que yo estoy aquí, intentando mantener la vista en mis rodillas, petrificada por completo.
—¿Novia? —Los ojos de su padre se levantan. Erick asiente—. Nunca las llamas tus novias, no las traes a casa. ¿Qué está pasando hijo?
Si es que yo lo sabía, ellos tampoco creen que esta relación pueda funcionar, es como intentar juntar el agua y el aceite.
—Papá, ella es diferente.
—Lo siento querida, no me malinterpretes no es por ti —dice dirigiéndose a mí— ¿Pero tú no decías qué estabas planeando conocer a esa amiga de Laura?
Así que era verdad, todo eso que Laura le contaba de mí, que tenía curiosidad. Erick está sonriendo, puedo notarlo sin tener que mirarle directamente a los ojos.
—Ah…. Entiendo —dice su padre por fin—. Estupendo entonces.
Y por más que lo intento no encuentro ningún indicio de ironía o molestia, tampoco hay demasiadas muestras de alegría y esta situación se vuelve aún más extraña.
—Pasemos al comedor, por favor. —Ella aún no me ha dirigido la palabra directamente, más allá del saludo, pero justo ahora lo hace—. Katherine por favor, acompáñame a la cocina.
—Claro señora.
A unos pocos pasos del gran comedor, está la cocina más alucinante que haya visto nunca, ha sido hecha para que cocinar sea un placer.
—Escúchame querida, no es que lo apruebe o no, no es de mi incumbencia como vive su vida amorosa o sexual mi hijo. —Maldita sea, me estoy sonrojando—. Pero no puedo negarte que me parece todo muy rápido.
—También a mí —consigo decir—. Erick me presentó como su novia, yo prefiero no poner etiquetas a lo que sea que está pasando entre nosotros.
—Bien, aclarado este punto, vamos a darles tiempo, lo que tenga que ser será. Ayúdame con la ensalada.
Una vez, están servidos nuestros platos, intento comer, la verdad es que todo tiene un buen aspecto, pero no consigo que me pase mucho por la garganta. Al contrario que yo, Erick devora su comida animadamente. Logro concentrarme en la conversación, al parecer están haciendo planes para el verano.
Parecen una familia muy unida, pese a que sé que Erick ha vivido muchos años lejos de ellos. Distraídamente, Erick besa mi mejilla.
—Vamos, come algo, tienes que recuperar energías. —Y vuelvo a sonrojarme.
Hombres, nunca van a entender que esos comentarios no se hacen en una cena, no si su madre está presente. Pero claro ahora mismo me estoy imaginando la forma perfecta en la que podría perder aún más energía, hay tantas cosas que aún no hemos podido hacer.
Me meto en la boca rápidamente un tenedor cargado de ensalada para evitar ponerme a gemir en medio de la cena. El muy malvado, sabía que esto pasaría, puedo reconocer su sonrisa de autosuficiencia.
Tras un postre con delicioso chocolate, me ofrezco a recoger la mesa, pero ellos tienen servicio, no sé cómo no me lo había planteado, por un segundo me siento estúpida, si esto fuera una asignatura, suspendería.
Volvemos hablando animadamente sobre el acto de cierre del curso, que será justo dentro de dos días.
—¿Qué planes tienes para este verano, Kathe?
¿Ella me ha llamado, Kathe? La sorpresa me abruma.
—Trabajo algunos días, pero tenía planeado ir a visitar a mi madre, hace cerca de cuatro meses que no le veo.
—¿Mucho tiempo no?
—Sí, la verdad. Vive en California, y no puedo permitirme ir a verle tan seguido como quiero, pero hablamos por lo menos dos veces a la semana.
No me siento muy cómoda hablando de mi familia, más que nada porque no le he contado a Erick aún toda la historia, y no quisiera que se enterara ahora.
—¿Cuántos años tienes? —pregunta James, de repente.
—Veintiuno —responde Erick por mí, le falta agregar que sé que parezco mayor, todos me lo dicen.
—Pensé que habías dejado de contestar por las chicas, desde que Laura dijo que te dejaría si volvías a contestar por ella.
Tanto Dana como James se están riendo, pero Erick no, yo tampoco. Aquí hay un par de palabras que no acaban de cerrar ¿Laura? ¿Dejarle? Tiene que ser otra Laura estoy segura. Aunque el rostro de miedo de Erick me sugiere otra cosa. Emily empieza a llorar y nos salva a todos de un momento incomodo.
—Lo siento —se disculpa Dana—. Tengo que subir a darle de comer.
—Por supuesto, ya me tengo que ir, de cualquier forma.
—Esperamos verte pronto —dice James, mientras acompaña a su esposa escaleras arriba.
Yo trato de sonreírles y cuando vuelvo a mirar a Erick, solo puedo decir una frase.
—Llévame a casa, ahora.
Nunca un trayecto se había hecho tan largo. El coche se queda pequeño para el silencio sepulcral y las energías difusas que no tienen dónde colocarse. Esta vez me niego no solo a hablarle, en el recorrido en coche, tampoco puedo mirarle. Soy totalmente estúpida. Y yo pensando que eran buenos amigos, ningún hombre en su sano juicio sería solo amigo de una belleza como Laura.
¿Cómo he podido ser tan tonta? Espero sinceramente que no se hayan estado riendo a mi espalda, genial los dos niños ricos, riéndose de la idiota de turno. Maldita sea, y yo penando que después de dos años podía decir que tenía una amiga, eso me pasa por dejar a alguien entrar, cuando estaba sola podía soportarlo. No voy a ser como mi madre, he salido huyendo de casa porque ya no podía más, no pienso dejar que nadie me aplaste o me pisotee como hicieron con ella. No voy a permitirlo. No, no soy como mi madre, no puedo serlo.
En el trayecto a casa puedo sentir pesado hasta el aire que respiro. Cuando por fin veo la puerta de casa, no hago más que lanzarme del coche, sin estar muy segura de si Erick me sigue o no, realmente no me importa, por el contario si pudiera, lo haría desaparecer.
—Espera, Kathe, por favor.
Pero no me detengo, sigo hasta mi habitación y le azoto la puerta en la cara. No me detengo a pensar en si él se ha ido, o si se va a quedar. Ahora mismo eso no me importa en absoluto. No tengo intenciones de que el desaparezca pero daría cualquier cosa por poder hacerlo.
En menos de cinco segundos estoy en el baño, me quito rápidamente, el absurdo vestido, que huele a traición y me meto bajo el chorro de agua caliente.
El vapor despeja mis fosas nasales, y me hace sentir, físicamente más relajada, el olor familiar a chocolate de mi gel de ducha borra cualquier huella de él de mi cuerpo, pero no de mi alma. Espero sinceramente, verme calmada y relajada porque estoy bastante segura de que si esto fuera un comic tendría cientos de rayos y centellas saltando de mi cabeza. Cierro el grifo del agua y con un leve gemido abandono la ducha.
Mientras la toalla blanca limpia todos los restos de agua de mi cuerpo no puedo evitar en pensar, que si todo esto no fuera una absurda mentira, ahora mismo estaría con él aquí, probablemente le habría convencido de tener sexo en la ducha. Sacudo la cabeza intentando borrar las imágenes seductoras que se forman en mi cabeza. Y quiero apartar también, la rabia y la impotencia. No quiero sentirme indefensa necesito tener las riendas de mi vida entre mis manos, no puedo dejar que los hilos de mi destino los corte el desengaño y el dolor.
No puedo dejarme de preguntar dónde estará, algo tan absurdo como preocuparme por él en un momento así. Al menos no me ha seguido hasta aquí dentro. Aunque aprecio el gesto, en mi interior solo quería que me hiciera creer, que me dijera que nada era verdad.
No voy a llorar, me digo una y otra vez mientras intento contener las lágrimas. No voy hacerlo, es mi último pensamiento, antes de quedarme dormida, abrazada a una almohada que huele a él.