Ascenso Capítulo 2
A él, por hacerme dudar, siempre.
Hace ocho días, trece horas y veintisiete minutos
desde que lo vi por última vez, y el dolor no hace más que aumentar. Recuerdo
perfectamente su rostro a través del retrovisor, corriendo hacia mí. La
confunción me llena porque los buenos momentos se amontonan en mi cabeza
consiguiendo que el dolor no haga más que crecer dentro de mí.
Las llamadas y mensajes que han estado
persiguiéndome desaparecieron desde ayer por la tarde, y aunque quiero estar
aliviada, porque es lo que se supone que quiero, no es verdad. No se muy bien
que pensar, pero como siempre nada de lo que tiene que ver con Erick me hace
tener certezas.
Aunque sé que Erick me engañó y destrozó mi
corazón por completo, no puedo dejar de imaginar que hubiera pasado si él
estuviera aquí conmigo como yo pretendía. Ahora estaríamos de excursión por la
ciudad, haciendo un picnic en el parque o simplemente disfrutando de no hacer
nada. Si de alguna forma todo fuera como hace dos semanas, con él a mi lado y
yo durmiendo entre sus brazos, sintiéndome segura.
Ya debería estar acostumbrada a la decepción pero
realmente siempre he querido que alguien fuera lo bastante valiente para luchar
por mí, alguien que fuera constante en mi vida, y es algo que me he intentado
negar a mí misma, hasta Erick, con el me permití sentir, confiar y acabe con el
corazón roto.
Ahora mismo vivo ahogándome en preguntas,
viviendo en una noche eterna, pensando en cómo sacarlo de mi sistema, porque
tengo miedo de que si no lo hago voy a explotar. Él no jugó limpio y yo soy la
que se quedó con el corazón destrozando,
buscando conectar piezas que no sabía que tenían que encajar.
La casa se
me agolpaba tanto sobre mi cabeza que tuve que encontrar algo que hacer. Tenía
que encontrar algo lo suficientemente atrayente para conseguir sacarle de mi
mente aunque sea solo un poco. Ahora ayudo a las personas a leer en la biblioteca,
no solo a adultos sino también a niños, lo que por un rato me hace el círculo
de autocompasión en el que mi alma nada.
No puedo parar de pensar en cómo hago cada mañana
para mantenerme fuerte, porque definitivamente él sigue viviendo en mi mente. Y
aunque no puedo parar de recordarlo, tendré que olvidarle en silencio, porque
amarlo a gritos, solo consiguió romperme.
Lo único bueno de todo esto es que tengo a mi
madre a mi lado. Verla fuerte, independiente y feliz es más de lo que yo podría
esperar. Ha perdonado a mi padre y ha sacado fuerzas de una forma
extraordinaria.
Mamá ha insistió, no solo en usar el dinero del
seguro de mi padre, sino también el que ha ganado para montar su propio
negocio. No quiere que yo siga sacrificando mi juventud por ayudarla, pero
nunca ha sido una carga, siempre ha sido la persona más importante en mi vida y
no me arrepiento de nada de lo que he tenido que hacer para que ella esté bien.
Ahora mismo está esperando a la agente
inmobiliaria, me alegra verla tan feliz. Esta tan ilusiona por conseguir que su
negocio tome forma física, que los ojos le brillan como a un niño en navidad. A pesar de todo, yo puedo ver la
preocupación en sus ojos y eso es mi culpa.
Finalmente tuve que contarle lo que había pasado
con Erick, porque nunca he podido mentirle, tampoco es que haya querido
hacerlo. Ella lo entiende, mamá siempre entiende, puede que no esté de acuerdo
con que haya huido de todo, pero no lo dice, creo que tienen miedo de que yo
sea como ella, que me escondan en mi misma y desaparezca dentro de mí misma,
como lo hizo ella.
También está ansiosa porque no le permito hacer
muchas cosas, puede que los médicos digan que está bien pero me siento insegura
de dejarla sola. Han sido demasiados años, y las viejas costumbres están tan
arraigadas que por más que lo intento aun no estoy del todo tranquila, cuando
se queda sola.
El timbre suena y bajo las escaleras de dos en
dos para ver a la alta y esbelta rubia a mitad de los cuarenta que saluda a mi
madre con familiaridad. Detrás de ella esta Ash, con su habitual picardía. ¿Qué
hace ella aquí?
—
Hola, Kathe. — pasa distraídamente
entre mi madre y la rubia y viene hacia mí para un rápido abrazo. No acabo de
acostumbrarme a su constante efusividad. — ¿Recuerdas a mi madre, Luna?
La rubia es su madre, a penas si tengo recuerdos
de ella, pero se conserva estupendamente. Escasamente recuerdo que se fue de
casa hace algunos veranos, cuando Ash se fue a la universidad y que se ha
vuelto a casar, mientras que el señor Daniel, sigue siendo un ermitaño, supongo
que tiene que ver con la fachada de poli duro.
Siempre pensé que eran demasiado jóvenes para
tener dos hijos, ellos eran como mis padres se casaron demasiado jóvenes para
ser realmente felices para siempre, supongo que en esos años habría un virus
que destinaba todos los matrimonios al fracaso. Al fin y al cabo no siempre se
puede arreglar lo que está roto.
Mi madre y Luna se sienta en el salón e
inmediatamente empiezan a hablar de locales de venta mientras Ash me acompaña a
la cocina a por unas bebidas. Luce fresca y llena de vida como siempre, ¿cómo
lo consigue? A panas puedo despertarme por las mañanas y poner buena cara.
—
He venido a invitarte. Esta noche
vamos a salir, es la noche libre de Dereck y él y algunos de sus amigos vendrán
con nosotras— dice mientras bebe de su café. —
Por favor, por favor, no puedes volver a decirme que no.
—
Ash, no puedo dejar a mamá sola…—
comienzo a excusar.
Esta es la segunda vez que rechazo una de sus
invitaciones, no es que sea precisamente una persona fiestera y mucho menos
estoy de humor para salir. No quiero que Ash se sienta despreciada, me cae bien
pero tampoco es que tengamos demasiada confianza. Creo que piensa que ahora
podemos retomarlo donde lo dejamos hace
años. Yo sigo sintiéndome incomoda alrededor de todos los que conocen tan de
cerca la realidad de mi pasado. Para mi suerte la puerta vuelve a sonar y tengo la
escusa perfecta para escaparme.
— Voy a ver quién es, ahora vuelvo.
Llevo tazas de té para mi madre y Luna y me
dirijo distraídamente hasta la puerta, tratando de pensar en quien podría ser,
y no se me ocurre nadie además de un vendedor de seguros. No es que tengamos
muchos amigos por esta zona, la verdad. Lo que ni por asomo podría haberme
imagina a la persona que estaba en mi puerta.
Una muy desaliñada Laura Peterson, desde el
umbral, me miraba con ojos grandes y
rojos, como si llevara muchos años llorando, no creo que nunca la haya visto
así. En cuanto abro del todo la puerta se tira a mis brazos.
—
Kathe— dice sollozando contra mi
pecho.
—
¿Lau?— a penas logro articular
palabras. — ¿Estas bien?
—
No— contesta finalmente.
—
¿Pasa algo, Katty?— pregunta mamá
justo detrás de mi. — ¿Quién es tu amiga?
—
Soy Laura, la compañera de piso de
Kathe. Perdone que irrumpa de esta manera en su casa señora Steve, es que
necesitaba hablar con Kathe. — Y entonces empieza a sollozar de nuevo.
—
En cantada de conocerte, y llámame
Taylor, por favor, deje de ser la señora Steve hace mucho tiempo.
Mamá me mira pidiendo una explicación que no
tengo, yo tampoco entiendo que está pasando aquí, ni siquiera entiendo muy bien
como ella encontró la casa correcta, así que me limito a encogerme de hombros
mientras escucho a Laura llorar silenciosamente.
Últimamente mi vida es demasiado desconcertante
para que yo misma pueda entenderlo que pasa en ella. Casi añoro los días en los
que me limitaba a ir a la universidad y al trabajo.
—
Cariño, Luna quiere llevarme a ver
algunos locales, ¿prefieres que me quede contigo?
—
No, mama, no tienes coche, ¿no pues
ir otro día?
—
Katherine, te recuerdo que ya soy
mayorcita—oh, ya empezamos otra vez, siempre que dice mi nombre entero, es que está
enfadada conmigo —. Luna va a tráeme de vuelta cuando terminemos.
El tono de su voz es casi condescendiente, pero
finalmente asiento demasiado distraída por el llanto descontrolado de mi mejor
amiga. En tan solo un segundo Luna y mi madre desaparecen por la puerta. Conduzco
a Laura hasta la cocina para prepararle un té, Ash sigue allí, y me mira
desconcertada cuando mi amiga echa un mal de lágrimas se sienta a su lado.
—
Ash, esta es Laura, mi compañera de
piso en San Diego, y no sé porque esta echa un mar de lágrimas.
—
Hola— dice en el mismo tono alegre de
siempre—. ¿Necesitas algo?
—
¡Se acostaba con otras!— le grita
Ash. — Me pide matrimonio y se acuesta con otras. — Y se echa a llorar de
nuevo.
Mierda. Muscules. Ya sabía yo que ese hombre no era
de fiar, nunca me termino de caer bien, siempre sospeché que era mucho musculo
y poco cerebro, los hombres ricos y famosos como el siempre tenían a cientos de
mujeres suplicando a sus pies. A pesar de todo, cuando le pidió matrimonio hace
apenas unas semanas, pensé que lo había juzgado mal, que realmente la quería,
pero claro, ¿en que no me he equivocado yo?
Mi amiga sigue llorando desconsoladamente, mientras
rebusco un vaso de agua y se lo entrego. La cara de compasión de Ash es
evidente, pero afortunadamente no se va y se queda conmigo. No soy muy buena
con los asuntos sentimentales, pero Ash tiene toda la pinta de serlo.
Trato de hablar con Laura, intentando que se
calme, que me explique las cosas pero no sale nada de su boca más que sollozos
profundos. Esta realmente destrozada. Al igual que yo, solo que ella tiene el
valor de sacarlo fuera donde otros la puedan ver, yo no soy capaz de hacerlo.
Ash lo intenta también, le habla de forma
pausada, como si fuera un animalito asustado, finalmente conseguimos entre las
dos que se clame, que su respiración se normalice. Bebe un gran sorbo del vaso
de agua que hay frente a ella y solo entonces comienza a hablar.
—
Esta mañana, fui a su departamento, había
planeado llevarle el desayuno e invitarle a almorzar, quería contarle sobre los
planes de la boda…— y se vuelve a echar a llorar.
Paso lentamente mi mano por su espalda intentando
poner algo de calma en ella, pero no
parezco tener demasiado existo. Yo nunca he tenido una buena opinión de
Muscules pero hace menos de un mes, ella estaba llorando por miedo a casarse y
ahora, está hecha un mar de lágrimas porque la engaña.
No puedo evitar que todo esto me recuerde a mis
padres y a Erick, ¿a caso no existe un solo hombre en la tierra que entienda el
término fidelidad? Todos terminan destrozándonos de una forma u otra.
—
Martín, su portero, me dejo pasar
porque me conocía, yo iba con mi bolsa de pasteles y café cuando lo encontré en
la cama, con la otra… —las lágrimas no parar de correr por sus mejillas—. Te lo
juro Kathe, ha sido la situación más humillante de toda mi vida. Y encima, el
muy sínico tiene el descaro de decir que no era lo que parecía, cuando le vi
meterle la lengua hasta la campanilla a esa zorra.
Me quedo prácticamente petrificada, Laura es la
persona más dulce y divertida que te puedas imaginar, no suele usar palabrotas
y mucho menos insultar a los demás. Pero teniendo en cuenta la situación, es aún
peor de lo que imaginaba.
No tengo que imaginarme el dolor que está
sintiendo, lo conozco perfectamente pero supongo que sí es la persona con la
que tienes intensiones de casarte duele aún más. El dolor por la traición de
Erick me está arrasando por dentro y eso que solo lo conocía hace poco tiempo,
pero cuando te enamoras corres el riesgo de ser lastimado, solo que no pensaba
que la caída iba a ser tan fuerte.
—
Ese tío es un idiota— dice de repente
Ash.
—
Si, lo es— concuerdo.
—
Perdona por venir hasta aquí, Kathe,
pero no sabía que mas hacer…
—
Tranquila, Lau, lo entiendo
perfectamente. Yo sé mejor que nadie que hace falta distanciarse…
Ash me mira fijamente con ojos casi compasivos,
como si entendiera sin realmente lo que me pasa. Obviamente sabe de la historia
de mis padres. ¿Quién de la zona no? De cualquier manera puede que sospeche que
hay algo más de eso y aunque no he hablado de Erick con ella, tal vez intuye
que un hombre está metido en todo esto.
—
No sé qué voy hacer…— murmura para sí
misma Lau.
—
Oh, oh… tranquilas hoy vamos a salir,
emborracharnos y liarnos con cualquier hombre que se nos pare delante, veras
como te sentirás mejor.
Oh, no. No me gustan las fiestas, no quiero
emborracharme, solo quiero que llegue la noche para que pueda seguir con mi
rutina de autocomposición mientras lloro hasta quedarme dormida. No es algo muy
productivo, pero me vale para ir tirando.
—
Lo siento, no puedo dejar a mi madre
sola…
—
Oh, vamos Kathe, tu madre es un mujer
adulta, no puedes tratarla como un bebe… — dice Ash.
—
No la trato como un bebe, está
enferma. —Replico.
—
Estaba, Kathe, estaba enferma, ahora
esta perfecta y necesita sentirse como un mujer normal, no va a conseguirlo con
su hija sobre protectora todo el tiempo sobre ella.
¿Pero que sabrá ella de mí y mi madre? No soy sobreprotectora,
solo tengo miedo de dejarla sola, he tenido que vivir preocupada por ella los
últimos años. Y a pesar de que el doctor dice que está totalmente capacitada,
no puedo evitarlo.
Claro que cuando me vaya dentro de poco más de un
mes, ella va a tener que quedarse sola aquí, porque no me va a permitir
quedarme y menos accederá a venir conmigo a San Diego. Además, Laura me
necesita. Estoy totalmente segura que ella nunca diría que no a salir de noche,
menos aún cuando esta tan deprimida y con ganas de quitarle a Muscules hasta
las entrañas. ¡Qué diablo merezco un poco de diversión!
—
Vale, iré. Pero nada de volver a las seis de
la mañana.
Al final convencí a Laura de que se quedara con
mamá y conmigo y no se fuera a un hotel, no la quiero sola y deprimida. Mi
madre está encantada con tener más gente en casa, supongo que se ha sentido
sola por mucho tiempo. Había querido conocer a Laura hace mucho tiempo, pero
nunca he querido realmente que mamá conociera a gente que podría hacerle daño,
pro claro Laura es incapaz de hacerle algo así, solo era yo siendo exagerada.
Lo sé.
Mi madre casi me grita cuando le dije que si
quería me quedaba en casa esta noche, dice que tengo que salir y respirar mas
del aire de la calle. Ella más que nadie sabe lo que es estar destrozada por
culpa de hombre y estoy segura de que no quiere que termine como ella.
Después de cenar comida china, Laura y yo nos
estamos arreglando en mi habitación, es divertido porque normalmente ella tiene
la habitación más grande, por una vez las cosas son distintas. No ha vuelto a
llorar pero tiene los ojos un poco apagados como si una pequeña parte de toda
la luz que los ilumina se hubiera apagado desde la última vez que nos vimos en
San Diego.
—
Tú tampoco luces demasiado bien—
dice, casi como si me leyera la mente. — No tienes que mirarme con esa cara de
pena, estaré bien, puede que no muy pronto, pero lo estaré y tu también…— duda
un segundo.
No me gusta nada hacia dónde va esta
conversación. No quiero hablar de cómo me siento ni lo que quiero porque ni yo
misma sé muy bien que voy hacer conmigo.
Después de todo ella es la mejor amiga de Erick,
no tengo ni idea de lo que él e contó pero no es como si yo quisiera saberlo.
No hay forma de que me arruine la noche antes de empezar.
— Tienes que hablar con Erick, Kathe…
—
No. —Digo, el solo escuchar su nombre
hace que se me retuerzan las tripas y el dolor dentro de mi pecho se agudiza un
poco más.
—
Pero tienes que saber que él, va a …
—
No quiero saberlo, Laura— la
interrumpo—. Tú mejor que nadie deberías entender porque no puedo perdonar la
traición… No quiero saber nada de él.
—
Pero…
—
No hay peros. Vamos a terminar aquí
que Dereck es muy puntual.
Laura me mira confundida, como si no supiera a
que me refiero. Y claro, ella no conoce a Dereck. Creo que podría gustarle, no
es muy su tipo, pero es la clase de amigo que siempre está allí para ti .
—
Dereck es el hermano de Ash, vendrá
con nostras, te gustará. Es muy simpático… y muy guapo. —Digo sonrojándome.
—
¡Te gusta!
—
Claro que no. Lo conozco desde hace
años. Además, también vendrán algunos amigos suyos, o eso dijo Ash.
Tras rebuscar en mi armario encuentro un vestido que
tiene más años de los que puedo recordar, es perfecto, me hace sentir coqueta y
discreta, porque muy a pesar de las intensiones de Ash para esta noche, no tengo
ganas de liarme con nadie.
A las diez y media justo, el timbre de mi puerta
esta sonado. Mamá me asegura que todo estará bien y que puedo volver tan tarde
como quiera, que va a estar durmiendo, que no me preocupe por ella, pero es
algo que no puedo evitar.
Dereck está en el umbral de mi puerta,
absolutamente guapo con unos pantalones negros y una camisa azul, y yo que
pensaba que el uniforme le sentaba bien… Me atrapa mirándole fijamente, me
sonríe y yo me sonrojo.
Yo tendría que haberme enamorado de alguien así, sincero
y leal, pero claro, él es un policía y ya he tenido suficientes sufrimientos por
la vida que ellos llevan, quizás no debería juzgar a todos los policías por
como mi padre trato a mi madre o por como todos sus compañeros encubrieron sus infidelidades
y traiciones, pero no puedo evitarlo.
Mi sonrisa desaparece, puedo notarlo, pero esta
noche no puedo pensar en hombres, en Erick, ni en mi padre, tengo que ayudar a
Laura, ella siempre ha estado cuando la he necesitado y esta noche ella es
quien me necesita.
—
Hola, Dereck.
—
Dios, Katty, estás tan guapa. — El
tono de su voz es bajo y casi seductor.— ¿Podemos irnos?— pregunta ofreciéndome
su brazo
—
Por supuesto, pero antes tienes que
conocer a mi amiga, Laura.
Se ha quedado rezagada y en silencio detrás de mí.
—
Hola…— saluda pero se queda
estupefacto cuando la ve.
Miro entre ellos pero no logro identificar
ninguna emoción, se miran el uno al otro como si quisieran saltarse encima o
matarse el uno al otro. Laura va perfecta, como siempre, con un diminuto
vestido color turquesa dan ganas de llorar de lo perfecta que es, pero no creo
que el físico sea lo que tienen a Dereck tan confundido. No logro identificarlo
muy bien pero definitivamente algo está pasando entre esos dos.
—
¿Pasa algo?, ¿ustedes se conocen?
—
No. — dicen al unísono.
Hablan demasiado rápido, demasiado fuerte, no les
creo. Pero justo en el momento en que voy a preguntar escucho a Ash desde el
coche, que impaciente, nos apremia.
Las discotecas no son mi lugar preferido en el
mundo, no me suele gustar la música demasiado alta ni los lugares abarrotados,
pero tras mucha insistencia y cuatro margaritas, estoy bailando en la
oscuridad, con las luces de colores revolviéndose por todo el lugar.
Para ser un viernes el lugar no está nada abarrotado,
ni hay ese insoportable olor a alcohol que recuerdo. Todo el mundo parece divertirse,
hasta yo.
Por primera vez en esta semana, me siento libre,
no sé si es producto del alcohol pero no me siento reprimida, ni siquiera
pienso en él, me siento casi feliz, despreocupada, como hace bastante que no me
sentía.
La música inunda mis sentidos, mi cuerpo se mueve
a su propio compás, no me importa mucho quien está cerca aunque puedo ver como
Laura mece sus caderas de forma seductora hacia algún desconocido. Alguien se
acerca a mí, lo noto, y me siento poderosa cuando unas manos fuertes rodean mis caderas, no lo impido. Necesito
esto, sacar todo de mi sistema, volar lo más lejos que pueda del dolor, lejos
de mis miedos, de mi misma.
Quiero derretirme un poco en esas masculinas y
grandes manos, porque se siente correcto, intento fundir mi espalda con el pecho
del hombre que me arrastra a través de la pista de baile. Sus manos guían mis caderas
al compas de la música, su tacto me hace estremecer, su calor me atrae, no sé que
estoy haciendo ni quiero. Sus labios se mueven hacia mi cuello, su olor fresco me
consume y me confunde, parece tan familiar, creo que el alcohol está empezando
a confundir mis sentidos.
Hay algo en lo más profundo de mi que ansia darse
la vuelta, entender que está pasando quien es él, pero lucho contra todo, no
quiero que la música acabe, quiero mantener la ignorancia, el anonimato quiero
ser feliz. Pero cuando la música baja unos pocos tonos y el desconocido inhala el
olor de mi pelo, solo hace falta una palabra para que todo se inunde.
—
Dulzura— y suena casi en un susurro,
como un pequeño gemido.
Erick, está aquí, es él.

Gracias por el capítulo lo esperaba con muchas ganas, ya que me encanto el primer libro.
ResponderEliminarOjala no te demores en subir otro capí.
Estoy trabajando en el, intentare que sea rápido, lo prometo. Me alegra que te gustara.😊
Eliminar