A él, porque cuando lo lea,
va a querer matarme.
Los primeros rayos del sol del mediodía se filtran entre las cortinas blancas y me acarician la piel desnuda. Miró a mí alrededor, las sábanas están envueltas alrededor de mis pies, normal que haga tanto calor, si tengo todas las ventanas y la puerta cerradas.
Me siento distraída sobre la cama y todos los recuerdos de la noche anterior me asaltan, sin lugar a dudas, el vacío que hay en mi corazón desde anoche sigue aquí.
Miro al reloj de la mesilla de noche y puedo ver que son casi la una de la tarde, no es normal que duerma hasta tan tarde, pero totalmente comprensible dada la situación.
Es domingo, tengo que llamar a mamá, ¿cómo voy a decirle lo que está pasando? No creo que sea buena idea, solo quedan dos días para el cierre del curso, puedo buscar un pequeño hotel, y hablar con el señor Martin y cambiar mis turnos de trabajo, y adelantar el viaje a casa, allí podría conseguir otro empleo. De la forma que sea tengo que irme de esta casa, y he de aprovechar que Laura sigue en casa de sus padres, no quiero verla.
Sin tomar ninguna decisión llamo a mamá, y solo escuchar su voz me trae tranquilidad, no puedo contarle nada de lo que ha pasado aquí, no puedo preocuparle más de lo que está, pero le prometo que iré a pasar parte del verano con ella, que podremos volver a casa y sé que solo esa promesa la ha hecho feliz.
Empezaré a hacer el equipaje después de un imprescindible té, me digo a mi misma cuando coloco la gran maleta oscura sobre mi cama. No soportaré todo esto si no me bebo un té antes.
Me recojo el pelo en una coleta antes de salir del baño y doy un último vistazo a mi reflejo en el espejo, no luzco mejor que lo que merezco, así que todo va estar bien, como siempre.
Con un profundo suspiro abro la puerta de mi dormitorio, cuando un peso muerto cae al suelo y doy un salto hacia atrás, sobresaltada.
—Uh, eso duele. —Él está aquí.
¿Qué hace aquí? ¿Cuando ha llegado? No le he escuchado. Lleva la misma ropa que anoche y está despeinado, con cara de no haber dormido mucho. Las pequeñas marcas negras que hay bajo sus abrazadores ojos negros son malditamente sexys, y cuando le veo, mi corazón se deshace en pequeños pedacitos. Paso a su lado esquivando sus pies estirados, luchando por ignorarle, pero como siempre que estoy a su lado, mi voluntad falla y me detengo.
—Kathe, tenemos que hablar.
—No, no tenemos.
—Por favor…
Y por primera vez sus suplicas no me importan, puede que no esté muy clara sobre cuál es mi lugar en el mundo, pero definitivamente no soy un océano de hielo, solo soy una chica normal asustada pero decidida a que no sigan pateando mi corazón.
—Erick —digo mirándole a los ojos, y el solo pronunciar su nombre hace que se me desgarre el alma—. Se acabó, lo que quiera que hubiera entre nosotros se terminó. No soy una cenicienta, no soy quien quieres que sea, te equivocaste, pero de igual forma, este no es el momento de apuntar lo que hicimos mal.
—Pero, dulce, déjame hablar.
—No, escúchame. No estoy enfadada contigo. —Y descubro, al decirlo, que es verdad, solo estoy herida—. Es solo que no va a funcionar, me has mentido y no puedo lidiar con el engaño, no me importa si Laura y tu se lo han pasado bien o no riéndose de mí. Ahora mismo lo que quiero es una maldita taza de té y poder hacer mi maleta.
Y camino hacia la cocina, bajo su atenta mirada, puedo sentir como sus ojos me siguen por la cocina, me observan mientras pongo la tetera al fuego y preparo mi taza de té. Sin mirarle puedo saber que no se ha movido de su lugar, al lado de mi puerta, pero no voy a caer, no voy a ceder, no esta vez.
Cuando escucho el ruido de la tetera, vierto el ardiente líquido dentro de mi taza y me dirijo otra vez a mi habitación.
—¿Maletas? —pregunta absorto, como si el tiempo no hubiera pasado—. ¿De qué diablos estás hablando?
—Me regreso a California, con mi madre.
—¿Pero te has vuelto loca? —No me queda claro si grita de frustración o miedo.
—Voy a pasar los próximos días en un hotel hasta que consiga un vuelo a casa — digo.
Justo cuando digo eso la puerta se abre, Laura está allí, con su esplendor rosa mirándonos perpleja. Parece preocupada y no veo a Musculos por ningún lado. Había supuesto que no volvería hasta más tarde, me habría dado el suficiente tiempo para irme. No quería verla, ni a ella ni a Erick, pero al parecer el destino está en mi contra hoy.
La tensión y la confusión pueden palparse en el ambiente, no sé muy bien que hacer o decir así que nos quedamos los tres, justo en nuestros sitios mirándonos los unos a los otros.
—¿Va alguien a decirme por qué tenía que volver con urgencia?
Él la ha llamado.
—Quiere volver a California. —Le informa él a su antigua amante.
—¿No hablarás en serio? —pregunta ella, ignorándole a él.
Me limito a asentir, no les debo a ninguno de los dos ninguna explicación.
—¿Por qué? —Esta vez le pregunta a Erick.
—Cree que la hemos estado engañando, los dos, ya sabes por nuestro largo y apasionado romance. —Un movimiento de cejas hacia arriba, acompaña sus palabras.
No entiendo como tiene la desfachatez de admitirlo, pero lo que más me sorprende es que ella, de pronto, se relaja y comienza a reírse como si yo fuera un mono de feria. Creo que no me merezco esto, ya he sufrido demasiadas humillaciones para toda mi vida.
—Me alegra divertirlos, pero tengo maletas que hacer —digo y me meto en mi habitación.
Ninguno me sigue, pero la puerta sigue abierta. Me siento en la mesa queriendo realmente ignorarles pero no puedo, así que dando vueltas a la cucharilla dentro de la taza me concentro en escuchar sus voces.
—Mike, ¿por qué no se lo contaste? —¿Qué? ¿Su mentira? Muy considerado por su parte—. ¿Te imaginas todo lo que puede estar pensando?
—Me lo ha gritado a la cara. No pienso dejar que se vaya.
Y ya no les escucho hablar. ¿Cuánto daño puede hacerme? No estoy segura, pero sus palabras me desgarran los pedazos que quedan de mi corazón. La esperanza es el peor de los males de la humanidad, y cuando le escucho hablar de no dejarme ir, no puedo desear que todo esto sea un mal sueño, y que él va entrar por la puerta me va a despertar y me va hacer el amor tantas veces que mañana no podré levantarme.
No puedo evitar imaginarme su piel morena, mis ojos haciendo brillar su mirada, sus fuertes manos acariciando mi piel, quiero soñar con el contacto entre la dureza y la más extrema suavidad.
No soy siquiera capaz de imaginarme lejos de aquí. En un vago intento de tomar las riendas de mi vida abro el armario y saco un par de perchas y las tiro sobre la cama. La blusa azul que tanto le gusta a Erick me hace recordar cuanto le había gustado vermela puesta, pero ahora todo tiene lógica, me la regaló Laura.
¿Cómo he podido ser tan estúpida? Lo peor de todo es que no se cómo voy a hacer para estar sin trabajo, sin la universidad, sin amigos, pero lo que sí es terrible es que lo que más me duele es imaginarme sin él, no hay otra forma de describirlo que un vacío negro y permanente que se extiende por segundos por mi cuerpo. ¿Cómo no has podido darte cuenta antes? Estas enamorada de él. Dice la vocecita. Y sé que muy posiblemente tenga razón.
Vuelvo a escucharles discutir, no estoy muy segura de qué hasta que la voz de Erick se eleva por encima de la de Laura.
—Volveré.
¿Es que se va? No puedo creer que me sienta decepcionada y no aliviada, es que los sentimientos me han vuelto una completa imbécil. No puede ser eso verdad de que las chicas acaban con hombres como sus padres, siempre he huido de esa clase de relaciones y mira justo a donde vengo a caer.
Antes de darme tiempo a reaccionar Erick irrumpe en mi habitación, presiona con fuerza su cuerpo contra el mío y me besa. No con cariño o reverencia sino con ansiedad y rudeza, algo que nunca había hecho antes y por alguna extraña razón, nunca había disfrutado tanto de un beso suyo, pero no le correspondo, dejo mis labios quietos mientras él exige una respuesta que no soy capaz de dar.
Y de la misma forma en que entra sale por la puerta, pero se detiene un segundo para mirar a Laura y decirle de forma muy convincente solo dos frases.
—Tienes tres horas. Si no es a tu forma será a la mía, no voy a perderla.
Y entonces, desaparece como un suave soplido de viento
—Bueno, Kathe, ahora tú y yo vamos hablar.
¿Por qué de repente todo el mundo quería hablar? Si hasta ahora nadie había dicho nada. No pienso prestarle atención así que me concentro en doblar ropa y meterla dentro de mi maleta. Nadie tiene ningún derecho a darme órdenes, no sé porque esto está haciéndose una costumbre entre Laura y Erick. Pero no quiero quedarme con las ganas de decirle unas cuantas cosas.
—¿No te parece demasiado tarde? Sinceramente, Laura, espero que te hayas divertido suficiente, porque esto se acabó, no pienso soportarlo.
—¿Pero de que estás hablando?
—Tú lo sabías —le acusé—. Te lo conté, lo que ellos le hicieron a mi madre. ¿Pensaste que sería buena idea que yo pasara por algo así?
—Katherine, no puedo creer que pienses eso de mí. Sabes que no soy así.
Hasta hace dos días confiaba en ella, nunca la hubiera creído capaz de algo tan cruel. Creía que era mi amiga, que por fin podía tener una vida normal. Pero ahora… ahora no sé qué creer.
—Yo… ya no sé nada —digo y sigo tirando ropa dentro de la maleta.
—Por favor, escúchame. Y deja de meter ropa, que después tendrás que colgarla de nuevo
—Tranquila eso no va a pasar, me vuelvo a casa de donde nunca debí haber salido.
La escucho caminar dentro de la habitación. Se sienta en mi cama, pero tiene el detalle de sentarse en el lado opuesto a mí.
—Él te quiere.
—Seguro —respondo irónica.
Y realmente lo creo, no puedo lidiar con tanto delirio de grandeza en mi vida, no pienso ser el pétalo en la vida de nadie, puede que no sea perfecta pero merezco ser una flor, sé que en algún lugar habrá alguien. Cuando fui lo bastante mayor para entender porque papá se había ido, juré que nunca dejaría que alguien me destrozara tanto como habían hecho con mamá… y aquí estoy, tan estúpida que ni siquiera puedo mirarme al espejo, sin querer agarrarme de los pelo.
—Sé que piensas que Mike y yo estábamos jugando contigo, pero no es cierto. Sé lo que le pasó a tu madre, yo nunca haría algo como eso…
—¿Estás diciéndome que nunca saliste con él? —pregunto molesta.
—No.
Y aunque sabía que esa era la respuesta, el esperarla, no la ha hecho menos dolorosa. Al menos es sincera, pero no resuelve mis problemas, no repara mi corazón.
—Escúchame, Kathe. Sí, salimos, dos veces… cuando teníamos nueve y dieciséis años. Éramos dos malditos críos, que nos aburríamos y queríamos probar cosas…. Nos conocíamos desde niños, pensamos, bueno que ese era el paso siguiente…
—Ya… ¿y en qué momento formé yo parte de todo esto?
—En ninguno, por dios, nuestros padres lo esperaban, ya sabes eso de que nos enamoráramos, nos casáramos y por fin ellos tuvieran unidas nuestras familias…
Y la verdad, eso sería una solución perfecta, yo solo vine a ser un estorbo en sus planes, con razón desde el principio Danna no hacía más que mirarme como un estorbo, porque lo era, para sus planes.
—Tú no tienes nada que ver en eso, cuando Mike se fue a Londres ya habíamos aceptado que nunca iba a funcionar, no somos así, no sabes lo extraño que es besar a alguien y no sentir absolutamente nada… —No, no lo sé—. No sabes lo que es sentir la mirada reprobatoria de unos padres a los que destruyes sus planes de futuro…
Tiene razón, no lo sé, mamá siempre me ha apoyado incluso en la más absurda de mis aficiones, nunca ha hecho planes que coartaran mi libertad, ella siempre me ha alentado a seguir adelante, a ser feliz, a luchar por mis sueños.
Pensé que hasta cierto punto la vida de Laura era perfecta, era guapa, lista, divertida, tiene dos padres que la adoran, amigos, hasta dinero. Pero en ocasiones el amor no es suficiente, sus padres la adoran, pero solo a lo que han hecho de ella, dudo siquiera que conozcan a la verdadera Laura.
De repente me estoy sintiendo mal, si ella dice la verdad, y creo que lo hace, he sido una idiota celosa, dios, sueno tan patética.
—Ven aquí —digo y la abrazo.
Laura y yo estamos en la cocina cuando escucho que la cerradura de la puerta cede bajo una llave. Sin necesidad de mirar sé qué es él. ¿Cuándo Laura le habrá dado una llave?
Aunque ya sospechaba que iba a volver, no había pensado que tan pronto, no era consciente de que tendría que hablar, que él necesitaba saber todo la verdad. Ahora mismo no estoy segura de si puedo abrirme tanto a una verdad que me aterra desde el mismo momento en que lo supe, aunque Erick no va a exigir una explicación, tengo que dársela.
Su esplendida figura se detiene a tres metros de mí, y me está mirando, sus ojos no pierden los míos de vista cuando habla con Laura.
—¿Nos dejas a solas?
—Claro —dice ella.
No sé si es lo correcto, pero agradezco que ella desaparezca sigilosa a su habitación y me deje a solas, con él, con la verdad.
—Has vuelto… —Soy la primera en hablar.
—Te dije que lo haría —dice mientras se sienta a mi lado, en una silla, que se ve frágil y pequeña bajo su cuerpo.
Se ha cambiado de ropa, puedo verlo, lleva un pantalón de chándal gris y una camiseta azul marino. Me gusta la forma en la que su piel morena contrasta con el color claro. Quiero tocarle, creo que ese es uno de los problemas que tengo cuando estoy a su lado, nunca encuentro la forma de mantener mis manos apartadas de él.
—¿Podemos hablar? —pregunta—. Te lo voy a contar todo…
—No… —Suplico—. Laura ya me lo dijo, ahora voy hablar yo. Por favor, escúchame.
Y por la ternura que hay en sus ojos siento ganas de atraerlo a mi pecho y no dejarle escapar, pese a esto tengo que contarle todo. Quiero que él sepa todo de mí, pero no puedo, estoy aquí mirándole, llena de dudas, otra vez.
La vergüenza de todo mi pasado cae sobre mi espalda como una cascada de acero puro. No estoy segura de si realmente quiero tenerlo a mi lado para siempre pero el solo pensar en su ausencia hace que en mi corazón un agujero negro se agrande más y más.
—Claro, dulce, te escucho.
Sus ojos oscuros como una la noche de invierno hacen que mi pulso se acelere tanto que a veces pienso que mi corazón va a salirse de mi pecho.
—Nunca te he hablado de mis padres… —Y empiezo a tragar con dificultad—. Papá ya no está… murió cuando tenía dieciséis… pero para esas fechas ya no vivía con mamá y conmigo. Cuando tenía doce años, el simplemente se fue…
Puedo sentir como se van formando las lágrimas en lo más hondo de mi cuerpo, sé que no quiero llorar, pero no puedo hablar de mis padres y que no duela.
—Éramos felices, o eso creía yo, ellos siempre estaban bromeando… nunca había visto a dos personas quererse tanto y cuando él nos dejo… mi madre simplemente no pudo soportarlo. Desde hace ocho años le veo destruirse poco a poco hasta extremos inimaginables…
Para estos momento mis ojos están anegados en lágrimas, pero en solo unos segundos los brazos de Erick rodean mis hombros, y le dejo apretarme contra su pecho, buscando desesperada el calor, la aceptación, que de alguna forma, sé que tengo.
—No tienes que contármelo…
—Quiero hacerlo, tienes que entender porque…Mamá empeoró cuando él murió, se iba de vacaciones con su amante cuando tuvo el accidente… ella era la mejor amiga de mi madre. — El silencio inunda la habitación por unos segundos—. Mamá está ahora en un centro donde pueden cuidarla, no puede vivir sola, por eso le llamo solo los miércoles y sábados…
—Ahora entiendo… cariño, yo nunca te haría algo así… Laura y yo…
—Lo sé, en serio… lo sé.
No sé cómo lo logro pero consigo darme la vuelta y enredarme entre sus brazos, y me dejo abrazar, me permito inspirar su olor, sentir su calor fundirse con el mío, y me siento en casa.
—Cuando estoy contigo, siento que camino sobre un piso que se derrumba y tengo miedo… —dice de repente— pero nunca he querido tanto algo…
—Yo… necesito espacio, he pasado los últimos ocho años pensando que lo único que hace el amor es doler, quemarse, romperse, terminar…. y llegas tú, con tus ojos negros como la noche y derrites absolutamente todos los bloques de hielo que hasta ahora, impedían que entregara mi corazón. — Sé que estoy desnudando mi alma cuando se lo digo.
—Pero eso es bueno, ¿no?
No puedo contestar, porque su rostro está demasiado cerca del mío… su nariz juega provocativa con la mía. Tramposo, sabe como me distaren sus besos. Sus labios fugases depositan un casto beso en la comisura de mis labios y estoy a punto de suplicar por más, cuando se aleja.
—Erick… Voy a intentarlo, te lo he dicho, pero no puedo prometer que no vaya a salir huyendo, no puedo evitarlo, así soy yo…
—Lo sé, puedes intentar huir que siempre voy hacerte volver… Y eso soy yo quien te lo promete… —Por alguna extraña razón, no me atrevo a dudar de sus palabras.
Es que no existe un hombre más perfecto. Definitivamente soy la que siempre lo tiene que arruinar todo, pero tengo que ser sincera si de alguna forma esto va hacia algún lado tiene que entenderlo.
—Estoy viviendo en una lucha eterna, ¿sabes? Mi mente dice que debo correr tan rápido como pueda, pero mi corazón solo dice que espere, que me quede.
Y estoy a punto de desgarrarme el alma cuando con ojos vidriosos dice las palabras exactas.
—Por favor, Kathe… Espera, solo quédate…
Todo mi cuerpo se orienta a él, mis labios se ofrecen voluntarios para ser devorados por su boca, mi piel sufre por estar alejada de su contacto. Ahora mismo solo quiero fundirme con él, pero justo cuando creo que por fin va a besarme, escucho la puerta de la habitación contigua que se abre a mi espalda.
—Bueno… No se han matado… Eso es buena señal, creo… —Le mira directamente a los ojos— ¿Te quedas a dormir?
Puedo ver como Erick se encoje de hombros, pero no la mira, en ningún momento sus ojos me abandonan y aunque me parece del todo descortés, no puedo evitar sentirme resguardada bajo su protectora mirada.
—Vale… Prepararé el sofá— dice Laura.
—No —me escucho decir, de repente—. Él se queda, conmigo… en mi habitación.
Y soy capaz de jurar que estoy tan roja como la manzana que ofreció la bruja a Blancanieves, pero no me importa, hasta que miro a Laura y veo sus ojos curiosos, deseosos de información.
—¿En serio?¿Ya? —pregunta esperanzada
—Laura…. —Se queja Erick.
—Vamos chicos, quiero saberlo, solo un par de detalles morbosos…
—Laura… —Esto sí que es un regaño en todo regla, se nota en el tono de reprimenda de Erick…
—Vale, vale, ya me voy… Pero lo sabré, sabes que terminaré por enterarme.
Y con todo su cinismo se inclina hacia la nevera coge un vaso de agua y desaparece dentro de su habitación.
Erick me ha obligado a comer un sándwich y un vaso de leche antes de dejarme ir a mi habitación, pero cuando, por fin, estamos arropados por la intimidad de las cuatro paredes lilas que dan forma a mi habitación, puedo verle revolver entre los papeles de mi escritorio, distraído, mientras yo busco algo que pueda ponerme para dormir. Me le quedo mirando, no estoy muy segura de cómo he podido estar tan ciega…
—¿Qué pasa? —pregunta y su sonrisa me enloquece.
—¿Cómo es que he pasado tanto tiempo sin que hubiera nada entre nosotros? —Se que sueno como una niña cursi, pero eso es lo que siento.
Su cuerpo perfectamente masculino se aproxima y entrelaza sus dedos con los míos y con nuestras manos así me acaricia la mejilla.
—Te voy a dejar una cosa muy clara, Kathe, puede que tú y yo, hace meses no fuéramos nada, pero entre nosotros siempre hubo algo…
Y la convicción en sus palabras solo me hace desear que sea real. Que todo esto nunca acabe y por unos precioso segundos me permito soñar. Lo mejor de estar con Erick, es definitivamente, que nunca me ha dado más opción que quedarme.
Mientras sus labios consumen los míos con desesperación, intento atrapar los suyos. Fundir su boca en la mía se me antoja delicioso y no hay fuerza, humana o sobrenatural, que me impida estar con él.
Sus manos envueltas en mi cabello parecen pequeñas gotas de lluvia que dejan un leve cosquilleo bajo su tacto. Su olor a colonia y jabón se funden con el aire de la habitación y embriaga todos mis sentidos.
Involuntariamente arqueo mis caderas buscando el contacto que se filtra por encima de sus pantalones de chándal. Su contorno tan conocido como deseado incendia todas las zonas de mi piel, y generan una humedad palpitante que me hace desear a Erick en lo más profundo de mí ser.
¿Segura? Sí, creo que esa es la palabra que describe como me siento a su lado y de una forma u otra sé que daría lo que fuera por sentirme así siempre. Sus labios se deslizan por mi cuello con demasiada ternura, demasiada devoción, pero yo no estoy de humor para esperar.
En un repentino impulso me saco la camiseta verde por los hombros y los vaqueros de un empujón. Erick parece divertido cuando me mira luchar por desabrochar mi sujetador que se ata en la espalda, pero no dice nada, vuelve a su labor de besarme de forma interminable y seductora cuando lo único que quiero es arrancarle la ropa.
—Tranquila, tenemos tiempo.
—Habla por ti —digo un segundo antes de empujarlo sobre la cama y subirme a horcadas sobre él.
Su boca vuelve a estar en la mía cuando me gira para que su cuerpo cubra el mío y me eleva las manos sobre la cabeza para tener libre acceso a mi cuello, mis pechos y mi vientre. Sus labios dejan un surco de besos alrededor de mi ombligo y yo arqueo mis caderas a modo de provocación.
Estoy ardiendo, mojada y dolorida, estoy a punto de rogarle que me toque. Para mi tortura sus dedos se deslizan por mis caderas y sus pulgares atrapan cada uno los laterales de mis bragas, pero no hace nada al respecto, solo me mira con picardía.
—Quizás deberíamos deshacernos de esto…
—Por favor. — Y lo que pretendía ser una súplica parece un grito ahogado.
Siento como por fin estoy completamente desnuda pero Erick no me toca, y estoy completamente desesperada. Sus manos acarician mis piernas, pero de forma tan casta y superficial que parece que estuviera aliviando un dolor en lugar de generarme uno mayor. Es un torturador. Bueno ya le di las suficientes oportunidades, ahora me toca a mí.
En un rápido movimiento salgo de la cárcel de su cuerpo y vuelvo a estar sentada sobre él. Le beso, con desesperación y necesidad, con lujuria y deseo. Su ropa sigue el camino de las mías en el suelo pero no soy tan delicada e incluso le quito los boxers y el pantalón de un solo jalón. La bestia posesiva que guía mis manos ha estado dormida por demasiado tiempo y no quiere perderse absolutamente nada de lo que pase por aquí. Ssolo sé que quiero sus manos por todo mi cuerpo y las mías por todo el suyo.
Su pecho desnudo y sin vello es todo un regalo para la vista aunque mis intensiones van más allá de verlo o tocarlo, necesito desesperadamente, saborearlo. Arrastro mis labios por su cuello, sus hombros y el sabor ligeramente salado de su piel inunda todo mi cuerpo, no hay forma en la que alguna vez vaya a cansarme de Erick.
En un intento de seguir mis instintos más básicos deslizo el torso entre sus piernas y me encuentro cara a cara con su erección. Majestuosa y excitante, he querido tanto poner mis manos sobre ella desde la primera vez que Erick se quedó a dormir…
Mis dedos están temblando pero no importa mucho, ni siquiera soy capaz de sentir vergüenza, solo puedo prestar atención al deseo que se escapa por mis poros. Atrapo entre mis dedos la carne dura y sensible y creo que nunca me he sentido mejor, cuando inocentemente recuerdo cómo puedo torturarle. Mi mano derecha se mueve arriba y abajo con movimientos rítmicos.
Sigo temblando, pero solo de excitación, su carne es tan sensible a mis caricias que podría estar ahora mismo en mitad del infierno y no sería capaz de notarlo. Entre mis manos parece tan delicado y salvaje, ¿será que todo con Erick va de un extremo a otro? Con la determinación por bandera introduzco la protuberancia en mi boca y disfruto de la dureza contra la humedad de mis labios.
—Por dios… —dice y su voz parece un jadeo….
No sé si mencionar a dios en un momento como este sea buena idea, pero no me detengo a pensar en eso. Sigo con movimientos constantes moviendo mi cabeza hacia delante hacia detrás, haciendo a cada segundo más presión y puedo ver en los ojos de Erick que por un preciado segundo tengo todo el poder sobre su deseo y placer. Nunca me he sentido tan poderosa. No sé como lo hago pero la velocidad en la que mi boca acaricia su miembro se incrementa y puedo sentir los latidos a través de la lengua, esto se siente tan bien… pero Erick me aparta.
—No, esto no va acabar así —dice mientras se sienta sobre las agarrotadas almohadas y me deja allí, tirada sobre sabanas claras. Su mirada nunca ha sido más intensa que en este momento.
—Eres una chica traviesa….
Y aunque intenta que parezca una regañina, no lo logra, puedo ver el tono divertido en sus ojos. Sus labios atrapan los míos, pero no me besa, me devora, está violando mi boca y no me importa en absoluto. Puedo sentir como el dolor entre mis piernas se expande y es cada vez más molesto.
Sus dedos expertos acarician mi vientre y juguetean con mis piernas, pero no me permite abrirlas. Es un tramposo…. Pero sus besos interminables de dejan sin más opciones que sentir…. Pero yo sigo necesitando que me toque o, definitivamente, voy a morir aquí.
Mi espalda vuelve a tocar las sábanas cuando las manos de Erick se introducen entre la piel mojada y necesitada que hay entre mis piernas. Un dedos experto sube y baja con demasiada lentitud y puedo escuchar el sonido de mi propia humedad. Siento como un dedo se hunde dentro der mí.
—Erick….
Y no estoy segura de que las palabras sean de alguna forma entendibles y no me importa…
—Por favor… es…estoy muriéndome… —Un segundo dedo se une y yo estoy a punto de perderme.
—¿Qué? —pregunta divertido.
—Sabes perfectamente lo que quiero… ¡idiota torturador! —Y mi insulto se vuelve grito cuando su pulgar rueda sobre mi clítoris. Movimientos circulares que me vuelven totalmente líquida y desesperada se prolongan una y otra vez hasta que pienso que por fin van a terminarse solo para que Erick separe su mano de mí y yo tenga aún más deseos de matarle.
Busco a tientas algo con que distraerlo, pero no puedo, la forma en la que me agarro a sus hombros no hace más que motivarlo, porque sigue ignorando mis necesidades, creo que cuando vuelva a tener el control sobre mi cuerpo voy a hacérselo pagar.
—Erick… —Gimoteo su nombre al borde de las lágrimas, únicamente provocadas por la necesidad.
Aunque no sé muy bien como lo logro Erick vuelve a besarme y por un segundo siento que por fin voy a tener lo que quiero. Escucho como el papel metálico del condón cede bajo la presión de los dedos de Erick. Abro mis ojos y le veo de rodillas, frente a mí. Imito su posición en la cama y cubro su boca con besos mientras su cadera presiona contra la mía.
—¿Puedo? —pregunto desesperada
Puedo verle elevar los bazos en señal de rendición y acomodarse sobre las almohadas.
—Has conmigo lo que quieras.
Y voy hacer que se arrepienta de haber hecho semejante proposición. Me deslizo sobre él y su contacto a través de mi piel, me hace sentir llena por primera vez en toda la noche. Un gutural sonido sale desesperado de su garganta y yo muerdo mis labios para que no me suceda lo mismo.
Erick coloca sus fuertes manos alrededor de mis caderas y guía mis movimientos arriba, y abajo enloquecedoramente despacio. Pero no estoy de humor para el romanticismo y la lentitud. Así que coloco mis manos sobre las
suyas y marco mi propio ritmo. Una y otra, arriba y abajo, negándome a aceptar solo simples penetraciones, así que me siento feliz cuando en un sencillo giro Erick me acuesta sobre mi espalda y comienza a deslizarse más rápidamente en mi interior. Sus embestidas me llenan por completo y me hacen querer más, siempre más.
Las ganas con las que deseo las arremetidas de Erick en mi interior, son casi indecentes pero indispensables si planeaba seguir viviendo. Erick está probando una nueva forma de esclavizarme bajo sus manos porque justo cuando siento que por fin voy a poder correrme se retira, justo hasta la misma entrada de mi vagina, solo para volver a introducirse hasta el fondo, una y otra, y tantas veces que voy perdiendo la cuenta, la cordura y las fuerzas.
Su ritmo, marcado solo por la búsqueda del placer, no hace más que llevarme al borde una y otra vez, tal vez quiere que suplique y si eso es lo que el necesitaba no me importaba en absoluto, nada importaba si por fin podía alcanzar el orgasmo.
—Erick… por… favor… necesito…
—¿Qué necesitas? —Aunque su respiración está más agitada de lo normal, el aún conserva autocontrol.
—Necesito… correrme, ¡ahora!
Puedo ver su sonrisa de satisfacción cuando empieza a subir el ritmo de sus embestidas, llegando justo al fondo de mi vagina. Es algo salvaje, casi primitivo, sin compasión, sin razón, pura necesidad. El placer se concentrar en lo más hondo de mi vientre y me siento malditamente ardiente y sexy, puedo sentir como mi orgasmo está a punto de completarse porque me siento cada vez más cerca de Erick, noto como él está cada vez más dentro de mí.
Todo mi cuerpo de contrae a su alrededor, buscando solo un poco más siempre un poco más. Sentir como el miembro de Erick convulsiona y palpita en mi interior es todo lo que mi cuerpo necesita, y como si tuviera vida propia se eleva desesperadamente. Con un grito silencioso entierro mis uñas en su espalda y caigo en una espiral de liberación y placer.
El cuerpo de Erick descansa sobre el mío, y aunque parezca mentira su peso no me molesta en absoluto. Me estoy concentrando exclusivamente en volver a respirar con normalidad. Erick se acomoda a mi lado en la cama y me atrae hacia su peco y me sostiene allí, muy cerca de él, tanto que puedo escuchar el palpitar de su corazón desbocado.
Ahora mismo solo quiero quedarme así, sintiéndome cubierta por su cuerpo, por sus brazos. Sé que puedo contar con que él va a pasar toda la noche acostado a mi lado, sosteniéndome entre sus brazos. Ahora sí puedo sentirlo, con el corazón hinchado por la proximidad de su pecho, con sus labios presionando mi cuello… Genera una sensación enloquecedora, no quiero olvidar esta sensación que me envuelve, pese a todo sé que estoy enamorada, de él, justo ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario