A él, porque cuando lo lea,
va a querer matarme.
Erick coloca delicadamente sus
manos alrededor de mi rosto y acaricia mi nariz con la suya, su tacto es tan
sensual. Su nariz también recorre mi cuello y su aliento hace que mi piel
reaccione al aire que desprende, nunca me había sentido así. Por un segundo,
mis ojos descansan en los suyos, y el brillo que veo en ellos es tan segador
que me desarma completamente.
Antes de que me dé cuenta, sus
labios consumen los míos, y lo que hasta ahora había planeado, queda eclipsado
por lo que desea, desesperadamente, todo mi ser.
Sus labios presionan los míos,
primero suave y tiernamente, pero cuando dejo caer el labio inferior, para que
su lengua acaricie la mía, el beso se vuelve enérgico. Más que el roce casual
de nuestras pieles, lo único que soy capaz de sentir es como su energía se funde
con la mía. Mi agitada respiración, no hace más que aumentar el ritmo por
segundo, mi corazón late con más fuerza que nunca. No quiero que pare de
besarme.
Sus manos mágicas acarician mi
espalda, arriba, abajo, una y otra, y otra vez, provocando sensaciones que ni
siquiera era consciente de que existían, hasta ahora. Sensaciones que quiero
conmigo, siempre.
Cuando finalmente, nuestros
labios se separan, no puedo abrir los
ojos, Erick presiona su frente contra la mía, y en silencio, dejamos que
nuestras respiraciones vuelvan a la normalidad.
—
No
puedes negar que te gusta besarme, has admitido que es tu pasatiempo favorito,
así que, por favor, no me prives de tus labios, empiezo a creer que no puedo
vivir sin ellos.
—
¿De
qué especie de planeta escapaste?—su mirada confusa me llena ternura—. Hablas
como si te acabaras de escapar de uno de mis libros.
No estoy muy segura de cómo
reaccionar. Sus manos, que ahora envuelven las mías, en ningún momento se
sienten demasiado frías, siempre son cálidas y me transmiten tanta tranquilidad…
—
¿Y
eso es bueno?
—
No
estoy segura— confieso—. Pero nunca estoy segura de lo que siento, no cuando tú estás cerca.
—
Me
pasa lo mismo, puede que no se note, pero todas las sensaciones que despiertas
en mi son tan nuevas como la primera risa de un bebé.
—
Siempre
te las apañas para hacerme sentir distinta…—mis ojos se pierden en el suelo de
madera oscura.
Tengo que decirle que había
venido a romper cualquiera que fuera la relación que tenía con él, pero ya no
estoy tan segura de que eso sea lo que quiero, sin embargo, estoy segura que no
se parece en nada a lo que realmente necesito. Tienes que ser valiente, me digo
a mi misma, respiro profundo y cuento los segundos que me quedan para arruinar
o salvar mi futuro.
—
Esta
noche, fui al restaurante porque… porque no quería volver a verte—Erick abre la
boca pero le detengo—. Espera, déjame hablar—. Vuelve a guardar silencio y me
mira fijamente—. No quería volver a verte…porque me da miedo, muchísimo miedo
todo lo que estas despertando en mi. Y es que yo no soy la clase de mujer que
tiene una vida fácil. Son más las cargas que los beneficios de estar conmigo—. Silencio,
profundo y absoluto. Tomo aire y entonces continuo—. Solo quiero que entiendas
como me siento y espero, egoístamente, que
de alguna forma extraña e imposible, lo que soy no te aleje. No voy a decir,
que te quiero…— y justo cuando digo la palabra mi voz se quiebra— simplemente
porque no se que siento, ni quiero arrastrarte a la maraña de esta vida monótona
que he llevado hasta ahora—. Mi voz vuelve a quebrarse, y esta vez no vuelvo a
encontrarla—.
—
Calla,
calla— canturrea junto a mi odio—. Mírame…dulzura,
si por alguna razón, y con ayuda de un torturador destino, decides que quieres,
por lo menos, intentarlo, seré el hombre más feliz de la tierra. Sí, ya sé que
es un cliché, pero no está lejos de la verdad. No hay nada que puedas decir que
no te haga a cada segundo más perfecta para mí.
Y esas son las únicas palabras
que yo necesito escuchar para derretirme. Erick me acuna entre sus brazos por
lo que parece un tiempo demasiado corto, yo solo puedo sentir el calor de su
cuerpo, que me hace olvidar todo y consigue
que solo me concentre en el sonido de los latidos de su corazón. Perfecta, y por un precioso momento me
siento así, perfecta para él, abrazo el sentimiento, no quiero olvidar lo que
se siente.
Estoy llorando otra vez,
ensuciando la pulcra camisa con la sal de mis lágrimas, a Erick no parece
importarle. ¿Y ahora qué? ¿Que se supone que somos? No quiero ponerle nombre a
nada de lo que estoy sintiendo, pero ya no quiero que desaparezcan estos
sentimientos. Me siento como una adolescente, algo, que según Laura, nunca he
sido. En asunto de ropa y chicos soy una adolescente en potencia, esto parece
más difícil de lo que pensaba, pero ahora mismo con Erick tan cerca, todo
parece terriblemente fácil.
Creo que estoy dispuesta a
intentarlo, a dar una oportunidad para que mi corazón se descongele, quizás sea
hora de dejar entrar a alguien más, pero la sola idea de que Erick sepa quien
realmente soy, me aterra. No quiero decepcionarle, ni asustarle. Además, Laura
ha dicho que era diferente a mí y en su mirada pude ver que aunque es su mejor
amigo, lo que quería decirme es que es peligroso. Vi el miedo en sus ojos
cuando nos vio juntos en la cama, esa no es la Laura que conozco.
—
Laura
ha dicho que somos muy diferentes— le digo—. ¿Y si las diferencias pueden más?
—
Hay
muchas cosas de mí que no sabes, cosas importantes, que ella si sabe. Te
prometo que te lo contaré todo, no quiero ocultarte nada, pero, por favor, no
hoy, no ahora. Si vas a salir corriendo, quiero estar contigo, una noche más.
No creo que ahora mismo sea
capaz de moverme, al contrario, estoy tan plantada aquí como las raíces de un
árbol centenario, pero al menos he dejado de llorar, cosa que agradezco.
Miro el reloj, cuando vuelvo a
colocarme las gafas, que descansaban en mi regazo, pasan de las doce y debería
estar en casa. Pero no quiero apartarme de Erick, el ha dicho que quería estar
conmigo una noche más, aunque no creo estar segura de a se refiere. ¿Y tú a que crees? Pregunta la
vocecita, irónicamente. Mierda, se refiere… a sexo.
Digamos que no es un tema en el
que hubiera pensado, ni en el que estuviera particularmente interesada hasta
ahora. Todo empieza a dar vueltas en mi cabeza, esto es una locura, tengo que
irme de aquí ahora mismo. ¿Cómo voy a volver a casa? No tengo la más mínima
idea de donde estamos, como salir o dónde está mi coche, y yo que pensaba que
estaba en terreno neutral.
—
Tengo
que volver a casa…es tarde— digo.
—
Podemos
quedarnos aquí, te llevaré mañana temprano— sugiere, y la esperanza en sus ojos
negros me derrite y me aterra a la vez.
—
Por
favor…— lo intento de nuevo.
—
Vale—concede
tras un minuto de silencio—. Pero me tendrás que explicar que te disgusta de mi
casa, a la que ni siquiera hemos entrado.
Mientras caminamos rumbo al
coche Erick rodea mi cintura posesivamente. Su tacto es reconfortante, pero
extraño, se siente correcto y no estoy acostumbrada a sentir nada así. Erick
abre la puerta del copiloto para mí, incluso me abrocha el cinturón de
seguridad, me siento como una niña pequeña y le frunzo el seño. Y como única
respuesta recibo un casto beso en los labios.
Conduce por unos aproximadamente
treinta minutos, con sus dedos entrelazados con los míos. La verdad es que no
estábamos tan lejos de casa, pensaba que era más. Me estoy empezando a quedar
dormida cuando el coche se detiene frente a las luces del jardín de la casa que
comparto con Laura.
Erick me abre la puerta y justo
cuando la cierra presiona mi cuerpo contra el frío metal y me besa. Con fuerza,
su lengua explora mi boca y no se detiene hasta que me rindo y le respondo.
Para cuando separa sus labios, ambos estamos jadeando y estoy segura de que mis
mejillas están bañadas de rojo.
—
¿Puedo
quedarme?— pregunta con su frente pegada a la mía.
La pregunta me toma por
sorpresa, quiero estar con él, no quiero separarme de todas estas sensaciones,
tengo miedo de que cuando me levante todo esto haya desaparecido, pero necesito
pensar, no puedo dar todo de mí por solo una semana, demasiado pronto. La
tensión recorre todo mi cuerpo, Erick parece notarlo y separa su frente de la
mía pero acerca más su cuerpo al mío, entonces clava sus ojos en los míos y un
segundo después está susurrándome al oído.
—
Solo
para dormir….
No parece tener intensiones de
seguir la conversación y lo agradezco infinitamente. Asiento lentamente y me
arraso hasta la puerta, con su mano apretando la mía.
A oscuras por el salón, intento
no golpearme con nada. Mi habitación, me relajo inmediatamente al entrar en
ella, aunque Erick sigue justo detrás de mí. Me suelta y me dirijo al baño, me
quito el vestido, me cepillo los dientes y me meto en la camiseta azul con la
que suelo dormir, le sigue el chándal a juego. Me recojo el pelo en una coleta
suave y salgo.
Erick me ha traído un té de chocolate y menta,
es perfecto, tengo sed. Me lo bebo en pocos sorbos y le doy un beso en la
mejilla como agradecimiento. La habitación se siente agradable con su presencia
y mi sofá pare diminuto cuando él está sobre él. Pese a eso, tengo que admitir
que nunca me ha gustado más mi habitación.
—
A
dormir, preciosa.
Me arrastra hasta la cama, y se
coloca justo en el centro. Intento colocarme lo más a la derecha posible, pero me
arrastra hacia él y coloca mi rostro sobre su pecho desnudo, me encantaría
extender mis manos y tocarlo, pero no me atrevo. Me relajo en cuanto me
concentro en los latidos de su corazón. Lo último que siento antes de sumirme
en la oscuridad son los labios de Erick sobre mi pelo.
Cuando la luz del sol acaricia
mi piel, abro lentamente los ojos. Y me siento feliz, por una vez no me molesta
la radio, al contrario, me encuentro cantando o más bien, destrozando, una
vieja canción, aún sobre la mullida cama. ¡Y él aún está aquí!
Volteo mi cuerpo para
enfrentarme a su rostro, quiero ser lo primero que ve al despertar, pero
inmediatamente me arrepiento, no quiero ni imaginar el aspecto que debo de
tener. Tengo que irme a la ducha con urgencia.
En ese instante, Erick me detiene, me pega más
a su cuerpo y no puedo ver si ha abierto o no los ojos. Respiro su aroma, es
embriagador. Quiero besarlo, decido de pronto y escalo hacia arriba por su pecho
para plantar mis labios sobre los suyos.
—
¡Ay
no!— dice Laura desde la puerta.
—
Lau,
vas a tener que aprender a tocar la puerta— le sugiere Erick con una sonrisa
—
Puede…
—dice ella de mala gana— No sabía que estabas aquí. Solo venía a ver si vas a
llevarme a clase— está vez está dirigiéndose a mí.
¡Clases! Parece algo tan
mundano en este momento, pero me quedan unas pocas semanas. No puedo estar aquí
acostada todo el día, sin importar cuanto lo desee.
—
Claro,
cielo— digo al fin—. Dame solo unos minutos para ducharme.
Laura abandona la habitación, y
Erick vuelve a atraerme a sus brazos, tampoco parece muy feliz con la idea de
que tiene que ir a trabajar, porque dudo mucho que vaya a clases, ayer hablo de
una empresa.
—
Aún
no me has dicho cuántos años tienes— digo de repente.
—
Acabo
de cumplir veinticinco— dice con un suspiro.
—
Ah.
Pues pensaba que era menor, aún
así, sigue pareciendo demasiado joven y el que tenga veintisiete y todo un
negocio es un merito que no puedo quitarle. Me siento tan orgullosa de él.
—
Tengo
que ducharme, le digo, pero prométeme que hablaremos un día de estos, tengo
tantas preguntas.
—
Lo
sé— dice y parece esperanzado, pero no del todo feliz.
Me deslizo entre las sábanas,
busco mis habituales vaqueros y en lugar de una sudadera, escojo en bonito top
azul de encajes en el cuello y las
manos, que me regaló Laura las pasadas navidades, en un intento de que sea un
poco más femenina. Por esta vez, creo que la complaceré, tal vez así no se
enfade.
—
Me
gusta cómo te queda el azul — dice de pronto.
Y me sonrojo involuntariamente.
Podría acostumbrarme a esto, a tenerlo por aquí, cerca. Me gusta despertarme
sin esa sensación de soledad recorriendo todo mi cuerpo. Pero de igual forma,
creo que no puede seguir o Laura terminará por enfadarse.
—
Vamos
a tener que dejar de hacer esto— digo marcando el espacio entre ambos con las
manos.
Erick
frunce el ceño, parece confundido.
—
Laura
puede enfadase, esta es su casa.
Entonces sonríe, no parece
preocupado en absoluto. Se levanta de la cama, se acerca a mí, solo lleva unos
boxes negros que se le ajustan demasiado, el calor recorre todo mi cuerpo, y
aunque algo en mi quiere salir huyendo estoy pegada al suelo, no encuentro
fuerzas ni ganas de moverme. Me besa rápido y duro en la boca y se inclina
sobre el sillón y se coloca los mismos pantalones de anoche.
—
Deja
que de ella me ocupe yo.
Yo sigo de pie frente a él,
mirándole ponerse los calcetines, tengo que salir de aquí, ahora mismo. Pero lo
único que consigo es no poder apartar mis ojos de su pecho desnudo. Alza la
vista hacia mí y me sorprende mirándole. Arrastra mi cuerpo hacia su regazo y
vuelve a besarme.
—
Creí
que tenías que ducharte— susurra junto a mi oído—. Ve antes de que decida
meterme allí dentro contigo y ninguno de los dos pueda volver a salir de esta
habitación.
Y lo hago, cojo mis ropas del
suelo y me deslizo hacia el baño. La ducha caliente hace que pueda pensar,
¿cómo diablos puede decir esas cosas y pretender que no me afecten? No sé hasta
dónde podré llegar con todo este asunto, antes de volverme loca. Debería poner
en claro todas estas sensaciones organizarlas y etiquetarlas, pero no soy capaz
de encontrar un nombre para todo esto.
Cuando el tacto familiar de mi
vieja toalla borra las gotas de agua de mi piel me rindo ante la constante
lucha, por un día, solo por hoy no voy a pensar en nada de esto, simplemente
voy a dejar que pase y ya mañana veré.
Me visto lo más rápido que
puedo y me paso el cepillo por el pelo, y lo dejo caer sobre mi rostro, justo
como dijo Erick que me gusta, y me apresuro a salir, quiero verle antes de que
se tenga que ir. Pero cuando salgo a la habitación no está allí. Una ráfaga de
decepción atraviesa. Maldita sea. Es normal que se vaya, no voy a pretender que
se quede aquí simplemente porque yo quería volver a verlo antes de irme a
clases.
Miro el reloj, aun me queda
media hora, bien. Salgo de inmediato a la cocina, necesito un té. Me regresa el
alma al cuerpo cuando le veo sentado en el lugar habitual de Laura, con una
taza de café entre las manos. Solo lleva los vaqueros, la camisa y los
calcetines, ¿es que no le gustan eso zapatos tan caro que llevaba anoche? Ha
dicho algo que hace a Laura sonreír, que bien, no está enfadada. Me acerco a
ellos sigilosamente y veo que ya tengo mi taza de humeante té servida.
—
Gracias
—digo a Laura.
—
Estás
preciosa—me informa Erick y yo me sonrojo hasta la punta de los pies.
Erick coloca una mano sobre mi
muslo y me besa en la mejilla castamente, mientras Laura nos sonríe.
—
Pensábamos
que te habías derretido y desaparecido.
Sacudo la cabeza, estos dos se
conocen tan bien que casi da envida, me siento tan fuera de lugar, y a la vez
totalmente cómoda. Los tres desayunamos entre risas, no entiendo todas las
bromas que se gastan el uno al otro, pero el cariño que hay entre ellos es
palpable. Siempre creí que la única forma de sentirme parte de algo así sería
teniendo un hermano pero ellos dos se las han ingeniado para conseguirlo, sin
que ningún lazo de sangre les una.
Una vez que terminamos de
desayunar, Erick va a la habitación conmigo y mientras busco mis libros él se
coloca los zapatos y la chaqueta. Apenas si me concentro en mirar el horario,
luego meto mis libros y la agenda dentro del bolso.
—
Te
echaré de menos— dice y vuelve a besarme.
Toda la habitación me da
vueltas pero envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y correspondo a su beso,
es la forma en que me siento más atada al suelo, mientras vuelo.
Erick abre la puerta principal
para Laura y para mí. Para mi sorpresa, mi coche está en la puerta, justo donde
suele pasar las noches, le miro curiosa y él se limita a encogerse de hombros.
Había olvidado completamente que lo había dejado en el restaurante, anoche. Quito
los seguros y mientras Laura se sube a su lugar habitual, Erick vuelve a
arrastrarme contra su pecho y me besa esta vez en la frente.
—
Vamos
a llegar tarde— dice Laura.
—
Envidiosa—
le responde Erick.
Ella en un muy gesto infantil
le saca la lengua y ambos se sonríen. Sacudo la cabeza fingiendo enfadarme con
ambos.
—
Tengo
que irme— digo y me deslizo dentro del auto.
—
Me
las pagaras— le dice a Laura, antes de que me incorpore al tráfico.
Por unos pocos minutos espero a
ver si ella pone la radio, pero no lo hace, solo puede significar una cosa,
quiere hablar. Trato de mirarle un segundo pero su rostro no me da pistas.
—
Lau—empiezo,
sin apartar los ojos de la carretera— Siento mucho todo esto… Él me pidió
quedarse y no pude decirle que no… deberás lo siento, si te molesto…
—
¿Pero
qué dices?— me interrumpe—. Mike no me molesta en absoluto, es mi mejor amigo,
lo sabes. Solo que no quiero que termines lastimada con todo esto.
—
No,
eso no va a pasar— eso espero—. Solo lo
estamos intentado.
—
Es
que ni siquiera os conocéis...— niega con la cabeza— Por dios, no sabéis nada
el uno del otro.
Y Laura tiene razón, demonios,
claro que la tiene y justo por esa razón es que tengo tanto miedo.
—
Tengo
miedo—confieso—. Somos tan diferentes….
Laura coloca su mano sobre la
mía, y me siento comprendida por un momento, se que ella se preocupa por mí,
como yo por ella.
—
Hablaremos esta noche—le digo.
—
Vale—
dice tras un breve silencio— ¿Me recoges a las dos?
Después de dejar a Laura donde
siempre, me doy prisa en llegar, tengo clase con el señor Maclaing, o sea, el
padre de Erick. Por favor que me trague la tierra.
Llego justo a tiempo, al
parecer mi profesor no ha entrado aún a clase, me siento en la cuarta fila,
aunque normalmente me coloco justo en la primera, pero no me apetece demasiado
mirar cara a cara a este hombre cuando he pasado las últimas dos noches
durmiendo con su hijo, y si estoy en lo cierto, él sabrá que fui a quien Erick
llevó al hospital, quiero morirme.
Cuando, por fin, empieza la
clase intento por todos los medios concentrarme, y casi lo consigo, hasta que
me doy cuenta que estoy buscando las similitudes entre Erick y su padre. Ambos tienen los mismos ojos oscuros y el pelo
revuelto, aunque Erick es más joven, parece a ver heredado la soltura de su
padre. Entonces recuerdo los cabellos rubios de Emily y pienso en Danna, que
familia tan bien organizada. Pero creo que sin dudas, yo tengo a mi favorito. Tengo
que dejar de pensar en todo esto y concentrarme en las instrucciones del examen
o cuando vaya a estudiar no tendré la más mínima idea de que diablos contestar
y no creo que mis conclusiones sobre la genética de su familia vayan a
conseguirme un aprobado.
Mi móvil vibra de repente sobre
mi vientre, solo Laura me escribe cuando estoy en clase y normalmente es por
alguna emergencia. Carol sabe que debe llamarme en cuanto haya cualquier
problema con mamá y no hay mucha más gente que tenga mi número de teléfono. Inmediatamente
miro pero resulta que es un número que tiene por nombre Yo, esto es muy extraño, abro y leo el mensaje.
*Hola Dulzura, ¿Qué tal tu día?*
No necesito saber el nombre,
solo hay una persona que me llama de esa forma.
*¿Se puede saber cómo
diablos tienes mi número?*—le pregunto
*Como no me lo dabas,
tuve que pedírselo a un pajarito*
*Eres un acosador en
potencia.*
Le informo, voy a tener que
hablar con Laura acerca de revelar mi información persona. Maldito sea, me
acaba de alegrar la mañana.
Puede ;)
Maldito, maleducado.
¿Puedo verte esta
noche?
¡NO!
¿Por qué?
Tengo planes
¿Con quién?
*No es algo que sea de
tu incumbencia, pero con Laura.
Y ahora, señor gruñón,
estoy en clase con su padre.
Por favor, déjeme
estudiar.*
Apago el teléfono y me pongo a
mirar las diapositivas pasar delante de mis ojos. Dios, este hombre va a
volverme loca, lo presiento. Va a conseguir no solo que suspenda, sino que me
echen de la universidad. ¿Pero quién va
echarte, él? Me recuerda la vocecita malévola que vive en mi cabeza, Erick
es el dueño de esta universidad. Maldito obsesivo, controlar y el mejor hombre
que he besado nunca. Único,
interrumpe ella otra vez. No sé cómo me quejo de los demás si mi propio
subconsciente me vuelve loca.
Las siguientes horas se me
pasan volando y cuando me doy cuenta ya estoy en Imagination doors. Trabajo en esta librería desde hace poco más de
dos años, es un trabajo sencillo y que disfruto, el olor a libro nuevos me
enloquece y aquí lo tengo a todas horas.
Realmente intento concentrarme
en el trabajo, aunque de vez en cuando acabo pensando en Erick, en sus besos,
en la forma que le cae justo sobre la pelvis el pantalón de chándal negro. Mi
mundo se está transformando y no estoy segura de que me guste mucho el rumbo
que está tomando.
Por una parte las nuevas
sensaciones son superiores a mí, no puedo controlarlas, me liberan y me
permiten soñar. Pero son demasiado, si no puedo controlarlas, no puedo impedir
que me afecten.
Lo que más me preocupa de todo
es la proposición de Erick, él dijo que me quería como su novia, y yo no dije
que sí, pero tampoco dije que no. No quiero un compromiso, o eso creo. Hasta
ahora nunca había sentido la necesidad ni el deseo de alguien cerca, pero ahora
sí. Realmente Erick me está afectando a un nivel extremo. Su tacto hace que me
olvide de pensar y me limite a sentir, su cuerpo atrae al mío.
Tal vez es solo deseo, porque
si de algo estoy segura es que le deseo por encima de lo natural y eso que yo
nunca había estado particularmente interesada en el sexo, aunque claro, Laura
dijo que yo no era su tipo, él también lo comentó un día.
¿Qué significa todo esto?
¿Realmente quiero tirarme sus brazos y
darle la potestad de que me destroce por completo? No, no creo que sea capaz de
hacer algo así, ni con Erick ni con nadie, pero tal vez solo necesito sexo, es
algo biológico tal vez mis hormonas necesitan un desahogo.
Es imposible, no puedo pensar
en algo así, nunca despertaría el suficiente deseo en un hombre como Erick, mi
cuerpo imperfecto y con cicatrices, y en el remoto caso de que despertara algún
deseo, no sería capaz de mantenerlo y seguro que eso me destrozaría por
completo.
Cuando son más de las siete,
recojo mi abrigo del mostrador y me despido del señor Martin, mi jefe, y me voy
a casa. Es tarde y le prometí a Laura
que hoy hablaríamos y lo estoy deseando, tal vez ella pueda ayudarme a entender
todo este embrollo y estos sentimientos revueltos que están deseando volar
fuera de mí y no creo que tengan ganas de pedir permiso.
Cuando llego a casa voy a la cocina,
no tengo mucho tiempo si quiero estudiar algo. Me decido por una ensalada
césar, eso está perfecto tanto para Laura como para mí, y es rápido. Cuando
termino de poner la mesa, le llamo desde la cocina y sale de su habitación con
una sonrisa esplendida, algo le hace muy feliz.
Entonces recuerdo su asuntito
de la boda, tengo que preguntarle cómo van las cosas con muscules, soy una mala
amiga. Mientras comemos nuestra conversación trata de las clases de hoy, esto
no va a pasar.
Laura está metiendo los platos
en el lavavajillas cuando regreso de mi ducha nocturna, me siento fresca pero
también confundida. No estoy segura de cómo va a acabar todo esto.
—
Bueno,
supongo que ya podemos hablar—dice y se sienta en el sofá junto a mí. — ¿Qué
tal la cena de anoche?
—
No
cenamos. Ayer iba decidida a no volver a ver a Erick, él lo sabía, no me dejo
hablar, me llevó a la casa de la playa…
—
¿Te
llevó allí?— Laura parece sorprendida— No lleva a nadie allí, Kathe, no sé que
estáis haciendo el uno con el otro…—sacude la cabeza de un lado a otro
lentamente— Solo sé que Erick no para de
hablar de ti y la forma en lo que lo miras… nunca te había visto mirar a nadie
de esa manera.
—
Ni
yo—confieso—. Tengo miedo, ¿sabes?
—
Hoy
mientras estabas en el trabajo, me llamó. Quería hablar conmigo de ti, quería
saber si me contaste algo de anoche. Dice que le debes una respuesta, no quiso
decirme a que se refería. Kathe no estoy acostumbrada a tener secretos con
Mike, ¿qué diablos está pasando aquí?
De repente hablar con Laura no
me parece tan buena idea, ¿qué se supone que pasa en mi cabeza? No tengo la más
mínima idea.
—
Me
quiere como novia—la palabra suena como un insulto en mi boca y los ojos de
Laura parecen salidos de órbita—Dijo la palabra, dijo novia y yo… yo no sé si
pueda…todo esto es demasiado para mí. Cuando estoy con él siento todo y
nada a la vez, me siento libre y feliz,
más feliz de lo que he estado nunca antes, pero siempre que se va me asusta.
—
Oh
mi Dios. El dijo que le hacías feliz, Kathe. ¿Por qué no le dijiste como te
sientes?
—
Porque
le conozco desde hace desde una semana, una maldita semana y es una completa
estupidez que pueda sentir algo así por mí.
Entonces recuerdo todo lo que
él sabe de mí. Laura ha estado hablándole de mi desde hace al menos un año.
Erick solo conoce aquello que Laura le ha dicho de mí, maldita sea, esto es aún
más complicado. Entonces mi teoría de que solo es deseo se aproxima a mi forma
desconcertante a mí. Imaginarme a Erick desnudo, sobre mí… Siento mis mejillas
enrojecerse.
—
¿Qué
estas pensando?—No pienso contestar a eso— Vamos Kathe, voy a suponer que es
peor de lo que realmente es.
—
Estaba
pensando en sexo.
Las cejas de Laura se arquean,
sus ojos están fijos en mí y está riendo de esa forma tan inquietante, está
planeando algo, maldita.
—
¿Anoche?—pregunta.
Mierda, ella piensa que estaba
recordando. No, por favor que alguien me mate. Tengo que contárselo.
—
No,
Laura. —respiro, hay que dejar claro este asunto de una vez por todas—Yo no me
acosté con Erick anoche, ni con nadie, nunca.
Laura está buscando su
mandíbula por el suelo, nunca le había visto tan descolocada, bueno, puede que
la primera vez que nos vio a Erick y a mí en la cama.
—
Creí
que habías captado la idea cuando te dije que nadie me había besado
—
Creía
que era una broma. Joder, tienes veinte años Kathe, veinte— parece enfadada.
Ahora yo tengo la culpa de que
nadie nunca se halla fijado en mí, fantástico.
—
Concedo
que soy un poco célibe pero no es razón para alterarse tanto…
—
¡Célibe!—
esta riéndose a carcajadas, me alegra divertirle— ¡Eres virgen ¡
Eso solo es la constatación de
un hecho, pero Laura lo hace sonar como un insulto. Maldita sea, ¿ahora me tengo que sentir mal
por eso? No, de ninguna manera.
—
Resulta
que ahora es mi culpa que no le guste a nadie— le acuso.
—
No,
cielo, no es eso a lo que me refiero— dice y me toma de la mano—. Eres guapa,
no puedo creer que nunca haya habido nadie interesado en ti antes.
Vale, tal vez la culpa no es
solo de los otros, puede que yo haya estado demasiado ocupada con mis problemas
y haya dejado detrás todo tipo de vida amorosa de lado.
Desde que papá murió, mamá
empeoró por día y tuve que empezar a encargarme no solo de mí sino también de
ella, no he tenido entonces mucho tiempo de relacionarme con el sexo opuesto,
nadie despertaba absolutamente nada en mí, hasta que llegó él.
—
Puede
que yo tampoco estuviera muy interesada… hasta ahora—me cuesta tanto agregar
esto último…
—
Realmente
te gusta—no es una pregunta.
—
Eso
creo. Me hace sentir diferente, viva.
Y me sonrojo de nuevo, maldita
sea, mis hormonas trabajan a dobles turnos en estos días.
—
Y
le deseas— eso tampoco es una pregunta.
Solo imaginar la piel morena de
Erick sobre la mía, lo cómodos que son sus brazos cuando me acuna. Las chispas
que saltan en mi interior cada vez que lo veo, aún cuando no me toca. Me estoy
sonrojando otra vez, puedo sentirlo. ¿Por qué me da tanta vergüenza esto? Se
supone que soy adulta responsable y preparada, no debería sentir ningún reparo
al hablar de sexo y menos con una amiga, pero lo hago. Aunque claro el problema no está precisamente
en si quiero o no acostarme con Erick. Que
si quieres, dice la vocecita que ha estado muy atenta a mi conversación con
Laura, el problema fundamental de todo esto es que no creo que yo despierte
ningún deseo sobre Erick. Tal vez el crea en el prototipo de chica distinta a
las que ha conocido hasta ahora, pero definitivamente no soy lo suficiente
guapa, ni lista, ni femenina para él.
—
Esto
es fantástico— dice ella emocionada.
—
No,
no, tu no lo entiendes—replico.
—
No,
Kathe, tú eres la que no lo entiendes.
—
Yo no soy apropiada para él, nunca lo seré.
—
Oh
tesoro, deja que él decida eso.
No me siento bien, todo me da
vueltas, puede que Laura tenga razón, la cuestión fundamental es si me
atreveré.
—
¿Y
si no le gusto lo suficiente?— la pregunta se escapa en forma de susurro por mi
garganta.
—
Creo
que le gustas, Kathe, de verdad, hace
mucho tiempo que no le veía tan feliz— yo sigo con los ojos sobre el suelo— Oh,
te refiere… —silencio— ¿Quieres tirártelo?— pregunta encarnado las cejas
Por
dios, que directa.
—
Sí—
me limito a decir mientras me pongo de rojo escarlata.
Por fin le miro a los ojos y
las dos comenzamos a reinos sin poder evitarlo, no sé si por lo absurdo de la
situación, los extremos de la conversación o simplemente para no ponernos a
llorar. Patético.
—
No
sé si podre, Lau, ni siquiera sé que hacer.
—
Ya
se nos ocurrirá algo— dice y empezamos a reír, otra vez.
Sí, estoy segura de eso.
Realmente necesitaba hablar con Lau, sorprendentemente, no guardártelo todo
para ti resulta liberador. Me siento
tranquila. Mamá va a tener razón en eso de que una chica siempre necesita
amigas.
—
¿Hablaste
con Carlos?
La sonrisa que le ilumina el
rostro es toda la respuesta que necesito, está feliz. Parece una niña a punto
de abrir los regalos, que se esconden bajo el árbol, la mañana de navidad.
—
Sí.
Vamos a casarnos— dice y me muestra su mano izquierda.
Dios, lleva un anillo. Un anillo
que brilla más que una maldita estrella. No puedo evitar abrazar a Laura,
parece a punto de llorar. No puedo creerme esto, es fantástico.
—
Me
alegro tanto por ti— digo.
—
El
sábado vamos a ver a mis padres, Carlos quiere conocerlos—se está sonrojando,
increíble.
—
Cuéntame
más cosas de él, supongo que tendré que conocer mejor a muscules, si va a ser
el padre de mis futuros sobrinos, tendré que aprender a soportarle.
Laura
me regala su más radiante sonrisa.
—
Algún
día le diré que le llamas así.