Descenso Capítulo 8
A él, porque cuando lo lea,
va a querer matarme.
La presión en el ambiente se acumula a mí alrededor y ni siquiera la dulzura suave del té que tengo entre mis manos la disminuye. No estoy muy segura de que decir porque cuando veo la tristeza en sus ojos, no encuentro fuerzas para escapar.
—¿Vas a decirme que pasa? —pregunta.
—No pasa nada.
—¿Qué es lo que ha pasado allá arriba? —Enmudezco, no puedo contarle—. Kathe, no puedes dejarme hacerte el amor y después fingir que no sentiste nada.
Será cínico, con la de mujeres con la que habrá tenido sexo. No tiene ningún derecho a escurrirme el corazón con sus palabras, pero lo hace.
—¿Tienes esta conversación con todas tus amantes?
—Maldita sea, no vayas por allí. Soy lo que soy, Kathe. No puedo cambiar mi pasado, pero por dios, que no voy a dejarte escapar de mi futuro, no sin luchar.
Y lo dice en serio, puedo verlo en las facciones contraídas de su rostro, que aunque presenta marcadas muestras de enfado parece suave y perfecto. Tengo que admitir que el que sea arrebatadoramente guapo, no siempre es bueno. No cuando no puedo resistirme. Pero pese a ello, no puedo admitir que muy en contra de mi voluntad he sentido más que placer, más que solo sexo. Lo que tengo con Erick, aunque él lo llame noviazgo y yo no encuentre una palabra adecuada para ello, me aterra; me hace sentir al borde del precipicio en cada segundo, pero al mismo tiempo más viva de lo que puedo imaginar.
—Por favor, habla conmigo. Dime que sientes sea lo que sea.
—No me gusta que hablas de futuro, de luchar por mí. No merezco eso Erick. —Cuando él intenta hablar llevo mis dedos a sus labios y sacudo la cabeza enérgicamente. Si voy hablar tiene que ser de una vez—. No puedo querer a nadie, créeme que, aunque no lo sabía ambicionaba encontrar alguien como tú, pero yo… no soy lo que tú necesitas.
—Dulce, tú eres todo lo que necesito. Más allá del sexo increíble, tienes que haber sentido algo, yo… lo vi en tus ojos, lo noté en la forma en la que respondías a mis caricias. Por favor, por favor no lo niegues.
El tono suplicante de sus palabras desvanece todas mis fuerzas. Justo ahora mismo un dolor insostenible me está estrujando el corazón ¿Cómo es posible que su sufrimiento me haga más daño que él mío propio? La posibilidad de sobrevivir a la pérdida de todo este dolor es tentadora. Solo quiero que él sea feliz. El problema aquí radica en que según sus palabras quiere ser feliz conmigo, y estoy a solo un paso de ceder.
—Piénsalo, ¿cuál podría ser nuestro futuro? No hay nada que tengamos en común, si siquiera sé el día de tu cumpleaños. No puedes pedirme que te quiera si no te conozco. —Casi le estoy gritando.
—Kathe, lo que te molesta es precisamente eso. Estas sintiendo, aunque no quieras, aunque sea del todo ilógico, lo sé. Estoy pasando por lo mismo, la diferencia es que yo me las estoy jugando todas, tú aún no te decides.
Pero es que no entiende mi postura. No logra ver que si dejo los sentimientos que aparecieron de pronto y sin ser invitados, terminaré destrozada cuando él se dé cuenta de que no va a ser suficiente con querer. Y entonces voy a quedarme sola, otra vez.
—Quieres que admita que quererte es mi debilidad. —Es una acusación, no una pregunta.
—Sentir no es acto de debilidad, al contrario, es una de las pocas cosas buenas que se le puede robar a esta maldita vida.
—¿Qué pasa si lo hago mal? —Mi pregunta es más un ruego que cualquier otra cosa.
—Es imposible amar mal —dice justo un segundo antes de que sus labios consuman los míos.
Solo el primer roce ya estaba enviando escalofríos a través de mi columna vertebrar. Me inclino más hacia adelante para que Erick tenga mejor acceso a mi boca. Su sabor es dulce y ardiente, sabor a hombre, mí hombre. Al menos por ahora. Mientras me dejo llevar por el beso, que consume todo mi aire peor agranda mis esperanzas y expectativas, no puedo evitar preguntarme si alguna vez encontraré a otro. Pero para mi suerte o mi desgracia, ahora mismo, todos los caminos llevan a Erick.
De repente el futuro no parece tan lejano, ni solitario, quizás, realmente sí que haya un lugar para mí en alguna parte. Las manos de Erick de repente detiene las mías cuando intento abrir su albornoz.
—Oh, no. No me hagas esto. —Mentiroso, puedo ver el deseo en sus ojos.
—Por favor. Nunca me había sentido tan viva…
—Lo entiendo pero piénsalo, seguramente estés adolorida.
Pero estoy segura de que si él no lo hubiera mencionado, no me habría dado cuenta. Al parecer mi cuerpo tiene clara sus prioridades, no es que sean o no las correctas, pero no creo que pueda hacer nada al respecto. Pese a todo, tengo que admitir que si que estoy un poco dolorida, no es un dolor desagradable del todo, por el contrario, de alguna forma es como el recordatorio de que él estuvo en mí y que entregué todo de mí por unos preciosos minutos. Además es muy instructivo, me duelen hasta lugares que no sabía que podían doler, y si sé algo, mañana será aún peor.
Ni siquiera puedo esperar, para tener más de Erick enterrado profundamente en mí. Puede que haya dolor pero solo pensar en lo que puedo volver a tener, mojaría mis bragas de inmediato, si llevara claro.
No sé si él puede leer en mi rostro las ganas incontrolables de tocarle porque me mira de forma compasiva antes de empezar otra vez a hablar.
—Tengo una idea, vamos arriba. Podemos acostarnos y hablar. Puede que también te deje besarme —dice picaresco.
—Genial —consigo decir antes de que mi corazón se desborde.
Volver a estar en los brazos de Erick hace que me sienta como en casa. Nos acomodamos desnudos, en el centro de la cama y él me abraza. Tan fuerte, como si quisiera no dejarme ir, y yo ya no quiero que lo haga. Parce un niño pequeño jugando con mi cabello, no entiendo porque no puede dejar sus manos quietas.
—Kathe, tocar tu cuerpo es una magia extraña, es como estudiar una geografía hecha expresamente para los sentidos.
—Íbamos a hablar, ¿recuerdas?
—Cierto. ¿De qué quieres hablar?
—De cualquier cosa cuéntame cosas de ti. Podrías contarme qué haces, dónde estudiaste, dónde realmente vives.
—Vamos, no pensaras que esta es la casa de mis ligues ¿verdad?
—No, Laura dijo que no invitas a mucha gente aquí.
—¿Sabes? Tengo que cortar el grifo de información de Laura.
Por un momento ella vuelve a estar en mi cabeza, tengo que llamarla, no puedo esperar a saber que habrán dicho de la futura boda. ¿Lo sabrá Erick? No creo que ella se lo ocultara, pero tampoco tengo derecho a confesar un secreto que no es mío.
—¿Estás pensando en ella? ¿En la futura boda?
Sí, lo sabe.
—Sí, tengo que llamarla. —Su mirada decepcionada me invade—. Más tarde. Solo estoy preocupada, pasó de estar llorando como loca a dar saltos como un canguro.
—Tranquila, dulce. Siempre que algo la supera se pone el estúpido pijama rosa y llora, después se queja de que le saldrán arrugas de llorar.
—Como la conoces… —Y no puedo evitar sentir algo de envidia de la relación que tienen. Creo que secretamente siempre he querido tener amigos como ellos.
—Hace lo mismo desde pequeña… Pero estábamos hablando de mi ¿recuerdas? Soy psiquiatra, estoy a punto de inaugurar mi oficina aquí, antes la tenía en Londres. Pasé allí más de 10 años. —Parece nostálgico—. Fui a la universidad allí y después me quedé a hacer posgrados y todo se resumía a quedarme allí. Pero cuando supe de Emily tuve que volver. Ella y tú, definitivamente me han convencido de que este es mi lugar.
—Continúa por favor.
—Cuando tenía dieciséis años en clase de lengua, tuve un profesor maravilloso. Nos mandó un día a hacer una redacción para un concurso de literatura, asombrosamente gané. Lo publicaron y gané más dinero del que alguien de mi edad podía gastar, así que compré la universidad para mis padres y esta casa, para mí. Guardé otro poco para la universidad…
¿Escribía? Puede que tengamos más cosas en común de lo que yo creía. Aunque claro él es un profesional. Y extremadamente generoso. Cualquier muchacho de dieciséis años con tanto dinero podría ir todo el día de fiesta en fiesta, dejar los estudios, sin embargo el simplemente pensó en el futuro y se quedó.
—Estoy muy orgullosa de ti —digo y presiono lentamente mis labios sobre los suyos, sin moverlos, solo una suave y casta presión.
Siento la necesidad de abrazarme más a él, a su piel cálida, deseo con todas mis fuerzas ser realmente lo que él necesita, poder quedarme a su lado. Abrirme a él por completo. Su olor me embarga completamente. Quiero robarle segundos al tiempo.
—¿Tenemos planes para hoy pregunto?
—Si te arriesgas a pasar el día conmigo, voy a llevarte a cenar con mis padres.
Creo que mi rostro muestra que estoy totalmente en contra de esa idea. No quiero ir a cenar con su familia. ¿Qué se supone que voy hacer allí? Ni siquiera tengo algo para ponerme. ¿Y qué voy a decirles? ¿Hola profesores, resulta que me tiro a su hijo? Esto es una muy mala idea, no quiero. Pero claro, sería un buen momento para darle mi regalo a Emily, aunque yo no tenía que haberlo hecho, ella no necesita nada de mí. Mi cabeza empieza a doler.
—No creo que sea una buena idea —digo entre susurros.
—¿Por qué? Ya te conocen.
—¡Son mis profesores! ¿Cómo se supone que me voy a presentar?
—Como mi novia. —Y lo dice como si fuera lo más normal del mundo.
—¡Una novia que conoces desde hace dos semanas! Van a pensar que soy una caza fortunas en potencia.
—Le diremos que firmaste un contrato prematrimonial —dice picaresco.
—No es gracioso —digo al fin.
—Sí lo es —dice, me besa y cuando le correspondo sé que el gana y que yo pierdo.
Me dejo seducir por sus labios, ruedo sobre mi espalda y me coloco sobre su estomago para poderle besar mejor, meto mis dedos entre su pelo y me rindo bajo sus besos en mi cuello.
—Detente… —Y todo mi cuerpo está en contra de mi petición—. Si voy a ir a cenar a tu casa, tienes que llevarme a casa. Tengo que asaltar el armario de Laura.
Mientras me subo al coche, doy un último vistazo a la fachada de la enorme casa, realmente me gusta, espero poder volver alguna vez, o muchas, siempre que sea con Erick no me importa dónde.
Cuando escucho que el motor se pone en marcha, noto la mano de Erick aprisionar la mía. Se le está haciendo costumbre conducir con una sola mano y también es peligroso.
—Por cierto, Kathe, mi cumpleaños es el 23 de marzo.
Y yo simplemente sonrío, cada segundo me estoy llenando más de él.
Me doy un último vistazo al gran espejo que hay en el lado derecho de la habitación. Adoro este vestido, es verde, se ajusta perfectamente a mi silueta y se abre justamente en mi cadera para caer en suaves ondas unos ocho centímetros sobre mis rodillas. Parece elegante pero informal. Para mi propia sorpresa llevo puesto tacones, no son precisamente mortales, pero si lo suficiente altos para que mis piernas se vean sofisticadas y mi trasero más grande, aunque esa parte no sé si es buena o mala.
Me arriesgo a ponerme una muy pequeña gama de maquillaje solo para resaltar los ojos y que de alguna forma perezcan más vivos. Cuando quedo conforme con la forma en la que mi pelo cae sobre los hombros salgo de la habitación, eternamente rosa.
Erick sigue exactamente donde lo dejé, mirando las noticias del canal internacional, así que me escabullo a mi habitación, en silencio, y recojo la bolsa que tenía guardada desde hace días en el armario.
—Estoy lista —digo mientras me acerco a él.
—Y también estas preciosas.
—Puede que no esté muy cómoda con vestidos y tacones, pero al menos estoy guapa
—Siempre estas preciosa, aunque lleves horribles y masculinos overoles de pintor.
Y por la sonrisa que nubla su rostro, no soy capaz de discutir con él. El recuerdo de la tarde de nuestro primer beso vuelve fugaz a mi memoria y me llena por completo de felicidad.Tengo que reconocer, que este hombre sabe cómo hacer que una chica se sienta especial.
—¿Qué llevas en la bolsa?
—Es un regalo, para Emily. Cuando fui al hospital, no tuve tiempo de llevarle nada.
—¿Qué es? —pregunta curioso.
Sus ojos se han vuelto de repente inquietos, como un niño pequeño. Me encanta cuando parece tan pequeño, el contraste con su cuerpo de chico malo, hace que mis rodillas tiemblen y mi corazón lata demasiado rápido.
—Es una manta, para que pueda dormir arropadita por las noches.
—No tenías porque gastarte dinero —dice conmovido.
—No lo he hecho, era mía de cuando era pequeña. Sé que puedes comprarle muchas cosas, pero me gustaría que ella tuviera algo mío. Si no te importa claro…
En apenas dos segundos estoy completamente sumergida en sus brazos, puedo notar que la emoción es quien acalla sus palabras, solo es una manta. Definitivamente esto se me está yendo de las manos.
—Te amo, Katherine.
Oh, mierda.
El silencio en el coche se prolongó más de la mitad del viaje de camino a la cena con sus padres. Sé que él ha dicho que siente cosas por mí, que me quiere, pero amor. ¿Cómo puedes amar a alguien en dos semanas? No, sigo sin poder entenderlo. Y me siento aún peor, por el solo hecho de que yo no puedo decir lo mismo.
Para mi suerte, justo cuando llegamos a la casa, aún más grande que la de la playa nos detenemos en la puerta y Erick me mira fijamente.
—Vamos a dejar claro esto, yo te amo y tú sientes lo mismo por mí, puede que no te des cuenta o no quieras aceptarlo, puede que ni siquiera lo hayas pensado, pero vamos hacer una prueba. Di: Te amo, Erick.
¿Qué? ¿Quiere que diga eso en voz alta? No. No puedo, no puedo hacer esto.
—Yo… yo… —Y vuelvo a enmudecer.
—Vamos a intentarlo a la inversa. Di: No te amo, Erick.
Y un profundo dolor recorre todo mi cuerpo, solo al escuchar las palabras, siento como que mi cuerpo se revoluciona y desea maldecir a más de uno en este momento.
—¿Lo ves? No lo sabes, pero pronto lo sabrás. Ahora, vamos a cenar.
Mientras me abre la puerta del coche solo puedo pensar en sus palabras y por más que lo intento no puedo admitir nada, no estoy segura de nada, ahora mismo.
De camino a la puerta Erick entrelaza sus dedos con los míos, y me siento reconfortada. Puede que sus padres piensen que estoy loca, soy una lunática o peor aún alguien que quiere aprovecharse de su hijo, pero saber que tengo a Erick a mi lado hace que los miedos se minimicen.
Un hombre mayor, con un traje a rayas de mayordomo, nos abre la puerta, Erick parece feliz de verlo, creo escuchar que le ha llamado Mario. Le seguimos por la espaciosa estancia, toda pintada de colores claros, grandes ventanas que en las mañanas dejaran entrar mucha luz de sol. La decoración es más bien moderna, pero acogedora, supongo que fue decorada por la propia familia.
Cuando entramos al gran salón puedo ver a mi profesor de metodología científica de la psicología, abrazando a mi profesora de psicología general. Tienen un bebé entre sus brazos y sonríen como si fueran mucho más jóvenes que en clases. La imagen es demasiado tierna y familiar, me hace sentir por completo una intrusa, es como si no tuviera aquí un lugar y el hecho es que no lo tengo. Como si eso no fuera suficiente, salgo con su hijo. ¡Me niego rotundamente a llamarles suegros!
Como a Erick no parece incomodarle en absoluto la atmosfera, me arrastra hasta el medio del salón. Y allí me quedo como petrificada, mientras éll besa a su madre en ambas mejillas y abraza a su padre. Estoy viéndole tomar a Emily en sus brazos y acercarse a mí. Me la entrega. Madre mía. Nunca he tenido antes un bebé en brazos, ¿y si se me cae? ¿Cómo se te va a caer? Pregunta irónica mi vocecita interior. Me limito a atraerla a mí, más cerca, asegurando de que mi mano esté sujetando todo su cuerpecito.
Intento buscar la mirada de Erick pero tengo público todos están mirándome. El profesor Maclaing está sonriendo, creo que me estoy perdiendo de algo. La expresión facial de su esposa en confusa, es una mezcla entre un intento de parecer enfadada y de desesperación.
—Hola —consigo decir—. Tienen una casa preciosa
Es que ni siquiera les había saludado, ya ni siquiera tengo buenos modales. Y encima un saludo muy creativo, soy todo un desastre, solo me falta comentar que está haciendo un poco de calor. Buena impresión a la porra.
—Hola, Katherine —murmura la señora Smith.
Que alguien me llame por mi nombre completo me pone nerviosa, parece que estuvieran riñéndome y no me siento muy relajada ahora mismo, la verdad.
La sonrisa pícara que intercambian Erick y su padre me hace sentir un poco mejor, aunque la sensación dura demasiado poco.
—¿Así que tú eres la razón por la que mi mejor alumna decide llevarse el móvil a clase?
Me había visto. ¡Lo sabía! Se lo dije a Erick ¿y él que hizo? Enfadarse conmigo. Y mi suerte empeora por minutos.
Asustada busco la mirada de Erick y él está tan relajado y feliz que no me queda más remedio que asumir que era una broma.
—Siéntate por favor, Kathe —murmuró el profesor.
—Gracias, profesor Maclaing.
—Por favor, Kathe, llámame James. No doy clases particulares.
Esto de las bromitas me desconcierta bastante. Con mucho cuidado trato de sentarme sin despertar a Emily, pero fallo, la niña empieza hacer pucheros cuando abre los ojos y me ve. Erick se sienta inmediatamente a mi lado y le sonríe, como un mágico bálsamo, ella bosteza y le sonríe.
Le paso a la niña y él se dedica a arrullarla. Parece tan tranquilo, verle en esa faceta tan hogareña me derrite por completo. Es casi mágica la forma en la que sus fuertes y masculinos brazos se vuelven delicados para formar una cuna perfecta para su hermanita.
—Bueno, cuéntennos ¿Qué tal ha ido todo? —pregunta una voz femenina.
—Oh, vamos mamá, no empieces con el interrogatorio otra vez. Ya conocen a Kathe, es mi novia, no pienso dar ninguna explicación al respecto.
¡Y lo comenta como si estuviera hablando del olor de unas rosas! Es mi novia. Este hombre no puede estar bien de la cabeza, lo único que sé es que yo estoy aquí, intentando mantener la vista en mis rodillas, petrificada por completo.
—¿Novia? —Los ojos de su padre se levantan. Erick asiente—. Nunca las llamas tus novias, no las traes a casa. ¿Qué está pasando hijo?
Si es que yo lo sabía, ellos tampoco creen que esta relación pueda funcionar, es como intentar juntar el agua y el aceite.
—Papá, ella es diferente.
—Lo siento querida, no me malinterpretes no es por ti —dice dirigiéndose a mí— ¿Pero tú no decías qué estabas planeando conocer a esa amiga de Laura?
Así que era verdad, todo eso que Laura le contaba de mí, que tenía curiosidad. Erick está sonriendo, puedo notarlo sin tener que mirarle directamente a los ojos.
—Ah…. Entiendo —dice su padre por fin—. Estupendo entonces.
Y por más que lo intento no encuentro ningún indicio de ironía o molestia, tampoco hay demasiadas muestras de alegría y esta situación se vuelve aún más extraña.
—Pasemos al comedor, por favor. —Ella aún no me ha dirigido la palabra directamente, más allá del saludo, pero justo ahora lo hace—. Katherine por favor, acompáñame a la cocina.
—Claro señora.
A unos pocos pasos del gran comedor, está la cocina más alucinante que haya visto nunca, ha sido hecha para que cocinar sea un placer.
—Escúchame querida, no es que lo apruebe o no, no es de mi incumbencia como vive su vida amorosa o sexual mi hijo. —Maldita sea, me estoy sonrojando—. Pero no puedo negarte que me parece todo muy rápido.
—También a mí —consigo decir—. Erick me presentó como su novia, yo prefiero no poner etiquetas a lo que sea que está pasando entre nosotros.
—Bien, aclarado este punto, vamos a darles tiempo, lo que tenga que ser será. Ayúdame con la ensalada.
Una vez, están servidos nuestros platos, intento comer, la verdad es que todo tiene un buen aspecto, pero no consigo que me pase mucho por la garganta. Al contrario que yo, Erick devora su comida animadamente. Logro concentrarme en la conversación, al parecer están haciendo planes para el verano.
Parecen una familia muy unida, pese a que sé que Erick ha vivido muchos años lejos de ellos. Distraídamente, Erick besa mi mejilla.
—Vamos, come algo, tienes que recuperar energías. —Y vuelvo a sonrojarme.
Hombres, nunca van a entender que esos comentarios no se hacen en una cena, no si su madre está presente. Pero claro ahora mismo me estoy imaginando la forma perfecta en la que podría perder aún más energía, hay tantas cosas que aún no hemos podido hacer.
Me meto en la boca rápidamente un tenedor cargado de ensalada para evitar ponerme a gemir en medio de la cena. El muy malvado, sabía que esto pasaría, puedo reconocer su sonrisa de autosuficiencia.
Tras un postre con delicioso chocolate, me ofrezco a recoger la mesa, pero ellos tienen servicio, no sé cómo no me lo había planteado, por un segundo me siento estúpida, si esto fuera una asignatura, suspendería.
Volvemos hablando animadamente sobre el acto de cierre del curso, que será justo dentro de dos días.
—¿Qué planes tienes para este verano, Kathe?
¿Ella me ha llamado, Kathe? La sorpresa me abruma.
—Trabajo algunos días, pero tenía planeado ir a visitar a mi madre, hace cerca de cuatro meses que no le veo.
—¿Mucho tiempo no?
—Sí, la verdad. Vive en California, y no puedo permitirme ir a verle tan seguido como quiero, pero hablamos por lo menos dos veces a la semana.
No me siento muy cómoda hablando de mi familia, más que nada porque no le he contado a Erick aún toda la historia, y no quisiera que se enterara ahora.
—¿Cuántos años tienes? —pregunta James, de repente.
—Veintiuno —responde Erick por mí, le falta agregar que sé que parezco mayor, todos me lo dicen.
—Pensé que habías dejado de contestar por las chicas, desde que Laura dijo que te dejaría si volvías a contestar por ella.
Tanto Dana como James se están riendo, pero Erick no, yo tampoco. Aquí hay un par de palabras que no acaban de cerrar ¿Laura? ¿Dejarle? Tiene que ser otra Laura estoy segura. Aunque el rostro de miedo de Erick me sugiere otra cosa. Emily empieza a llorar y nos salva a todos de un momento incomodo.
—Lo siento —se disculpa Dana—. Tengo que subir a darle de comer.
—Por supuesto, ya me tengo que ir, de cualquier forma.
—Esperamos verte pronto —dice James, mientras acompaña a su esposa escaleras arriba.
Yo trato de sonreírles y cuando vuelvo a mirar a Erick, solo puedo decir una frase.
—Llévame a casa, ahora.
Nunca un trayecto se había hecho tan largo. El coche se queda pequeño para el silencio sepulcral y las energías difusas que no tienen dónde colocarse. Esta vez me niego no solo a hablarle, en el recorrido en coche, tampoco puedo mirarle. Soy totalmente estúpida. Y yo pensando que eran buenos amigos, ningún hombre en su sano juicio sería solo amigo de una belleza como Laura.
¿Cómo he podido ser tan tonta? Espero sinceramente que no se hayan estado riendo a mi espalda, genial los dos niños ricos, riéndose de la idiota de turno. Maldita sea, y yo penando que después de dos años podía decir que tenía una amiga, eso me pasa por dejar a alguien entrar, cuando estaba sola podía soportarlo. No voy a ser como mi madre, he salido huyendo de casa porque ya no podía más, no pienso dejar que nadie me aplaste o me pisotee como hicieron con ella. No voy a permitirlo. No, no soy como mi madre, no puedo serlo.
En el trayecto a casa puedo sentir pesado hasta el aire que respiro. Cuando por fin veo la puerta de casa, no hago más que lanzarme del coche, sin estar muy segura de si Erick me sigue o no, realmente no me importa, por el contario si pudiera, lo haría desaparecer.
—Espera, Kathe, por favor.
Pero no me detengo, sigo hasta mi habitación y le azoto la puerta en la cara. No me detengo a pensar en si él se ha ido, o si se va a quedar. Ahora mismo eso no me importa en absoluto. No tengo intenciones de que el desaparezca pero daría cualquier cosa por poder hacerlo.
En menos de cinco segundos estoy en el baño, me quito rápidamente, el absurdo vestido, que huele a traición y me meto bajo el chorro de agua caliente.
El vapor despeja mis fosas nasales, y me hace sentir, físicamente más relajada, el olor familiar a chocolate de mi gel de ducha borra cualquier huella de él de mi cuerpo, pero no de mi alma. Espero sinceramente, verme calmada y relajada porque estoy bastante segura de que si esto fuera un comic tendría cientos de rayos y centellas saltando de mi cabeza. Cierro el grifo del agua y con un leve gemido abandono la ducha.
Mientras la toalla blanca limpia todos los restos de agua de mi cuerpo no puedo evitar en pensar, que si todo esto no fuera una absurda mentira, ahora mismo estaría con él aquí, probablemente le habría convencido de tener sexo en la ducha. Sacudo la cabeza intentando borrar las imágenes seductoras que se forman en mi cabeza. Y quiero apartar también, la rabia y la impotencia. No quiero sentirme indefensa necesito tener las riendas de mi vida entre mis manos, no puedo dejar que los hilos de mi destino los corte el desengaño y el dolor.
No puedo dejarme de preguntar dónde estará, algo tan absurdo como preocuparme por él en un momento así. Al menos no me ha seguido hasta aquí dentro. Aunque aprecio el gesto, en mi interior solo quería que me hiciera creer, que me dijera que nada era verdad.
No voy a llorar, me digo una y otra vez mientras intento contener las lágrimas. No voy hacerlo, es mi último pensamiento, antes de quedarme dormida, abrazada a una almohada que huele a él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario